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Las comunidades carmelitas de la Diócesis celebran a Santa Teresa de Jesús

Hoy celebramos la festividad de Santa Teresa de Jesús, la primera mujer Doctora de la Iglesia. Apoyada por San Juan de la Cruz, fue la reformadora del Carmelo en el S. XVI, y fundadora de la Orden de las Carmelitas Descalzas.

Esta mañana, nuestro Obispo, D. Casimiro López Llorente, ha acompañado a las monjas del monasterio del Sagrado Corazón, en les Alqueries, donde ha presidido la Eucaristía.

“Hoy celebramos a Santa Teresa de Jesús”, decía D. Casimiro en el inicio de la homilía, “y nos toca celebrar este día en un contexto de pandemia”, pero existen “otros virus, también letales para la humanidad y para nuestra sociedad”, en referencia a la situación económica, laboral, social y política.

“Nuestra Iglesia Diocesana, este año nos pide avivar  nuestra caridad y nuestro compromiso con la justicia social para manifestar en nuestro mundo a aquél que es el Buen Samaritano, Cristo Jesús”, ha dicho en referencia al Evangelio proclamado, el encuentro de Jesús con la samaritana.

Siguiendo los comentarios de la santa a dicho pasaje, ha explicado que “la fuente del agua viva es Dios mismo, es el amor de Dios, es el único capaz de saciar el deseo de amor inscrito en el corazón de cada ser humano, es el agua que sacia hasta la vida eterna”.

«Desde muy niña era muy aficionada a aquel Evangelio de la Samaritana y suplicaba muchas veces al Señor me diese aquella agua»

(V 30, 19).

“Un agua que tiene tres cualidades según Santa Teresa”: enfría los falsos amores que nos descentran de la raíz de nuestra existencia; purifica y limpia, del mismo modo que lo hace el amor de Dios en el sacramento de la reconciliación; y sacia nuestra sed de felicidad, de plenitud y de perfección, ha indicado el Obispo.

«El agua tiene tres propiedades…enfría…limpia… y apaga la sed.

Si no hubiese agua para lavar, ¿qué sería del mundo?

Si nos falta nos mata, y si nos sobra nos acaba la vida…

¡quién se viese tan engolfada en esta agua viva, que se le acabase la vida!»

(C 19, 3.8).

 “Por amor de Dios habéis recibido vuestra vocación a la vida consagrada”, les decía a las 13 hermanas que forman esta comunidad, a quienes también les ha hablado de la importancia de la oración, “la oración es amar y dejarse amar, solo así podemos amar a Dios, respondiendo a su amor y amando a los hermanos”.

Orar es «tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama»

(V 8, 5)

Teresa de Jesús nos recomienda tres cosas “que todos debemos de cuidar”, ha indicado, “amar desinteresadamente al hermano, desasirse de todo y tener mucha humildad”, las que junto a la oración, “son fundamentales en el camino a la perfección, que es vivir unidos como hermanos en el amor de Dios”.

Maestra de oración

Ayer, al finalizar la Audiencia General, el Papa Francisco calificó a Santa Teresa de Jesús como “maestra de oración”. “Que a través de su intercesión y ejemplo podamos descubrir la oración, como ese ‘trato de amistad con quien sabemos que nos ama’”, señaló. En esta línea, también recordó las palabras de la santa, añadiendo que “estando con Dios nada nos podrá turbar ni espantar, pues ‘solo Dios basta’”.

 

«Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda.

La paciencia todo lo alcanza.

Quien a Dios tiene nada le falta.

Sólo Dios basta.»

25 años de vida consagrada de una hermana Carmelita de Las Alquerías

El pasado sábado, 18 de enero, tuvo lugar en el Monasterio del Sagrado Corazón de Jesús, de Alquerías del Niño Perdido, la celebración de las Bodas de Plata de vida consagrada de la Hna. Mª José de Cristo.

La hermana ha renovado su “SÍ” a Dios con ilusión y agradecimiento al Señor, que le acompaña en cada momento, junto al altar y junto a sus hermanas Carmelitas Descalzas, en una Eucaristía presidida por el Sr. Obispo.

En su homilía, D. Casimiro López Llorente, subrayó que celebrar las Bodas de Plata de vida consagrada es seguir diciendo: “¡Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad!, porque acogiendo su voluntad, acogemos el camino hacia nuestra felicidad, que no es otra sino el encuentro pleno con Dios que es amor, para que esa llamada al amor que está en cada uno de nosotros llegue a plenitud”.