Educar juntos

Queridos diocesanos:

El Encuentro familiar diocesano de este fin de semana nos invita a caminar juntos, bien cogidos de la mano, las familias católicas, la escuela y las parroquias, en la educación de nuestros niños, adolescentes y jóvenes cristianos.

El objetivo de la educación de los hijos no es simplemente enseñarles cosas útiles, destrezas o habilidades, ni meramente transmitirles una serie de conocimientos para ser más competitivos o alcanzar un título que garantice un puesto de trabajo lucrativo. Educar es ayudar al educando al pleno desarrollo de su propia personalidad. Se trata de ayudarle a crecer en libertad y responsabilidad, a aprender a vivir en la verdad y en el bien, con amor, esperanza y perseverancia. Por eso, la educación ayuda al educando a conocerse, a poseerse, a hacerse cargo de lo que es la propia vida en el mundo para ser capaz de desarrollarla lo mejor posible, hacia adentro y hacia fuera, en la sinceridad de la propia conciencia y en el complejo entramado de relaciones interpersonales en que vivimos. Para un cristiano, todo ello ha de hacerse desde la dimensión trascendente de la persona, desde su apertura a Dios, nuestro Padre y Creador, y desde Jesucristo y el Evangelio.

Por ello, si toda buena educación sólo termina cuando el educando consigue tener ante sí un ideal y un referente concreto de vida, para los cristianos este referente imprescindible es Jesucristo. El es nuestro ideal absoluto, hombre perfecto y Dios verdadero para nosotros, en quien nos descubrimos en nuestro origen, en nuestra vocación y en nuestro destino. Pensando y hablando en cristiano, no hay verdadera educación si los padres católicos, con la ayuda de la escuela, de la parroquia y otros educadores, no son capaces de llevar a sus hijos al descubrimiento, la elección y la estima de Jesucristo como modelo y norma viviente de su pensamiento, de sus deseos y de sus acciones. Jesucristo es la columna vertebral de la educación de todo cristiano.

Todo lo que favorezca el crecimiento en la fe y la vida cristiana de niños y adolescentes, será beneficioso para su educación integral. En la educación, padres, escuela y parroquia no pueden ir por separado y menos aún ser contrapuestos, sino que han de caminar bien conjuntados y de la mano. La catequesis parroquial ha de tener su continuidad y apoyo en casa. Si los padres no viven ante sus hijos como cristianos practicantes y consecuentes, no podrán ayudarles a adquirir una educación completa y con firmes fundamentos. Las deficiencias de los padres en la práctica sacramental, en la vida moral y en todo lo que es un clima cristiano dentro de casa, provocarán debilidades y vacíos que nadie podrá llenar y crearán contradicciones difíciles de superar. Tampoco beneficia sino que perjudica la educación integral cristiana la falta de interés de los padres por la catequesis parroquial de sus hijos o para que reciban clase de religión y moral católica en la escuela pública o privada.

La responsabilidad primaria que tienen los padres en la educación de sus hijos pide su implicación en la catequesis parroquial. Como padres cristianos han de velar para que la educación que reciben sus hijos en la escuela sea conforme a su convicción religiosa. El acierto en la educación es un asunto de primera importancia para el bien de los hijos, de la Iglesia y de la sociedad en general.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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