Institución del Catecumenado Bautismal de Adultos y su Normativa Diocesana

 

CASIMIRO LÓPEZ LLORENTE,

POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA SEDE APOSTÓLICA

OBISPO DE SEGORBE-CASTELLÓN

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El Concilio Vaticano II ordenó que se restaurase el Catecumenado bautismal de adultos (cf. Sacrosanctum Concilium, 64), como la institución que, en el seno de la pastoral de la Iniciación Cristiana de la Diócesis, está al servicio del proceso de formación en la fe y en la vida cristiana de aquellos personas que desean recibir el bautismo y su inserción al misterio de Cristo e incorporación a la Iglesia.

El Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos (1972) estableció el modo litúrgico de llevarlo a la práctica y el Código de Derecho Canónico el marco legal general para su instauración (cf. cc. 96, 97, 206, 788, 851, 1° y 852 CIC).

 

El Catecismo de la Iglesia Católica, por su parte, señala que el Catecumenado bautismal de adultos  “tiene por finalidad ayudar a los catecúmenos, en respuesta a la iniciativa divina y en unión con una comunidad eclesial, a que lleven a madurez su conversión y su fe” (n. 1248) y el Directorio General para la Catequesis desarrolla la importancia y necesidad del Catecumenado.

 

Por su parte, la Conferencia Episcopal Española ha puesto de relieve también su importancia en sus documentos La Iniciación Cristiana. Reflexiones y orientaciones, (1998), Orientaciones Pastorales para el Catecumenado (2002) y las Orientaciones Pastorales para la Iniciación Cristiana de Niños no bautizados en su infancia (2004).

 

En nuestra diócesis, estamos preparando en comunión y de acuerdo con el resto de la Provincia Eclesiástica Valentina, unos criterios comunes para elaborar un Directorio Diocesano de Pastoral de la Iniciación Cristiana, que contempla la necesidad del Catecumenado bautismal de adultos.

 

No obstante, son cada vez más frecuentes, aunque aún sean pocos, los casos de personas adultas y de niños en edad escolar que han alcanzado el uso de razón (es decir, entre los siete y los doce años) y adolescentes y jóvenes (entre trece y dieciocho años) que solicitan el Bautismo a la Iglesia Católica, para las que debemos ofrecer el itinerario más conveniente a este fin. Por ello, oídos el Consejo Episcopal, el Consejo Diocesano de Pastoral y el Consejo Presbiteral Diocesano, por las presentes,

 

D E C R E T O

 

Primero.- La institución en la Diócesis de Segorbe-Castellón del Catecumenado bautismal para los adultos no bautizados; es decir para niños entre siete y doce años, para  adolescentes y jóvenes entre trece y dieciocho años, y para mayores de dieciocho años que pidan ser incorporados en el misterio de Cristo y en la Iglesia mediante los sacramentos de la Iniciación Cristiana.

 

Segundo.-  Este Catecumenado se regirá por la Normativa para el Catecumenado bautismal de adultos en la Diócesis de Segorbe-Castellón, que apruebo juntamente con este Decreto.

 

Tercero.- La Delegación diocesana de catequesis será la encargada de la aplicación de esta normativa, atendiendo a los siguientes criterios:

  1. Orientar y valorar la educación en la fe y vida cristiana de los catecúmenos y admitir a los candidatos a la “elección” y a los sacramentos.
  2. Precisar el desarrollo del itinerario del Catecumenado, con sus tiempos y ritos.
  3. Coordinar las distintas actividades y procesos que se realizan en la Diócesis.
  4. Inscribir a los catecúmenos en el Libro diocesano del Catecumenado (c. 788 § 1 CIC), cuya custodia tendrá el Canciller-Secretario General del Obispado.
  5. Ofrecer, en colaboración con la Delegación Diocesana de Liturgia, materiales y programaciones para la Iniciación Cristiana de adultos no bautizados: de niños (de 7 a 12 años), adolescentes y jóvenes (de 13 a 17 años) y adultos (mayores de 18 años).

 

Cuarto.- Cuando en parroquias de la Diócesis esté implantado un catecumenado de derecho pontificio, autorizamos que en dichas parroquias pueda utilizarse también ese catecumenado como modalidad diocesana, siguiendo las normas y adaptaciones dadas y aprobadas en sus Estatutos.

 

Quinto.- Designo la Santa Iglesia Catedral y la Santa Iglesia Concatedral como lugares originarios y propios del Catecumenado. No obstante, atendiendo a las circunstancias concretas de algún caso de adultos, y en los casos de los niños entre siete y doce años y adolescente y jóvenes entre los trece y los dieciocho años, el Obispo podrá autorizar la celebración en otro lugar más conveniente.

 

Dado en Castellón de la Plana,  a ocho de diciembre del año del Señor de dos mil diecisiete, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Ante mí,

Ángel E. Cumbicos Ortega

Canciller- Secretario General


 

 

NORMATIVA PARA EL CATECUMENADO BAUTISMAL DE ADULTOS EN LA DIÓCESIS DE SEGORBE-CASTELLÓN

 

 

  1. Naturaleza y finalidad del Catecumenado.

 

El Catecumenado bautismal de adultos es la institución que, en el seno de la pastoral de Iniciación Cristiana de nuestra diócesis de Segorbe-Castellón, está al servicio del proceso de formación en la fe y en la vida cristiana de aquellas personas que piden recibir el bautismo para incorporarse al misterio de Cristo y a la Iglesia[1].

