I Jornada Mundial de los Pobres

“El amor no admite excusas”

(Papa Francisco)

El próximo domingo, 19 de noviembre, se celebra, por primera vez, la Jornada Mundial de los Pobres, establecida por el Papa Francisco tras el Jubileo de la Misericordia. Por este motivo, Francisco ha publicado un mensaje para este día en el que invita a abandonarse al amor de una manera auténtica, “no de palabra y de boca, sino de verdad y con obras”. Esta Jornada tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, “es una invitación dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad”, anuncia el Papa Francisco. “Dios creó el cielo y la tierra para todos; son los hombres, por desgracia, quienes han levantado fronteras, muros y vallas”.

El amor no admite excusas

El mensaje del Papa comienza así: «Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras». Francisco señala que estas palabras expresan un “imperativo que ningún cristiano puede ignorar”, ya que el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo, especialmente cuando se trata de “amar a los pobres”. El Papa recuerda el modo de amar de Jesús, basado en dos pilares: “Dios nos amó primero, y nos amó dando todo, hasta su propia vida”.

La Iglesia, desde sus primeros días, se ha tomando muy en serio esta contante atención a los pobres, conforme a la enseñanza de Jesús. Los Hechos de los Apóstoles comienza explicando que Pedro pide que se elijan a siete hombres “llenos de espíritu y de sabiduría para que se encarguen de la asistencia a los pobres”, y en otro pasaje cuenta: “Vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno”. Estas palabras muestran la profunda preocupación de los primeros cristianos.

Un ejemplo clave es San Francisco de Asís, que no se limitó a abrazar y dar limosna a los más necesitados, sino que se fue a vivir con ellos. Él, precisamente porque mantuvo los ojos fijos en Cristo, fue capaz de reconocerlo y servirlo en los pobres. Y es que para los cristianos, explica el Papa, los pobres no son una buena obra semanal o tranquilizadores de conciencia. “Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos Su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres”. Y esto requiere “tender la mano a los pobres”, “encontrarlos”, “mirarlos a los ojos”, “abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad”.

La pobreza como actitud

El Papa Francisco explica también en su carta que la pobreza es, por otra parte, una “actitud del corazón”, que nos ayuda a no considerar el dinero, la carrera, los lujos, la fama, el prestigio o la sabiduría como objetivos en la vida y condiciones para alcanzar la felicidad. “La pobreza significa un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos creamos inmortales”, comenta el Papa.

Una actitud de pobreza nos ayuda a cargar libremente con nuestras responsabilidades personales y sociales, a pesar de nuestras limitaciones, “confiando en la cercanía de Dios y sostenidos por su gracia”.

Organizar momentos de encuentro y de amistad

El Papa Francisco invita a las comunidades cristianas a organizar, con motivo de la Jornada del día 19, “momentos de encuentro, de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta”. “Podrán invitar a los pobres y a los voluntarios a participar juntos en la Eucaristía de ese domingo, de tal modo que se manifieste con más autenticidad la celebración de la Solemnidad de Cristo Rey del universo”. En ese domingo, si en nuestro vecindario viven pobres que solicitan protección y ayuda, “acerquémonos a ellos: será el momento propicio para encontrar al Dios que buscamos”, invita Francisco.

Además, el Papa insiste en que el fundamento de las diversas iniciativas concretas que se lleven a cabo durante esta Jornada “sea siempre la oración”: “No hay que olvidar que el ‘Padre nuestro’ es la oración de los pobres”.

“Invito a toda la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad a mantener, en esta Jornada, la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad”.

La Diócesis de Segorbe-Castellón en la Jornada

La Diócesis de Segorbe-Castellón quiere implicarse también en esta Jornada, y para ello, Cáritas va a invitar a los párrocos a que celebren esta Jornada en sus parroquias con una Eucaristía. Además, se les va a hacer llegar la carta del Papa, el subsidio litúrgico de la Conferencia Episcopal y Cáritas España, y un guion para la liturgia.

