Pastoral Juvenil. Orientaciones de los obispos de la Provincia Eclesiástica Valentina

Presentación

La preocupación de la Iglesia por acercar la persona, la obra y el mensaje de Jesucristo a los jóvenes ha sido constante a lo largo de los tiempos. Evangelizar el mundo juvenil es una misión imprescindible de cualquier generación de cristianos; es una tarea que prepara, con la fuerza del Espíritu Santo, el futuro de las comunidades cristianas.

Un fruto precioso de esta permanente preocupación ha sido la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud, instituida por el beato Juan Pablo II y desarrollada en distintas ciudades del mundo con masiva asistencia de jóvenes y con fuerte impacto espiritual en quienes han participado, también con admiración y sorpresa por parte de quienes las han seguido a través de los medios de comunicación social. La última se celebró en Madrid en el año 2011 con la presencia del papa Benedicto XVI. La próxima tendrá lugar en Río de Janeiro, julio de 2013, con la anunciada asistencia del papa Francisco.

Hay otros innumerables frutos en el día a día de la actuación de grupos juveniles en parroquias, movimientos apostólicos y centros educativos.

El documento que os presentamos es fruto de la reflexión de los obispos de la Provincia Eclesiástica Valentina que desean facilitar unas orientaciones pastorales a los responsables de la Pastoral Juvenil y a todos los que participan y se benefician en la vida diaria de las comunidades cristianas. Estas orientaciones se sitúan entre dos acontecimientos juveniles de la Iglesia universal que tanta esperanza ha despertado en todos los católicos. Queremos sumar nuestro esfuerzo a ese impulso general y contribuir con nuestras palabras a facilitar la tarea ordinaria de los grupos juveniles de las diócesis de nuestra Provincia Eclesiástica.

Esperamos que el resultado de nuestra reflexión sea de buena utilidad y bien acogido por todos.  Lo confiamos a la juvenil mirada de la Virgen María.

 

Mayo de 2013

 

+Carlos, arzobispo de Valencia

+Casimiro, obispo de Segorbe-Castellón

+Jesús, obispo de Orihuela-Alicante

+Javier, obispo de Mallorca

+Vicente, obispo de Ibiza

+Salvador, obispo de Menorca

+Enrique, obispo auxiliar de Valencia

 

 

  1. Condicionantes de la Pastoral Juvenil
  1. Situación del mundo juvenil

Cuando contemplamos la realidad del mundo juvenil, descubrimos en los jóvenes actitudes que pueden predisponer a una acogida positiva del Evangelio: muchos de ellos tienen una disponibilidad para la generosidad y son críticos con las actitudes egoístas de nuestro mundo; tienen una gran predisposición para las relaciones en grupo; muestran un deseo de autenticidad en las relaciones y en la vida; no son interesados; tienen sentimientos de solidaridad y valoran el voluntariado y la ayuda a los más necesitados.

La etapa de la juventud siempre ha sido un momento en el que confluyen en la persona ideales y aspiraciones nobles y, al mismo tiempo, una cierta fragilidad personal. Esta contradicción se acentúa en el momento actual por las circunstancias familiares y sociales en las que se encuentran muchos jóvenes que, si bien se muestran críticos frente a la sociedad existente y frente a las instituciones que la configuran, son influidos por ideologías o corrientes de opinión cuyos fines no están claramente expresados y movidos por deseos y actitudes fomentados por nuestra sociedad consumista.

 

  1. Distinta relación con la Iglesia

La pluralidad y heterogeneidad que caracteriza el momento actual del mundo juvenil se manifiesta también en la variedad de situaciones que observamos en su relación con la Iglesia:

  1. El hecho cristiano se ha convertido en algo extraño para bastantes jóvenes. Lo cristiano no es en este momento el elemento configurador de la vida social, no entra en los criterios de juicio, en los valores configurados de la persona y la sociedad, y por ello no engendra la mentalidad de las personas. No nos debe extrañar, por tanto, que para algunos jóvenes la persona de Jesucristo y el Evangelio sean desconocidos. Para estos jóvenes hay que buscar medios para encontrarnos con ellos y que les llegue el primer anuncio del Evangelio.
  2. Por otra parte, hay jóvenes que mantienen una cierta vinculación con la Iglesia: conservan elementos de la fe y de la cultura cristiana que están presentes todavía en la vida social (formas de religiosidad popular, ciertos momentos sacramentales, asociaciones de carácter religioso, …). Este hecho, que puede ser un camino para el encuentro con el Señor y que puede facilitar la evangelización, si se queda en el exterior de la persona, se convierte en algo superficial y anecdótico que no llega a configurar una personalidad cristiana. Puede ser un primer anuncio, pero falta hacerles crecer en la fe. A estos jóvenes habrá que ofrecerles ámbitos que les posibiliten el encuentro personal con Jesucristo.
  3. También nos encontramos con muchos jóvenes que han crecido y se han educado en instituciones y ámbitos eclesiales (colegios, movimientos de pastoral de infancia y de juventud, catequesis parroquial, …). Sin embargo, cuando llega el momento de personalizar esa fe que ambientalmente han vivido y que, por tanto, no les resulta extraña, y de incorporarse activamente a la vida de la Iglesia, se alejan de ella. Esto nos produce la sensación de que estamos en una situación de “debilidad de la evangelización”. A estos jóvenes habrá que ofrecerles caminos para una integración plena en la vida de la comunidad cristiana, descubriendo sin miedos lo que ciertamente, en las diversas experiencias que se han realizado, alcanzan la vida de los jóvenes y la configuran.
  4. Hay jóvenes que mantienen una estrecha relación con la Iglesia, pero que, en el momento de tomar decisiones fundamentales sobre su propia vida, se dejan llevar más por el ambiente social y cultural que nos rodea que por el Evangelio y la fe cristiana tal como es enseñada por la Iglesia. A estos jóvenes hay que ayudarles a que vivan la coherencia entre fe y vida.

 

  1. Ambiente social

Un sentimiento muy extendido en nuestra cultura que merma la eficacia de la Pastoral Juvenil es el de una cierta desconfianza hacia la Iglesia. Esto dificulta en muchos jóvenes provocar la acogida del mensaje cristiano, ya que es difícil aceptar la propuesta de una institución ante la que se tienen sentimientos de sospecha. Hay que reconocer también que muchos jóvenes, cuando se encuentran con la Iglesia, descubren que la realidad eclesial no responde a ciertos tópicos que se han generalizado.

 

  1. Ambiente familiar

Un adecuado planteamiento de la Pastoral Juvenil no puede dejar de tener en cuenta que el despertar religioso ya no se vive habitualmente en el seno de la familia, que muchas familias viven también al margen de la vida eclesial y que en muchos casos los padres no acompañan a los hijos en el proceso de iniciación a la vida cristiana y de maduración en la fe. No podemos olvidar que la Pastoral Juvenil y la Pastoral Familiar no pueden ignorarse. Como nos recordó el papa Benedicto XVI en Valencia, las familias cristianas están llamadas a vivir y a transmitir la fe.

 

  1. Ambiente educativo

Las dificultades para la evangelización y la transmisión de la fe a los jóvenes no deben separarse de una situación global que afecta a la educación y que el papa Benedicto XVI ha calificado de “emergencia educativa”: “En una sociedad y en una cultura que con demasiada frecuencia tienen el relativismo como su propio credo falta la luz de la verdad (…) ¿Cómo proponer a los más jóvenes y transmitir de generación en generación algo válido y cierto, reglas de vida y un auténtico sentido?”[1]. Los padres y los educadores viven en las mismas dificultades para transmitir valores a los jóvenes que las que la Iglesia experimenta para transmitir la fe.

 

  1. Convicciones fundamentales
  1. Las convicciones que deben inspirar nuestra Pastoral Juvenil nacen preferentemente de las jornadas mundiales de la juventud iniciadas e impulsadas por el beato Juan Pablo II y que han continuado celebrándose bajo el pontificado del papa Benedicto XVI y con el papa Francisco, como tendremos ocasión de vivir en el Encuentro Mundial de la Juventud en Brasil. Estos encuentros constituyen para muchos jóvenes una experiencia eclesial que deja una huella profunda en sus vidas: para los que se habían alejado de la Iglesia han sido ocasión para reencontrarse con el Señor y con la Iglesia; para aquellos que participan en la vida eclesial suponen un impulso para seguir con más fidelidad al Señor y, en muchos casos, descubren la vocación a la que el Señor les llamaba. Para todas las iglesias que han acogido alguno de estos encuentros ha supuesto la revitalización de la Pastoral Juvenil.