 

El Catecumenado bautismal de adultos “tiene por finalidad ayudar a los catecúmenos, en respuesta a la iniciativa divina y en unión con una comunidad eclesial, a que lleven a madurez su conversión y su fe”[2]. Se trata, por tanto, de una iniciativa o decisión de la Iglesia, que ejerce de esta manera su responsabilidad maternal sobre los que se convierten a Jesucristo.

 

Así “la institución catecumenal acrecienta en la Iglesia la conciencia de la maternidad espiritual que ejerce en toda forma de educación en la fe”[3]. Se trata, asimismo, de “una formación y noviciado debidamente prolongado de la vida cristiana, en que los discípulos se unen con Cristo, su Maestro”[4]. Por tanto, mediante el Catecumenado bautismal de adultos la Iglesia ha de iniciar a los catecúmenos en el misterio de la salvación, en la liturgia y en los ritos sagrados que deben celebrarse en los tiempos sucesivos, en la práctica de las costumbres evangélicas e introducirlos en la vida de fe, esperanza y caridad del pueblo de Dios[5].

 

El Catecumenado alcanza su punto culminante en la celebración de los sacramentos de la Iniciación Cristiana[6]: el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. “Los fieles, renacidos en el Bautismo se fortalecen con el sacramento de la Confirmación y, finalmente, son alimentados en la Eucaristía con el manjar de la vida eterna y, así, por medio de estos sacramentos de la Iniciación Cristiana, reciben cada vez con más abundancia los tesoros de la vida divina y avanzan hacia la perfección de la caridad”[7].

 

 

  1. Competencias propias del Obispo diocesano.

 

Corresponde al Obispo diocesano en lo que atañe al Catecumenado[8] :

  1. a) La instauración del Catecumenado bautismal y la regulación de su duración y organización, indicando y guiando el crecimiento y las etapas.
  2. b) Fijar las normas para la admisión de los candidatos.
  3. c) La aprobación del programa catequético, junto a los diferentes aspectos de la formación de los catecúmenos.
  4. d) Determinar, según las circunstancias, si se puede celebrar, y cuándo, el rito de la iniciación fuera de los tiempos propios .
  5. e) Dispensar por impedimentos graves de un escrutinio y, en circunstancias extraordinarias, también de dos.
  6. f) Presidir el rito de la elección, dar por válida la admisión de los elegidos, por sí o por medio de un delegado, y conferir los sacramentos de la Iniciación Cristiana.
  7. g) Permitir que parcial o totalmente se use el Ritual abreviado.

 

En nuestra Diócesis se encomienda el seguimiento y la aplicación de la normativa que aquí se establece al Delegado Diocesano de Catequesis.

 

 3. Los destinatarios del Catecumenado bautismal son las personas adultas que no han recibido el Bautismo y piden los sacramentos de la Iniciación Cristiana para incorporarse al misterio de Cristo y a la Iglesia[9]. El Código de Derecho Canónico considera “adultos” a estos efectos a los niños a partir de los siete años[10]. De conformidad con ello pueden establecerse, de un modo más concreto, como destinatarios del catecumenado:

a) Los adultos mayores de dieciocho años.

b) Los adolescentes y jóvenes entre los trece y los dieciocho años.

c) Los niños entre los siete y los doce años.

 

 

  1. Cuando una persona no bautizada de cualquiera de estos grupos solicite el Bautismo, o en el caso de los niños entre siete y doce años no bautizados se solicite la catequesis para recibir la primera Comunión, o en el caso de adolescentes o jóvenes entre trece y dieciocho años no bautizados se solicite la catequesis de Confirmación, el párroco lo comunicará de inmediato por escrito al Delegado diocesano de catequesis, quien establecerá el itinerario catecumenal a seguir de acuerdo con el párroco.

 

 

  1. Los componentes fundamentales del Catecumenado son: 1) la iniciativa y el don de Dios; 2) la acogida por parte del hombre; 3) la mediación de la Iglesia y la presencia de la comunidad eclesial; 4) un itinerario litúrgico, catequético y espiritual; y 5) y la celebración de los sacramentos de Iniciación Cristiana[11].

 

El don del amor de Dios, que se recibe por mediación de la Madre Iglesia, y su acogida por parte de la persona se lleva a cabo en el curso de un proceso realmente divino y humano, trinitario y eclesial, en el cual los catecúmenos que acogen el mensaje divino de la salvación, son acompañados por la Iglesia desde el nacimiento a la vida de hijos de Dios hasta llegar a una fe viva, explícita y operante[12].

Todo el proceso formativo del Catecumenado se realiza por medio de la Iglesia, a la que ya están unidos los catecúmenos por el deseo, suscitado por el Espíritu Santo, de ser incorporados a ella[13]. La comunidad eclesial debe asumir esta responsabilidad y lo hará viviendo ella misma la vida cristiana como camino de crecimiento: engendrar, cuidar, alimentar y ayudar a crecer a los nuevos cristianos[14].

