Por los que han apagado su voz. Conmemoración de los Fieles Difuntos

Mons. Casimiro López oficiará mañana, 1 de noviembre, la Eucaristía en el Cementerio de Castellón a las 10:30h y en el de Segorbe a las 16h

 

El próximo viernes, día 2 de Noviembre, la Iglesia celebra – como cada año – la Conmemoración de los Fieles Difuntos. Esto es, un recuerdo que la Iglesia hace en favor de todos los que han muerto en este mundo – los fieles difuntos -, pero aún no pueden gozar de la presencia de Dios porque están purificando, en el purgatorio, los efectos que ocasionaron sus pecados. Leer más

Este domingo 21 de octubre de 2018 – Jornada Mundial de las Misiones

Hasta los confines de la Tierra

Jornada del DOMUND 2018

Hace 99 años, el papa Benedicto XV publicó una carta apostólica llamada Maximum illud que hablaba sobre la urgencia de la actividad misionera de la Iglesia. Este papa expresó la necesidad de cambiar el mundo y los corazones desde dentro. Hasta la fecha, se decía que si algo tenía que cambiar, se haría desde fuera. Pero Benedicto XV dijo que la transformación que necesita la humanidad brotaría de las comunidades cristianas que estaban naciendo por todo el mundo.

Esta idea la recoge el lema de la Jornada Mundial de las Misiones, conocida como Domund, de este año: “Cambia el mundo”. La vida de los misioneros constituyen la prueba palpable de que un corazón en el que ha entrado Dios, puede cambiar el mundo. Y las distintas imágenes del poliedro (imagen de portada) sugieren las posibilidades de transformación, las realidades misioneras de la Iglesia que llegan hasta los confines de la Tierra. Por último, las manos simbolizan la opción del ser humano de participar activamente de este cambio, que nace en nuestro corazón, pero llevarlo a término “está en nuestras manos”. Leer más

Compartir el viaje Semana de la Caridad

La Semana de la Caridad invita a compartir el viaje hacia un mundo mejor

En la homilía de Corpus del año pasado, el Papa Francisco se centró en el tema de la memoria: “El pan vivo que ha bajado del cielo es el sacramento de la memoria que nos recuerda, de manera real y tangible, la historia del amor de Dios por nosotros” (18 de junio de 2017). La memoria supera lo que a veces los sentidos pueden percibir. El político y escritor Benjamin Disraeli aseguraba que, como grande viajero, “recordaba más que lo que había visto”.

La Pastoral Caritativa-Social propone este año en la Semana de la Caridad compartir el viaje para que la caridad proveniente de la Eucaristía haga compartir el trayecto junto con las personas necesitadas. Porque como dijo Tim Cahill, deportista australiano, “un viaje se mide mejor en amigos que en millas”.

Leer más

reportaje san vicente ferrer 2018

San Vicente Ferrer, un hombre enamorado de Cristo que llegó muy lejos

Valenciano de origen (23 de enero de 1350), el veneradísimo santo entró de lleno en la segunda mitad del siglo decimocuarto y atravesó el umbral del decimoquinto con la gracia divina de representar a Cristo allá donde iba. Por inspiración del Espíritu Santo y también por la inigualable custodia que de su educación cristiana hicieron sus padres, Guillermo y Constancia, católicos reconocidos popularmente por su profunda entrega a la caridad hacia los más pobres.

Todo esto inclinó la balanza de su vida hacia la Orden de los Predicadores, a la que se sumó a la tierna edad de 20 años. Su gran afinidad a la orden dominica le llevó a crecer enormemente en sabiduría, estatura y gracia, condiciones favorables para que, con solo 28 años, terminase el doctorado en Teología con calificación Summa cum Laude. Desde este momento y durante ocho años se dedicó a la enseñanza sagrada en las universidades de grandes ciudades como Valencia o Barcelona.

