Las Hermanas de la Consolación aprovechan la cuarentena para promover la solidaridad a pesar de la tristeza por las religiosas fallecidas

Entre la tristeza por la muerte de dos hermanas y la esperanza comprometida. Así han vivido el confinamiento las religiosas de la Consolación en la Diócesis. Los seis colegios que tienen en Segorbe-Castellón – L’Alcora, Burriana, Castellón, Nules, Onda y Vila-real – han puesto un cuidado especial en acompañar a los 3.700 alumnos y a sus familias. Con las realidades vinculadas a la congregación fundada por Santa María Rosa Molas, se han impulsado iniciativas como la confección de mascarillas o el sostenimiento de proyectos en las misiones.

La hna. Carmen Calpe, de la comunidad de Burriana y directora del centro de Onda, explica que en los primeros días una religiosa de la casa se puso enferma y que en menos de una semana falleció en el hospital. “Lo más duro fue no poder despedirnos. Nos llamaron un lunes por la tarde para darnos la noticia del fatal desenlace. Entonces avisamos al resto de hermanas. Las que estaban confinadas desde su habitación y el resto desde el pasillo rezamos y lloramos. Sabemos que ella está en el mejor lugar, pero cuando la fe y la creencia baja a la vivencia del sufrimiento cuesta igualmente.”

La hna. Fina Gómez, directora del colegio Ntra. Sra. de la Consolación en Castellón, reconoce que han vivido la pandemia “sintiendo que somos parte de la humanidad, por tanto sufriendo lo que sufre la humanidad”. Al mismo, describe la sensación de no poder hacer gran cosa: “Hemos experimentado la impotencia, como la contradicción de que ayudar muchas veces es no hacer nada, quedarse en casa. Además, en nuestras comunidades tenemos mucha gente mayor y también tenemos que protegerlas y no ponerlas en situación de riesgo”.

Comprometidas con todos

Solo “sensación” de no hacer nada, porque dentro de las limitaciones impuestas por el estado de alarma para cortar los contagios, las hermanas de la Consolación han estado muy activas. Han confeccionado mascarillas para residencias de ancianos por toda España, para los centros penitenciarios de Castellón o el albergue de transeúntes, se han enviado cartas de ánimo a los hospitales de la provincia, han organizado actividades telemáticas durante la Semana Santa y mantenido las iniciativas pastorales de los colegios, han realizado llamadas telefónicas a vecinos y amigos del vecindario, sobre todo los ancianos y enfermos, hermanas dedicadas a la educación han reforzado las comunidades de los 10 centros de mayores que gestionan en España, y desde luego “en las distintas comunidades de Hermanas se está intensificando en estos días el tiempo de oración para que el Señor acompañe el sufrimiento de tantas personas”, asegura Fina Gómez.

Tiempo de incertezas

El confinamiento entra en una etapa de desescalada. Mayo es precisamente un mes lleno de actividades en los colegios y centros de la Consolación, y el 12 de junio celebran a su fundadora: “No sabemos aún cómo estaremos, por tanto se está planteando una fiesta virtual para hacer presente a Santa María Rosa Moles de alguna manera. Pero aún quedan cinco semanas”, manifiesta prudente Carmen Calpe. Después llegará el verano y el nuevo curso: “Se están pensando muchas iniciativas, reflexionando, pero de momento no hay nada en firme porque no sabemos cómo será la situación”, añade Fina Gómez. Lo que sí es seguro es que “vivimos un tiempo que necesita esperanza y consolación” aseguran.

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