Las “armas” de la penitencia cristiana

Queridos diocesanos:

En el Evangelio de este primer domingo de la Cuaresma contemplamos a Jesús tentado en el desierto. Después ser bautizado, el Espíritu, empuja a Jesús al desierto, el lugar de la soledad y del encuentro con Dios. Allí permaneció durante cuarenta días y se dejó tentar por Satanás. El objetivo de toda tentación siempre es apar­tarnos de Dios.

Al inicio de la Cuaresma, la Iglesia nos recuerda la misma idea. Si hemos empezado nuestro camino cuaresmal con el propósito de volver nuestro corazón a Dios y de unirnos más a Cristo, se nos avisa que nos vamos a encontrar con una tentación continua e insistente a abandonar nuestro propósito: unos pensarán que no vale la pena, otros que a Dios eso le es indiferente o que hay otros modos de ser buenos sin pasar por Cristo. Cada día, pero especialmente en este tiempo cuaresmal, el cristiano debe librar un combate, como el que Cristo libró en el desierto de Judá, y luego en Getsemaní, cuando rechazó la última tentación, aceptando hasta el fondo la voluntad del Padre.

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Al encuentro con la Pascua del Señor

Queridos diocesanos:

Con la imposición de la ceniza sobre nuestra cabeza el próximo miércoles comienza el tiempo litúrgico de la Cuaresma, que nos prepara a la celebración de la Pascua del Señor. Los cuarenta días de la Cuaresma recuerdan los cuarenta años que el pueblo de Israel peregrinó por el desierto hacia la tierra prometida. Cuarenta días fue el tiempo que Jesús pasó en el desierto antes de iniciar su vida pública y donde fue tentado por el diablo.

La Cuaresma es tiempo de particular empeño en nuestro camino espiritual, de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del Bautismo, de reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las “armas de la penitencia cristiana”: la oración, el ayuno y la limosna. Leer más

Ayudar a las familias de los enfermos

Queridos diocesanos:

En la fiesta de la Virgen de Lourdes, el 11 de febrero, la Iglesia celebra la Jornada Mundial del Enfermo. Es un día para renovar la solicitud, el afecto, la cercanía y la atención humana y espiritual de toda comunidad cristiana y de cada cristiano hacia los enfermos. En España, la Jornada de este año se centra en la familia del enfermo, que necesita también ser acompañada en la enfermedad de cualquiera de sus miembros. Pues, cuando una persona enferma, enferma toda la familia. Leer más

Los niños: llamados al compromiso misionero

Queridos diocesanos:

Cada cuarto domingo de enero, este año el día 28, celebramos la Jornada de Infancia Misionera. Estará precedida y preparada en nuestra Diócesis por el encuentro anual de Infancia Misionera, el día anterior, el sábado 27. En Navidad acabamos de contemplar a Dios en la fragilidad de un niño; fragilidad y fortaleza para vivir intensamente la misión que Dios Padre le ha confiado. Es allí, en Belén y en Nazaret, donde podemos descubrir la fuerza y el vigor de los niños, a quienes más tarde Jesús propondrá como camino para el Reino de los cielos. Es en ellos y en su colaboración donde el obispo Forbin-Janson descubrió el manantial de esta cooperación misionera. Leer más

Agradecer y vivir nuestro bautismo

Queridos diocesanos:

En la Fiesta del Bautismo de Jesús, este domingo,7 de enero, con la que concluye el tiempo de Navidad, revivimos el bautismo de Jesús a orillas del río Jordán de manos de Juan Bautista. Jesússe deja bautizar como uno más por Juan y transforma el gesto deeste bautismo de penitencia en una solemne manifestación de su divinidad. “Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo:Tú eres mi Hijo amado, mi preferido” (Mc 1, 11). Son las palabras de Dios-Padre que nos muestra a Jesús como su Hijo unigénito, su Hijo amado y predilecto, al inicio de su vida pública: Jesús es el Cordero que toma sobre sí el pecado del mundo y que ahora comienza públicamente su misión salvadora; Él es el enviado por Dios para ser portador de justicia, de luz, de vida y de libertad. En el Jordán se abre una nueva era para toda la humanidad. Este hombre,aparentemente igual a todos los demás, es Dios mismo, que viene para liberar del pecado y dar el poder de convertirse “en hijos de Dios, a los que creen en su nombre; los cuales no nacieron de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nacieron de Dios” (Jn 1, 12-13).