Además, la Pastoral Caritativa-Social vaa a hacer llegar a las parroquias un documento clave para este día: un análisis de la realidad de la pobreza que existe en la Diócesis. Sólo en la Comunidad Valenciana, el índice de pobreza y exclusión social afecta a 1.513 personas, según el VII informe “El estado de la Pobreza en España 2008-2016”.

La acción de esta Jornada, junto con el Día de las personas sin hogar que se celebra día 26, Cáritas lo ha plasmado en una serie de actos que tendrán lugar del 20 al 26 de noviembre.

  • Jueves 23, a las 12h:

Flashmob. “Derribemos el muro de los no derechos”, en la estatua Jaume I, en Huerto Sogueros de Castellón.

  • Viernes 24, a las 12h:

Flashmob. “Derribemos el muro de los no derechos”, en la Plaza Mayor de Vila-real.

  • Domingo 26, a las 19h:

Eucaristía. Presidida por D. Casimiro López Llorente, en la Arciprestal San Jaime de Vila-real.

  • Martes 28, 18:30h:

Mesa Redonda. “Somos Personas. Tenemos derechos”, Mesa Técnica de Personas Sin Hogar de Castellón, en el Edificio Menador, Plza. Huerto Sogueros de Castellón.

Con los favoritos de Jesús

San Agustín afirmaba en uno de sus sermones que “cualquiera que sea tu opulencia, tú que eres rico, no eres más que un mendigo a la puerta de Dios”. La pobreza, aunque tenga formas diversas, afecta a todos. Por eso todos están concernidos por la labor de Cáritas, que es la caridad organizada de la Iglesia.

Durante el verano no ha dejado de actuar. D. Sergio Mendoza, delegado episcopal, recuerda que “la pobreza no entiende de estaciones; por eso en Cáritas continuamos con nuestra labor habitual y entre todos nos organizamos para que los proyectos funcionen y estén al servicio de las personas que los necesiten”. Es decir, los pobres, los favoritos de Jesús.

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La familia, “íntima comunidad de vida y amor”

Capítulo IV Amoris Laetitia

 

La Organización de Naciones Unidas proclamó a 1994 “Año Internacional de la Familia”. El Decreto de la ONU se refería a esta institución como “unidad natural y fundamental de la sociedad”. La familia, a pesar de los cambios que la sociedad actual impone, sigue constituyendo la estructura de la sociedad. Y dado que, según el designio divino, está constituida como «íntima comunidad de vida y de amor», la familia tiene la misión de ser cada vez más lo que es, es decir, comunidad de vida y amor, en una tensión que, al igual que para toda realidad creada y redimida, hallará su cumplimiento en el Reino de Dios.

Desde el punto de vista sociológico, la familia es el primer agente educador y socializador: es donde nos criamos, aprendemos valores como el respeto, obediencia, cariño, comprensión, a pedir perdón y perdonar, y sobre todo a amar. Son elementos claves de la vida familiar.

Como bien señala la Exhortación Apostólica del Papa San Juan Pablo II, Familiaris Consortio, “la familia recibe la misión de custodiar, revelar y comunicar el amor, como reflejo vivo y participación real del amor de Dios por la humanidad y del amor de Cristo Señor por la Iglesia su esposa”. En este sentido, partiendo del amor y en constante referencia a él, el Sínodo celebrado en 1980 sobre la familia cristiana puso de relieve cuatro cometidos generales de la familia: la formación de una comunidad de personas, el servicio a la vida, la participación en el desarrollo de la sociedad y la participación en la vida y misión de la Iglesia.

Mucho más tarde, un nuevo libro hablará sobre el amor en el matrimonio y en la familia, la Exhortación Apostólica del Papa Francisco, Amoris Laetitia, en cuyo cuarto capítulo el Papa se detiene especialmente para hablar sobre el amor “porque no podremos alentar un camino de fidelidad y de entrega recíproca si no estimulamos el crecimiento, la consolidación y la profundización del amor conyugal y familiar”.

Necesario es el consejo que el Papa Francisco ofrece en este documento: “No hay que arrojar sobre dos personas limitadas el tremendo peso de tener que reproducir de manera perfecta la unión que existe entre Cristo y su Iglesia, porque el matrimonio como signo implica un proceso dinámico, que avanza gradualmente con la progresiva integración de los dones de Dios”.

