Entradas

Homilía en la Ordenación Presbiteral de Jesús A. Chávez

S.I. Concatedral de Sta. María de Castellón, 12 de septiembre de 2020

 (Jer 1,4-9; Sal 22; 1 Pt 5,2-3; Jn 10, 11-16)

 

Muy amados todos en el Señor!

 

  1. El Señor nos ha congregado para tu ordenación presbiteral, querido Jesús Andrés. Hemos acudido con la alegría de sabernos amados, bendecidos y agraciados una vez más por Dios en tu persona. Dios muestra de nuevo su benevolencia para con nosotros, para con esta Iglesia suya, que peregrina en Segorbe-Castellón. Hoy damos gracias al Señor, que te ha elegido y llamado al sacerdocio ordenado; Él te ha enriquecido con sus dones a lo largo de tu vida y en los años de Seminario, en que has sabido acoger, discernir y madurar su llamada al sacerdocio. Gracias damos a Dios por tu corazón disponible, generoso y agradecido a su llamada; gracias por tu fe confiada en el Señor, que te ha ayudado a superar dificultades, pruebas, miedos y temores.

 

Saludo con verdadero afecto a tus queridos padres, Jesús Antonio y Miriam Lucía, que pueden finalmente acompañarnos en tu ordenación. Les felicito y doy gracias a Dios por ellos y por tu familia, por tus catequistas y por cuantos te han ayudado a descubrir, acoger y madurar la llamada del Señor. Quiero también expresar mi profunda gratitud y cordial felicitación a cuantos han cuidado de tu vocación y formación –rectores, formadores, profesores, y compañeros- y te han animado a corresponder a ella con alegría, confianza y generosidad. Estoy seguro de que seguirán estando cerca de ti, para que perseveres en el ministerio sacerdotal y puedas cumplir la misión que el Señor te confía hoy para esta Iglesia de Segorbe-Castellón.

Leer más

Homilía en el funeral por los fallecidos en la pandemia

S.I. Concatedral de Sta. María de Castellón 27 de junio de 2020

********

(2 Mac 12, 43.46, Rom 8,31b-35,37-39; Salmo 22,1-6; Mc 15,33-39;16,1-6)

 

Hermanas y hermanos en el Señor!

 

  1. Os saludo a todos en el Señor resucitado. Un saludo muy especial para vosotros queridos familiares, esposos, esposas, hijos, padres y hermanos de todos fallecidos en nuestra diócesis a causa de la epidemia: recibid la condolencia más sincera de nuestra Iglesia de Segorbe-Castellón. Contad con nuestra cercanía y solidaridad, con la comunión con vuestro dolor y, sobre todo, con nuestra oración que mitigue vuestro sufrimiento y que alcance del Señor para vuestros seres queridos el descanso eterno. Saludo a los sacerdotes concelebrantes, de modo particular a los capellanes de los hospitales, y al diácono asistente. Mi saludo respetuoso y agradecido a las autoridades civiles, militares, policiales y sanitarias, a los representantes del personal médico y sanitario y de las residencias de ancianos.

Nada ni nadie, ni tan siquiera la muerte, “nos podrá separar del amor de Dios manifestado en Cristo” (Rom 8,39), muerto y resucitado para la vida del mundo. Con esta fe y confianza en el amor de Dios nos hemos reunido esta mañana como Iglesia diocesana para orar por los fallecidos a causa de la pandemia. Es una idea piadosa y santa rezar por nuestros hermanos difuntos (cf. 2 Mac  12, 44-45)

Leer más

Fiesta de San Pascual Baylón

 

Patrono de la Diócesis y de la Ciudad de Villarreal

***

Iglesia Basílica de San Pascual, Villarreal – 17.05.2020

(Ecco 2,7-13; Sal 34: 1Pt 3,15-18; Mt 11, 25-30)

 

Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor

  1. Os saludo a todos cuantos os habéis unido a esta celebración de la Eucaristía, aquí en la Basílica o desde vuestros hogares a través de la televisión o internet. El Señor Jesús nos ha convocado para recordar y honrar a san Pascual, Patrono de nuestra Diócesis de Segorbe-Castellón y de la Ciudad de Vila-real. La Fiesta de san Pascual coincide este año con laPascua del enfermo, que celebramos en el VI domingo de Pascua. Ambas celebraciones están marcadas esta vez por la pandemia del Covid-19, que tanto sufrimiento está causando. En un momento tan doloroso resuenan las palabras de Jesús en el evangelio de hoy: “Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11,28). Jesús nos llama a acudir a Él de modo especial en estos momentos de tribulación, en busca de esperanza, de consuelo y de alivio.