 

  1. Nuestra Pastoral Juvenil no puede entenderse al margen de la necesidad de una Nueva Evangelización. A muchos jóvenes de nuestra sociedad nos debemos acercar con una primera propuesta e invitación a que conozcan a Jesucristo. No podemos dar por supuesto ni que le conocen ni que creen en Él. El papa Benedicto XVI, hablando de la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Madrid en el año 2011, afirmó que ésta había sido “una Nueva Evangelización vivida”[2]. Debemos intensificar ofertas en las que haya una invitación explícita a la fe.

 

  1. A aquellos jóvenes que responden a la invitación, como a quienes mantienen una relación frecuente con la Iglesia, hay que ofrecerles los medios para que conozcan a Jesucristo y se despierte en su corazón un afecto hacia su persona. Para ello no basta una mera instrucción de carácter intelectual, sino que es necesaria una experiencia de encuentro con Cristo: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona”[3]. Este encuentro abre el corazón al conocimiento y al amor del Señor. En las jornadas mundiales de la juventud, el papa Benedicto XVI ha concedido una gran importancia a los momentos de adoración eucarística, porque es en la presencia del Señor cuando “razón, voluntad y corazón se abren hacia él” y porque “esto marcará después mi vida”[4]. La Pastoral Juvenil debe ofrecer una presentación clara y directa de la persona de Jesucristo: “Queridos jóvenes, no os conforméis con menos que Cristo”[5]. Tenemos y debemos hacer propuestas de primer anuncio y de crecimiento en la fe para alcanzar el corazón de los jóvenes y lo abran para que lo ocupe nuestro Señor Jesucristo.

 

  1. Confianza en la Iglesia. La Pastoral Juvenil debe ayudar a los jóvenes a experimentar y vivir lo que el Papa nos pedía en la Eucaristía de la JMJ de Madrid. Dirigiéndose a los jóvenes, les decía: “Os pido, queridos amigos, que améis a la Iglesia, que os ha engendrado en la fe, que os ha ayudado a conocer mejor a Cristo, que os ha hecho descubrir la belleza de su amor”[6]. Toda acción de la Pastoral Juvenil deberá tender a una integración plena en la vida de la comunidad eclesial.

 

  1. El seguimiento del Señor tiene un carácter personal. Por ello debemos ofrecer a los jóvenes ámbitos de crecimiento en la fe, mediante la escucha y la reflexión de la Palabra de Dios, la dirección espiritual, espacios de oración y de reflexión, propuestas formativas y celebración de los sacramentos. Es en estos espacios donde los jóvenes han de descubrir que la verdadera alegría se experimenta en el encuentro con Nuestro Señor Jesucristo, en la adhesión a su persona en el marco de la fe. Hay que cuidar la calidad de lo que ofrecemos a los jóvenes, el ambiente de alegría y fraternidad que deben encontrar en la Iglesia y el lenguaje con el que nos dirigimos a ellos, para poder decirles en nombre de Jesús “Ven y sígueme”.

 

  1. Al joven que ha conocido a Cristo y se ha incorporado a la vida de la comunidad cristiana “se le abre un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”[7]. Es entonces cuando las exigencias del seguimiento del Señor se vuelven comprensibles para el joven y se van asumiendo en el proceso de maduración humana y cristiana. La Pastoral Juvenil debe ayudar a los jóvenes para que, desde el amor a Jesucristo y sostenidos por su gracia, vivan con autenticidad la coherencia de la fe.