Llegando a un vínculo único con el Evangelio de Cristo y propulsado por santo Domingo de Guzmán y san Francisco de Asís, emprendió un largo itinerario de evangelización por plazas, caminos y campos de toda Europa, llegando a países como Inglaterra, Italia, Alemania u Holanda. El punto central de su exhortación a las gentes era la salida de la cultura de la muerte y la inmersión en el riesgo de una vida completamente renovadora (de aquí viene la imagen que le muestra junto al Apocalipsis bíblico), actitudes que llegaban al corazón de muchas personas a su alrededor.

Los tres pilares en los que sustenta su recorrido de predicación fueron la austeridad y la penitencia, la Eucaristía y la caridad con los más pobres. Estas bases le llevaron a ser crucial mediador de conflictos políticos del momento, así como de otros tantos religiosos (visitó a multitud de príncipes y personas influyentes del continente para frenar el Gran Cisma de Occidente). Fue precisamente por este motivo por el cual se cruzó con santa Catalina de Siena, patrona de Europa y doctora de la Iglesia.

Tras toda una vida de entrega a los problemas cotidianos de su época, san Vicente Ferrer murió en 1419 (Vannes, Francia) con casi 70 años de edad. Por motivos obvios fue canonizado por el papa Calixto III pasadas poco más de tres décadas (en el año 1455).

Monseñor Casimiro habla sobre la apertura del Año Jubilar Vicentino

Monseñor dio una palabra sobre el decreto de la Penitenciaría Apostólica que concede la celebración de un año dedicado a san Vicente Ferrer, “gran santo valenciano y una de las glorias más señeras de la Comunidad Valenciana”.

En su deseo ha estado invitar a todos a vivir un “tiempo de conversión, personal, comunitaria y pastoral, una ocasión para intensificar la predicación del Evangelio y centrar nuestras vidas en el Señor Jesucristo”.

Asimismo, ha hablado de un “tiempo de gracia para que aprendamos de san Vicente Ferrer y nos dejemos imbuir de su espíritu eclesial y evangelizador, para que conozcamos su personalidad y su obra, sus aportaciones en el campo del pensamiento y en la recomposición de la Iglesia y de la sociedad en Valencia, en España y en Europa, y para que avivemos nuestra devoción a este santo y lo invoquemos cada día más como intercesor ante Dios”.

Decreto del Año Jubilar Vicentino

El pasado lunes 26 de marzo, don Casimiro López Llorente hizo público el decreto del Año Jubilar Vicentino. Con ocasión del sexto centenario del paso de san Vicente Ferrer, patrón de la Comunidad Valenciana y de la ciudad de Castellón, la Penitenciaría Apostólica ha concedido la gracia de un Año Jubilar para el tan relevante presbítero de la Orden de los Predicadores. El período comprende desde el próximo nueve de abril hasta el 29 del mismo mes de 2019.

Monseñor Casimiro ha correspondido a la concesión del tribunal de la Santa Sede con la publicación del decreto, atendiendo a lo que se establece: indulgencia plenaria para “fieles cristianos que estén verdaderamente arrepentidos de sus pecados, cumplan debidamente las condiciones acostumbradas” (sacramento de la confesión, Eucaristía y comunión, rezar el Credo y oración por las intenciones del papa), y participen en los actos y lugares siguientes para recibir la indulgencia:

  1. Los fieles que participen en la Santa Misa presidida por el Sr. Obispo en la Santa Iglesia Catedral-Basílica de Segorbe el día 9 de abril de 2018 y el 29 de abril de 2019, apertura y clausura del Año jubilar.
  1. Los fieles que participen en la Santa Misa durante el Año Jubilar en alguno de los siguientes templos jubilares:

– Santa Iglesia Catedral-Basílica de Segorbe.

– Iglesia Parroquial de San Vicente Ferrer de Castellón de la Plana.

– Ermita de San Vicente Ferrer en La Vall d’Uixó.

Asimismo, existen otras varias circunstancias y en otras iglesias en las que los fieles podrán lucrarse de la indulgencia plenaria (como enfermos y personas mayores que estén impedidos para asistir). Estas se pueden comprobar a través de la web.

El próximo nueve de abril de 2018 será precepto con obligación de participar en la Santa Misa en toda la Comunidad Valenciana con motivo del 600 aniversario de la festividad de san Vicente Ferrer, patrón de la comunidad y de la ciudad de Castellón.