 

 

  1. La iniciación de los catecúmenos se hará gradualmente a través de un itinerario litúrgico, catequético y espiritual; es un camino de conversión y crecimiento en la fe que se desarrolla en el seno de la comunidad cristiana, estableciendo etapas a través de las cuales se va avanzando en la fe[15].

 

El itinerario litúrgico, catequético y espiritual de los distintos destinatarios habrá de ser tratado de modo específico.

 

 

  1. Para los adultos no bautizados, mayores de dieciocho años, en nuestra Diócesis se ofrecen dos modalidades de itinerario litúrgico, catequético y espiritual,

 

 

7.1. Itinerario típico o completo:

 

Este itinerario se realiza mediante etapas o tiempos, con diversas dimensiones o caminos, contenidos y con referencias fundamentales en las que se inspiran.

 

 

7.1.1. Las etapas o tiempos del itinerario típico son:

 

  1. a) Tiempo del anuncio misionero y pre-catecumenado. La primera etapa es la del anuncio misionero y pre-catecumenado, que acaba con el ingreso en el grado de los catecúmenos. Durante este tiempo el acento ha de ponerse en el anuncio del Evangelio, el anuncio del Dios vivo y de Jesucristo, del que debe brotar la fe y la conversión inicial y ha de madurar la voluntad de seguir a Jesucristo[16]. También se ha de trabajar para suscitar en los candidatos la búsqueda de la verdad y el sentido de la vida, y ayudarles a discernir el deseo y la motivación que les lleva a la petición del Bautismo. Son elementos fundamentales en este momento: la acogida, el diálogo, el testimonio de la fe, el servicio de la caridad[17]. Esta etapa no tiene una duración determinada; ha de esperarse el tiempo conveniente y necesario en cada caso hasta que los candidatos, según su disposición y condición, pueden concebir la fe inicial, dar los primeros indicios de su conversión, investigar los motivos de la misma, y para purificarlos, si es necesario[18].

 

  1. b) Tiempo del catecumenado. El segundo tiempo es el del catecumenado propiamente dicho. Para ser admitidos en el grado del catecumenado se requiere una fe inicial en Cristo Salvador, indicios sinceros de conversión y cierta idea de la Iglesia[19]. Se celebrará según el Rito de entrada en el catecumenado[20]. Los candidatos admitidos serán inscritos en el Libro diocesano del Catecumenado, cuya custodia tendrá el Canciller-Secretario General del Obispado[21]. Es un tiempo de asentamiento y maduración de la fe que acaba con la celebración del rito de la elección. Durante este tiempo, los catecúmenos recibirán una catequesis que les introducirá en el conocimiento del misterio de la salvación, en la práctica de la vida cristiana y en el ejercicio de la caridad, en la oración y la celebración litúrgica, y en el testimonio de vida[22]. “Se alargará cuanto sea necesario para que madure su conversión y su fe, y, si fuere preciso, por varios años”[23].

 

  1. c) Tiempo de la purificación y de la iluminación. La tercera etapa es el llamado tiempo de la purificación y de la iluminación. Se desarrolla ordinariamente durante la Cuaresma como disposición inmediata a la celebración de los sacramentos de Iniciación, que constituyen el centro y culmen de todo el Catecumenado[24]. Comienza con el Rito de elección[25], al comienzo de la Cuaresma, a ser posible el primer domingo de Cuaresma. Se requiere del candidato “la fe iluminada y la voluntad deliberada de recibir los sacramentos de la Iglesia. Hecha la elección, se le instará a seguir a Cristo con mayor generosidad”[26]. La formación en esta etapa tiene preferentemente un carácter espiritual y ascético. Se dirige al corazón de los catecúmenos para purificarlos por la oración y la penitencia, y se dirige a la mente para iluminarla por un conocimiento más profundo de Cristo. Además de las entregas del Símbolo de la fe y del Padrenuestro, se llevan a cabo diversos ritos, escrutinios y exorcismos[27].

 

  1. d) Tiempo de la mistagogia. El último tiempo, durante la Pascua, es el tiempo de la mistagogia; es decir, de la profundización en la experiencia nueva de los sacramentos recibidos mediante la renovación de las explicaciones de los mismos y la recepción frecuente de la Eucaristía. En este tiempo se atiende a la inteligencia más plena y fructuosa de los misterios recibidos, se desarrolla la experiencia espiritual de los nuevos fieles en la comunidad cristiana y se aprende a asumir los compromisos y responsabilidades propias del cristiano, miembro de la Iglesia[28]. En lo que atañe a la duración de la mystagogia, el Delegado diocesano de catequesis dispondrá lo que proceda.

 

 

7.1.2.  Contenido catequético y espiritual del itinerario típico o completo.

 

El Catecumenado comprende cuatro dimensiones o caminos a través de los cuales los catecúmenos son “iniciados en el misterio de la salvación, e introducidos a la vida de la fe, de la liturgia, de la caridad del pueblo de Dios, y del apostolado”[29]. En nuestra Diócesis se ofrecerá a los catecúmenos lo siguiente:

 

  1. a) Catequesis apropiada, básica e integral. A todo catecúmeno se le ofrecerá una catequesis apropiada, básica e integral, cuyo objetivo es conducirle al íntimo conocimiento del misterio de la salvación. Los contenidos deben ser los propuestos por el Catecismo de la Iglesia Católica y por los catecismos de la Conferencia Episcopal Española. Será siempre oportuno tener presente las normas y criterios para la presentación del mensaje evangélico en la catequesis que presenta el Directorio General para la Catequesis[30].