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La Buena Noticia de la familia

 

 Queridos diocesanos:

En Navidad, el Hijo de Dios hecho hombre, nos muestra a Dios y nos ofrece su amor; y, a la vez, el Niño Dios nos muestra quién es elser humano, su verdadero rostro, su origen y su destino, según el proyecto de Dios. En Jesús queda renovada la creación entera y el ser humano, hombre y mujer; todas las dimensiones de la vida humana han sido desveladas e iluminadas en su sentido más profundo por Él;además han quedado sanadas y elevadas. En el Hijo de Dios,el matrimonio y la familia han adquirido también su verdadero sentido, y toda vida humana, don y criatura de Dios, llamada a participar sin fin de su amor, ha adquirido una dignidad y un valor inalienables.

Fiel a Jesús y a suevangelio del matrimonio y de la familia, la Iglesia proclama que la familia se funda, según el querer de Dios, en la unión indisoluble entre un hombre y una mujer, quienes, en su mutua entrega, han de estar responsablemente siempre abiertos a una nueva vida y a la tarea de educar a sus hijos. Para quien se abre a Dios y a su gracia, es posible vivir esteevangelio del matrimonio y de la familia.

En este domingo después de la Navidad celebramos la Fiesta de la Sagrada Familia y, con esta ocasión, la Jornada de la familia. Porque fue en el seno de una familia, la familia de Nazaret, donde fue acogido con gozo, nació y creció Jesús, el Hijo de Dios, hecho hombre. La familia de Nazaret, formada por José, María y Jesús, es un hogar en que cada uno de sus integrantes vive el designio amoroso de Dios para con cada uno de ellos: José, su vocación de esposo-padre;María, la de esposa-madre y Jesús, la de Hijo de Dios, enviado para salvar a los hombres.En este hogar es donde Jesús pudo educarse, formarse y prepararse para la misión recibida de Dios. La Sagrada Familia es una escuela de amor recíproco, de acogida y de respeto, de diálogo y de comprensión mutua, y es una escuela de oración; es el modelo donde todas las familias cristianas pueden encontrar la luz para vivir de acuerdo con la voluntad de Dios.

San Pablo, en su carta a los Colosenses (3,12-21), nos muestra la unidad de vida yde comunión en el amor que ha de darse en la familia cristiana. Un amor que ha de ser siempre recíproco y fiel, entregado y respetuoso; un amor, que para ser verdadero, incluye necesariamente el perdón: ‘Sobrellevaos mutuamente y perdonaos’. Este es el verdadero amor, que es, a su vez, el único vínculo capaz de mantener unidos a los esposos y a la familia más allá de cualquier dificultad o problema. Este amor es el verdadero alimento de la familia, que ayuda a crecer a los esposos y a los hijos, yque preserva a la familia de la desintegración. Este amor no es mera simpatía, ni un sentimiento volátil o una pasión pasajera. Este amor no es egoísta, ni individualista, porqueno es búsqueda de sí mismo.El verdadero amor es donación y entrega desinteresada, que busca siempre el bien del otro.

El papa Francisco en su carta para el IX Encuentro Mundial de la Familia en Dublín,en 2018, escribe: “Nos podríamos preguntar: ¿El Evangelio sigue siendo alegría para el mundo? Y también: ¿La familia sigue siendo una buena noticia para el mundo de hoy?”; y responde: “¡Yo estoy seguro de que sí! Y este ‘sí’ está firmemente fundado en el plan de Dios. El amor de Dios es su ‘sí’ a toda la creación y al corazón de la misma, que es el hombre. Es el ‘sí’ de Dios a la unión entre el hombre y la mujer, abierta a la vida y al servicio de ella en todas sus fases; es el ‘sí’ y el compromiso de Dios con una humanidad a menudo herida, maltratada y dominada por la falta de amor. La familia, por lo tanto, es el ‘sí’ del Dios Amor. Sólo partiendo del amor la familia puede manifestar, difundir y regenerar el amor de Dios en el mundo. Sin amor no se puede vivir como hijos de Dios, como cónyuges, padres y hermanos”.