Celebración Diocesana de la Vida Consagrada

El viernes próximo, con motivo de la fiesta de la Presentación del Señor, se celebra la Jornada de la Vida Consagrada. En la Diócesis el Obispo convoca a religiosos y fieles a la Eucaristía que presidirá a las 19h en la parroquia de San José Obrero de Castellón. El lema de este año pone el acento en que los consagrados son hombres y mujeres tocados por el amor de Dios.

El mensaje de los obispos de la Comisión Episcopal de la Vida Consagrada define así el encuentro con Cristo: “Es un encuentro personal con el amor de Jesús que nos salva y cada vez que se repite esta experiencia crece la convicción de que es lo que los demás necesitan”. En su carta del domingo pasado, Mons. Casimiro López Llorente concreta: “Los consagrados están llamados a ser signo concreto y profético del amor cercano de Dios, compartiendo la condición de fragilidad y las heridas del hombre de nuestro tiempo” (ver p.3).

Leer más

El tiempo del cristiano

Este domingo hemos celebrado la Fiesta de Jesucristo, Rey del Universo, con la que se pone fin al Tiempo Ordinario y entramos en un nuevo año litúrgico con el tiempo del Adviento. La Iglesia celebra, el próximo domingo 3 de diciembre, el I Domingo de Adviento, seguido de tres domingos más hasta la celebración de la Natividad del Señor.

El origen y sentido del año litúrgico

Las fiestas cristianas han surgido paulatinamente a través de los siglos. Estas nacen de un deseo de la Iglesia Católica de profundizar en los diversos momentos de la vida de Cristo. “Lo primero que nace es la Pascua semanal, el Domingo, para celebrar la Eucaristía memorial de la Pascua del Señor”, asegura D. Antonio Sanfélix, delegado diocesano de Liturgia.

“La segunda fiesta que se introduce dentro del año litúrgico es la celebración de la Pascua anual. Los cristianos celebramos anualmente el misterio pascual de Cristo: la pasión, muerte, sepultura, y resurrección”, continúa D. Antonio Sanfélix. La Pascua es, por tanto, el centro, la fiesta principal, “a partir de la cual se configura todo el año litúrgico”.

Con el tiempo se añadió la Navidad, la segunda fiesta más importante, así como los tiempos de preparación a estas: la Cuaresma y el Adviento. Después se fueron incorporando las memorias de los santos, de los mártires y las fiestas de la Virgen.

“Para el cristiano, participar en el año litúrgico es adentrarse en el misterio de Cristo, así como Cristo en nosotros, una espiral cuyo centro es Jesucristo”, explica D. Antonio Sanfélix. Se trata de la actualización de la salvación obrada por Cristo. “No estamos rememorando unos acontecimientos, sino que se actualiza esa misma salvación que pasó hace 2000 años”.

La liturgia es, por tanto, la manera de celebrar nuestra fe. Son el conjunto de signos y de oraciones públicas de la Iglesia y de la celebración sacramental. El Concilio Vaticano II nos dice que la liturgia es “el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo”.

Cómo vive el cristiano el tiempo

Nos acercamos al final del año litúrgico 2017 y al inicio del tiempo de Adviento con el que damos comienzo a un nuevo año. El Adviento es un momento especialmente indicado para reflexionar sobre algunos aspectos importantes de nuestra condición de cristianos. En primer término, ciertamente, porque este tiempo representa para la comunidad cristiana la celebración del hecho histórico del nacimiento del Verbo de Dios. Pero además, y estrechamente vinculado con lo anterior, el Adviento constituye también la mejor forma de expresar litúrgicamente el significado profundo de la vida del cristiano, porque el Adviento que nos recuerda que Cristo “vino” a nosotros en un cuerpo como el nuestro nacido del seno de María, anuncia al mismo tiempo que Cristo “vendrá”, de forma que, sustentada en esta promesa, la existencia personal del cristiano se configura en su esencia más íntima como una vida orientada hacia el encuentro con Cristo “que viene”, convirtiendo de este modo el recorrido vital del creyente, como dice San Pablo, en un “tiempo favorable”, en el “día de salvación”.