 

  1. b) Iniciación y educación en la liturgia y en la oración. El catecúmeno será educado e irá creciendo en la experiencia de la liturgia, participando en ella y en la oración de la Iglesia[31]. “Durante este tiempo el catecúmeno, junto a su catequista y acompañantes, asistirá a la liturgia de la Palabra de las celebraciones eucarísticas dominicales, y a las celebraciones comunitarias de la Penitencia”[32].

 

  1. c) Aprendizaje de la vida cristiana. Este aprendizaje de la vida cristiana supone el progreso en la conversión, la adquisición progresiva de las costumbres evangélicas y el ejercicio de los compromisos personales y eclesiales[33].

 

  1. d) Iniciación y educación para la vida comunitaria y para la misión. El Catecumenado debe estar siempre abierto al dinamismo misionero y, por ello, el catecúmeno deberá ser capacitado para vivir en la comunidad eclesial, para participar en la vida y misión de la Iglesia y estar presente, en cuanto cristiano, en la sociedad, en la vida profesional, laboral y social[34].

 

 

7.1.3.  Referencias para el itinerario típico.

 

Las referencias fundamentales para la inspiración y el desarrollo de los itinerarios y contenidos catequéticos de la Iniciación Cristiana habrán de ser:

– La Sagrada Escritura.

– El Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos.

– El Catecismo de la Iglesia Católica.

– El Directorio General para la Catequesis.

– Los catecismos de la Conferencia Episcopal Española[35].

 

 

7.1.4. Las celebraciones de los ritos y de los sacramentos de Iniciación.

 

Para la recepción o admisión a las catequesis del anuncio misionero o pre-catecumenado de los que se podrían llamar ‘simpatizantes’, es decir, de los que muestran alguna inclinación a la fe cristiana, no hay ningún rito especial. La admisión se hará en una reunión de la comunidad local, con tiempo suficiente para que brote la amistad y el diálogo. Presentado por algún amigo o conocido, el ‘simpatizante’ será saludado y recibido con palabras amistosas por un sacerdote o por algún miembro de la comunidad digno y preparado[36].

 

El Rito de entrada en el Catecumenado se puede celebrar cualquier día de la semana, preferentemente en Domingo. Es de desear que toda la comunidad cristiana, o alguna parte de ella, integrada por amigos y familiares, por catequistas y sacerdotes, tenga parte activa en la ceremonia. Han de asistir también los padrinos de catecumenado que han de presentar a la Iglesia a los candidatos avalados por ellos. A este Rito, que consta de la admisión de los candidatos, de la liturgia de la palabra y de la despedida de aquéllos, puede seguir la Eucaristía[37].

 

El Rito de la elección con el que concluye el Catecumenado y por el que la Iglesia elige al candidato para recibir los sacramentos de la Iniciación Cristiana se celebrará al comienzo de la Cuaresma, a ser posible el primer domingo de Cuaresma, según lo indicado por el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos[38]. Su celebración tendrá lugar en la Santa Iglesia Catedral o en la Santa Iglesia Con-catedral o, si no es posible, en la parroquia del o de los candidatos, presidida por el Obispo o, con delegación expresa, por su delegado o el párroco. Durante la Cuaresma, se celebrarán los escrutinios y las entregas según las indicaciones dadas por la Delegación diocesana de catequesis[39], a los cuales sigue la celebración de los ritos para la preparación inmediata[40].

 

La celebración de los sacramentos de Iniciación Cristiana es la fuente y cima del proceso catecumenal ya que en ellos se realiza la vinculación de Jesucristo con los catecúmenos y se les comunica la salvación[41]. Por ello la celebración de estos sacramentos debe ser tal como corresponde a su condición de verdaderos momentos eclesiales del encuentro salvador con Jesucristo.

 

La celebración de los sacramentos de Iniciación Cristiana tendrá lugar en la Vigilia pascual o en el II Domingo de Pascua preferentemente en la Santa Iglesia Catedral o en la Santa Iglesia Concatedral, presidiendo el Obispo o su delegado, y se seguirá el Ritual “distribuido en sus grados”[42]. Si no fuera posible hacerlo en la Vigilia Pascual, los sacramentos de Iniciación Cristiana se celebrarán en un domingo, a ser posible del tiempo pascual[43], y presidiendo el Obispo o su delegado, preferentemente en la Catedral o Concatedral.

 

 

7.2. Itinerario simplificado en tres etapas.

 

Este itinerario comprende[44]:

 

  1. a) “La admisión a la catequesis”, al comienzo de las sesiones catequéticas, con el cual se entra en la primera etapa o tiempo del catecumenado, una vez que se ha dialogado con la persona que pide el Bautismo y se le ha señalado un garante o catequista. La duración de este tiempo de catequesis deberá ser determinado por nuestro Delegado diocesano de catequesis de acuerdo con el párroco, los catequistas y el  padrino, considerando si el catecúmeno está suficientemente instruido en la fe y la moral de la Iglesia. El candidato, previamente ha de ser “instruido y preparado en el tiempo oportuno para que se decanten y purifiquen mejor las razones por las que haya pedido el Bautismo y pueda madurar su conversión y su fe”[45]. Los nombres de los candidatos admitidos así al Catecumenado serán inscritos en el Libro diocesano del Catecumenado.

