“Queremos ver a Jesús”

Queridos diocesanos:

El Domingo, 24 de octubre, celebramos el Domund, la Jornada Mundial de las Misiones. Año tras año, este día nos recuerda la vocación misionera de la Iglesia y el compromiso de todos los cristianos con la misión. Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad en Cristo (cf. 1 Tim 2 ,4). Jesucristo, el Hijo de Dios, ha venido al mundo para que en Él todos tengan vida y la tengan en abundancia (cf. Jn 10,10).

Los cristianos estamos llamados a vivir esta vida en Cristo y a ofrecerla a todos, pues a todos está destinada. La Iglesia, misionera por naturaleza, ha sido convocada para ser enviada; es comunión en Cristo para la misión, que revierte y genera comunión; todos los cristianos estamos llamados a ser promotores de la novedad de vida y comunión en Cristo, hecha de relaciones auténticas.

El Evangelista San Juan nos recuerda la petición que algunos griegos llegados a Jerusalén para la peregrinación pascual hacen al apóstol Felipe: “Queremos ver a Jesús”, le dicen (Jn 12, 21). “También los hombres de nuestro tiempo, dice Benedicto XVI,  quizás no siempre de modo consciente, piden a los creyentes no sólo que “hablen” de Jesús, sino que también “hagan ver” a Jesús, … en todos los rincones de la tierra ante las generaciones del nuevo milenio y, especialmente, ante los jóvenes de todos los continentes, destinatarios privilegiados y sujetos del anuncio evangélico. Estos deben percibir que los cristianos llevan la palabra de Cristo porque él es la Verdad, porque han encontrado en él el sentido, la verdad para su vida”.

Para renovar nuestro compromiso misionero, los cristianos hemos de acoger antes de nada la invitación de  Jesucristo a la mesa de su Palabra y de la Eucaristía para unirnos con Él y vivir unidos a Él. “Venid y veréis”, nos dice el Señor. El encuentro con el Amor de Dios en la Palabra y en la Eucaristía cambia nuestra existencia y crea la comunión; unidos a Cristo y entre nosotros podremos ofrecer a los demás un testimonio creíble de nuestra fe en Cristo y dar razón de nuestra esperanza.

La participación en la Eucaristía nos ayuda a comprender y vivir mejor el sentido misionero de toda existencia cristiana. Con las palabras al final de cada Misa, -‘Podéis ir en paz’- somos enviados a anunciar la Palabra de Dios, a vivir y testificar el memorial de la Pascua, el encuentro y la unión con el Señor. Los discípulos de Emaús reconocieron al Resucitado al partir el Pan y marcharon al instante para comunicar lo que habían visto y oído. Quien ha hecho la experiencia de encuentro y unión con el Señor en la Eucaristía no puede guardarlo para sí mismo, sino que ese encuentro le lleva necesariamente a la misión. De ahí que la misión se debilita cuando languidece la celebración de la Eucaristía y la participación plena en ella.

La Eucaristía nos ha de estimular a todos -fieles, Iglesia diocesana y comunidades parroquiales- a abrirnos cada vez más a la misión entre nosotros y a la cooperación misionera para promover el anuncio del Evangelio en el corazón de toda persona, de todos los pueblos, culturas, razas, nacionalidades, en todas las latitudes.

Renuevo a todos mi invitación a la oración por la misión y las misiones y, a pesar de las dificultades económicas, al compromiso de ayuda fraterna y concreta para sostener a las Iglesias jóvenes.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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