Por ello, el Papa Francisco ofrece las claves para vivir un amor verdadero entre los esposos, que con un amor limitado se aman día a día recíprocamente y aman a sus hijos. Para ello, se basa en el “himno al amor” de San Pablo (1 Cor 13,4-7).

 

PACIENCIA

Se muestra cuando la persona no se deja llevar por sus impulsos. Hay veces que el problema es cuando exigimos que las relaciones sean celestiales o que las personas sean perfectas, o cuando nos colocamos en el centro y esperamos que sólo se cumpla la propia voluntad. Entonces todo nos impacienta, todo nos lleva a reaccionar con agresividad. Si no cultivamos la paciencia, siempre tendremos excusas para responder con ira, y finalmente nos convertiremos en personas que no saben convivir, antisociales, incapaces de postergar los impulsos, y la familia se volverá un campo de batalla. Esta paciencia se afianza cuando reconozco que el otro también tiene derecho a vivir en esta tierra junto a mí, así como es. No importa si es un estorbo para mí, si altera mis planes, si me molesta con su modo de ser o con sus ideas, si no es todo lo que yo esperaba. El amor tiene siempre un sentido de profunda compasión que lleva a aceptar al otro como parte de este mundo, también cuando actúa de un modo diferente a lo que yo desearía.

ACTITUD DE SERVICIO

El amor no es sólo un sentimiento, sino que se debe entender en el sentido que tiene el verbo «amar » en hebreo: es «hacer el bien». Como decía San Ignacio de Loyola, «el amor se debe poner más en las obras que en las palabras». Así puede mostrar toda su fecundidad, y nos permite experimentar la felicidad de dar, la nobleza y la grandeza de donarse sobreabundantemente, sin medir, sin reclamar pagos, por el solo gusto de dar y de servir.

 

SANANDO LA ENVIDIA

Significa que en el amor no hay lugar para sentir malestar por el bien de otro. La envidia es una tristeza por el bien ajeno, que muestra que no nos interesa la felicidad de los demás. Mientras el amor nos hace salir de nosotros mismos, la envidia nos lleva a centrarnos en el propio yo. El verdadero amor valora los logros ajenos, no los siente como una amenaza, y se libera del sabor amargo de la envidia.

 

SIN HACER ALARDE NI AGRANDARSE

Es la vanagloria, el ansia de mostrarse como superior para impresionar a otros con una actitud pedante y algo agresiva. Quien ama, no sólo evita hablar demasiado de sí mismo, sino que además, porque está centrado en los demás, sabe ubicarse en su lugar sin pretender ser el centro. Algunos se creen grandes porque saben más que los demás, y se dedican a exigirles y a controlarlos, cuando en realidad lo que nos hace grandes es el amor que comprende, cuida, protege al débil. En la vida familiar no puede reinar la lógica del dominio de unos sobre otros, o la competición para ver quién es más inteligente o poderoso, porque esa lógica acaba con el amor. También para la familia es este consejo: «Tened sentimientos de humildad unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes».

 

AMABILIDAD

Amar también es volverse amable. El amor no obra con rudeza, no actúa de modo descortés, no es duro en el trato. Sus modos, sus palabras, sus gestos, son agradables y no ásperos ni rígidos. Cada día, «entrar en la vida del otro, incluso cuando forma parte de nuestra vida, pide la delicadeza de una actitud no invasora, que renueve la confianza y el respeto […] El amor, cuando es más íntimo y profundo, tanto más exige el respeto de la libertad y la capacidad de esperar que el otro abra la puerta de su corazón». El amor amable genera vínculos, cultiva lazos, crea nuevas redes de integración. El que ama es capaz de decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan: «¡Ánimo hijo!» (Mt 9,2), «¡Levántate!» (Mc 5,41), «No tengáis miedo» (Mt 14,27). En la familia hay que aprender este lenguaje amable de Jesús.

