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Tiempo de Adviento

Queridos diocesanos:

Este domingo comenzamos el tiempo litúrgico del Adviento. Es el tiempo que la Iglesia nos ofrece para prepararnos a la celebración de la Navidad, la ‘primera’ venida en la historia en Belén de Jesús, el Hijo de Dios, el Mesías esperado durante siglos por el Pueblo de Israel y anunciado por los Profetas. Por otra parte, en este tiempo dirigimos nuestra mirada hacía la ‘segunda’ venida de Jesucristo al final de los tiempos, con poder y con gloria para juzgar a vivos y muertos.

Esta doble perspectiva hace del Adviento el tiempo de la alegría y de la esperanza. Nuestra vida cristiana, la vida de la creación y de la humanidad entera adquieren sentido a partir de estos dos momentos históricos: la entrada de Dios mismo en nuestra historia, con el nacimiento de su Hijo, para desvelarnos que Dios es amor y comunicarnos este amor, perdonar nuestros pecados y devolvernos a la vida de Dios; y su Parusía, su venida al final de los tiempos, que llevará su obra de Salvación a su total cumplimiento.

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Jesucristo Rey del Universo

Queridos diocesanos:

Este Domingo, último del Año Litúrgico, celebramos la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo. Esta fiesta nos muestra que Jesucristo es como la piedra angular sobre la que se edifica el mundo creado y la historia de la humanidad y la clave que los cerrará como Juez de vivos y muertos, cuando vuelva con poder y gloria al final de la historia. Su confesión ante Pilatos “Soy Rey”, queda completada por San Pablo al decir que Jesús es “imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura, Cabeza del Cuerpo, que es la Iglesia, reconciliador de todas las cosas” (cf. Col 1,12-20). Cristo es el centro de la creación, del pueblo de Dios y de la historia de la humanidad.

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Esperanza para los pobres

Queridos diocesanos:

Celebramos este domingo, 17 de noviembre, la Jornada Mundial de los pobres. El papa Francisco, al final del Jubileo de la Misericordia, quiso ofrecer a la Iglesia esta Jornada, con el fin de que “en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados”.          En este día queremos fijar la mirada en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. Ellos son nuestros hermanos, creados y amados por el Padre celestial; muchos de ellos viven entre nosotros, están a nuestro lado; y con frecuencia no nos damos cuenta.

El Papa ha elegido como lema para el mensaje de este año las palabras: “La esperanza de los pobres nunca se frustrará” (Sal 9,19). “Ellas, nos dice, expresan una verdad profunda que la fe logra imprimir sobre todo en el corazón de los más pobres: devolver la esperanza perdida a causa de la injusticia, el sufrimiento y la precariedad de la vida”. El salmo describe con duras palabras la actitud de los ricos que despojan a los pobres: “Están al acecho del pobre para robarle, arrastrándolo a sus redes” (Sal 10,9). ). Pasan los siglos y la situación se mantiene inalterada, por lo que estas palabras no se refieren sólo al pasado, sino también a nuestro presente, expuesto al juicio de Dios.

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¡Es tu Iglesia y cuenta contigo!

Queridos diocesanos:

Cada año, el Día de la Iglesia diocesana nos invita a conocerla, a sentirla como propia y a amarla de corazón. Esta jornada nos recuerda que Iglesia diocesana somos todos los cristianos católicos que vivimos en el territorio diocesano. Entre todos –laicos, religiosos/as, diáconos permanentes, sacerdotes y el obispo, que la preside en la caridad- formamos la gran familia de los creyentes en nuestra tierra.

Nuestra Iglesia diocesana no es una realidad abstracta, sino algo muy concreto y muy cercano porque está y vive entre los hombres. No es, de otro lado, algo ajeno a cada uno de nosotros que nos pudiera ser indiferente o de la que pudiéramos hablar, para bien o para mal, como si no fuera con nosotros. Nosotros mismos somos Iglesia y juntos formamos la Iglesia que camina en Segorbe-Castellón unida a la Iglesia universal, que se extiende hasta los confines de la tierra. Es tu Iglesia, es nuestra Iglesia, donde nacemos a la fe, la cultivamos, la celebramos y la vivimos. Juntos formamos la familia de los hijos de Dios, que se reúne para la escucha de la Palabra de Dios y en torno a la mesa de la Eucaristía y que es llamada a vivir la fraternidad. Somos un hogar llamado a vivir la caridad de Cristo con todos, especialmente con los que más lo necesitan. En esta casa todos somos iguales en dignidad y cada uno ha recibido de Dios unos dones para ponerlos al servicio en bien de toda la comunidad según su vocación y ministerio. Juntos estamos llamados a ser un signo e instrumento de fraternidad y de acogida de todos los hombres.