Leer más

Fiesta de María, la Mare de Déu del Lledó

Basílica de la Mare de Déu de Lledó, 3 de mayo de 2020

 IVº Domingo de Pascua

 (Is 7,10-14; 8,10; Salmo; Hech 1,6-14; Lc 1,39-56)

 

Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor:

1. Desde hace muchos años, el primer domingo de mayo, el mes de María, Castellón celebra la Fiesta mayor a su Reina y Patrona, la Mare de Déu del Lledó. Tampoco la actual pandemia del coronavirus nos podía mover a trasladarla para tiempos de bonanza. Precisamente en estos momentos hemos de mirar con más fe y devoción a la Virgen. Como rezaba san Bernardo, si te encuentras con los arrecifes de la tribulación, mira a la estrella e invoca a María; en los peligros, en las angustias, en las dudas, -y, añado, en la tragedia de la pandemia- piensa en María, invoca a María. Nos duele que la Santa Misa tenga que ser a puerta cerrada y que no podáis venir hoy a la Basílica para cantar, vitorear y rezar a la Virgen; pero la tv os permite a todos los devotos haceros presentes y uniros a esta Eucaristía.
Os saludo de corazón a todos, los que os habéis unido a nosotros por la TV, y especialmente a las familias los fallecidos, a los enfermos, a los contagiados, a los sanitarios, a los capellanes, a los ancianos, a las familias y los que estáis solos en vuestras casas. Saludo también a quienes me acompañan en la Basílica: a su Prior, al Prior de la Cofradía, su Presidente y la Presidenta de las Camareras, al Perot y Clavario de este año, a los que nos acompañan con el órgano y los cantos, a los MCS y la TV. A todos os deseo la Gracia y la Paz del Señor Resucitado, el Buen Pastor. Con el salmista podemos decir: “El Señor es mi pastor, nada me falta” (Sal 22). Dios no nos abandona nunca. Nos ha entregado a su Hijo, el Buen Pastor, que ha ofrecido su vida en la Cruz y ha resucitado para que en Él tengamos Vida en abundancia. Jesús nos ha dado también a su Madre, como Madre nuestra. Ella es la “morada de Dios para los hombres”: en ella, Dios ha acampado entre nosotros; en María, el Buen Pastor está siempre con nosotros.

2. De la riqueza de la Palabra de Dios, que hemos proclamado, nos vamos a detener hoy en tres palabras: oración, signo y misión. Tres palabras que expresan lo que se nos pide de modo especial a los cristianos y devotos de la Virgen en la actual crisis sanitaria; y, más si cabe, ante la creciente crisis económica, laboral y social ya en el presente y que será mayor aún en el sombrío futuro, que se avecina.

En primer lugar, está la oración. Después de la Ascensión del Señor, los apóstoles y el resto de los discípulos, regresaron a Jerusalén y “todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y sus hermanos” (Hech 1,14). Como entonces, también hoy María se une a nuestra oración en la angustia, el dolor y el sufrimiento. La Virgen nos invita a volver nuestra mirada y nuestro corazón a Dios, a confiar en Él, sabiendo que Dios nos ama y nunca nos abandona, ni en la enfermedad, ni en el dolor, ni en la pandemia, ni tan siquiera en la muerte. En cada Santa Misa actualizamos el misterio pascual, la muerte y la resurrección de Cristo para que en Él tengamos Vida. María, asumpta en cuerpo y alma a los Cielos, participa ya de la Resurrección de su Hijo, de la Vida misma de Dios. Ella vive junto a Dios e intercede por nosotros.

Hoy nos acogemos de nuevo a su protección e intercesión: a sus pies podemos acallar nuestras penas, en su regazo encontramos consuelo maternal y, tras sus huellas, encontramos el aliento necesario para seguir creyendo y confiando en Dios, que es un Dios de vivos y no de muertos. Esta mañana a los pies de la Mare de Déu y por su intercesión pedimos a Dios que nos libre pronto de esta pandemia; que conceda a los fallecidos el descanso eterno y la gloria del Resucitado y a sus familiares les otorgue consuelo en el sufrimiento y el bálsamo de la esperanza en la tribulación; y oramos por los contagiados para que recuperen pronto la salud y por los sanitarios y quienes cuidan de todos nosotros para que no decaigan en su entrega y fortaleza.

3. María no sólo es nuestra protectora e intercesora: ella es también signo. Es el signo que Dios dio al rey Acaz ante el peligro de la invasión de Jerusalén por el imperio de Asiria; en esa situación, Acaz buscaba ayuda en la alianza con Egipto y no en la fe confiada en Dios. “Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. –Le dice el profeta Isaías- Mirad: la virgen está encinta, y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel” (Is 7,14). María es el signo que Dios nos da dado para que sintamos siempre su presencia en nuestra vida, en las alegrías y en las penas, en la enfermedad y en la salud. María es la madre del Enmanuel, de Dios-con- nosotros. María nos da, nos ofrece y nos lleva a su hijo, Dios-con-nosotros, que sufre y camina con nosotros. El deseo más ferviente de María es que acojamos y nos dejemos encontrar por Cristo Jesús, el Camino, la Verdad y la Vida, para que nos convirtamos a Él, para que abramos nuestro corazón a Él en especial en estos momentos de pandemia. La Virgen es signo además porque nos señala el camino para abrir el corazón a Dios: y este camino es la humildad. En el Magnificat, la Virgen proclama la grandeza del Señor y se alegra en Dios, su Salvador, “porque ha mirado la humildad de su esclava” (Lc 1,48). María es la mujer sencilla y humilde. Y al decir humilde, decimos “veraz”; es decir, ‘en verdad’; pues -como decía Santa Teresa de Jesús- “la humildad no es más que andar en verdad”. La humildad no es apocamiento. No. La humildad es vivir en la verdad de uno mismo y de nuestro mundo, que, como María, esto sólo se descubre en Dios.