 

  1. b) Después del tiempo de catequesis, llega el momento en que el catecúmeno, suficientemente instruido en la fe cristiana, puede prepararse ya para la celebración de los sacramentos. Es el momento de la segunda etapa o tiempo de purificación o iluminación, etapa en la que se realizan los ritos de la elección y de preparación para los sacramentos. El tiempo más apropiado para esta etapa es la Cuaresma. Se pueden, además, añadir en esta etapa reuniones de oración y la participación del catecúmeno en la liturgia penitencial de la comunidad, así como los ritos del tiempo de la iluminación o purificación: escrutinios y entregas del Símbolo de la fe y de la oración dominical, el Padrenuestro.

 

  1. c) En la tercera etapa, se celebran los sacramentos de Iniciación Cristiana, en la Vigilia pascual o en el II Domingo de Pascua preferentemente en la Santa Iglesia Catedral o en la Santa Iglesia Concatedral, presidiendo el Obispo o su delegado, y la fórmula será la Forma simplificada de la Iniciación de un adultos[46]. Si no fuera posible hacerlo en la Vigilia Pascual, los sacramentos de la Iniciación Cristiana se celebrarán en un domingo, a ser posible del tiempo pascual[47], y presidiendo el Obispo o su delegado, preferentemente en la Catedral o Concatedral.

 

  1. d) Finalmente se entra en la mistagogia, en cuanto esto resulte posible, de acuerdo con lo expuesto más arriba[48]. El Delegado Diocesano de Catequesis dispondrá lo que procede realizar.

 

 

7.3.  La determinación del itinerario típico o simplificado

 

La determinación del itinerario en cada caso corresponde al Delegado diocesano de catequesis conforme a los siguientes criterios:

 

  1. a) Ningún candidato al Bautismo puede ser privado del itinerario típico y de los beneficios de una preparación larga por etapas[49]. Es muy aconsejable ofrecerlo siempre que se pueda formar un grupo con los adultos que solicitan el bautismo.

 

  1. b) La aplicación del itinerario simplificado a un catecúmeno o a un grupo de catecúmenos debe plantearse para lograr en cada una de sus fases los mismos objetivos que se señalan en el itinerario por etapas o grados[50]. En cualquier caso, siempre deberá asegurarse siempre el primer anuncio, pues es el punto de partida del catecumenado[51].

 

  1. c) Dado que los bautismos de adultos hasta ahora son ordinariamente pocos en nuestra Iglesia diocesana, y que la catequesis catecumenal y la celebración de los sacramentos de Iniciación se realiza habitualmente de manera individualizada, la fórmula ordinaria entre nosotros será de momento la forma simplificada de la Iniciación Cristiana de un adulto en tres etapas[52].

 

  1. d) Siguiendo las orientaciones de la Conferencia Episcopal Española, “el discernimiento pastoral ha hecho aconsejable utilizar” el itinerario simplificado en tres etapas “cuando una persona ha pedido el Bautismo para contraer matrimonio canónico con un cónyuge católico, o por haberse incorporado a una comunidad cristiana o a un movimiento apostólico. En estas y otras circunstancias parecidas, es conveniente abreviar las etapas preparatorias y pedir al que va a recibir los sacramentos de la Iniciación una continuidad en su formación cristiana dentro de la comunidad o movimiento al que pertenece, o en relación con su cónyuge con el que, por el sacramento del Matrimonio, va a formar como una iglesia doméstica”[53].

 

  1. e) “En circunstancias extraordinarias, cuando el candidato no pueda recorrer todos los grados de la iniciación, o cuando el Ordinario del lugar, juzgando sobre la sinceridad de la conversión cristiana del candidato y sobre su madurez religiosa, dispone que reciba el Bautismo sin dilación, a él le toca permitir, para cada caso en particular, que se use el rito simplificado en el que todo se realiza en una sola ceremonia[54], o dando facultad para tener solamente uno de los dos ritos del catecumenado o del tiempo de la purificación e iluminación”[55].

 

  1. f) “Un adulto que se encuentre en peligro de muerte puede ser bautizado si, teniendo algún conocimiento de las principales verdades de la fe, manifiesta de alguna manera la intención de recibir el Bautismo y promete que observará los mandamientos de la religión cristiana. Al Bautismo seguirá siempre la Confirmación y la Comunión Eucarística (c. 965 § 2 CIC)”[56].

 

 

  1. Itinerario para niños, adolescentes y jóvenes no bautizados en la infancia.

La práctica de bautizar a los párvulos pertenecientes a familias cristianas es una tradición inmemorial de la Iglesia. Exhortamos a los padres cristianos a bautizar a sus hijos al poco de nacer, para no privarles de los grandes dones divinos vinculados al santo Bautismo ya que este “es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el Espíritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos”[57]. La Iglesia que recibió la misión de evangelizar y de bautizar, bautizó ya desde los primeros siglos, no solamente a los adultos, sino también a los niños, y siempre entendió que no se había de privar del Bautismo a los niños. Está atestiguado explícitamente desde el siglo II, como confirma la Tradición de la Iglesia y recoge el Catecismo de la Iglesia Católica[58].