Estas palabras nos urgena los cristianos a acoger, vivir y proclamar sin miedos ni complejos la verdad y la belleza de la familia, según el plan de Dios, como una comunión de vida y amor, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, abierta al don de la vida humana,y para siempre. Y hemos de hacerlo conscientes de vivir en un contexto social, político y legislativocontrario al verdadero matrimonio y a la familia. A la vez, hemos de pedir para la familia, célula básica de la sociedad, el respeto y el apoyo económico, social, político y mediático que en justicia se merece.

Vivamos y anunciemos la Buena Noticia del matrimonio yde la familia.

Con mi afecto y bendición,

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Navidad: El Hijo de Dios se hizo carne

Queridos diocesanos:

Un año más celebramos la Navidad. Fijemos nuestra mirada en el gran misterio que celebramos: Jesús, el niño que nace en Belen, es Dios mismo quien se encarna y se hace un hombre como nosotros para abrirnos el camino hacia la comunión plena con Él, hacia la salvación. Este es el núcleo de la Navidad, lo que los cristianos celebramos antes de todo en la Navidad; este es el motivo de nuestra alegría navideña y de nuestros gestos y buenos deseos en estos días. Lo recuerdo de nuevo, aunque a muchos les pudiera parecer innecesario, por obvio; pero muchos lo olvidan o lo ocultan. Leer más

“Dios envió a su Hijo, nacido de Mujer”

Queridos diocesanos:

El Adviento es un tiempo fuerte para prepararnos debidamente a la celebración de la Navidad, la Fiesta del Nacimiento del Hijo de Dios en Belén hace más de dos mil años. Este es, no lo olvidemos, el acontecimiento extraordinario y el misterio profundo de la Navidad: el niño que nace en Belén es verdadero Dios y verdadero hombre. Leer más

Vivir cristianamente el Adviento

 

Queridos diocesanos:

Este Domingo comenzamos el tiempo litúrgico de Adviento. Tiene este tiempo tres dimensiones. El Adviento mira al pasado: Jesús, el Mesías y Salvador anunciado y esperado durante siglos por el pueblo de Israel, ya ha venido a nuestro mundo; en el Adviento nos preparamos para celebrar con gozo la Navidad, el nacimiento de Jesús en Belén hace más de dos mil años; la ‘primera’ venida en la historia del Hijo de Dios en Belén; es un hecho histórico que nadie puede poner seriamente en duda. El Adviento mira al presente: Jesús es el Señor muerto y resucitado, para que en Él tengamos la Vida y Salvación de Dios; Jesús vive, ha resucitado, está entre nosotros y viene constantemente a nuestro encuentro en su Palabra, en sus Sacramentos, en los acontecimientos de la vida, en cada hombre y mujer, en especial en los hambrientos, sedientos, forasteros, enfermos y encarcelados. Y el Adviento mira, finalmente, al futuro, hacia la ‘segunda’ venida de Jesucristo al final de los tiempos para llevar a total cumplimiento su obra de salvación y reconciliación de toda la humanidad y de la creación. No olvidemos tampoco el decisivo encuentro con el Señor en la hora de nuestra muerte, en que cada uno será examinado y juzgado del amor o de la falta de amor hacia El y, en Él, hacia el hermano pobre y necesitado.

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Reino del amor y de la vida

El año litúrgico llega a su fin. Desde que lo comenzamos, hemos ido recorriendo la celebración de los diversos acontecimientos que componen el único misterio de Cristo: desde el anuncio de su venida (Adviento), su nacimiento (Navidad), presentación al mundo (Epifanía) hasta su muerte y resurrección (Pascua), y la cadencia semanal del ciclo ordinario de cada domingo.

En este último domingo del año litúrgico la Iglesia nos invita a celebrar al Señor Jesús como Rey del universo. En esta festividad, una de las fiestas más importantes del año litúrgico, celebramos que Cristo, “el ungido”, es sin duda, el Rey del universo. Su Reino “no de este mundo”.  El título de “rey”, referido a Jesús, es muy importante en los Evangelios y permite dar una lectura completa de su figura y de su misión de salvación. Se puede observar una progresión al respecto: se parte de la expresión “rey de Israel” y se llega a la de rey universal, Señor del cosmos y de la historia; por lo tanto, mucho más allá de las expectativas del pueblo judío. Es el Reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, del amor y la paz.

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