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Hacia el Congreso nacional de laicos

Queridos diocesanos:

Nos estamos preparando para celebrar en Madrid un Congreso Nacional de Laicos del 14 al 16 de febrero de 2020; ha sido convocado por la Conferencia Episcopal Española para culminar el Plan Pastoral actual, titulado “Iglesia en misión al servicio de nuestro pueblo”. Este plan está inspirado en la llamada a la conversión misionera que el Papa Francisco ha dirigido a toda la Iglesia, en continuidad con el magisterio de los últimos pontífices, siguiendo la ruta trazada en el Concilio Vaticano II. Dice el Papa: “Cada Iglesia particular, porción de la Iglesia católica bajo la guía de su obispo, también está llamada a la conversión misionera… En orden a que este impulso misionero sea cada vez más intenso, generoso y fecundo, exhorto también a cada Iglesia particular a entrar en un proceso decidido de discernimiento, purificación y reforma” (EG 30). Efectivamente, la conversión espiritual, pastoral y misionera que propone el Papa empieza con el discernimiento, lleva a la purificación, y se concreta en propuestas para el cambio y la reforma para que nuestra Iglesia diocesana sea de verdad misionera.

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Personas sin hogar

Queridos diocesanos:

Este domingo, 27 de octubre, celebraremos la Jornada dedicada a las personas sin hogar, bajo el lema “Ponle cara”. Porque estas personas tienen un nombre y un rosto propio; no es un mero fenómeno sociológico, el llamado ‘sinhoragismo’. Estas personas no nos pueden ser indiferentes. Como tú y como yo, tienen la dignidad propia e inalienable de hijos o hijas de Dios. Por ello las personas sin hogar nos interpelan a todos y cada uno personalmente, como cristianos y como ciudadanos, como comunidad cristiana y como sociedad. De ahí la pregunta permanente de la campaña: “¿Y tú qué dices? Di basta. Nadie sin Hogar”.

Se estima que sólo en España 40.000 personas sin hogar son acompañadas por Cáritas española; muchas de ellas están entre nosotros. Los cristianos no podemos ignorarlas, cuando sabemos bien que el hogar es una condición necesaria para que el hombre o la mujer pueda venir al mundo, crecer, desarrollarse, para que pueda trabajar, educar y educarse, para que los hombres puedan constituir esa unión más profunda y más fundamental que se llama ‘familia’. No tener hogar es más que no tener una casa una vivienda digna; implica también verse privado de cosas fundamentales para el desarrollo y el bienestar de todo ser humano como las relaciones personales, el sentido vital, el acceso a derechos fundamentales como la atención sanitaria y otros.

Son muchas las causas que intervienen para que una persona no tenga hogar. Cada una tiene su propia historia. Sin embargo, hay algunas causas que aparecen en los procesos de la mayoría de estas personas, como son la falta de recursos económicos y de ayudas sociales o la falta de un trabajo digno; a veces son circunstancias personales como la enfermedad, las adicciones, las relaciones familiares rotas o los hábitos; otras veces tienen que ver con la soledad; y al final, con la ausencia de acceso al derecho a una vivienda. Los que no tienen hogar constituyen una categoría de pobres todavía más pobres, a quienes debemos ayudar, convencidos de que una casa es mucho más que un simple techo, y que allí donde el hombre realiza y vive su propia vida, construye también, de alguna manera, su identidad más profunda y sus relaciones con los otros.

Varios documentos de carácter internacional afirman claramente entre otros derechos propios de la persona humana, el derecho a la vivienda. La misma Constitución española declara “todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada” y que “los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación” (art. 47). Ahora bien, estas formulaciones jurídicas tratan de expresar la verdadera dimensión de la carencia de vivienda. No es sólo un hecho de carencia o privación. Es la carencia o privación de algo debido y, por consiguiente se trata de una injusticia cuando una persona sin culpa suya directa carece de una vivienda.

Por su parte la Iglesia, que siempre ha estado cerca de los que sufren, de los pobres y los empobrecidos, porque ellos son los preferidos de su Señor, también se ha manifestado reiteradamente a este respecto, abogando por el derecho a la vivienda digna: es exigencia del bien común y del derecho a disfrutar de los bienes de la tierra justamente distribuidos como consecuencia del destino universal de los mismos.

La Iglesia, participando “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren” (GS 1), considera grave deber suyo asociarse a cuántos operan con dedicación y desinterés para que las personas sin hogar encuentren soluciones concretas y urgentes.

Para todo cristiano y la Iglesia, la realidad de las personas sin hogar es un llamamiento a la conciencia y una exigencia a poner remedio. En cada persona que carece de hogar, el cristiano debe identificar al mismo Cristo: “fui forastero y no me hospedasteis; estuve desnudo y no me vestisteis” (Mt 25, 43). En estas palabras se puede ver justamente, en cierto modo, la situación real de las personas sin hogar, en los cuales es necesario identificar al Señor.