 

Sin embargo, cada vez es más frecuente entre nosotros el caso de niños, entre los siete y doce años, que no habiendo sido bautizados de párvulos, llegados a la edad de discreción y de la catequesis de primera Comunión, solicitan el Bautismo,  ya traídos por sus padres y tutores, ya espontáneamente, pero con su permiso[59]. Lo mismo ocurre, aunque en menor medida en el caso de adolescentes y jóvenes, entre los trece y dieciocho años. “Esta situación a veces puede ser debida al deseo de acomodarse al contexto socio-religioso en el cual nos encontramos y a la tradición religiosa, o bien respuesta a procesos personales de aceptación de la fe fruto de la acción pastoral de la Iglesia”[60]. En todo caso, desde una mirada de fe, esta nueva situación también se manifiesta como un tiempo favorable para el anuncio del Evangelio (cf. 2 Co 6,2).

 

Ante estas peticiones es necesario ofrecerles un verdadero catecumenado, adaptado a su edad, condición y situación. “Se ha de procurar, por tanto, que la Iniciación de estos niños y adolescentes se haga por etapas, jalonándolas con diversos ritos”[61].

 

En nuestra Diócesis se pueden ofrecer dos modalidades de itinerario litúrgico, catequético y espiritual: el itinerario típico por tiempos o etapas y el itinerario simplificado o extraordinario.

 

 

8.1. Itinerario típico por tiempos o etapas

 

Este itinerario se ha de ofrecer siempre que se pueda formar un grupo de niños de  la misma parroquia o de parroquias vecinas de la misma ciudad. Y nunca se ha de privar del mismo a los niños, adolescentes o jóvenes no bautizados que quieran y estén dispuestos a recorrerlo, aunque no se pueda constituir un grupo catecumenal.

 

La Iniciación Cristiana de los niños entre siete y doce años y de adolescentes y jóvenes entre los trece y dieciocho años no bautizados tiene su referencia en el catecumenado de adultos y por ello el modelo es el descrito más arriba como Itinerario típico o completo (7.1), del que deben hacerse las adaptaciones propias para un Catecumenado de niños o de adolescentes y jóvenes, de acuerdo con las indicaciones del Ritual de la Iniciación de los niños en edad catequética[62]. Especialmente habrá que tener presente la gradualidad, que expresa la dimensión maternal de la Iglesia que acoge y acompaña, y la condición de los destinatarios, en concreto, su edad y situación[63]. Su Iniciación, por tanto, desarrolla también durante un proceso adecuado antes de acceder a los sacramentos. En este proceso se distinguen varios tiempos y comporta algunos ritos[64].

 

8.1.1. Los tiempos de este itinerario son cuatro [65]:

 

Precatecumenado, caracterizado por el despertar a la fe y el primer anuncio. “Comienza cuando el niño [o adolescente o joven] se acerca a la parroquia porque manifiesta su deseo de ser cristiano. Ahora se trata de invitarle a seguir un camino en grupo y ayudarle a despertar a la fe, a descubrir el misterio de Dios Padre, revelado en Cristo y la acción del Espíritu, presente en la Iglesia”[66].

 

Catecumenado, destinado a la catequesis integral[67]. Comienza con el Rito de entrada en el Catecumenado, cuando el candidato ha progresado en su conocimiento de Jesucristo y ya es capaz de tomar alguna decisión en favor de Él. Es el tiempo para el itinerario catequético que, teniendo en cuenta el año litúrgico, desarrolla las dimensiones propias de toda catequesis: el anuncio y acogida de la Palabra, la iniciación en el conocimiento de la fe, el aprendizaje y el ejercicio de la vida cristiana, el itinerario ascético-penitencial de la vida del creyente, la celebración litúrgica-sacramental y la participación en la comunidad[68], de acuerdo con el itinerario catequético descrito en el capítulo III de las Orientaciones pastorales para la Iniciación Cristiana de niños no bautizados en su infancia. La duración de este tiempo de Catecumenado deberá prolongarse de manera suficiente y adecuada. De acuerdo con las orientaciones del capítulo V del Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos “se puede introducir, adaptado a la edad de los niños, el rito de las entregas que se usan para los adultos”[69], por ejemplo las del Credo y el Padrenuestro.

 

Iluminación y purificación cuaresmal, para proporcionar una preparación espiritual más intensa a la recepción de los sacramentos de Iniciación[70]. Se sitúa en el momento en el que la fe del niño ha crecido y está próxima la celebración de los sacramentos. Es el tiempo en el que, a través del anuncio de la misericordia de Dios, se descubren las propias limitaciones, el reconocimiento de los propios pecados y la llamada al compromiso personal para seguir a Cristo. Es el momento en el que hay que valorar la idoneidad del catecúmeno para recibir los sacramentos de la Iniciación. El criterio general de “conversión de la mente y de las costumbres, suficiente conocimiento de la doctrina cristiana y sentimientos de fe y caridad”[71], debe ser adaptado a la edad del catecúmeno de tal manera que se tenga en cuenta: el amor a Jesús y el deseo de conocerle más y seguirle; que sepa rezar las oraciones básicas del cristiano; la asistencia regular al camino catequético; alguna práctica en obras de caridad y amor al prójimo; y que progresivamente se sienta miembro pleno de la comunidad cristiana a la que ya pertenece.