“La humildad es vivir en la verdad; y la verdad es que, sin Dios, no somos nada”. A los seres humanos nos cuesta aceptar esta verdad: que somos criaturas de Dios; que cuanto somos y cuanto tenemos a Dios se lo debemos; que sin Dios nada podemos y contra Dios todo lo perdemos. Nos acecha la tentación de endiosarnos y de querer ser como dioses al margen de Dios. Y ahí comienza nuestro drama: empezamos a vivir en la mentira, en la apariencia, en competencia con los demás, en la lucha por el dinero y por el poder sobre personas y pueblos. Al no vivir en la verdad, nos creemos dueños y señores, y no administradores y cuidadores de la naturaleza creada, del universo, de la tierra o del ser humano. Nos creíamos los señores del mundo. Y, de repente, el coronavirus ha cuestionado todos nuestros proyectos, nuestro ritmo de vida y bienestar, la sanidad, la economía y el trabajo, y también nuestro futuro. Nos creíamos dioses y nos vemos frágiles, vulnerables, limitados y mortales, expuestos a la acción letal de un bichito microscópico. Parece que hubiéramos perdido la tierra bajo los pies.

Miremos, esta mañana a Santa María del Lledó, Madre de la Esperanza. Su humildad no ayudará vivir en la verdad. En la verdad de nuestras personas, de nuestra existencia, de nuestro origen y de nuestro destino. Sin Dios no somos nada. Lo más grande de nuestra vida es que Dios nos ama, que Dios nos ha creado por amor y para la vida en el amor, en el presente y en la eternidad. El ser humano se hace precisamente grande al abrir su corazón de par en par al amor de Dios en su vida, como nos muestra María. Dios no es un competidor de nuestra libertad, de nuestra felicidad, del progreso verdaderamente humano.
Esta situación de pandemia nos urge a repensar nuestros modelos vida, personales, familiares, económicos, sociales y políticos. Pidamos a la Virgen que nos enseñe a ser humildes y a reconocer nuestra finitud y fragilidad, nuestras limitaciones –también las de la ciencia y de la sociedad del bienestar-; y que Ella nos ayude a sentir nuestra necesidad de Dios y de abrir, como ella, nuestro corazón a Dios Creador y Salvador y a su amor universal; un Dios y un amor que son fuente de respeto de la dignidad de toda persona humana, de la acogida del otro, de fraternidad y solidaridad entre las personas y los pueblos, de respeto y cuidado de la creación entera.

4. La tercera palabra es misión, una misión que se hace caridad. María “se puso en camino y fue aprisa a la montaña” a visitar a Isabel (cf. Lc 1,39). A pesar de las dificultades, María no se detuvo ante nada. Cuando tiene claro lo que Dios le pide y la necesidad de Isabel, no se demora, sino que sale “aprisa”. El actuar de María es fruto de su caridad: va a la casa de Isabel para ayudarle, para hacerse útil en la necesidad; y en este salir de su casa, de sí misma, por amor, lleva cuanto tiene de más precioso: lleva a su Hijo, ya en su seno virginal.

Con frecuencia, los cristianos somos lentos y perezosos para salir, ofrecer y llevar a los necesitados nuestra ayuda, nuestra cercanía y nuestra caridad; y para ofrecer como María, lo más precioso hemos recibido, a Jesús y su Evangelio, con la palabra y sobre todo con el testimonio de nuestras obras. Es claro que María nunca tuvo la tentación de separar el amor a Dios del amor al prójimo. A ambos amores, entrelazados en su alma, se dedicaba con todo el corazón, con toda el alma y con todas sus fuerzas. Tampoco la detuvieron los peligros del camino. María salió de Nazaret, simplemente para servir. Servía a Dios y sirvió a su pariente necesitada. Había tocado su alma El que vino a servir y no a ser servido, y al instante dejó la Virgen el calor del hogar.

María nos enseña a estar disponibles para servir y amar con obras de verdadera entrega y caridad a los demás. Ella es la mujer inquieta que siempre está pendiente de los que pasan por alguna necesidad. Así ocurrió con su prima Isabel. María nos pide que estemos cerca de los que sufren, de los contagiados y de los sanitarios, de las familias de los fallecidos, de los mayores, de los que sufren soledad o están abatidos. Todos necesitan sentir a través de las obras de caridad de los creyentes la cercanía del amor de Dios.
Cada vez hay más personas y familias que nos necesitan y que necesitan lo imprescindible para vivir. El mejor termómetro – el test con la mayor fiabilidad- está en nuestras parroquias y nuestras cáritas. Ellas nos dicen que están ya desbordadas en las peticiones de todo tipo de ayuda. Las necesidades superan ya nuestras posibilidades económicas y la necesidad va creciendo y crecerá más en el futuro. Esto va a pedir de todos, un mayor esfuerzo y compromiso para ayudar a los afectados por todo tipo de necesidad. Que como María sepamos mostrar “sin demora” nuestra caridad y solidaridad efectiva. Que nuestra devoción a María nos ayude a no ser indiferentes ante las necesidades de los demás y compartir con ellos cuanto somos y tenemos.

