Una Iglesia misionera

Queridos diocesanos:

Celebramos hoy la Jornada Mundial de las Misiones, el Domund, bajo el lema ‘Todas las Iglesias para todo el mundo’. Este día nos invita a todo el pueblo de Dios a tomar conciencia de la urgencia y de la importancia de la acción misionera de la Iglesia, también hoy y en todo lugar.

Estamos tan centrados en nosotros mismos que olvidamos la permanente actualidad del mandato misionero del Señor: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 19-20).

Ante el avance de la cultura secularizada, ante la disminución de las vocaciones, ante los intentos de recluir la fe cristiana a la esfera privada o a las sacristías, nuestra Iglesia diocesana corre el peligro de encerrase en si misma, de mirar con poca esperanza al futuro y de disminuir su esfuerzo misionero.

Hemos de abrirnos con confianza a la presencia del Señor en medio de nosotros: Él camina con nosotros, Él brega con nosotros en la barca de su Iglesia, Él nunca nos abandona y, con la fuerza del Espíritu Santo, nos guía hacia el cumplimiento de su plan eterno de salvación.

La Iglesia es misionera por su propia naturaleza. La Iglesia no vive para sí misma, sino para llevar a Cristo y su Evangelio a todas las gentes. La Iglesia es convocada por el Señor para ser enviada a la misión. La misión no es, por tanto, algo contingente y externo, no es algo optativo o secundario. La misión alcanza al corazón mismo de la Iglesia, es su razón de ser y de existir. Por esto, toda la Iglesia y cada Iglesia diocesana son enviadas a las gentes.

A pesar de las dificultades, el anuncio del Evangelio sigue siendo actual y urgente; es el primer servicio que como Iglesia debemos prestar a la humanidad de hoy, para orientar y evangelizar los cambios culturales, sociales y éticos, para ofrecer la salvación de Cristo al hombre de nuestro tiempo. Nuestra Iglesia no puede eximirse de esta misión universal.

En este día recordamos en la oración a nuestros misioneros. Pidamos a Dios que su ejemplo suscite nuevas vocaciones y una renovada conciencia misionera en nuestro pueblo cristiano. Nuestro amor al Señor se mide por nuestro compromiso evangelizador.

No se trata sólo de colaborar en la evangelización, sino de sentirnos protagonistas y corresponsables de la misión de la Iglesia. Esta corresponsabilidad conlleva que se incremente nuestra ayuda tanto en personas como en medios materiales, comenzando con nuestra aportación en la colecta. Y no olvidemos que nuestra principal aportación a la acción misionera de la Iglesia es la oración. ‘Roguemos al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies’.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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