Lectura y Evangelio de la memoria (obligatoria) de san Vicente de Paúl, presbítero, y palabras de san Juan Pablo II sobre el santo del día

LECTURA. Ageo 2, 1-9

El año segundo del reinado de Darlo, el día veintiuno del mes séptimo, llego la palabra del Señor por medio del profeta Ageo: «Di a Zorobabel, hijo de Sesltiel, gobernador de Judá, a Josué, hijo de Josadac, sumo sacerdote, y al resto de la gente: ‘¿Quién de entre vosotros queda de los que vieron este templo en su primitivo esplendor? Y el que veis ahora, ¿no os parece que no vale nada? Ánimo, pues Zorobabel – oráculo del Señor -; ánimo también tú, Josué, hijo de Josadac, sumo sacerdote.

¡Ánimo gentes todas! – oráculo del Señor -. ¡Adelante, que yo estoy con vosotros! – oráculo del Señor del universo-. Ahí está mi palabra, la que os di al sacaros de Egipto, y mi espíritu está en medio de vosotros: no temáis. Pues esto dice el Señor del universo: Dentro de poco haré temblar cielos y tierra, mares y tierra firme. Haré temblar a todos los pueblos, que vendrán con todas sus riquezas y llenaré este templo de gloria, dice el Señor del universo. Míos son la plata y el oro -oráculo del Señor del universo -. Mayor será la gloria de este segundo templo que la del primero – dice el Señor del universo. Y derramaré paz y prosperidad en este lugar, oráculo del Señor del universo’».

Salmo: Sal 42, 1. 2. 3. 4

R. Espera en Dios, que volverás a alabarlo: «Salud de mi rostro, Dios mío.»

Hazme justicia, oh Dios,
defiende mi causa contra gente sin piedad,
sálvame del hombre traidor y malvado. R.

Tú eres mi Dios y protector,
¿por qué me rechazas?,
¿por qué voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo? R.

Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada. R.

Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío. R.

Aleluya Mc 10, 45

R. Aleluya, aleluya, aleluya

El Hijo del hombre ha venido a servir
y dar su vida en rescate por muchos. R.

EVANGELIO. Lucas 9, 18-22

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas».

Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro tomó la palabra y dijo: «El Mesías de Dios». Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».

Palabras de san Juan Pablo II sobre el santo del día

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Se celebra hoy la memoria litúrgica de san Vicente de Paúl, patrono de todas las asociaciones de caridad. Pensando en este insigne testigo del amor a Dios y a los hermanos, especialmente a los más pobres y abandonados, no podemos menos de dirigir nuestra atención a uno de los grandes desafíos que interpelan nuestra conciencia: el contraste verdaderamente intolerable entre la porción de la humanidad que goza de todas las ventajas del bienestar económico y del progreso científico, y la multitud enorme de cuantos viven en condiciones de extrema indigencia. En la carta apostólica Tertio millennio adveniente insistí en que «el compromiso por la justicia y por la paz» ha de ser «un aspecto sobresaliente de la preparación y de la celebración del jubileo» (n. 51). Por eso, ante la perspectiva del Año santo ya inminente, debemos preguntarnos: ¿cómo va nuestro compromiso?

[…] No es lícito resignarse al espectáculo inmoral de un mundo donde aún hay personas que mueren de hambre, que no tienen casa, que carecen de la instrucción más elemental, que no disponen de los cuidados necesarios en caso de enfermedad o que no encuentran trabajo. Y esta lista de viejas y nuevas formas de pobreza podría alargarse mucho más.

2. Es urgente promover una cultura y una política de solidaridad, que comiencen en lo más íntimo de cada uno, en la capacidad de dejarse interpelar por quienes tienen necesidad. Ciertamente, frente a la complejidad de los problemas, no basta el compromiso personal. Para algunos problemas, como el de la deuda externa de los países pobres, hace falta una respuesta concertada por parte de la comunidad de las naciones.

Con todo, sólo se podrán resolver de modo eficaz los grandes desafíos de la indigencia y de la injusticia social si crece dentro de las personas y de las familias la cultura de solidaridad. Como recordé en la carta apostólica Dies Domini, el domingo debe ser un día especial de caridad para vivirlo a fondo como día del Señor.

3. Que la santísima Virgen nos ayude a todos a crecer en la dimensión de la fraternidad. María, a quien invocamos en las letanías lauretanas como Consuelo de los afligidos, se sirve también de nuestros brazos y de nuestro corazón para hacer llegar al necesitado su consuelo y su solicitud maternal.

Ángelus, 27 de septiembre de 1998

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