 

Mistagogia, señalado por la nueva experiencia de los sacramentos y de la comunidad[72]. La mistagogia durará el tiempo suficiente para que lo aprendido y vivido en las etapas anteriores del Catecumenado pueda llegar a ser saboreado y tome cuerpo en la propia vida.  Su formación en la fe no debe interrumpirse después de la celebración de los sacramentos sino que se orientará hacia un mayor conocimiento de Jesucristo, a una comprensión plena de las Sagradas Escrituras, a una vida de oración y a la celebración de los sacramentos de la Eucaristía y de la Penitencia, y especialmente a la asistencia a la Misa dominical. Su objetivo es familiarizarlos con la gracia recibida en los sacramentos, la vida cristiana y los compromisos de la fe. Es este el momento adecuado para alentar el encuentro con otras personas, grupos, servicios y actividades de la comunidad parroquial, promover la relación con la pastoral escolar, con la pastoral de adolescencia, con centros de formación y movimientos apostólicos.

 

 

8.1.2. Las celebraciones de los ritos y de los sacramentos de Iniciación.

 

Los ritos y celebraciones fundamentales en el catecumenado de niños, adolecentes y jóvenes son: el rito de entrada en el catecumenado; los escrutinios o ritos penitenciales; y la celebración de los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Eucaristía.

 

  1. a) Rito de entrada en el catecumenado[73]. Cuando el niño, adolescente o joven muestra una fe inicial en Jesucristo, lo que supone un primer contacto con el Evangelio, un despertar religioso y un primer anuncio de la fe, tiene lugar su admisión en el catecumenado, mediante el Rito de entrada en el Catecumenado, según el Ritual, en una celebración en la que la comunidad se verá implicada por la oración y el testimonio[74]. El niño, adolescente o joven es acogido en la Iglesia con el signo de la cruz y es admitido a la liturgia de la Palabra, momento en el cual se le hará entrega de los Evangelios[75]. Como en el caso del Catecumenado de adultos, se puede celebrar cualquier día de la semana, preferentemente en Domingo. Los nombres de los candidatos admitidos serán inscritos en el Libro diocesano del Catecumenado, cuya custodia tendrá el Canciller- Secretario General del Obispado.

 

  1. b) Escrutinios o ritos penitenciales[76]. El tiempo de preparación inmediata a la recepción de los sacramentos de Iniciación es el momento oportuno para los ritos penitenciales, cuya finalidad es ayudar a que catecúmenos tomen conciencia de que Dios los ha amado y los ama, pero que ellos no siempre le responden de forma positiva. Téngase por lo menos un rito penitencial, que comprenda el exorcismo y la unción de los catecúmenos o imposición de manos. Estos ritos penitenciales deben realizarse, a ser posible, durante la Cuaresma, siguiendo el Ritual.

 

  1. c) Celebración de los sacramentos de la Iniciación Cristiana[77]. Con la recepción de los sacramentos de Iniciación, culmina el proceso de la Iniciación Cristiana. La celebración de estos sacramentos de Iniciación Cristiana tiene su lugar propio en la Vigilia Pascual, aunque puede hacerse también en los domingos del tiempo Pascual o en otros que se considere oportuno, evitando en todo caso los domingos de Cuaresma ya que forman parte del tiempo de purificación e iluminación. A ser posible se celebrarán en la Catedral o Concatedral, presididos por el Obispo o su Delegado. Siempre deberá convocarse a la comunidad y suscitar la participación de todos, especialmente de la familia, los padrinos y los catequistas.

 

En esta celebración, se usará el Ritual de la iniciación de Niños en edad catequética[78]; no se puede usar el Ritual del Bautismo de Niños (párvulos), pues estos niños, adolescentes o jóvenes ya pueden responder por sí mismos. A diferencia del Bautismo de párvulos, después de la homilía y de la bendición del agua, la comunidad puede hacer su profesión de fe, recitando el Símbolo de los Apóstoles, con el deseo de prestar la debida ayuda a los catecúmenos. Después los candidatos expresan su compromiso de renuncia al mal y al pecado, son ungidos con el óleo de los catecúmenos, si no se ha realizado con anterioridad, y hacen la profesión de fe. Y posteriormente son bautizados y se celebran los ritos explanativos: unción post-bautismal, salvo que a continuación se celebre la Confirmación[79], imposición de la vestidura blanca y entrega del cirio encendido[80]. A continuación tiene lugar la Confirmación, con la imposición de manos, la oración y la unción con el Santo Crisma[81].  Continúa la celebración de la Eucaristía en la que el neófito participa por primera vez[82].

 

 

8.1.3. Duración del itinerario típico y materiales.

 

Este itinerario de Iniciación Cristiana se ha de desarrollar a lo largo de cuatro o cinco años litúrgicos, semejante al tiempo habitual de catequesis de infancia y de adolescencia[83].