De esta manera, el acontecimiento histórico de la persona de Cristo representa no solo el eje que articula el marco cronológico del devenir humano sino también el suceso que inaugura un tiempo nuevo, ese “tiempo favorable” al que la Escritura se refiere como la “plenitud de los tiempos” cuyo transcurso se extiende desde el retorno de Cristo a la derecha del Padre hasta su anunciada venida futura. La tradición bíblica, sobre la que se sustenta la fe de la comunidad cristiana, nos ofrece, por tanto, dos formas de hablar o pensar acerca del tiempo que, por otra parte, no son ajenas al modo en que el discípulo salvado por Cristo experimenta su propia historia personal como “historia de salvación”. Porque, en efecto, si, por un lado, podemos referirnos al tiempo como cronos, como sucesión de eventos, también hablamos del tiempo en el sentido de kairós, como “momento” en el que Dios manifiesta su acción en favor de los hombres entrando en la historia de un modo totalmente único y singular. Estas dos formas de concebir el significado de lo temporal están perfectamente integradas en la estructura misma del año litúrgico que celebra la Iglesia, el cual no solo distribuye en un marco temporal los misterios de la vida y la obra de Cristo sino que, provisto de una organización secuencial, orienta la vida cristiana hacia el encuentro con Aquél que, tomando una carne como la nuestra, se hace hombre en Belén y culmina su obra redentora llevándonos consigo ante la presencia del Padre como Rey del universo.

En la cosmovisión cristiana, el tiempo como cronos, a diferencia de la concepción circular de la tradición griega clásica, adquiere una forma lineal cuya trayectoria discurre desde el principio de la creación hasta el “fin de los tiempos”, cuando Cristo “sea todo en todos”, fin que es al mismo tiempo “término” y “meta” porque en él tendrá lugar no solo el final del devenir histórico sino también el cumplimiento definitivo del proyecto divino. Pero, al mismo tiempo, el kairós del acontecimiento de Cristo proyecta la vida del hombre hacia su meta definitiva, haciendo del tiempo histórico en el que va configurándose la trama de acontecimientos de cada biografía personal, un tiempo de conversión al amor de Dios que se nos ha revelado en la persona de Cristo, un tiempo cuyo sentido último consiste en la gradual configuración de la mente y el corazón del creyente según el modo de ser de Cristo, un tiempo, en definitiva, orientado por la virtud de la esperanza, porque nuestra vida, la vida de todo cristiano, desde este kairós único y definitivo con el que Dios se ha hecho presente en la historia, se sustenta sobre el anhelo del cumplimiento de una promesa. ¿Qué es el año litúrgico que celebra la Iglesia sino la articulación del tiempo histórico como “tiempo cristiano” en el que acontecen bajo la forma del signo los misterios de la plena realización humana?

¡Feliz celebración de la festividad de Jesucristo Rey del Universo y Feliz Adviento!

I Jornada Mundial de los Pobres

“El amor no admite excusas”

(Papa Francisco)

El próximo domingo, 19 de noviembre, se celebra, por primera vez, la Jornada Mundial de los Pobres, establecida por el Papa Francisco tras el Jubileo de la Misericordia. Por este motivo, Francisco ha publicado un mensaje para este día en el que invita a abandonarse al amor de una manera auténtica, “no de palabra y de boca, sino de verdad y con obras”. Esta Jornada tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, “es una invitación dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad”, anuncia el Papa Francisco. “Dios creó el cielo y la tierra para todos; son los hombres, por desgracia, quienes han levantado fronteras, muros y vallas”. Leer más

Con los favoritos de Jesús

San Agustín afirmaba en uno de sus sermones que “cualquiera que sea tu opulencia, tú que eres rico, no eres más que un mendigo a la puerta de Dios”. La pobreza, aunque tenga formas diversas, afecta a todos. Por eso todos están concernidos por la labor de Cáritas, que es la caridad organizada de la Iglesia.

