“Una antropología adecuada no entra en contradicción con los datos de las ciencias ni de la recta razón”

Enrique Burguete, Miembro del Instituto de Ciencias de la Vida y del Observatorio de Bioética de la UCV

Enrique Burguete tiene una amplia experiencia en temas de antropología y ética, tanto en la vertiente más académica como doctor y catedrático en la Universidad Católica de Valencia (UCV), como por su experiencia vital. Será el ponente del primer bloque de la formación impartida la próxima semana, lunes 27 y martes 28, en las Jornadas Diocesana de Formación sobre antropología cristiana y cuestiones de bioética.

– ¿Cuáles son los fundamentos y elementos propios de la antropología cristiana?

– A mi juicio es mejor hablar de una antropología “adecuada” frente a otras que pecan de reduccionistas o de estar sometidas a ideologías, como la emergente perspectiva de género. Si es “adecuada”, no entrará en contradicción con los datos que aportan las ciencias de la naturaleza ni la recta razón, y evitamos el prejuicio de que por un a priori epistemológico no pueda ser compartida por los no creyentes.

– ¿Pues cuáles son las características de una antropología adecuada?

– La subsistencia, es decir, que las personas somos “el mismo ser” desde que comenzamos a existir hasta que morimos. Y esto es algo que sabemos intuitivamente, pues una madre le dice a su hijo: “cuando estaba embarazada de ti…”, y no: “cuando en dentro de mí hubo un organismo que luego fuiste tú”. En consecuencia, nuestra dignidad y derechos fundamentales son predicables desde el momento de la concepción hasta la muerte.

– ¿Qué más?

– La singularidad, por la que cada persona es única, irrepetible e irreductible a la condición de cosa. La racionalidad, cualidad exclusiva de nuestra especie, por más que haya fases en las que todavía no la hayamos desarrollado o en que la hayamos perdido.

Y la relacionalidad.

– Porque no existe “la persona”, sino “las personas” que coexistimos.

– En efecto. De hecho, nadie aprende a decir “yo” hasta después de saberse un “tú” para los demás. La relacionalidad tiene su expresión en nuestro cuerpo sexuado, cuya atracción mutua es símbolo de la complementariedad de los sexos y del carácter unitivo y procreativo de su encuentro sexual. Nuestros cuerpos están hechos para este encuentro, como nuestra voluntad para un amor que está llamado a hacerse carne a través de la descendencia.

Y ¿qué decir de la dignidad?

– Se justifica ontológicamente por nuestra capacidad para gobernarnos a nosotros mismos frente a la pulsión de nuestros instintos y apetencias. Una capacidad que nos permite orientar nuestra intención hacia los demás y vaciarnos de nuestros intereses para llenarnos de los suyos. Que nos permite amar.

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