EL REPORTAJE DEL DOMINGO. Mucho más que un techo

Juristas, sociólogos y economistas hablarán de seguridad jurídica, entorno, habitabilidad o gastos soportables, pero en boca de los que han vivido en la calle la definición de hogar es diferente: “Donde tengo mi espacio, mi intimidad”; “Un lugar conformado por mis bienes, sean mucho o pocos, o casi nada, por mis sueños, mis proyectos, por lo compartido o el recuerdo de lo que compartí”; “Mío y de todos, compartir”.

Se calcula que en España unas 40.000 personas no tienen casa. En Europa son unas 700.000, un 70% más que hace 10 años. El domingo que viene, 25 de octubre, se celebra el Día de las Personas sin Hogar, un derecho humano que es mucho más que un techo donde cobijarse.

Cáritas, organizadora de esta jornada, también tiene su definición de hogar. Se trata de un espacio físico que comprende tanto la vivienda como su entorno. Pero también tiene un sentido vital y relacional. Así mismo, lo considera un derecho vinculado a otros esenciales como el empleo, la educación, la participación, la salud o la protección social.

En un informe de Cáritas Española ante la Relatoría de Naciones Unidas para una vivienda adecuada – presentado en diciembre del año pasado -, se afirma que “actualmente estamos inmersos en la mayor crisis de asequibilidad de la vivienda de este país, debido a la combinación de la reducción de la renta familiar y al enorme aumento de precios de la vivienda de alquiler y en compre”.

Llama la atención el dato de que frente a la necesidad de 1,5 millones de viviendas sociales, existe un parque de 3.443.365 vacías. Entre los que sí tienen vivienda, casi el 10% de la población (un 9,6%) no pueden calentar de manera adecuada, el 13,6% tiene dificultades para pagar la hipoteca o el alquiler, y el 15% los suministros de agua y luz. No hay que olvidar, además, al “sinhogarismo” oculto, que afecta a personas que no van a los albergues pero que viven en viviendas inseguras o en casa de familiares o amigos.

La crisis provocada por el Covid-19 ha agudizado y extendido esta precariedad, como atestigua la ayuda solicitada en las Cáritas parroquiales. Durante el periodo del estado de alarma, Cáritas Diocesana ha gestionado dos centros de acogida y 5 viviendas tuteladas, ofreciendo alojamiento, alimentación y atención social y emocional a 213 personas.

Prevención e integralidad

La solución, como se expresa en el manifiesto para la jornada, pasa por “la puesta en marcha de programas efectivos” que incidan en diversos niveles. En Finlandia, donde en invierno se alcanzan los 20º bajo cero, desde los años 80 del pasado siglo existe una estrategia nacional de vivienda social. En un programa conocido como “Housing first” aplicado en 2008, se consiguió reducir un 35% la cifra de personas que viven en la calle.

En España, en 2015 el Consejo de Ministros aprobó un acuerdo por cinco años que establecía una Estrategia Nacional Integral para Personas sin Hogar. Sus objetivos contemplan tanto la prevención como la sensibilización social o la restauración de un proyecto de vida, entre otros. Estos son los ejes que, según los expertos, deben guiar esta actuación. Sin embargo el número de los “sin hogar” no ha dejado de crecer. Mientras, Cáritas y otras entidades de Iglesia seguirán acogiendo y acompañando para dar no solo un techo, sino para que estas personas puedan recuperar un hogar de verdad.

 

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