Durante el verano no ha dejado de actuar. D. Sergio Mendoza, delegado episcopal, recuerda que “la pobreza no entiende de estaciones; por eso en Cáritas continuamos con nuestra labor habitual y entre todos nos organizamos para que los proyectos funcionen y estén al servicio de las personas que los necesiten”. Es decir, los pobres, los favoritos de Jesús.

Leer más

La familia, “íntima comunidad de vida y amor”

Capítulo IV Amoris Laetitia

 

La Organización de Naciones Unidas proclamó a 1994 “Año Internacional de la Familia”. El Decreto de la ONU se refería a esta institución como “unidad natural y fundamental de la sociedad”. La familia, a pesar de los cambios que la sociedad actual impone, sigue constituyendo la estructura de la sociedad. Y dado que, según el designio divino, está constituida como «íntima comunidad de vida y de amor», la familia tiene la misión de ser cada vez más lo que es, es decir, comunidad de vida y amor, en una tensión que, al igual que para toda realidad creada y redimida, hallará su cumplimiento en el Reino de Dios.

Desde el punto de vista sociológico, la familia es el primer agente educador y socializador: es donde nos criamos, aprendemos valores como el respeto, obediencia, cariño, comprensión, a pedir perdón y perdonar, y sobre todo a amar. Son elementos claves de la vida familiar.

Como bien señala la Exhortación Apostólica del Papa San Juan Pablo II, Familiaris Consortio, “la familia recibe la misión de custodiar, revelar y comunicar el amor, como reflejo vivo y participación real del amor de Dios por la humanidad y del amor de Cristo Señor por la Iglesia su esposa”. En este sentido, partiendo del amor y en constante referencia a él, el Sínodo celebrado en 1980 sobre la familia cristiana puso de relieve cuatro cometidos generales de la familia: la formación de una comunidad de personas, el servicio a la vida, la participación en el desarrollo de la sociedad y la participación en la vida y misión de la Iglesia.

Mucho más tarde, un nuevo libro hablará sobre el amor en el matrimonio y en la familia, la Exhortación Apostólica del Papa Francisco, Amoris Laetitia, en cuyo cuarto capítulo el Papa se detiene especialmente para hablar sobre el amor “porque no podremos alentar un camino de fidelidad y de entrega recíproca si no estimulamos el crecimiento, la consolidación y la profundización del amor conyugal y familiar”.

Necesario es el consejo que el Papa Francisco ofrece en este documento: “No hay que arrojar sobre dos personas limitadas el tremendo peso de tener que reproducir de manera perfecta la unión que existe entre Cristo y su Iglesia, porque el matrimonio como signo implica un proceso dinámico, que avanza gradualmente con la progresiva integración de los dones de Dios”.

Por ello, el Papa Francisco ofrece las claves para vivir un amor verdadero entre los esposos, que con un amor limitado se aman día a día recíprocamente y aman a sus hijos. Para ello, se basa en el “himno al amor” de San Pablo (1 Cor 13,4-7).

 

PACIENCIA

Se muestra cuando la persona no se deja llevar por sus impulsos. Hay veces que el problema es cuando exigimos que las relaciones sean celestiales o que las personas sean perfectas, o cuando nos colocamos en el centro y esperamos que sólo se cumpla la propia voluntad. Entonces todo nos impacienta, todo nos lleva a reaccionar con agresividad. Si no cultivamos la paciencia, siempre tendremos excusas para responder con ira, y finalmente nos convertiremos en personas que no saben convivir, antisociales, incapaces de postergar los impulsos, y la familia se volverá un campo de batalla. Esta paciencia se afianza cuando reconozco que el otro también tiene derecho a vivir en esta tierra junto a mí, así como es. No importa si es un estorbo para mí, si altera mis planes, si me molesta con su modo de ser o con sus ideas, si no es todo lo que yo esperaba. El amor tiene siempre un sentido de profunda compasión que lleva a aceptar al otro como parte de este mundo, también cuando actúa de un modo diferente a lo que yo desearía.

ACTITUD DE SERVICIO

El amor no es sólo un sentimiento, sino que se debe entender en el sentido que tiene el verbo «amar » en hebreo: es «hacer el bien». Como decía San Ignacio de Loyola, «el amor se debe poner más en las obras que en las palabras». Así puede mostrar toda su fecundidad, y nos permite experimentar la felicidad de dar, la nobleza y la grandeza de donarse sobreabundantemente, sin medir, sin reclamar pagos, por el solo gusto de dar y de servir.