 

DESPRENDIMIENTO

El amor «no busca su propio interés», o «no busca lo que es de él». Tomás de Aquino ha explicado que «pertenece más a la caridad querer amar que querer ser amado». «Las madres, que son las que más aman, buscan más amar que ser amadas». Por eso, el amor puede ir más allá de la justicia y desbordarse gratis, «sin esperar nada a cambio» (Lc 6,35), hasta llegar al amor más grande, que es «dar la vida» por los demás.

 

SIN VIOLENCIA INTERIOR

Se trata de una violencia interna, de una irritación no manifiesta que nos coloca a la defensiva ante los otros, como si fueran enemigos. El Evangelio invita más bien a mirar la viga en el propio ojo (cf. Mt 7,5), y los cristianos no podemos ignorar la constante invitación de la Palabra de Dios a no alimentar la ira. Por ello, nunca hay que terminar el día sin hacer las paces en la familia. Y, «¿cómo debo hacer las paces? ¿Ponerme de rodillas? ¡No! Sólo un pequeño gesto, algo pequeño, y vuelve la armonía familiar. Basta una caricia, sin palabras. Pero nunca terminar el día en familia sin hacer las paces».

 

PERDÓN

Se fundamenta en una actitud positiva, que intenta comprender la debilidad ajena y trata de buscarle excusas a la otra persona. Pero la tendencia suele ser la de buscar más y más culpas, la de imaginar más y más maldad, la de suponer todo tipo de malas intenciones, y así el rencor va creciendo y se arraiga. Poder culpar a otros se convierte en un falso alivio. De ese modo, cualquier error o caída del cónyuge puede dañar el vínculo amoroso y la estabilidad familiar. Cuando hemos sido ofendidos o desilusionados, el perdón es posible y deseable, pero nadie dice que sea fácil. Hoy sabemos que para poder perdonar necesitamos pasar por la experiencia liberadora de comprendernos y perdonarnos a nosotros mismos. Esto supone la experiencia de ser perdonados por Dios, justificados gratuitamente. Si aceptamos que el amor de Dios es incondicional, que el cariño del Padre no se debe comprar ni pagar, entonces podremos amar más allá de todo, perdonar a los demás aun cuando hayan sido injustos con nosotros.

 

DISCULPA, CREE, ESPERA Y SOPORTA TODO

El elenco se completa con cuatro expresiones que hablan de una totalidad: «todo». Disculpa todo, cree todo, espera todo, soporta todo. De este modo, se remarca con fuerza el dinamismo contracultural del amor, capaz de hacerle frente a cualquier cosa que pueda amenazarlo.

Disculpa: Los esposos que se aman y se pertenecen, hablan bien el uno del otro, intentan mostrar el lado bueno del cónyuge más allá de sus debilidades y errores. En todo caso, guardan silencio para no dañar su imagen. Un hecho desagradable en la relación no es la totalidad de esa relación. Entonces, se puede aceptar con sencillez que todos somos una compleja combinación de luces y de sombras. El otro no es sólo eso que a mí me molesta. Es mucho más que eso. Por la misma razón, no le exijo que su amor sea perfecto para valorarlo. Me ama como es y como puede, con sus límites, pero que su amor sea imperfecto no significa que sea falso o que no sea real. Es real, pero limitado y terreno.

Confía: el amor confía, deja en libertad, renuncia a controlarlo todo, a poseer, a dominar. Una familia donde reina una básica y cariñosa confianza, y donde siempre se vuelve a confiar a pesar de todo, permite que brote la verdadera identidad de sus miembros, y hace que espontáneamente se rechacen el engaño, la falsedad o la mentira.

Espera: no desespera del futuro. Indica la espera de quien sabe que el otro puede cambiar. No significa que todo vaya a cambiar en esta vida. Implica aceptar que algunas cosas no sucedan como uno desea, sino que quizás Dios escriba derecho con las líneas torcidas de una persona y saque algún bien de los males que ella no logre superar en esta tierra. Aquí se hace presente la esperanza en todo su sentido, porque incluye la certeza de una vida más allá de la muerte. Esa persona, con todas sus debilidades, está llamada a la plenitud del cielo. Allí, completamente transformada por la resurrección de Cristo, ya no existirán sus fragilidades, sus oscuridades ni sus patologías.