El papa Benedicto XVI, en la JMJ de Madrid, dirigió algunos mensajes a distintos grupos de jóvenes. En estos mensajes podemos descubrir algunos rasgos de la vida cristiana que hay que proponer a todos ellos:

  1. Los jóvenes deben ver en la Iglesia y en los cristianos un testimonio de ejemplaridad, que consiste en que no se deben anteponer intereses o ideologías a la verdad. En el encuentro con los profesores universitarios el Papa les habló de la importancia que tiene su vida entre los jóvenes y de la necesidad que éstos tienen de puntos de referencia para configurar su propia vida: “¿dónde encontrarán los jóvenes esos puntos de referencia en una sociedad quebradiza e inestable?”[8].
  2. La Pastoral Juvenil debe motivar a los jóvenes al servicio y a la entrega generosa a los más necesitados. Como nos recordó el Papa en el encuentro con jóvenes enfermos, “la grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre…Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana”[9].
  3. La Pastoral Juvenil debe llevar a los jóvenes al descubrimiento de que la vida cristiana no consiste únicamente en la asunción de unos valores o de unas pautas de comportamiento, sino en una respuesta de amor y de vida al Señor con quien me he encontrado. En el encuentro con los voluntarios el Papa recordó que “al amor de Cristo sólo se puede responder con amor”[10].
  4. En la Pastoral Juvenil se debe presentar el mensaje cristiano en toda su profundidad. En los encuentros con los voluntarios, los seminaristas y las religiosas jóvenes nos recordó que la respuesta a Cristo debe vivirse en toda su radicalidad. El Santo Padre invitó a los voluntarios a que se pregunten: “¿Qué quiere Dios de mí? ¿Cuál es su designio sobre mi vida? ¿Me llama Cristo a seguirlo más de cerca? ¿No podría yo gastar mi vida entera en la misión de anunciar al mundo la grandeza de su amor a través del sacerdocio, la vida consagrada o el matrimonio?”. Y terminaba el Papa diciéndoles que, si ha surgido esa inquietud, se dejasen llevar por el Señor y se ofreciesen al servicio de quien “no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos”[11]. A los seminaristas les recordó que deben prepararse para “ser prolongadores de la misión que Cristo recibió del Padre…, para ser apóstoles de Cristo y como Cristo, para ser compañeros de viaje y servidores de los hombres”[12]. A las religiosas jóvenes les recordó la belleza de la vida consagrada como expresión de la belleza del Evangelio vivido en toda su coherencia y les recordó que “la Vida Consagrada significa ir a la raíz del amor a Jesucristo con un corazón indiviso, sin anteponer nada a ese amor, con una pertenencia esponsal como la han vivido los santos”[13].

 

  1. El joven cristiano debe llegar a descubrir que él no es sólo el destinatario de la evangelización, sino que, como miembro de la Iglesia, está llamado a ser agente de evangelización. El testimonio de los jóvenes cristianos es insustituible para la Nueva Evangelización. Habrá que pensar y potenciar aquellas iniciativas que ayuden a los jóvenes a ser testigos de la fe en nuestro mundo.

 

 

III. Objetivos de la Pastoral Juvenil

  1. A la hora de marcar los objetivos de la Pastoral Juvenil no debemos olvidar que ésta se dirige a unas personas que se encuentran en tiempo de crecimiento y de maduración en la vida humana y en la vida cristiana con todo lo que esto supone. Ello implica que desde un acompañamiento personalizado se propongan progresivamente los elementos configuradores de la vida cristiana. El carácter progresivo de este proceso no nos debe llevar a olvidar los siguientes objetivos.

 

  1. Ayudar a los jóvenes a descubrir la amistad con el Señor

Un cristiano es un amigo del Señor. Es un hombre o una mujer que tienen que llegar a decir “no soy yo, es Cristo quien vive en mí”. Por ello se debe ayudar a los jóvenes a que descubran y valoren todos aquellos medios que les ayudan a profundizar y a crecer en esa amistad y en el conocimiento del Señor:

  • La escucha y la meditación asidua de la Palabra de Dios.
  • Los ámbitos y espacios de oración que posibiliten el encuentro con el Señor.
  • La dirección espiritual.
  • La iniciación en la vida sacramental, especialmente en la celebración de los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía que mantienen viva la fe y            permiten superar la tentación del subjetivismo en la vida cristiana.