 

SANANDO LA ENVIDIA

Significa que en el amor no hay lugar para sentir malestar por el bien de otro. La envidia es una tristeza por el bien ajeno, que muestra que no nos interesa la felicidad de los demás. Mientras el amor nos hace salir de nosotros mismos, la envidia nos lleva a centrarnos en el propio yo. El verdadero amor valora los logros ajenos, no los siente como una amenaza, y se libera del sabor amargo de la envidia.

 

SIN HACER ALARDE NI AGRANDARSE

Es la vanagloria, el ansia de mostrarse como superior para impresionar a otros con una actitud pedante y algo agresiva. Quien ama, no sólo evita hablar demasiado de sí mismo, sino que además, porque está centrado en los demás, sabe ubicarse en su lugar sin pretender ser el centro. Algunos se creen grandes porque saben más que los demás, y se dedican a exigirles y a controlarlos, cuando en realidad lo que nos hace grandes es el amor que comprende, cuida, protege al débil. En la vida familiar no puede reinar la lógica del dominio de unos sobre otros, o la competición para ver quién es más inteligente o poderoso, porque esa lógica acaba con el amor. También para la familia es este consejo: «Tened sentimientos de humildad unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes».

 

AMABILIDAD

Amar también es volverse amable. El amor no obra con rudeza, no actúa de modo descortés, no es duro en el trato. Sus modos, sus palabras, sus gestos, son agradables y no ásperos ni rígidos. Cada día, «entrar en la vida del otro, incluso cuando forma parte de nuestra vida, pide la delicadeza de una actitud no invasora, que renueve la confianza y el respeto […] El amor, cuando es más íntimo y profundo, tanto más exige el respeto de la libertad y la capacidad de esperar que el otro abra la puerta de su corazón». El amor amable genera vínculos, cultiva lazos, crea nuevas redes de integración. El que ama es capaz de decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan: «¡Ánimo hijo!» (Mt 9,2), «¡Levántate!» (Mc 5,41), «No tengáis miedo» (Mt 14,27). En la familia hay que aprender este lenguaje amable de Jesús.

 

DESPRENDIMIENTO

El amor «no busca su propio interés», o «no busca lo que es de él». Tomás de Aquino ha explicado que «pertenece más a la caridad querer amar que querer ser amado». «Las madres, que son las que más aman, buscan más amar que ser amadas». Por eso, el amor puede ir más allá de la justicia y desbordarse gratis, «sin esperar nada a cambio» (Lc 6,35), hasta llegar al amor más grande, que es «dar la vida» por los demás.

 

SIN VIOLENCIA INTERIOR

Se trata de una violencia interna, de una irritación no manifiesta que nos coloca a la defensiva ante los otros, como si fueran enemigos. El Evangelio invita más bien a mirar la viga en el propio ojo (cf. Mt 7,5), y los cristianos no podemos ignorar la constante invitación de la Palabra de Dios a no alimentar la ira. Por ello, nunca hay que terminar el día sin hacer las paces en la familia. Y, «¿cómo debo hacer las paces? ¿Ponerme de rodillas? ¡No! Sólo un pequeño gesto, algo pequeño, y vuelve la armonía familiar. Basta una caricia, sin palabras. Pero nunca terminar el día en familia sin hacer las paces».

 

PERDÓN

Se fundamenta en una actitud positiva, que intenta comprender la debilidad ajena y trata de buscarle excusas a la otra persona. Pero la tendencia suele ser la de buscar más y más culpas, la de imaginar más y más maldad, la de suponer todo tipo de malas intenciones, y así el rencor va creciendo y se arraiga. Poder culpar a otros se convierte en un falso alivio. De ese modo, cualquier error o caída del cónyuge puede dañar el vínculo amoroso y la estabilidad familiar. Cuando hemos sido ofendidos o desilusionados, el perdón es posible y deseable, pero nadie dice que sea fácil. Hoy sabemos que para poder perdonar necesitamos pasar por la experiencia liberadora de comprendernos y perdonarnos a nosotros mismos. Esto supone la experiencia de ser perdonados por Dios, justificados gratuitamente. Si aceptamos que el amor de Dios es incondicional, que el cariño del Padre no se debe comprar ni pagar, entonces podremos amar más allá de todo, perdonar a los demás aun cuando hayan sido injustos con nosotros.

