Tiempo de renovación espiritual

Queridos diocesanos:

La cuaresma es una peregrinación hacia la Pascua de la Resurrección del Señor; y,  por ello, también es un camino hacia la cumbre santa de nuestra propia resurrección. Es un tiempo singular y precioso para avivar nuestra fe y vida cristiana personal, familiar y comunitaria, un tiempo para la renovación espiritual.

El tiempo cuaresmal viene a romper la miopía de una existencia cerrada en el tiempo y en el horizonte alicorto de este mundo. La cuaresma quiebra la monotonía aburrida de una vida egocéntrica, materialista y hedonista. Nos invita a salir de nosotros mismos, a mirar hacia arriba y hacia el futuro, ese futuro absoluto que buscamos a tientas, sin caer en la cuenta de que está ante nosotros, al alcance de nuestras manos. La Palabra de Dios nos exhorta a avivar el recuerdo y el deseo de Dios, verdadero Padre, Dios de bondad y fuente de vida, lleno de amor y misericordia, que cuida de nosotros y nos lleva de la mano hasta la vida eterna.

Por ello, la cuaresma es para todos los cristianos una llamada y una oportunidad de gracia. Es una llamada a creer de verdad en Dios, Padre de bondad y de misericordia, y en la vida eterna para fortalecer nuestra adhesión a Cristo y a su Palabra viviendo la novedad de nuestro bautismo con más fidelidad, seriedad y profundidad. Y es una oportunidad de gracia para fortalecer el tono espiritual de nuestra vida mediante la escucha de la Palabra de Dios, la oración personal y comunitaria, la conversión de mente y corazón a Dios y su Palabra, el arrepentimiento, la confesión y la enmienda de nuestros pecados, y el ejercicio de las buenas obras.

Os animo a hacer un pequeño programa de vida para estas semanas de renovación espiritual. Es bueno pararse a pensar la propia vida desde la Palabra de Dios. Los esposos y los padres con los hijos pueden examinar lo que hay que mejorar en la vida matrimonial y en la convivencia familiar. Acudamos al sacramento de la Penitencia, bien preparados, con el deseo sincero de recuperar la paz y la gracia de Dios, y de mejorar nuestro comportamiento aceptando la ley santa de Dios como camino de vida, de felicidad y de salvación verdadera. Que cada uno vea qué obras buenas puede hacer durante la Cuaresma: en la vida familiar, en la vida profesional, en las relaciones sociales, con los enfermos, necesitados y mayores.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro

Obispo de Segorbe-Castellón

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