Acudamos a la Mare de Déu del Lledó, para que abra nuestros corazones a Dios y a los hermanos. A Ella nos encomendamos y le rezamos: “Ayúdanos, Madre, a ser humildes y a mantenernos firmes en la fe, perseverantes y unánimes en la oración y fuertes en el amor a Dios y a los hermanos. Amén.

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

 

Pascua de Resurrección

S.I. Concatedral de Sta. María de Castellón. 12 de abril de 2020

(Hch 10,34a.37-43; Sal 117; Col 3,1-4; Jn 20,1-9)

 

Hermanas y hermanos amados en el Señor.

 

  1. ¡Verdaderamente ha resucitado el Señor, Aleluya! Es la Pascua de resurrección: “el día en que actuó el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo”. Hoy el Señor resucitado nos invita a salir de las tinieblas y a entrar en su luz maravillosa, a superar nuestros miedos y a confiar en Dios, porque es eterna su misericordia. Dejémonos encontrar por el Resucitado para que avive nuestra Esperanza.

Leer más

Vigilia Pascual presidida por el Obispo en la Concatedral de Santa María

S.I. Concatedral de Sta. María de Castellón de la Plana, 11 de abril 2020

 

  1. “No está aquí. Ha resucitado, como había dicho” (Mt 28,6). Este es el anuncio del ángel vestido de blanco a las mujeres, que habían acudido a ver el sepulcro. Esta es la gran noticia en esta Noche Santa de Pascua: Cristo ha resucitado; es la Pascua del Señor: porque Cristo ha pasado a través de la muerte a la Vida gloriosa de Dios, Cristo ha pasado a una nueva y definitiva existencia. El Señor vive para siempre a la derecha del Padre.

 

Esta es la razón de esta Vigilia Pascual, la madre de todas las vigilias, la fiesta cristiana por excelencia. ¡Aleluya, hermanos! Alegrémonos y gocemos por la presencia del Señor Resucitado en medio de nosotros. Nunca nos cansaremos de celebrar la Pascua de la Nueva y definitiva Alianza: en medio de la oscuridad de la noche, el cuerpo de Jesús ha sido liberado de la muerte y ha sido llenado del Espíritu de Dios, el Espíritu de la Vida.

Leer más

Celebración litúrgica del Viernes Santo

S.I. Concatedral de Sta. María de Castellón, 10 de abril de 2020

(Is 52,13 – 53,12; Sal 30; Hb 4,14-16; 5,7-9; Jn 18,1 – 19,42)

 

  1. En el centro de la Liturgia del Viernes Santo está el misterio de la Cruz, un misterio que ningún concepto humano puede expresar adecuadamente. Acerquémonos a este misterio por la Palabra de Dios, que nos ha sido proclamada.

 

  1. En la Cruz contemplamos el ‘rostro doliente’ del Señor. El es ‘siervo paciente’, el ‘hombre de dolores’, humillado y rechazado por su pueblo. En la pasión y en la cruz vemos al mismo Dios, que asumió el rostro del hombre, y ahora se muestra cargado de dolor. Es el dolor provocado por el pecado. No por su pecado personal, pues es absolutamente inocente; es el dolor provocado por la tragedia de mentiras y envidias, traiciones y maldades de la humanidad que se echaron sobre él, para condenarlo atropelladamente a una muerte injusta y horrible. Él carga hasta el final con el peso de los pecados de todos los hombres y con todo el sufrimiento humano. Con su muerte redime al mundo. Jesús mismo había anunciado: “El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por la multitud” (Mc 10,45).

Leer más

Fiesta de la Presentación del Señor. Jornada de la Vida Consagrada

Iglesia parroquial de La Sagrada Familia de Castellón, 2 de febrero de 2020

(Ml 3,1-4; Sal 23; Hb 2,14-18; Lc 2,22-40)

Hermanas y hermanos, muy amados todos en nuestro Señor!

  1. Os saludo a todos en la Fiesta de la Presentación del Señor. De modo especial os saludo a vosotros, queridos consagrados y consagradas, en la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Nuestra Iglesia diocesana de Segorbe-Castellón, unida a la Iglesia universal, da gracias y ora hoy a Dios por todos vosotros y por la diversidad de carismas de vuestros institutos: sois verdaderos dones del Espíritu Santo con los que Dios enriquece a nuestra Iglesia. Con vosotros oramos hoy al Señor para que nos siga enriqueciendo con nuevas vocaciones y carismas, y para que con la fuerza del Espíritu os mantengáis fieles a vuestra consagración siguiendo al Señor obediente, virgen y pobre al servicio siempre de la Iglesia y de la humanidad.