 

DISCULPA, CREE, ESPERA Y SOPORTA TODO

El elenco se completa con cuatro expresiones que hablan de una totalidad: «todo». Disculpa todo, cree todo, espera todo, soporta todo. De este modo, se remarca con fuerza el dinamismo contracultural del amor, capaz de hacerle frente a cualquier cosa que pueda amenazarlo.

Disculpa: Los esposos que se aman y se pertenecen, hablan bien el uno del otro, intentan mostrar el lado bueno del cónyuge más allá de sus debilidades y errores. En todo caso, guardan silencio para no dañar su imagen. Un hecho desagradable en la relación no es la totalidad de esa relación. Entonces, se puede aceptar con sencillez que todos somos una compleja combinación de luces y de sombras. El otro no es sólo eso que a mí me molesta. Es mucho más que eso. Por la misma razón, no le exijo que su amor sea perfecto para valorarlo. Me ama como es y como puede, con sus límites, pero que su amor sea imperfecto no significa que sea falso o que no sea real. Es real, pero limitado y terreno.

Confía: el amor confía, deja en libertad, renuncia a controlarlo todo, a poseer, a dominar. Una familia donde reina una básica y cariñosa confianza, y donde siempre se vuelve a confiar a pesar de todo, permite que brote la verdadera identidad de sus miembros, y hace que espontáneamente se rechacen el engaño, la falsedad o la mentira.

Espera: no desespera del futuro. Indica la espera de quien sabe que el otro puede cambiar. No significa que todo vaya a cambiar en esta vida. Implica aceptar que algunas cosas no sucedan como uno desea, sino que quizás Dios escriba derecho con las líneas torcidas de una persona y saque algún bien de los males que ella no logre superar en esta tierra. Aquí se hace presente la esperanza en todo su sentido, porque incluye la certeza de una vida más allá de la muerte. Esa persona, con todas sus debilidades, está llamada a la plenitud del cielo. Allí, completamente transformada por la resurrección de Cristo, ya no existirán sus fragilidades, sus oscuridades ni sus patologías.

Soporta: significa que sobrelleva con espíritu positivo todas las contrariedades. Es mantenerse firme en medio de un ambiente hostil. Cuando se presenta la oportunidad para que derrotes a tu enemigo, ese es el momento en que debes decidir no hacerlo. Y esa es una manera de amar “a pesar de todo”. En la vida familiar hace falta cultivar esa fuerza del amor, que permite luchar contra el mal que la amenaza.

El capítulo se concluye con una reflexión muy importante sobre la “transformación del amor” porque la prolongación de la vida hace que se produzca algo que no era común en otros tiempos: la relación íntima y la pertenencia mutua deben conservarse por cuatro, cinco o seis décadas, y esto se convierte en una necesidad de volver a elegirse una y otra vez: “No podemos prometernos tener los mismos sentimientos durante toda la vida. En cambio, sí podemos tener un proyecto común estable, comprometernos a amarnos y a vivir unidos hasta que la muerte nos separe, y vivir siempre una rica intimidad”.

¿Qué pasó con la Misericordia?

El acontecimiento eclesial a nivel mundial más importante del curso que hemos concluido ha sido el final del Jubileo de la Misericordia. En la Diócesis se cerró la Puerta Santa de la Catedral de Segorbe el 12 de noviembre, una semana antes de que lo hiciera el Papa Francisco en Roma. Durante un año más de 6.000 personas participaron en las diversas celebraciones. El Obispo recordaba con emoción lo vivido, y en la carta para concluir el Año Santo afirmaba que “aún están vivas en nuestra memoria y en nuestro corazón las hermosas celebraciones del Jubileo”. Leer más