Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María

La Asunción de la Santísima Virgen a los cielos es el último dogma emitido por la Iglesia Católica. Esta enseñanza fue infaliblemente definida por el Papa Pío XII (Eugenio Pacelli, 1939-1958), el 1 de noviembre de 1950, en la Constitución Apostólica “Munificentissimus Deus”. La Inmaculada Madre de Dios, la siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial.

“La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos” (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 966).

Como explicó san Juan Pablo II, “mientras para los demás la resurrección de los cuerpos tendrá lugar al fin del mundo, para María la glorificación de su cuerpo se anticipó por singular privilegio.” Asimismo, el Papa Wojtyla afirma que, “contemplando el misterio de la Asunción de la Virgen, es posible comprender el plan de la Providencia Divina con respecto a la humanidad: Después de Cristo, Verbo encarnado, María es la primera criatura humana que realiza el ideal escatológico, anticipando la plenitud de la felicidad, prometida a los elegidos mediante la resurrección de los cuerpos.” Y añade: “María Santísima nos muestra el destino final de quienes ‘oyen la Palabra de Dios y la cumplen’ (Lucas 11, 28). Nos estimula a elevar nuestra mirada a las alturas, donde se encuentra Cristo, sentado a la derecha del Padre, y donde está también la humilde esclava de Nazaret, ya en la gloria celestial.”

El misterio de la Asunción de la Santísima Virgen María nos invita, por tanto, a hacer una pausa en la agitada vida que llevamos para reflexionar sobre el sentido de nuestra vida aquí en la tierra, sobre nuestro fin último: la vida eterna, junto con la Santísima Trinidad, la Santísima Virgen, los ángeles y los santos en el paraíso. El saber que María ya está en el cielo gloriosa en cuerpo y alma -como se nos ha prometido a aquéllos que cumplimos la voluntad de Dios- nos renueva la esperanza en nuestra futura inmortalidad y felicidad perfecta para siempre.

La advocación mariana por excelencia

La Virgen de la Asunción, la Mare de Déu d’Agost, es la advocación mariana más extendida en la Comunidad Valenciana y la dedicación más frecuente de los templos de nuestra provincia eclesiástica gracias, posiblemente, a la influencia de los colonos de Bizancio en el siglo VI. Nuestra Diócesis de Segorbe-Castellón cuenta con 17 parroquias que tienen a la Asunción como titular: la Catedral de Segorbe e iglesias en las localidades de Onda, Vall d’Uixó, L’Alcora, Xilxes, Albocàsser, Llucena, Ares, Benasal, Benlloch, Ribera de Cabanes, Coves de Vinromá, Fanzara, La Peletjana, Sueras, Villafamés y Vistabella, mientras que seis están dedicadas a la Inmaculada Concepción.

Las provincias de Castellón, Valencia y Alicante son cuna del culto asuncionista en la Iglesia española. Este otro gran misterio mariano junto con el de la Inmaculada Concepción, halló su expansión máxima en nuestro territorio gracias a la representación escénica. Entre los siglos XIII y XIV, alcanza gran fervor popular la manifestación más exultante que cabe en la época: El “Misteri d’Elx”, joya del teatro medieval, anclado en la liturgia y en la literatura apócrifa y expresión culmen de la devoción de un  pueblo. No fue el único: surgido probablemente a principios de siglo XV, pone en evidencia rasgos del Misterio de Valencia y del Drama de Mallorca, que le habían precedido.

“El Misteri de Castelló”

Precisamente el pasado 14 de diciembre, se recuperó la representación del Misterio de la Asunción en Castellón. Como se hizo desde el siglo XV hasta el XVIII, en el marco de la Concatedral de Santa María, entonces iglesia mayor de la ciudad. La iniciativa fue posible gracias a la Asociación “Misteri de Castelló”. En esta primera representación, la estética estuvo basada en el primer barroco con colores muy vivos en el vestuario y una escenografía muy minimalista. La música que se interpretó es la que Matilde Salvador compuso en 1999. El 8 de noviembre de este año está prevista una nueva representación.

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