Hoy me voy a fijar hoy en tres palabras que resumen la Palabra proclamada: encuentro, consagración y esperanza.

Leer más

150 aniversario del nacimiento de Santa Genoveva Torres

HOMILÍA EN EL 150 º ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE SANTA GENOVEVA

***

Iglesia parroquial de los Santos Juanes, Almenara, 3 de enero de 2019

*****

(Ecco 2,7-13; Sal 90; Ga ó,14-18; Mt 25,31-40)

Hermanas y hermanos en el Señor Jesús!

1. El Señor nos convoca para celebrar esta Eucaristía en el 150 Aniversario del nacimiento de Santa Genoveva. A nuestra acción de gracias por el don del misterio pascual y de la Eucaristía unimos nuestra más ferviente y gozosa acción de gracias a Dios por el don de Santa Genoveva Torres Morales, por su santidad y por su obra, la Congregación de las Angélicas.

Desde Almenara, el pueblo que vio nacer a Santa Genoveva, cantamos y alabamos al Señor, que miró la humillación y sencillez de este ‘ángel de la soledad’, que la llenó con su gracia, que se convirtió en ella en itinerario espiritual de santidad: desde entonces Genoveva enriquece a nuestra Iglesia y se ha convertido en fermento evangélico en la Iglesia y en el mundo. A Dios, Uno y Trino, fuente y origen de todo bien y de todo don, alabamos y damos gracias por la humildad y entereza, por la fortaleza y la entrega, por la caridad y por la santidad de Genoveva.

Miramos el pasado con gratitud, y éste nos lleva a mirar presente y el futuro con esperanza. Porque sabemos bien de Quien nos hemos fiado y con el salmista decimos: “Refugio mío, alcázar mío, Dios mío, confío en ti” (Sal 90, 1).

2. Recordemos brevemente. Genoveva Torres Morales nació a esta vida aquí en Almenara el 3 de enero de 1870; al día siguiente renació a la vida de los hijos de Dios por el bautismo en esta iglesia parroquial de los Santos Juanes. Hija del matrimonio formado por Vicenta y José, del que nacieron otros cinco hijos, quedó huérfana de padre a la edad de un año y de madre a los ocho años. En tan sólo seis años vio morir a cuatro hermanos. Quedó sola al cuidado de su hermano mayor -de dieciocho años de edad-, y tuvo que hacer desde niña de “ama de casa”. A sus trece años tuvieron que amputarle una pierna de forma rudimentaria.

Desde entonces tendría que andar siempre con dos muletas. Hubo de ser asilada en la “Casa de la Misericordia” de Valencia completando allí su deficiente cultura y creciendo en su vida espiritual. Su discapacidad le impidió ser admitida en las “Carmelitas de la Caridad”, como era su deseo. Más tarde, a los veinticuatro años, unida a dos compañeras, fundó en Valencia, el 2 de febrero de 1991, la “Sociedad Angélica” para dar amparo a mujeres solas y para la adoración nocturna de la Eucaristía. Trasladada a Zaragoza, desde la Casa Madre de la Congregación en esta ciudad, su obra se extendió rápidamente por España y más allá de nuestras fronteras. De carácter afable y misericordioso, gobernó con sabiduría espiritual la obra fundada por ella que, con la aprobación pontificia, se denominó “Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Santos Ángeles”. Muy devota de la Virgen, especialmente mediante el rezo del Rosario, tuvo por centro de su vida al Corazón de Jesús y la Eucaristía. Murió en Zaragoza el 5 de enero de 1956. El pueblo comenzó a invocarla con el título de “ángel de la soledad”. Fue beatificada por el Papa Juan Pablo II el 29 de enero de 1995. Y canonizada el 4 de mayo de 2003.

3. La historia de la Iglesia se nutre de numerosos testigos del amor entregado a Dios y a su voluntad, que se hace amor y entrega a los hermanos, en especial a los más necesitados, en quienes ven al mismo Cristo. Uno de estos testigos es Santa Genoveva. Mujer humilde, tanto por su origen como por su cultura, poseyó la ciencia del amor divino, aprendido en su intensa devoción al Corazón de Jesús. Ella solía repetir: “Todo lo vence el amor”. Este amor la movió a consagrar su vida al servicio de las mujeres que sufrían soledad, a remediar el desamparo y la necesidad en que se encontraban muchas de ellas, atendiéndolas material y espiritualmente en un verdadero hogar. Genoveva estaba siempre a su lado como un verdadero “ángel de la soledad”.

