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Cardenal Herrera - CEU adoración

La Universidad Cardenal Herrera – CEU propone en Cuaresma una jornada de oración conjunta

Esta mañana la capilla de la sede de la Universidad Cardenal Herrera – CEU de Castellón ha organizado una jornada de oración conjunta. La iniciativa ha unido todos los centros docentes de la Asociación Católica de Propagandistas (ACDP). El objetivo es orar por la entidad y, con motivo del tiempo de Cuaresma, “emprender con decisión el trabajo que supone la conversión, y volver a encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón”, como explica su capellán, Pedro Segarra.

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La adoración eucarística, fuente de vida para la Iglesia

Castellón de la Plana, 16 de septiembre de 2018

La adoración eucarística, fuente de vida para la Iglesia

Queridos diocesanos:

Acabamos de comenzar un nuevo curso pastoral centrado en la Eucaristía, fuente, centro y cima de la vida y misión de la Iglesia, de nuestras parroquias y de cada cristiano. La celebración del 125º Aniversario  de la sección de la Adoración Nocturna Española de Artana nos ofrece la oportunidad y nos pide hablar de la adoración eucarística.

Después de un tiempo de malentendidos, en nuestra Iglesia diocesana se va recuperando la adoración eucarística personal y comunitaria. Durante la reforma litúrgica, a menudo la Misa y la adoración eucarística se vieron como opuestas entre sí; según algunos, el Pan eucarístico nos lo habrían dado no para ser contemplado, sino para ser comido; su reserva en el Sagrario era sólo para ser llevado a los enfermos, no para ser adorado. El Papa Benedicto XVI nos dijo que esta contraposición entre comunión eucarística y adoración no tiene sentido en la tradición de la Iglesia; porque, en palabras de san Agustín, “nadie come esta carne sin antes adorarla; pecaríamos si no la adoráramos”. Existe un lazo intrínseco entre la celebración de la Eucaristía, la comunión y la adoración en y fuera de la Misa (cf. SC 66). Y, el papa Francisco nos acaba de recordar “que la presencia real de Cristo en el Pan consagrado no termina con la misa… la eucaristía es custodiada en el tabernáculo para la comunión para los enfermos y para la adoración silenciosa del Señor en el Santísimo Sacramento; el culto eucarístico fuera de la misa, tanto de forma privada como comunitaria, nos ayuda de hecho a permanecer en Cristo” (Audiencia general, 4.04.2018).

En la celebración de la Eucaristía, el pan y el vino se convierten por las palabras de la consagración en el Cuerpo y la Sangre de Jesús. Él se nos da en comida en la comunión y Él se queda permanentemente presente en la sagrada Forma. En la comunión, Él mismo se nos da en comida para unirse a nosotros, para atraernos hacía sí, para transformarnos en Él. Este encuentro nuestro con el Señor, esta unión y unificación con Cristo sólo puede realizarse en adoración. Recibir la Eucaristía significa adorar a Aquel a quien recibimos; es decir, reconocer que Dios es nuestro Señor, que Él nos señala el camino que debemos tomar, que sólo vivimos bien si acogemos y seguimos el camino indicado por él. Este aspecto de sumisión a Dios, de acogida y reconocimiento de Él, prevé una relación de unión, porque Aquel a quien reconocemos y acogemos como nuestro Señor, Camino, Verdad y Vida es Amor. En efecto, en la Eucaristía la adoración debe convertirse en unión: unión con el Señor vivo y después con su Cuerpo místico. Sólo en la adoración puede madurar una acogida profunda y verdadera de Dios.

En la sagrada Hostia, el Señor se queda permanentemente entre nosotros con su humanidad y divinidad. Jesús está en el sagrario no por sí mismo, sino por nosotros, porque su alegría es estar con los hombres. Él nos espera, y pide y merece nuestra adoración. Jesús se queda en la Eucaristía no sólo para ser llevado a los enfermos, sino para estar con nosotros, para seguir derramando su Amor y su Vida. La Eucaristía contiene de un modo admirable al mismo Dios. La presencia permanente del Señor en el santísimo Sacramento es el verdadero tesoro de la Iglesia, su tesoro más valioso. En el sagrario, Dios está siempre accesible para nosotros. Sólo adorando su presencia aprendemos a recibirlo adecuadamente, aprendemos a comulgar, aprendemos desde dentro la celebración de la Eucaristía. La adoración del Santísimo Sacramento es como el “ambiente” espiritual dentro del cual la comunidad puede celebrar bien y en verdad la Eucaristía. Para expresar su pleno significado y valor, la celebración de la Eucaristía ha de ir precedida, acompañada y seguida de esta actitud interior de fe y de adoración.