Soporta: significa que sobrelleva con espíritu positivo todas las contrariedades. Es mantenerse firme en medio de un ambiente hostil. Cuando se presenta la oportunidad para que derrotes a tu enemigo, ese es el momento en que debes decidir no hacerlo. Y esa es una manera de amar “a pesar de todo”. En la vida familiar hace falta cultivar esa fuerza del amor, que permite luchar contra el mal que la amenaza.

El capítulo se concluye con una reflexión muy importante sobre la “transformación del amor” porque la prolongación de la vida hace que se produzca algo que no era común en otros tiempos: la relación íntima y la pertenencia mutua deben conservarse por cuatro, cinco o seis décadas, y esto se convierte en una necesidad de volver a elegirse una y otra vez: “No podemos prometernos tener los mismos sentimientos durante toda la vida. En cambio, sí podemos tener un proyecto común estable, comprometernos a amarnos y a vivir unidos hasta que la muerte nos separe, y vivir siempre una rica intimidad”.

¿Qué pasó con la Misericordia?

El acontecimiento eclesial a nivel mundial más importante del curso que hemos concluido ha sido el final del Jubileo de la Misericordia. En la Diócesis se cerró la Puerta Santa de la Catedral de Segorbe el 12 de noviembre, una semana antes de que lo hiciera el Papa Francisco en Roma. Durante un año más de 6.000 personas participaron en las diversas celebraciones. El Obispo recordaba con emoción lo vivido, y en la carta para concluir el Año Santo afirmaba que “aún están vivas en nuestra memoria y en nuestro corazón las hermosas celebraciones del Jubileo”.

D. Javier Aparici, Vicario de Pastoral y delegado diocesano para el Jubileo, tiene clara la clave del éxito: “Éramos conscientes  de que quien convoca es Jesucristo. Nosotros solo fuimos instrumento que intentamos adaptar a nuestra realidad de la Diócesis la llamada que nos hizo el Papa”. Su objetivo era la calidad por encima de la cantidad. Por eso los preparativos se centraron en “facilitar el encuentro con Cristo y experimentar la Misericordia”.

En la evaluación del curso que se hizo en el Consejo Diocesano de Pastoral de junio, se constataron los tres grandes frutos del Jubileo: la preparación de las celebraciones, la alta participación y que mucha gente se animó a acercarse de nuevo al sacramento de la reconciliación.

 

Herencia viva

Ahora, siguiendo su Plan Diocesano de Pastoral, la Diócesis se prepara a vivir dos cursos cuya prioridad será la iniciación cristiana y la celebración. ¿Qué herencia ha dejado el Jubileo para profundizar en estos aspectos esenciales de la vida de la Iglesia? D. Javier Aparici responde que “si durante el Año Santo hemos profundizado en Dios que es Misericordia y hemos experimentado la Misericordia, especialmente en el sacramento de la reconciliación, necesariamente daremos testimonio del Amor de Dios en actitudes y acogida, de modo que los otros puedan a través nuestro experimentar también la Misericordia”.

Esto implica continuar con la renovación pastoral de las parroquias de modo que sean comunidades vivas formadas por discípulos-misioneros. La Misericordia hará que sean lugares donde se “vive y se palma el amor de Dios, siendo acogedoras, fraternas, viviendo el encuentro con Cristo, siendo testigos de Dios y preocupadas también por los más pobres, no centradas en ellas mismas porque el amor es difusivo”, según la descripción del Vicario de Pastoral.

El Año de la Misericordia sigue muy vivo en la vida de la Iglesia universal y diocesana. Su herencia actual la recoge muy bien Mons. López Llorente en su conclusión del Jubileo: “Este Año Santo ha sido un tiempo de gracia; nos ha ofrecido una gran oportunidad para una sincera y autentica conversión a Dios, a Jesucristo y a los hermanos, para la renovación de nuestra fe y vida cristianas, y, finalmente, para la renovación pastoral y misionera de nuestra Iglesia y de nuestras comunidades. Este era el deseo del Papa para este Jubileo: que fuera un “tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes” (MV 3) en un momento en que cristianos y comunidades estamos llamados a ser discípulos misioneros. Y la misericordia de Dios, acogida y vivida en el día a día, es el camino para salir con nuevo ardor a la misión siempre nueva de anunciar a Jesucristo”.

