Don Casimiro invita a imitar la humildad de san Pascual para reencontrase con Cristo en la conmemoración del IV Centenario de la Beatificación del santo

Monseñor López Llorente ha presidido esta mañana la Santa Misa del IV Centenario de la Beatificación de san Pascual Bailón en su basílica situada en Vila-real, en la que ha estado acompañado por las principales autoridades del municipio castellonense y numerosos fieles que han querido estar cerca del patrón de nuestra diócesis en la conmemoración de esta efeméride.

Don Casimiro ha manifestado su deseo de que la celebración de este IV centenario no se quede en una más, sino que “nos anime a todos a acercarnos al Señor siguiendo la estela de nuestro santo patrono, que brilló por su humildad y sencillez, que le llevó al encuentro con Dios en la eucaristía y avivó su amor para entregarse al servicio de los hermanos”.

 

El evangelio de hoy domingo, ha continuado monseñor López Llorente, nos habla de nuestra actitud de relación con Dios y los demás: “Cuántas veces nosotros oramos sin abrir nuestro corazón a Dios. Cumplimos, sí, pero estamos muy distantes de Dios. Para ello es necesaria la virtud de la humildad”, ha resaltado. Una virtud, ha continuado don Casimiro, que brilló en san Pascual, “que alimentaba su humildad en esa apertura a Dios en la eucaristía y contemplando a la Virgen. Una humildad que no es apocamiento, sino vivir –como dice santa Teresa de Jesús- en la verdad de que sin Dios no somos nada”.

La humildad significa –ha relatado el obispo- “reconocernos deficientes y, como nos muestra san Pascual, luchar por crecer en esta virtud para no sentirse autosuficientes, que es gran problema del fariseo del evangelio de hoy y también de todos nosotros, que creemos que podemos construir nuestra propia existencia al margen de Dios, que no le necesitamos en nuestra vida y que cuanto hacemos a nosotros nos es debido (…). La oración veraz, humilde, que nos lleva a abrir nuestro corazón a Dios, sabiendo que Él nos escucha, es el medio más eficaz para crecer en nuestra fe y en el compromiso con los hermanos. La prueba de la eficacia de la oración reside en el compromiso de aquel que está necesitado, como nos muestra san Pascual; una persona humilde, que se sabía necesitado de Dios, que alimentaba en la eucaristía y que le llevaba desde ese manantial del amor a vivir la caridad con el prójimo”, ha finalizado.

Al término de la eucaristía, don Casimiro se ha dirigido a la Capilla Real, esculpida por Vicente Lloréns Poy, para venerar los restos del santo depositados en el sepulcro de plata que representa el cuerpo tendido de san Pascual. Una estatua yacente del santo labrada en 300 kg de plata y con una base de granito con dos escalones. La escultura estuvo inspirada en el cuerpo incorrupto que se veneraba antes del incendio del 1936 y se encuentra delante de la antigua celda del santo, delante de la cual se halla el cartapacio de devoción de san Pascual, manuscrito por el mismo santo.

 

 

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