Trabajemos unidos como sociedad y como comunidad cristiana, en la solución y la prevención del problema. Es posible y urgente acabar con estas situaciones de vulneración de derechos, de sufrimiento, de vivir en la calle, de inseguridad, de no poder acceder a una vivienda y, en definitiva, de no tener hogar.

Con mi afecto y bendición,

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

 

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El Domingo mundial de las misiones

Queridos diocesanos:

El domingo, 20 de octubre, celebraremos el Domingo mundial de las misiones, el Domund. Este año será dentro del mes extraordinario misionero, convocado por el Papa Francisco para este mes de octubre. El Papa desea así impulsar en los bautizados el compromiso por la misión en todo el mundo. El Domund de este año debería tener entre nosotros un carácter extraordinario, en su preparación y en su celebración.

El Domund es una ocasión privilegiada para que todos bautizados tomemos conciencia de la permanente validez del mandato misionero de Jesús: “Id y haced discípulos a todos los pueblos” (Mt 28,19). Este mandato y este envío valen para todos los bautizados, porque la misión atañe a todos los cristianos, a todas las Diócesis y parroquias, a las instituciones y asociaciones eclesiales. Francisco nos invita a orar y reflexionar sobre la missio ad gentes, es decir, sobre la misión que Jesús nos ha encomendado a todos los cristianos de todos los tiempos de anunciar y llevar a Jesucristo a quienes no lo conocen. Para preparar el Domund de este año os ruego que en esta semana previa pidamos personalmente a Dios por la misión, las misiones y los misioneros; y a las parroquias y otras comunidades y movimientos eclesiales les pido que tengan momentos especiales de reflexión sobre la misión y momentos de oración comunitaria, vigilias de oración y de adoración ante Santísimo Sacramento para pedir por la misión y las misiones.

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¡Cuidemos la creación!

Queridos diocesanos

Dos acontecimientos han traído al primer plano de la actualidad la llamada ‘crisis ecológica’. De un lado, la Cumbre de las Naciones Unidas para la Acción Climática, recién celebrada en Nueva York, con el fin de acelerar drásticamente las medidas para alcanzar lo antes posible cero emisiones netas de gases de efecto invernadero y contener el aumento medio de la temperatura global. Y, de otro lado, la celebración en este mes octubre de un Sínodo extraordinario de los Obispos dedicado a la Amazonia, cuya integridad está gravemente amenazada.

La ‘crisis ecológica’ es algo innegable ante fenómenos como el cambio climático, la desertificación, el deterioro y la pérdida de productividad de amplias zonas agrícolas, la contaminación de los mares, los ríos y de los acuíferos, la pérdida de la biodiversidad, el aumento de sucesos naturales extremos, la deforestación de las áreas ecuatoriales y tropicales, entre otros; o ante el fenómeno de las personas que deben abandonar su tierra por el deterioro del medio ambiente. Todos estos fenómenos tienen una repercusión profunda en el ejercicio de derechos humanos como el derecho a la vida, a la alimentación, a la salud y al desarrollo.

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Bautizados y enviados: Iglesia en misión

Queridos diocesanos:

Nos disponemos a celebrar y vivir con alegría este mes de octubre un mes misionero extraordinario en toda la Iglesia. Ha sido convocado por el Papa Francisco para preparar la conmemoración de los 100 años de la Carta Apostólica Maximum Illud del papa Benedicto XV, publicada el 30 de noviembre de 1919; con ella, el Papa quiso dar un nuevo impulso al compromiso misionero de anunciar el Evangelio en todo el mundo, recién terminada la I Guerra Mundial. “La Iglesia de Dios es católica y propia de todos los pueblos y naciones” escribió; ante el desastre de la guerra, el Papa exhortaba a la misión; a la vez, rechazaba cualquier forma de búsqueda de un interés ajeno a la misma, ya que su única razón está sólo en el anuncio y la caridad del Señor Jesús, que se difunden con la santidad de vida y las buenas obras. “Quien predica a Dios, sea hombre de Dios”, exhortaba Benedicto XV.

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“En la cárcel, y me visitasteis”

Queridos diocesanos, queridos reclusos:

El día 24 de septiembre celebramos la fiesta Ntra. Sra. de la Merced, patrona de las instituciones penitenciarias. En el día de vuestra patrona os saludo de corazón en primer lugar a vosotros, hermanos y hermanas, que estáis condenados a la privación de libertad en los centros penitenciarios de nuestra Diócesis – Castellón y Albocàsser; sabéis que siempre os llevo en mi corazón y rezo por vosotros, aunque sólo puntualmente pueda visitaros en la cárcel. Os saludo también a los PP. Mercedarios, a los capellanes y los voluntarios en las prisiones y os agradezco vuestra entrega generosa y dedicación gratuita a los presos. Mi saludo se extiende también a todos los funcionarios de los dos Centros Penitenciarios de Castellón; gracias por vuestra acogida y por vuestro apoyo a nuestra tarea pastoral. A todos os deseo una celebración gozosa del día de Virgen la Merced.

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