Busquemos estar con el Señor, presente realmente en la Eucaristía, en el sagrario. Ahí podemos hablar de todo con él. Podemos presentarle nuestras peticiones, nuestras preocupaciones, nuestros problemas, nuestras alegrías, nuestra gratitud, nuestras decepciones, nuestras necesidades y nuestras esperanzas. Permaneciendo ante el Señor-Eucaristía en adoración y contemplación, disfrutamos de su trato personal, nos dejamos empapar y modelar por su amor, le abrimos nuestro corazón, le rogamos por nuestra Iglesia, por su unidad, vida y misión, por los sacerdotes y las vocaciones al sacerdocio, o le pedimos por la paz, la justicia y la salvación del mundo. Ahí podemos repetirle constantemente: “Señor, envía obreros a tu mies. Ayúdame a ser un buen obrero en tu viña”.

Con mi afecto y bendición,

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

 

Visita pastoral Esperanza

El Obispo exhorta a extender la adoración en la Visita Pastoral a la Esperanza

“No sabía que me haría tanto bien. Cada vez salgo con una paz inmensa y espero el jueves siguiente con impaciencia”. “Vine con mi marido que siempre me arrastra, y me llena mucho”. Son dos testimonios que el equipo de adoradores de la parroquia de Ntra. Sra. de la Esperanza ha transmitido al Obispo en su segundo día de visita pastoral. Desde noviembre del año pasado, cada jueves el templo está abierto de 10 a 20h con el Santísimo expuesto. Mons. López Llorente ha subrayado la importancia de iniciativas como ésta: “La Nueva Evangelización vendrá del calor espiritual que tengamos cada uno de nosotros”.

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24 horas para el Señor adoración

El papa Francisco exhorta a dedicar 24 horas para el Señor

El pasado lunes 12 de febrero la Santa Sede mostró el mensaje que su santidad el papa Francisco había preparado para el tiempo de Cuaresma del año 2018. El documento fue titulado “al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría”. El sumo pontífice exhorto a todos los cristianos a vivir intensamente la fe con 24 horas para el Señor de adoración al Santísimo.

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Jornada de Adoración eucarística y de Confesión

Queridos diocesanos:

En su mensaje para la Cuaresma, el Papa Francisco nos invita a “emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración”, y nos recuerda que “el hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos, para buscar finalmente el consuelo en Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida”. “Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar de nuevo”. Una ocasión propicia para ello será la Jornada ‘24 horas para el Señor’, a la que el Papa nos invita de nuevo este año celebrando el sacramento de la Confesión en un contexto de adoración eucarística. Leer más

Las 11 palabras claves de Fátima: Adoración

En su primera aparición, el Ángel se presenta como una invitación a la adoración a Dios. De rodillas, inclinado hasta el suelo, invita a los tres niños a la adoración que transforma la fe en esperanza y amor: «Dios mío yo creo, adoro espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman.»

Este espíritu de adoración en la fe, que se abre en espíritu reparador en la esperanza y en el amor, está concretizada en la oración que el Ángel enseña a los pastorcitos en su última aparición: «Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y divinidad de Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores.»

Fátima recuerda la centralidad de la adoración, como disposición interior que nos sitúa delante de Dios, misterio de gracia y misericordia. La gramática de la adoración es la entrega humilde de la existencia en las manos de Dios, el reconocimiento de Dios como Dios y de si mismo como hijo amado. Y, en ese proceso, se purifica el creyente, su mirada y su hacer, a la luz del amor con el que el propio Dios lo ama.

Los pastorcitos fueron pródigos en el espíritu de adoración. Sorprende el hecho contemplativo con el que Francisco buscaba el recogimiento y el silencio para «pensar en Dios» y para consolarlo.