 

¿Estuviste ahí?

 

Mons. Casimiro López Llorente recordaba con emoción al final del Jubileo: “Aún están vivas en nuestra memoria y en nuestro corazón las hermosas celebraciones del Jubileo en la Catedral de Segorbe por zonas, la de los sacerdotes en la Misa Crismal, o la de los catequistas y profesores de religión; también recordamos con alegría la multitudinaria celebración del Jubileo de los niños en el Seminario Mater Dei, o la más íntima de los enfermos y mayores en la Basílica de Lledó, y, de modo especial, las celebraciones en las cárceles de Castellón y Albocásser, por citar sólo algunas de las muchas celebraciones en nuestra Diócesis. No menos intensas han sido las celebraciones más locales del Jubileo en la Basílica de El Salvador de Burriana, en Sta. Isabel y en San Jaime en Villarreal, en San Juan de Peñagolosa con motivo de la peregrinación de Culla”.

Bricolages en la concepción. La maternidad subrogada.

Hace ya algún tiempo, la activista Dutheil de la Rochère lo apodaba “bricolajes de la concepción”. Se refería a los vientres de alquiler, cuyo debate en España pasaba la pasada semana por el Parlamento. Fue Ciudadanos el que presentó una proposición de ley para su regulación con el objetivo de legalizarla como una práctica altruista para mayores de 25 años. Se estima que cada año nacen en todo el mundo al menos 20.000 niños mediante el método de maternidad subrogada o vientre de alquiler, según la ONG suiza International Social Security. La legislación es permisiva en algunos países y muy restrictiva en otros. Leer más

LX Peregrinación Diocesana a Lourdes

El milagro permanente de la caridad

 

El pasado viernes, 23 de junio, nueve autobuses salieron desde la UJI, a las 8h de la mañana, en peregrinaje. Una parte de esta Diócesis, concretamente 408 personas, junto con el Obispo, Mons. Casimiro López, se encuentran ahora mismo en el santuario de Lourdes. De las 408, 70 son enfermos, 261 han acudido para servirlos, y el resto son peregrinos corrientes, pero igualmente amantes de la Virgen de Lourdes. Y además 12 sacerdotes. Se trata de un encuentro organizado cada año – este cumple su sexagésimo aniversario – por la Hospitalidad de Nuestra Señora de Lourdes, una asociación dentro de la Diócesis de Segorbe-Castellón formada por personas que se ofrecen voluntarias para servir, tanto a sanos como enfermos, que peregrinan a este santuario.

Todo comenzó el 11 de febrero de 1858, Bernardette Soubirous, su hermana y su amiga acudieron a la pradera a recoger leña. “Oí un ruido como una ráfaga de viento, pero los árboles no se movían. Levanté la cabeza, mirando a la gruta, y vi a una joven vestida de blanco”, testimonió Bernardette. Esta joven se apareció 18 veces a la niña, entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858, y sólo ella podía verla. En la novena aparición de esta joven, el 28 de febrero de 1858, ésta le pide a Bernadette que escarbe en la tierra, de donde brota agua fangosa, que más tarde sería la fuente de la gruta de Massabielle de Lourdes. Este agua, superficialmente ordinaria, es ahora para los cristianos un agua extraordinaria: como gotas de esperanza y paz.

 

“El milagro más grande es la conversión de las personas”, testimonia Pascual Aznar, presidente diocesano de la Hospitalidad de Lourdes. Pascual explica que hay muchos milagros materiales, alrededor de 170 aprobados por la Iglesia, ya que en Lourdes hay un comité formado por médicos y expertos, también religiosas y religiosas, ateas, no creyentes… Y que “cuando ellos aprueban un milagro, es porque se ha investigado profundamente y es real”, asegura Pascual Aznar.

