MCS: Al servicio de la verdad

Queridos diocesanos:

El Señor Jesús, momentos antes de su Ascensión al Cielo, envió a sus discípulos a proclamar la buena noticia del Evangelio. “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 15, 15), les dijo. A esta misión ineludible de la Iglesia habrá que incorporar todos los medios disponibles de comunicación, desde los medios clásicos a los nuevos ámbitos de comunicación y de las redes sociales.

Por ello en la fiesta de la Ascensión del Señor celebramos también la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Porque hemos de ser conscientes de la importancia de los medios de comunicación para la Iglesia en el cumplimiento de su misión evangelizadora, pero también de la importancia de los medios de comunicación en general para la construcción de una sociedad más humana y justa.

El lema de este año, “Silencio y Palabra: camino de evangelización”, pone en relación el silencio y la palabra para una comunicación efectiva. En toda comunicación es importante su preparación por medio del silencio, de la escucha, del estudio y de la reflexión; esto es aún más necesario para quienes han hecho de la comunicación su vocación, profesión y medio de vida. Periodistas, profesores, comunicadores, sacerdotes, etc., han de tenerlo en cuenta para preservar la calidad del mensaje que se disponen a transmitir, pero también y sobre todo para ejercer bien y con responsabilidad su propia misión; a saber, acercar a oyentes y lectores la verdad conocida.

Comunicar es esencialmente comunicar la verdad, salir al paso de las preguntas, dudas, inquietudes y deseo de conocer del hombre y ponerle en relación con aquello que desea y necesita conocer. Como señala Benedicto XVI, “todos buscamos la verdad y compartimos este profundo anhelo”. En la medida en que se realiza una comunicación veraz el hombre queda humanizado, pues le da a conocer su lugar en la sociedad y su misión en la misma; una sociedad conocedora de la verdad es una sociedad más libre, más justa y más humana.

En el otro extremo están la mentira, la transmisión del error o la duda, que  no producen comunicación, sino más bien incomunicación y, con ella, deshumanización. Quienes transmiten la mentira, por dejadez o por falta de rigor o de honestidad, traicionan la misión que les ha sido confiada de servir de puente de unión entre la verdad y los hombres. Lo mismo ocurre cuando la comunicación busca sembrar la discordia, la insidia o la maledicencia. Entonces  esa comunicación pierde su dignidad y contradice su dimensión humanizadora. Se puede decir que la “comunicación debe ser siempre veraz; puesto que la verdad es esencial a la libertad individual y a la comunión auténtica entre las personas”, dice el Papa.

Cuando se produce comunicación auténtica y veraz, es decir, cuando se transmite la verdad de la vida ordinaria se está mostrando al hombre el camino para ser auténticamente hombre y, en última instancia, se dispone el corazón del ser humano al conocimiento de la Verdad que es Dios y a la acogida del anuncio de Jesucristo, Camino, Verdad y Vida.

Hoy felicitamos a los profesionales de la comunicación y para ellos invocamos la ayuda y bendición de Aquel que es la Verdad, nuestro Señor Jesucristo, en su misión de una comunicación veraz y humanizadora de la sociedad.

Con mi afecto y bendición,

 

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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