La soledad y el abandono, con sus consiguientes peligros, están entre los males más dolorosos de todas las épocas, también y en gran medida en nuestro tiempo. La soledad y el abandono los sufren no sólo las personas mayores, también niños, adolescentes, jóvenes y personas adultas. A estos males ellos quiso hacer frente Genoveva Torres. A ella le pedimos que interceda para que cuantos formamos esta Iglesia diocesana seamos sensibles para acompañar y mostrar la cercanía de Dios a través de la nuestra a quienes sufren soledad y abandono: a los pobres –sedientos y hambrientos-, enfermos, migrantes, encarcelados, descartados por la sociedad; viudas, hijos de familias desestructuradas, mujeres y hombres abandonados,… A ella le pedimos que vosotras, sus hijas, las Angélicas, fieles al carisma que ella recibió del Espíritu y os dejó en testamento, continuéis su obra imitando su ejemplo. Esta es vuestra razón de ser como Instituto y como religiosas Angélicas. No os aburgueséis; no os anquiloséis. Mirad a vuestro alrededor y avivad el carisma que habéis recibido.

Santa Genoveva fue instrumento de la ternura de Dios hacia las personas solas y necesitadas de amor, de consuelo y de cuidados en su cuerpo y en su espíritu. Lo que impulsaba su espíritu era la adoración reparadora de la Eucaristía, fundamento desde el que desplegaba su apostolado, lleno de humildad y de sencillez, de abnegación y de caridad. En la adoración eucarística, ella entraba en el corazón de Jesús: entraba en el amor de Cristo, un amor entregado hasta el extremo por la vida del mundo, por la vida de todos los hombres. Ella se sentía amada en el Amado. Un amor que la llevaba a la entrega de sí misma para darse, gastarse y desgastarse hasta la muerte por las mujeres solas y abandonadas y por vosotras, las Angélicas. En la Eucaristía, aprendía a conocer a las personas en su corazón, y a salir al encuentro de las necesitadas para llevarlas al amor de Cristo.

La Eucaristía estaba en el centro de su vocación y de su vida consagrada. En la Eucaristía, Genoveva se encontraba con el Señor, despojado de su gloria divina, humillado hasta la muerte en la cruz y entregado por cada uno de nosotros. Como para nuestra Santa, la Eucaristía debe ser para todos nosotros y, en especial, para vosotras, sus hijas, una escuela de vida, en la que aprendamos a entregar diariamente nuestra vida a Dios y a su voluntad, amando y sirviendo a los hermanos. Este es el camino de la santidad, hasta alcanzar la perfección en el amor. Día a día, hemos de aprender a desprenderos de nosotros mismos, a estar a disposición del Señor para lo que necesite de nosotros en cada momento. Sólo quien da su vida la encuentra y genera vida, esperanza y amor. Es la aparente paradoja de nuestra fe, de la cruz de Señor. Por eso debemos decir con san Pablo: “Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo” (Ga 6, 14). Miremos y recemos a María, la virgen, como lo hacía Genoveva. María es la mujer eucarística; es decir, pura donación amorosa a la voluntad de Dios y, desde él, puro amor de entrega a la humanidad.

4. Al celebrar este 150º Aniversario del nacimiento de Santa Genoveva pedimos a Dios para nuestra Iglesia diocesana la gracia de la renovación espiritual para caminar por las sendas de la santidad, como lo supo hacer esta primera santa de Segorbe-Castellón. Como la conversión, también la renovación debe ser algo permanente en la vida de todo cristiano de toda comunidad cristiana, de nuestra Iglesia diocesana. Para vosotras, queridas hermanas, se trata de vivir con fidelidad evangélica vuestro carisma fundacional como consagradas al Señor. Y ¿dónde mejor podremos encontrar la fuente de nuestra renovación que en el encuentro con el Señor Eucaristía, como Genoveva? En la adoración eucarística y en la escucha atenta y dócil de la Palabra siguiendo a nuestra Santa y vuestra Fundadora podremos dar también respuesta a las nuevas soledades de nuestro tiempo. No olvidemos que la santidad es el camino fundamental de la renovación espiritual, que necesita nuestra Iglesia, nuestras comunidades y vuestro Instituto. El Señor os invita y llama, queridas hermanas, a vivir con radicalidad vuestra consagración a Dios. Unidas al Niño-Dios que se nos ha dado en Belén seréis luz que alumbre las tinieblas de nuestro mundo y testigos de alegría y esperanza para la mujer de hoy. Vivid sencillamente lo que sois: signo perenne de la vocación más íntima de la Iglesia, recuerdo permanente de Dios compasivo y misericordioso y de que todos estamos llamados a la santidad, a la comunión en el amor de Dios. Que la Virgen Maria, fiel y obediente esclava del Señor, y que Santa Genoveva, “ángel de la soledad” nos guíen, ayuden y protejan a todos en nuestro caminar. Amén.

+ Casimiro López Llorente
Obispo de Segorbe-Castellón

Festividad de la Sagrada Familia

Homilía en la Fiesta de la Sagrada Familia

Jornada de la Familia

*****

Iglesia Arciprestal de Nules – 29 de diciembre de 2019

(Si 3,2-6.12.14; Sal 127; Col 3,12-21; Mt 2, 13-15. 19-23)

 

Amados todos en el Señor!

1. Dentro de la octava de Navidad celebramos hoy la Fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret y, en la Iglesia en España, la Jornada de la Familia, bajo el lema “La Familia, escuela y camino de santidad”. Porque fue en el seno de una familia humana, la santa Familia de Nazaret, donde fue acogido con gozo, nació, creció y se formó Jesús, el Hijo de Dios, hecho hombre. Navidad, Sagrada Familia y Familia en general y cristiana en particular atraen hoy nuestra atención esta tarde.

