21 de noviembre: Jornada de Oración por los Consagrados fallecidos a causa de la Covid-19

Bajo el lema “Recuerdo orante y agradecido”, la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada de la Conferencia Episcopal Española ha pedido que nos unamos todos en oración, el próximo sábado 21 de noviembre, por las personas consagradas que han fallecido víctimas de la Covid-19.

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Los religiosos de la Diócesis celebran la Jornada Mundial de la Vida Consagrada

Hoy es 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor en el Templo y Purificación de la Virgen María, y coincidiendo con esta fiesta, la Iglesia celebra todos los años la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, con la que en esta ocasión se pretende incidir y profundizar, de forma especial, en como la Virgen alienta nuestra esperanza en un mundo sufriente, y en como los consagrados participan de esta misión de llevar esperanza. Así se muestra en el lema elegido para ello: “La Vida Consagrada con María, esperanza de un mundo sufriente”.

Así, los religiosos y religiosas de distintas congregaciones presentes en la Diócesis han celebrado esta fiesta en una eucaristía presidida por el Obispo en la parroquia de la Sagrada Familia de Castellón. La Misa ha comenzado con la procesión de las candelas, y en su homilía, Casimiro López Llorente ha comenzado afirmando que «cada uno de vosotros y de vosotras sois dones importantes y necesarios del Espíritu, para que nuestra Iglesia lleve a cabo la misión encomendada por el Señor, de que la Buena Nueva llegue a todos los rincones de la Tierra».

El Obispo se ha centrado en 3 palabras: encuentro, consagración y esperanza. Del encuentro ha dicho que la Presentación de Jesús «fue la ocasión para que Jesús, el Mesías, el Salvador, la luz del mundo, se encontrara con su pueblo, se encontrara con la humanidad. Vino a los suyos pero no todos lo reconocieron y lo acogieron, solo los humildes de corazón, los pobres, los piadosos, los que esperaban la llegada del Mesías pueden ver en aquel niño al Salvador esperado».

De la consagración decía que «el Niño es presentado y ofrecido en el Templo, es decir, es consagrado para cumplir la voluntad de Dios, y lo hará con una oblación total, en obediencia filial, con humildad absoluta hasta el final, hasta la muerte». «Esa ofrenda de la propia persona, la acogida de la voluntad de Dios en nuestra vida, de nuestra vocación, es el camino de la verdadera consagración», ha continuado.

Finalmente ha hablado de la esperanza, «estáis llamados a ser testigos de esperanza en un mundo sufriente, y lo seréis en tanto en cuanto aprendáis de María y con María, Madre de la Esperanza, a esperar sólo en Dios. En medio de un mundo que tiene tantos motivos para la desesperanza, llevad la esperanza a quien la ha perdido, o mantenedla viva en donde se apaga». Tras la homilía, los religiosos han renovado sus votos o promesas.

25 años de vida consagrada de una hermana Carmelita de Las Alquerías

El pasado sábado, 18 de enero, tuvo lugar en el Monasterio del Sagrado Corazón de Jesús, de Alquerías del Niño Perdido, la celebración de las Bodas de Plata de vida consagrada de la Hna. Mª José de Cristo.

La hermana ha renovado su “SÍ” a Dios con ilusión y agradecimiento al Señor, que le acompaña en cada momento, junto al altar y junto a sus hermanas Carmelitas Descalzas, en una Eucaristía presidida por el Sr. Obispo.

En su homilía, D. Casimiro López Llorente, subrayó que celebrar las Bodas de Plata de vida consagrada es seguir diciendo: “¡Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad!, porque acogiendo su voluntad, acogemos el camino hacia nuestra felicidad, que no es otra sino el encuentro pleno con Dios que es amor, para que esa llamada al amor que está en cada uno de nosotros llegue a plenitud”.

Nueva priora en las carmelitas del monasterio de San José en Castellón

Las ocho religiosas de la comunidad de carmelitas del monasterio de San José, en Castellón, han elegido a la madre Ana María Ortigosa nueva priora por un periodo de tres años. El acto ha estado presidido por el Obispo, mons. Casimiro López Llorente, y también ha asistido el visitador diocesano de la vida contemplativa, Joaquín Guillamón. La madre Ortigosa ingresó en el Carmelo a los 17 años en 1960, y su lema es estar entre sus hermanas como la que sirve: “Le pido al Señor su ayuda para servir como él”, declaraba la misma tarde del 21 de junio.

 

El servicio de priora consiste en “cuidar a las hermanas a nivel espiritual y material, estando a disposición de ellas y de todo lo que necesitan”. Al ser preguntada sobre los objetivos para este trienio, responde con gran sencillez: “El seguimiento del Señor en el devenir de cada día. Vivir como somos”. Y la madre Ana María Ortigosa añade: “Aquí no estamos para nosotras, sino para el bien de todos y sobre todo para alabanza y gloria del Señor”.