 

  1. 15. Incorporar a los jóvenes a la vida eclesial

Estableciendo fuertes y auténticos vínculos con la Iglesia y ayudándoles a experimentar la belleza y la alegría de vivir en comunión con ella. Para ello es importante que conozcan y valoren la diversidad y la riqueza de la vida eclesial en sus acciones evangelizadoras, en sus obras educativas o caritativas, … y lleguen a descubrir la necesidad de comprometerse con ella.

 

  1. 16. Mostrar a los jóvenes la llamada a la santidad, que tiene sus raíces en el bautismo y que se reconoce en la vida de los santos, modelos concretos que animan a avanzar en esta vocación de todo cristiano. En este proceso es importante que los jóvenes descubran figuras concretas de santos cercanos a nuestro tiempo o atractivos por su estilo de vida. No debe faltar nunca la figura de la Santísima Virgen María, que fue la perfecta discípula del Señor.

 

  1. Ayudarles a descubrir su propia vocación

Toda Pastoral Juvenil debe ser también una pastoral de acompañamiento y de discernimiento vocacional. Los jóvenes cristianos, en el momento de tomar decisiones y hacer opciones sobre su propia vida, lo deben hacer desde la convicción de que estas decisiones no pueden ser vividas únicamente como proyectos personales propios, sino como respuestas a la llamada del Señor, tanto si su vocación se orienta a la vida matrimonial, como si se sienten llamados a la vida sacerdotal, consagrada o misionera.

 

  1. Preparar a los jóvenes para que sean sembradores del Reino de Dios en nuestro mundo, superando la tentación de gueto ante las dificultades, despertando en ellos la inquietud por los problemas del entorno, animándoles a compartir los gozos y las esperanzas, las angustias y las tristezas de los hombres de nuestro mundo, preparándoles para dar respuestas auténticamente cristianas a estas situaciones y comprometiéndoles en el trabajo por un mundo más justo, abiertos a la colaboración con todos los hombres de buena voluntad.

 

  1. Líneas de acción
  1. Analizar la situación de la Pastoral Juvenil y partir de la constatación y el conocimiento de las realidades concretas que existen en nuestras diócesis y en otros ámbitos eclesiales, reflexionando sobre ellas e identificando aquellos elementos que dan respuesta a las exigencias de la Nueva Evangelización.

 

  1. Apostar por una Pastoral Juvenil de comunión, que es verdadera cuando hace posible que la Iglesia sea casa y escuela de comunión. Esta manera de entender la coordinación es el gran reto que tiene la Iglesia, como nos decía el beato Juan Pablo II, en el tercer milenio. Ante la situación tan heterogénea que están viviendo los jóvenes, hemos de pensar que la Pastoral Juvenil puede presentar una gran diversidad y no podemos pretender una uniformidad de metodologías y estilos. Ahora bien, debemos superar una tendencia a la atomización que también se hace presente en la vida eclesial. Por ello conviene compartir de un modo concreto las experiencias y realidades diversas y reflexionar sobre ellas. Para ello:
  2. Habrá que ofrecer a los jóvenes la posibilidad de que traspasen las fronteras de su parroquia, de la iglesia local y de que tengan una experiencia de Iglesia universal que les permita vivir profundamente la comunión eclesial. Para ello creemos que es positivo animar a la participación en las JMJ y otros encuentros internacionales.
  3. Hay que seguir profundizando en la colaboración interdiocesana programando encuentros de reflexión entre las distintas delegaciones diocesanas y, si se cree conveniente, organizando encuentros de grupos juveniles.
  4. A nivel diocesano, hemos de apostar por la coordinación, en la que la comunión sea el eje estructurador que vaya creando los ámbitos necesarios a nivel de parroquias, arciprestazgos, vicarías episcopales, o zonas pastorales, donde vivamos la espiritualidad de comunión, tal como la entendía el beato Juan Pablo II en la Novo Millennio Ineunte. Así hay que abrir cauces para que el responsable de Pastoral Juvenil en cada nivel, anime el trabajo en red y las delegaciones diocesanas sean lugares de encuentro y de promoción de las distintas realidades de Pastoral Juvenil.
  5. Sin que se pierda la referencia parroquial habrá que potenciar la coordinación de la Pastoral Juvenil a nivel arciprestal, sin perder el dinamismo que toda acción pastoral tiene que tener en cada comunidad cristiana. Ciertas actividades, sobre todo de carácter formativo, hay que hacer posible que sean comunes a un mismo arciprestazgo o zona pastoral. Esta coordinación puede ayudar a crecer en espíritu de comunión y evitar el desánimo que produce en algunos casos el hecho de sentirse un grupo reducido.
  6. Hemos de cuidar y potenciar la coordinación-comunión con aquellas realidades pastorales que, sin estar vinculadas directamente a la vida parroquial o a las estructuras diocesanas, son lugares donde se ofrece a los jóvenes ámbitos de vivencia de fe, para que se integren y se enriquezca la pastoral diocesana.