2. En Navidad nace el Hijo de Dios por amor al hombre, para mostrarnos y ofrecernos a Dios que es Amor. Este Niño, nacido en Belén, es el Verbo, la Palabra de Dios. Él nos muestra el rostro amoroso de Dios y, a la vez, el verdadero rostro del hombre, nuestro verdadero origen y destino, según el proyecto de Dios. El Niño-Dios nos muestra que el ser humano está llamado al amor. Porque Dios es Amor y el hombre está creado a su imagen y semejanza, la identidad más profunda del ser humano es la vocación al amor. En Jesús queda renovada la creación entera y el ser humano; todas las dimensiones de la vida humana han sido iluminadas por Él, y han quedado sanadas y elevadas, incluidos el matrimonio y la familia.

3. Nuestra mirada se dirige esta tarde a la Sagrada Familia de Nazaret, formada por José, María y Jesús. Esta familia es un hogar en el que cada uno de sus integrantes vive su propia vocación al amor, el designio de Dios para con cada uno de ellos: José, la llamada de Dios para ser esposo de María, padre legal de Jesús y custodio de ambos; María, la de ser madre del Hijo de Dios en la carne y esposa de José; y Jesús se prepara en este hogar para su misión de enviado de Dios para salvar a los hombres y hacerles partícipes de misma vida de Dios.

La Sagrada Familia es una escuela de oración y de amor, de acogida y de respeto recíproco, de diálogo y de comprensión mutua y de una existencia según la vocación divina al amor. El de Nazaret es un hogar donde Jesús pudo formarse y prepararse para la misión recibida de Dios: un hogar donde Jesús donde creció en estatura, en sabiduría ante Dios y los hombres.

La familia de Nazaret es dichosa porque ha puesto a Dios en el centro. “Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos” (Sal 127). Poner a Dios en el centro, nunca va en detrimento del amor de los esposos, de la familia ni de sus componentes. Todo lo contrario: Cuanto más abrimos nuestro corazón a Dios-Amor, más y mejor amamos y podemos amar a nuestros seres queridos; más fuerte se hace el amor y la unión entre los esposos, más verdadero y fuerte es el amor entre los esposos, de los padres a los hijos y de los hijos a los padres. Dios siempre bendice al matrimonio y a la familia. Dios quiere que los esposos mediante su amor esponsal, crezcan hasta la perfección del amor; Dios quiere que los hijos se adentren en su amor a través del amor en la familia.

4. La Sagrada Familia es un modelo donde todos los cristianos y las familias cristianas podemos encontrar el ejemplo para vivir de acuerdo con la voluntad de Dios, acogiendo y siguiendo la propia vocación recibida de Él. En ella encontramos luz para vivir de acuerdo a la vocación al amor, propio de todo ser humano y de todo cristiano. Creados por amor, para amar y ser amados, nuestra vida se realiza plenamente si se vive en el amor de Dios por el camino por el que Él nos llama. Esta llamada toma formas diferentes según los estados de vida: el sacerdocio ordenado y la vida consagrada en sus
distintas formas así como el matrimonio y la familia. Fiel a Jesús, a sus gestos y a sus palabras, la Iglesia proclama la alegría del amor, y la grandeza y belleza del matrimonio y de la familia: pues la relación entre el hombre y la mujer en el matrimonio refleja el amor divino de manera completamente especial; por ello el vínculo conyugal asume una dignidad inmensa. Mediante el sacramento del matrimonio, los esposos están unidos por Dios y con su relación de esposos son signo eficaz del amor de Cristo, que ha dado su vida por la salvación del mundo.

En un contexto social, mediático y legislativo contrario al verdadero matrimonio entre un hombre y una mujer y a la familia, fundada en él, es de vital importancia ayudar nuestros jóvenes y a los esposos a descubrir la grandeza y la belleza del matrimonio; y es necesario ayudarles a comprender que el verdadero amor es un ‘sí’ fiel y una donación definitiva de sí al otro, firmemente fundado en el plan de Dios. El amor de Dios mostrado y ofrecido en el Niño-Dios es el ‘sí’ de Dios a toda la creación y al corazón de la misma, que es el hombre; es el ‘sí’ de Dios a la unión entre el hombre y la mujer, abierta a la vida y al servicio de ella en todas sus fases. El matrimonio y la familia, por tanto, es el ‘sí’ de Dios Amor. Sólo partiendo de este amor, el matrimonio y la familia pueden manifestar, difundir y regenerar el amor de Dios en el mundo. Sin amor no se puede vivir como hijos de Dios, como cónyuges, padres y hermanos. Por el sacramento del matrimonio, Cristo consagra y santifica el amor de los esposos cristianos y se compromete con ellos; su fidelidad al ‘sí’ dado es por ello no sólo es posible, sino que es el camino para entrar en un amor cada vez más grande. De este modo, contando con el amor de Dios en Cristo en la vida cotidiana, los esposos y los hijos aprenden a amar como Cristo ama.