El tema pastoral de este año es “El Señor hizo en mí maravillas. El Magníficat de la esperanza”, expuesto por el rector del Santuario de Lourdes, el padre Cabes, extraído del Magníficat 2017. Hace referencia a las palabras del Papa Benedicto XVI, cuando dijo que el Magníficat no es el canto de aquellos a los que sonríe la fortuna, “es el agradecimiento de aquellos que conocen los dramas de la vida y ponen su confianza en la obra redentora de Dios”.

El Papa Francisco también ha dicho, en relación al magníficat, que es “el canto de la esperanza, el cántico del pueblo de Dios en marcha a lo largo de la historia (…) particularmente intenso allí donde el cuerpo de Cristo sufre hoy su pasión. Donde está la cruz, para nosotros los cristianos siempre habrá la esperanza”.

Cada año, Lourdes acoge a más de 5 millones de visitantes: cristianos, peregrinos, turistas. Lourdes no es una ciudad como otra cualquiera: es la capital de la oración. Las multitudes de todo el mundo acuden y conforman así la Iglesia visible.

Cada año, a Lourdes acuden alrededor de 70.000 enfermos, acogidos en nueve centros adaptados, y mientras la sociedad actual esconde lo débil y despreciable del ser humano, Lourdes muestra la belleza de los enfermos, el amor de los desheredados.

 

Únete a la Semana de la Caridad

Del 9 al 18 de junio de 2017

Esta semana celebramos la “Semana de la Caridad”, que se prolonga desde el día 9 al 18, nueve días en los que diferentes entidades de la Diócesis de Segorbe-Castellón trabajan unidas para sensibilizar y hacer ver a la gente la realidad de las personas sufrientes, que viven en la calle, la pobreza, el hambre, la exclusión social, la falta de dignidad. Como bien dice la Real Academia Española de la Lengua, caridad es la “actitud solidaria con el sufrimiento ajeno” y además, en la religión cristiana, “una de las tres virtudes teologales, que consiste en amar a Dios sobre todas las cosas , y al prójimo como a uno mismo“. Leer más

“Fui forastero y me recibiste…” (Mt 25, 35) – 400 años del Carisma Vicenciano

– “Hola, sor María. Muchísimas gracias por acogerme”. – “Bienvenido majo, esta es tu casa”. El pasado miércoles visité la Obra Social Marillac de las Hijas de la Caridad de Castellón, muy próximo a la Universidad Jaume I. En ese rato que estuve allí, llegó un desconocido para quedarse allí a vivir con ellas. Está enfermo, necesita cuidados y sobre todo, un hogar. Las Hijas de la Caridad lo acababan de acoger en ese mismo momento.

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Me apunto a Religión

“Hay un tópico que se ha extendido mucho en la sociedad actual que presenta la clase de Religión como si fuera un privilegio que tienen las confesiones religiosas o los grupos sociales y que el Estado concede. En realidad, la Constitución Española es clara en su artículo 27, donde habla de la educación, y dice taxativamente que son los padres los que tiene el derecho de educar a sus hijos según sus propias convicciones morales y religiosas, por tanto no es un privilegio, sino un derecho”, aseguró hace unos días el Presidente de la Conferencia Episcopal Española de Enseñanza y Catequesis, don César Franco. En razón de ese derecho, está estipulado que los centros educativos tienen la obligación de ofrecer la asignatura de Religión, aunque luego son los padres o los alumnos los que tienen la libertad evidente de escogerla. Leer más

#PrayForEgipt

Sobre la persecución de los cristianos

Como ya es conocido, el pasado 9 de abril dos Iglesias coptas en Egipto fueron las protagonistas de un atentado que dejó casi 50 personas muertas y más de un centenar heridas. Fueron dos explosiones, una en el interior de una iglesia en la ciudad de Tanta y otra, tres horas después, en las inmediaciones de la iglesia de San Marcos, cerca de Alejandría. El Estado Islámico (ISIS) se atribuyó poco después la autoría de los ataques suicidas y amenazó con más atentados. La fecha del doble ataque coincide con el día en que los cristianos de todo el mundo, también en Egipto, celebraban la fiesta del Domingo de Ramos, día en que se conmemora la entrada de Jesús en la ciudad de Jerusalén, previos días a la Semana Santa y la celebración de la Pascua. Leer más