El buen uso de las nuevas tecnologías de la comunicación

Queridos diocesanos

Las nuevas tecnologías de la comunicación, Internet y las redes sociales están transformando los modelos de comunicación y de las relaciones humanas y van haciendo cada vez más pequeño nuestro mundo; desparecen las distancias y nos sentimos más cerca los unos de los otros; nos hacen interdependientes. Estos medios se han convertido en una plaza pública y abierta en la que las personas comparten ideas, informaciones y opiniones, y donde nacen nuevas relaciones y formas de comunidad. Son un verdadero don para la humanidad. Por ello hemos de colaborar para que sus ventajas se pongan al servicio de todos los seres humanos, sobre todo de los más necesitados y vulnerables.

Las nuevas tecnologías son éticamente neutras; ofrecen muchas posibilidades, pero también entrañan peligros. Los nuevos medios tienen un extraordinario potencial: las familias pueden permanecer en contacto aunque sus miembros estén muy lejos unos de otros; los estudiantes e investigadores tienen acceso más fácil e inmediato a documentos, fuentes y descubrimientos científicos; la naturaleza interactiva de los nuevos medios facilita formas más dinámicas de aprendizaje y de comunicación que contribuyen al progreso social. Además pueden favorecer la cercanía real de las personas, el sentido de pertenencia a una única familia, la comprensión, el diálogo, la solidaridad y el compromiso efectivo con los más pobres, excluidos y marginados. Cuando se utilizan bien, estos espacios favorecen el diálogo y el debate, el intercambio de informaciones y de experiencias. Si se usan con respeto de la intimidad, con responsabilidad e interés por la verdad, pueden ayudar en la búsqueda de la verdad y reforzar los lazos de unidad entre las personas y los pueblos.

Sin embargo, también existen peligros y aspectos problemáticos: la velocidad y la abundancia de informaciones dificulta su valoración; la variedad de opiniones puede dejar indefensos ante intereses egoístas, ávidos de dinero y de poder; el anonimato puede ser usado para insultar, difamar o inducir al delito; a veces se usan para la difusión de falsas noticias y para manipular en un sentido interesado; muchas otras provocan el aislamiento frente a los más cercanos y producen dependencias malsanas.

Por todo ello es necesario aprender y enseñar a hacer buen uso de los nuevos medios y a comunicar bien, para conocernos mejor y estar más unidos. Es preciso estar dispuestos a escuchar y a aprender los unos de los otros, a resolver las diferencias mediante el diálogo, la comprensión y el respeto. Hemos de apostar por una cultura del encuentro auténtico, en palabras del papa Francisco; esto requiere estar dispuestos no sólo a dar, sino también a recibir de los otros  y ponerse en la piel del otro.

Para favorecer el contacto entre las personas, es decisivo cuidar la calidad del lenguaje y de los contenidos, mediante un compromiso serio por promover una cultura del respeto, del diálogo y de la amistad en la verdad. El primer compromiso debe ser el respeto de la dignidad y el valor de toda persona humana, evitando palabras e imágenes degradantes para el ser humano, las difamaciones y todo lo que alimenta el odio y la intolerancia, lo que envilece la belleza y la intimidad de la sexualidad humana, o lo que explota a los débiles e indefensos o incita al delito. Este compromiso vale tanto para los promotores como para los usuarios de estos medios. No basta con estar conectado y usar las ‘calles’ digitales: es necesario que la conexión vaya acompañada de un verdadero encuentro, que promueva la belleza, la bondad y la verdad de la comunicación y en la misma. En una palabra, hemos de trabajar para que la comunicación sea rica en humanidad.

Las redes sociales son también un medio para el anuncio del Evangelio. Si la Buena Noticia no se da a conocer también en el ambiente digital podría quedar fuera del ámbito de la experiencia de muchas personas para las que este espacio es importante. El ambiente digital forma parte de la realidad cotidiana de muchos, especialmente de los más jóvenes. Se trata de que el anuncio de la infinita riqueza del Evangelio encuentre formas de expresión que puedan alcanzar las mentes y los corazones de todos, usando no sólo la palabra sino también la imagen y el sonido. Se trata en último término de llegar a quienes queremos invitar a un encuentro con el misterio del amor de Dios.

Con mi afecto y bendición,

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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