EL REPORTAJE DEL DOMINGO: La celebración de la fe cristiana es presencial y comunitaria

Una vez finalizado el estado de alarma derivado de la crisis del Covid-19, y manteniendo las debidas medidas de higiene y de seguridad para evitar el contagio y la propagación del virus, la Iglesia anima a los fieles a participar de modo presencial en la celebración de la Eucaristía, especialmente los domingos, así como a retomar la actividad ordinaria de las parroquias y comunidades.

Durante los meses de confinamiento, a pesar de haber tenido la posibilidad de vivir las misas y otras celebraciones a través de la televisión y de varias plataformas virtuales, en la carta del 9 de mayo, el Obispo, D. Casimiro López Llorente, decía «ha sido muy doloroso tener que celebrar la Semana Santa, el Triduo Pascual, la Pascua o la Eucaristía dominical o diaria sin la presencia física de vosotros, nuestro pueblo de Dios».

Y es que, sin lugar a dudas, en este caso la tecnología ha sido una gran aliada de la fe durante todo este tiempo tan difícil y complicado. Pero también es cierto que la vida de la Iglesia es presencial, no virtual, «dispongámonos para retomar con más fuerza la vida en nuestras parroquias y comunidades. La celebración de la fe cristiana no es virtual, sino presencial y comunitaria», añadía nuestro Obispo.

También, en las Disposiciones del 10 de julio, D. Casimiro nos decía que «la Eucaristía es el centro y la fuente de la vida cristiana, que pide su celebración presencial. Es la hora de que todos los creyentes católicos nos encontremos como Pueblo de Dios alrededor del Altar, escuchando con filial obediencia la Palabra de Dios y participando de la sagrada Comunión, presencia real de Jesucristo resucitado, donde podemos encontrar la fuerza que necesitamos para ser verdaderos discípulos del Señor».

Cuando oramos en la iglesia “hay algo más”

Así lo expresó, ya en el S.IV, San Juan Crisóstomo, «También puedes orar en casa; sin embargo no puedes orar igual que en la iglesia, donde son muchos los reunidos, donde el grito de todos se eleva a Dios como desde un solo corazón. Hay en ella algo más: la unión de los espíritus, la armonía de las almas, el vínculo de la caridad, las oraciones de los sacerdotes» (De incomprehensibili Dei natura seu contra Anomoeos).

Y también el Catecismo de la Iglesia Católica, en el nº 2180, «El mandamiento de la Iglesia determina y precisa la ley del Señor: “El domingo y las demás fiestas de precepto los fieles tienen obligación de participar en la Misa”. “Cumple el precepto de participar en la Misa quien asiste a ella, dondequiera que se celebre en un rito católico, tanto el día de la fiesta como el día anterior por la tarde”».

A no ser que los fieles «estén excusados por una razón seria (por ejemplo, enfermedad, el cuidado de niños pequeños) o dispensados por su pastor propio. Los que deliberadamente faltan a esta obligación cometen un pecado grave» (CIC, nº 2181). Y esta misma fue la invitación del Obispo, D. Casimiro, en la carta antes mencionada: «Invito de nuevo a las personas mayores, enfermas o en situación de riesgo a que sigan la Santa Misa desde sus casas a través de la televisión y otros medios de comunicación, dedicando un rato a la lectura de la Palabra de Dios y a la oración; pido a los sacerdotes que les ofrezcan y les lleven, si así lo desean, la sagrada Comunión a sus domicilios, tomando las medidas de prevención establecidas».

Prudencia sin miedo

Es verdad que hay fieles que pueden temer al contagio, y por eso deciden, en su libertad aunque sin razón seria para ello, no asistir a la Santa Misa. En este sentido cabe recordar las palabras del Papa Francisco con motivo de la Bendición Urbi et Orbi extraordinaria del 27 de marzo, en las que dirigiéndose al Señor decía: “Bendice al mundo, da salud a los cuerpos y consuela los corazones. Nos pides que no tengamos temor. Pero nuestra fe es débil y tenemos miedo. Más tú, Señor, no nos abandones a merced de la tormenta. Repite de nuevo “No tengáis miedo” (Mt 28,5) y nosotros, junto con Pedro “descargamos en ti todo nuestro agobio, porque Tú nos cuidas” (1ª carta de Pedro 5,7).

Lo cual no significa que debamos bajar la guardia, y que en la celebración del culto público y en otras actividades pastorales en las iglesias, templos y locales, no debamos seguir aquellas medidas de precaución indicadas por las autoridades sanitarias, así como las “Disposiciones de prevención para la celebración del culto público y tareas pastorales en la Diócesis de Segorbe-Castellón después del cese del estado de alarma” (10 de julio), pues son necesarias para evitar el contagio y la transmisión de la enfermedad, ya que la pandemia del virus  Covid-19 aún sigue presente entre nosotros.

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