El Obispo exhorta a los burrianeros a imitar a la Virgen de la Misericordia para ser dóciles a la acción del Espíritu Santo

Monseñor López Llorente presidió el sábado 1 de junio la Santa Misa del XX aniversario de la coronación canónica de la Virgen de la Misericordia de Burriana. El Obispo de Segorbe- Castellón exhortó a los presentes a imitar a nuestra madre para ser dóciles a la acción del Espíritu Santo en nuestra vida y en la de nuestra comunidad. “¿Qué sería de Burriana sin la Virgen de la Misericordia? Ella ha estado presente desde hace muchos años en vuestro pueblo, siendo aliento en el caminar de la Iglesia aquí. Una madre solícita que está pendiente de todos sus hijos y a través de la cual el Señor derrama su misericordia sobre tantas personas. La proclamamos reina y la hemos coronado, ante todo, porque es la Madre de Cristo, que está sentado a la derecha del Padre reinando sobre toda la creación a la espera del momento final en el que volverá como rey de la historia”, apuntó.

“A la Virgen de la Misericordia –continuó- la consideramos reina porque estuvo unida desde el primer instante al misterio de Cristo redentor, la misericordia encarnada de Dios hacia cada uno de nosotros. A ella le cantamos como reina porque ya participa en cuerpo y alma de la gloria definitiva. Y así es motivo de esperanza para nosotros, peregrinos todavía por esta vida. La mejor forma que tenemos de honrarla es acoger de sus manos a Cristo Jesús”. “Sí, María dirige siempre nuestra mirada hacia Dios, en su hijo Jesucristo. Y, como a aquellos sirvientes de las Bodas de Caná nos dice en todo momento: ‘haced lo que Él os diga’”.

Don Casimiro basó su homilía en tres conceptos: Jesucristo, muerto y resucitado; el Espíritu Santo y la Iglesia. “Estar con Jesús –manifestó- como aquellos discípulos que, una vez resucitado, tuvieron la ocasión de convivir con Él durante cuarenta días, a fin de que se fortaleciera su fe (…) para poder acometer la misión de ser testigos del resucitado y dar testimonio de todo lo que habían visto, oído y tocado. También nosotros necesitamos encontrarnos con el Señor resucitado de manos de María, la Virgen de la Misericordia, para que se avive nuestra fe en Cristo Jesús, que es fuente de vida y de salvación”.

 

El Señor –apuntó Monseñor López Llorente- sigue presente entre nosotros a través del Espíritu Santo, que es la presencia viva de su obra. En una semana celebraremos Pentecostés para que se avive la presencia de Dios a través de su espíritu, porque si no fuera por Él la palabra estaría muerta; los sacramentos serían signos vacíos, la Iglesia una institución humana. Es gracias a la acción del Espíritu como la palabra escrita es una palabra viva. Gracias a la invocación del Espíritu, la epíclesis sobre los dones, el pan se convierte en el cuerpo del Señor y el vino en su sangre. Gracias a la acción del Espíritu, cuando derramamos el agua sobre un neófito en el Bautismo, lo que decimos produce lo que significa; la absolución de un sacerdote perdona los pecados. Cristo sigue presente entre nosotros gracias a la acción del Espíritu Santo, pero no solo en la Iglesia, sino también dentro de nosotros, queridos hermanos. Somos templo del espíritu por nuestro bautismo. Y, como la Virgen, la Madre de la Misericordia, tenemos que ser también dóciles a su palabra”.

Don Casimiró animó a los fieles congregados para honrar a la Virgen de la Misericordia a acoger al Paráclito como espíritu de la verdad que nos descubre nuestro interior más íntimo: nuestras faltas, pecados, virtudes, capacidades. “Hay que dejarle que ilumine nuestro corazón para que cada uno de nosotros vivamos nuestra condición de hijas e hijos de Dios; si no todo quedará en una superficialidad y no habrá vida, evangelización, misión en nuestra Iglesia”.

 

Asimismo, preguntó si nos dejamos guiar por las palabras del Evangelio o, más bien, nos acomodamos a los criterios del mundo, a lo políticamente correcto, a lo que se nos intenta imponer como un pensamiento único. “Estamos llamados a anunciar, pero sobre todo a dar testimonio de vida de la Fe que hemos recibido como un don gratuito de Dios. Es lo más grande que tenemos, hermanos, y esto nos lo recuerda la Virgen de la Misericordia en este vigésimo aniversario de su coronación canónica: acoged en vuestra vida a Cristo Jesús; anunciad su evangelio, sed sus testigos. Sí, nos urge y mucho anunciar a Cristo Jesús para que también la creación que recobró su origen mediante su resurrección sea cuidada; para que nuestra sociedad camine por los senderos de la fraternidad, de la justicia, del amor. Nos urge vivir y proclamar el evangelio de la vida, que llama a respetar la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural. Nos urge anunciar el evangelio del matrimonio y de la familia; ofrecer a los niños y a los adolescentes el evangelio del amor y de la sexualidad. Y tenemos que anunciar el evangelio de la justicia ante tanta injusticia, y el de la paz, ante tanta crispación, tanto rencor, tanto odio como nos rodea”.

Finalmente, el Obispo de Segorbe-Castellón manifestó que no podemos quedarnos exclusivamente para nosotros lo que hemos recibido gratuitamente mediante el amor hecho entrega por los demás, que busca solo el bien del prójimo. “Que como nuestra madre, la Virgen de la Misericordia, seamos dóciles a la acción del Espíritu Santo, que nos dejemos tocar por Él como se dejaron tocar los discípulos, los apóstoles, que pasaron del temor a la alegría, para salir a la calle a anunciar a Cristo Jesús. Como María, seamos también misericordiosos con todos para que Cristo Jesús, la misericordia encarnada, siga haciéndose presente a través nuestro”.

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