 

  1. Potenciar la misión de los organismos diocesanos responsables de la Pastoral Juvenil. Los elementos esenciales de la misión de estos organismos son:
  2. Reforzar la eclesialidad de la Pastoral Juvenil fortaleciendo tanto la comunión con la persona del Obispo como la relación entre las realidades y grupos concretos que existen en las diócesis y en la Iglesia universal.
  3. Procurar que aquellas experiencias positivas que se encuentran en parroquias y grupos se conozcan y se compartan para el bien de todos.
  4. Ofrecer a los sacerdotes y agentes de Pastoral Juvenil ideas, experiencias y materiales que les faciliten y les ayuden en la organización de la Pastoral Juvenil.
  5. Crear escuelas de formación de agentes de Pastoral Juvenil con personas de intensa sensibilidad cristiana y con las cualidades humanas necesarias para ser acompañantes de los jóvenes en el proceso de su vida cristiana. Esa formación tiene que recoger estos aspectos: contenidos fundamentales, medidas para llegar a los jóvenes y un especial cuidado en que sean testigos fuertes del Señor con obras y palabras. Es imprescindible que en estas escuelas se profundice en todos los métodos aptos para entender el mundo juvenil, su lenguaje y sus claves de comunicación, incluidas las redes sociales y las nuevas tecnologías que también pueden ser empleadas al servicio de la Pastoral Juvenil.
  6. Inculcar en los sacerdotes y agentes de Pastoral Juvenil los ánimos necesarios para no descuidar este campo de su misión. Los sacerdotes deben ser expertos en dirección espiritual y acompañamiento personal.
  7. Organizar la celebración de una jornada diocesana de la juventud en la que todos los jóvenes cristianos y todas las realidades de Pastoral Juvenil se sientan invitadas a participar.
  8. Cuidar que en las programaciones diocesanas se incluyan las actividades de la Pastoral Juvenil.

 

  1. Elaborar un proyecto de Pastoral Juvenil, bien a nivel diocesano, bien a nivel parroquial o arciprestal. En él deberían incluirse los siguientes aspectos:
  2. Tareas, procesos, medios, programas de primer anuncio.
  3. La catequesis o procesos catecumenales.

En el proceso catequético o de crecimiento en la fe, deben incluirse estas consideraciones:

  1. El tiempo de la iniciación cristiana es el punto de partida de toda Pastoral Juvenil. Por ello se deberá insistir en que el fin de la iniciación cristiana no es únicamente la recepción de los sacramentos, sino la integración en la vida eclesial.
  2. Ante la dificultad de diseñar en cada parroquia o comunidad cristiana procesos de crecimiento en la fe e integración en la vida eclesial, sería conveniente que desde los organismos diocesanos responsables se ofrecieran posibles modelos de itinerarios de fe para los jóvenes que han completado su iniciación cristiana.
  3. En estos itinerarios el método debe permanecer como tal y nunca puede convertirse en lo fundamental. El joven necesita percibir que lo decisivo no es el método o la forma, sino el contenido de lo que se le ofrece, de manera que la presencia de Jesucristo debe ser explícita y percibida como lo fundamental.
  4. Toda acción de Pastoral Juvenil debe orientarse a la celebración de la Eucaristía dominical, ya que ésta es el momento más importante en la vida de la comunidad cristiana. Sería bueno implicar a los jóvenes en la preparación de la Eucaristía y que la celebración eucarística se haga de tal modo que, sin perder la dignidad litúrgica, tenga en cuenta la sensibilidad juvenil.
  5. La presencia de adultos (matrimonios cristianos, etc.) en los grupos de jóvenes puede ayudar a una maduración en la fe y a recordarles que la vida en la Iglesia no acaba al finalizar su etapa de pertenencia al grupo juvenil.