Para Pablo el amor que ha de darse en la familia es un amor compasivo, entrañable, bondadoso, humilde y manso; un amor que incluye necesariamente el perdón: “Sobrellevaos mutuamente y perdonaos” (Col 3, 13). Este amor es el vínculo que mantiene unidos a los esposos y a la familia más allá de las tensiones y dificultades, en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las penas; este amor busca siempre el bien del otro; es el antídoto contra todo falso amor, los egoísmos, el aislamiento y la soledad; este amor es fuente alegría para todos y el verdadero alimento de la familia, de los esposos y de los hijos; este amor preserva a la familia de la desintegración. Este amor no es mera simpatía, no es un sentimiento volátil o una pasión pasajera, no es búsqueda de sí; porque el verdadero amor es donación y entrega mutua y desinteresada; es amar como Cristo Jesús nos ama.

5. Una familia cristiana es una ‘iglesia doméstica’ (LG 11), o una iglesia en pequeño, como decía San Juan Crisóstomo. Es y vive como una comunidad de fe, de esperanza y de amor; una comunidad donde se comparte, se ama, se trabaja, se crea esperanza, se vive y se transmite la fe. La familia comparte con Dios creador la obra de procrear y educar a los hijos. En ella se vive la comunión entre las personas, al igual que Dios Trino y la Iglesia y hay entrega desinteresada por el otro. Se comparten penas y alegrías. Se comprenden las dificultades, las limitaciones y los esfuerzos de sus miembros; se convive dialogando, comiendo o saliendo juntos.

La familia cristiana escucha la Palabra de Dios, sus miembros oran juntos y juntos participan en la Eucaristía los domingos en su comunidad parroquial, ‘familia de familias’. En la familia se aprende a rezar en los momentos de alegría y de dificultad. Al igual que Jesús y la Iglesia, la familia cristiana anuncia la Buena Nueva: en primer lugar, a sus hijos y a miembros, y luego en su entorno y más allá del mismo. Por eso la familia cristiana también es misionera y siente el deseo anunciar el Evangelio y transmitir el amor de Dios a otras personas. La familia cristiana se pone al servicio de la caridad, especialmente hacia los más necesitados. Cuando el Espíritu de Dios vive en la familia, no se queda ni se cierra en sí misma. Es testimonio de vida con la palabra y el ejemplo.

Los padres sois los primeros educadores y evangelizadores de los hijos. En virtud del sacramento del matrimonio, los padres cristianos sois los primeros responsables de la transmisión de la fe a vuestros hijos mediante el testimonio de vida, mediante la escucha de la Palabra de Dios y la oración en familia, mediante vuestra inserción en la vida de la Iglesia en la propia parroquia y vuestro compromiso en la iniciación cristiana de vuestros hijos. Hablad a vuestros hijos de Dios y de Jesús. Ningún otro anuncio es tan importante para su vida. Introducid a vuestros hijos en su misterio a través de la celebración litúrgica y la oración familiar.

6. Para que los esposos cristianos puedan responder a la llamada de Dios al amor en su matrimonio y en su familia es necesario y urgente ofrecerles un acompañamiento pastoral cercano. A este fin se dirige la iniciativa de nuestra Iglesia diocesana de crear en las parroquias grupos parroquiales de matrimonios. Estos grupos hay que entenderlos como complementarios a los que existen en otros movimientos eclesiales. Queremos sumar, no restar. Se trata ofrecer a los matrimonios en nuestras parroquias un medio que les ayude a (re)descubrir, acoger y vivir la vocación al amor en su matrimonio cristiano; un ámbito que les oriente y acompañe en el día a día de su vida matrimonial y familiar con sus alegrías y dificultades. Éste será el germen de familias cristianas, ‘iglesias domésticas’, en las que se ama, se perdona, se lucha, y se vive y se transmite la fe a los hijos. Una familia cristiana por su forma de vida y por su palabra anunciará la buena noticia del matrimonio y de la familia.

Acojamos de corazón y con esperanza esta iniciativa de nuestra Iglesia diocesana. No es fácil la creación de estos grupos de matrimonios; pero allí donde se ha ofrecido ha habido respuesta. De ello se están beneficiando los esposos y sus familias; y también las mismas parroquias, llamadas a ser ‘familia de familias’, implicadas en la vida y misión parroquial, muy en especial en la iniciación cristiana de sus hijos.

7. Que la Sagrada Familia nos ilumine, aliente y proteja a todos. Encomendemos hoy a la Sagrada Familia de Nazaret a todos nuestros matrimonios y familias para que se mantengan unidos en el amor y produzcan abundantes frutos de santidad. Lo hacemos especialmente por los ahora vais a renovar la promesas que os hicisteis en día de vuestras bodas. Pidamos por nuestras familias para que, dejándose evangelizar, sean evangelizadoras y trasmitan la fe a sus hijos. Amén.

+ Casimiro López Llorente
Obispo de Segorbe-Castellón