 

  1. En la Iglesia todos deben sentirse responsables de la Pastoral Juvenil:
  2. Los obispos debemos crear ámbitos de encuentros con los jóvenes y provocar ocasiones para el diálogo y la relación personal con ellos.
  3. Los sacerdotes, religiosos y religiosas, a pesar de las dificultades que experimentan en el día a día de la vida de sus parroquias y comunidades cristianas, no deben ceder al desánimo ante el reto que supone anunciarles el Evangelio y transmitirles la fe.
  4. Los padres deben considerarse auténticos agentes de Pastoral Juvenil cuando transmiten la fe a sus hijos.
  5. Los catequistas de Confirmación y monitores de grupos juveniles, que tienen el contacto más frecuente con los jóvenes, no deben olvidar que su misión es presentarles la belleza de la vida cristiana de un modo atractivo y sugerente y que sólo lo podrán hacer si ellos la viven con alegría.
  6. Los profesores cristianos en los centros educativos tienen una gran responsabilidad: si los alumnos perciben al mismo tiempo la coherencia de la fe y la competencia profesional en ellos, se pueden convertir en modelos a imitar.
  7. Los mismos jóvenes, con el testimonio de su vida cristiana vivida con alegría, están llamados a ser los primeros evangelizadores de sus compañeros.

 

Conclusión

El Año de la Fe convocado por el papa Benedicto XVI es también una ocasión propicia para que la Pastoral Juvenil no olvide que su objetivo es que los jóvenes se encuentren con Jesucristo, conozcan la fe de la Iglesia, se adhieran de corazón a ella y la hagan vida propia. El papa Francisco decía a los obispos italianos: “La consecuencia de amar al Señor es darlo todo, absolutamente todo, hasta la propia vida por Él. ¡Esto es lo que debe distinguir nuestro ministerio pastoral! Es la prueba que nos dice con qué profundidad hemos abrazado el don recibido respondiendo a la llamada de Jesús y de qué manera estamos unidos a las personas y a las comunidades que nos han sido encomendadas… Estamos llamados a ser signo de la presencia y la acción del Señor resucitado y edificar así a la comunidad en la caridad fraterna”. Estas palabras las acogemos los obispos de la Provincia Eclesiástica en nuestro corazón, queremos ser signos de la presencia y de la acción del Señor entre los jóvenes.

Que la Santísima Virgen María, que vivió su fe llena de juventud y de limpia hermosura, sea un modelo y aliento para todos los jóvenes cristianos en su camino de seguimiento del Señor.

Con nuestra bendición.

 

Valencia, 15 de mayo 2013

 

[1]    BENEDICTO XVI, Discurso a la asamblea diocesana de Roma (11 de junio de 2007).

[2]    BENEDICTO XVI, Discurso a la Curia Romana (22 de diciembre de 2011).

[3]    BENEDICTO XVI, Encíclica “Deus caritas est”, nº 1.

[4]    BENEDICTO XVI, Discurso a la Curia Romana (22 de diciembre de 2011).

[5]    BENEDICTO XVI, Vigilia de oración con los jóvenes. Madrid 2011.

[6]    BENEDICTO XVI, Homilía en la Santa Misa para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud.

[7]    BENEDICTO XVI, Encíclica “Deus caritas est”, nº 1.

[8]    BENEDICTO XVI, Encuentro con profesores universitarios jóvenes (JMJ Madrid 2011).

[9]    BENEDICTO XVI, Visita a la fundación Instituto San José (JMJ Madrid 2011).

[10]    BENEDICTO XVI, Encuentro con los voluntarios de la XXVI JMJ (JMJ Madrid 2011).

[11]    BENEDICTO XVI, Encuentro con los voluntarios de la XXVI JMJ (JMJ Madrid 2011).

[12]    BENEDICTO XVI, Santa Misa con los seminaristas. Homilía (JMJ Madrid 2011).

[13]    BENEDICTO XVI, Encuentro con religiosas jóvenes (JMJ Madrid 2011).

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