 

Después de un tiempo de precatecumenado, dedicado al despertar religioso y al primer anuncio de la fe, se entra en el Catecumenado, centrado en la catequesis propia de la Iniciación Cristiana, de acuerdo con el itinerario catequético descrito en el capítulo III de las Orientaciones pastorales para la Iniciación Cristiana de niños no bautizados en su infancia. Cuando ya esté próxima la celebración de los sacramentos de la Iniciación Cristiana, los catecúmenos celebrarán los ritos penitenciales, con lo que se inicia el tiempo de purificación e iluminación al comienzo de la Cuaresma, que conduce a la Pascua en la cual se celebrarán conjuntamente los sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía. A la celebración de los sacramentos seguirá el tiempo propio de la mistagogía.

 

Los textos de referencia para el desarrollo de los contenidos de la fe serán: la Sagrada Escritura, el Catecismo de la Iglesia Católica, los catecismos Jesús es el Señor  y Testigos del Señor aprobados por la Conferencia Episcopal Española y los materiales catequéticos de apoyo que determine el Delegado Diocesano de catequesis[84].

 

 

8.2. Itinerario simplificado o extraordinario.

 

Este itinerario se ofrecerá cuando el número de niños, adolescentes o jóvenes no bautizados de párvulos no sea suficiente para formar un grupo catecumenal homogéneo para desarrollar el itinerario típico por tiempos o etapas antes descrito, o las circunstancias pastorales no lo estimen conveniente[85].

 

 

8.2.1. El itinerario catequético

 

En los casos citados, los niños, adolescentes o jóvenes no bautizados se incorporarán en el grupo catequético de sus compañeros ya bautizados de catequesis de primera Comunión o de Confirmación. El tiempo de catequesis será el mismo que el de sus compañeros ya bautizados.

 

Cuando el niño, adolescente o joven se acerca a la parroquia porque manifiesta su deseo de ser cristiano y antes de incorporarse al grupo catequético, habrá que ofrecerle el primer anuncio -el kerigma- y ayudarle a despertar a la fe para que muestre una primera adhesión a Jesucristo. Esta circunstancia obliga aún más a revisar el itinerario catequético seguido por los niños, adolescentes o jóvenes ya bautizados, para que responda a los objetivos propios de la Iniciación Cristiana, ofrezca los contenidos fundamentales de un proceso catecumenal y se configure según las diversas etapas y ritos propios del catecumenado.

 

Toda catequesis de Iniciación -también de los niños, adolescentes y jóvenes ya bautizados- debe incluir el conocimiento de la fe, que lleve al encuentro y adhesión personal a Jesucristo y a su Evangelio, el aprendizaje y el ejercicio de la vida cristiana, el itinerario ascético-penitencial de la vida del creyente, la celebración litúrgica-sacramental y la participación en la comunidad para incorporase a su misión. La experiencia nos dice que hemos de cuidar el despertar religioso y hacer el primer anuncio también antes de comenzar la catequesis propiamente dicha  de ‘primera Comunión’ o ‘de Confirmación’, sobre todo si no ha habido catequesis de postcomunión. El proceso de la catequesis de infancia de los niños o de adolescencia ya bautizados debe configurarse y dejarse impregnar de un estilo claramente catecumenal[86].

 

 

8.2.2. La celebración de los ritos y sacramentos de la Iniciación

 

En la Cuaresma del año en que sus compañeros de catequesis van a recibir la primera Comunión o la Confirmación, los niños, adolescentes o jóvenes no bautizados, celebrarán el rito de entrada en el catecumenado[87] y los escrutinios o ritos penitenciales[88] propios del catecumenado. Estos últimos podrían también celebrarlos sus compañeros de catequesis ya bautizados.

 

Los niños no bautizados de párvulos recibirán “el Bautismo y la Eucaristía cuando sus compañeros ya bautizados son admitidos [reciban] a la Primera Comunión, preferentemente un domingo del tiempo de Pascua. Si esto no se considerara oportuno, el niño puede ser bautizado y recibir la Eucaristía en una celebración con este fin, asistiendo también sus compañeros de catequesis. En su día, también podrían participar con todo el grupo en la Misa de la primera comunión.  No deberá conferirse el sacramento del Bautismo de manera rápida u oculta con el fin de seguir con el proceso normal de los bautizados, sino que debe hacerse en la misma celebración en la que participa por primera vez en la Eucaristía. En estas celebraciones no puede utilizarse el Ritual del Bautismo de Niños pues los niños llegados al uso de razón, ya pueden responder por sí mismos.  Por tanto la celebración de los sacramentos de Iniciación deberá seguir los criterios e itinerario que presenta el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos en su capítulo V”[89].  En estos casos, el niño deberá seguir con sus compañeros en el grupo de catequesis para recibir más tarde con ellos el sacramento de la Confirmación.

 

Los adolescentes o jóvenes no bautizados que se han unido a la catequesis de compañeros de su edad ya bautizados recibirán el Bautismo, la Eucaristía y la Confirmación, en la misma celebración en que sus compañeros reciban la Confirmación. Si esto no se considerara oportuno, pueden ser bautizados y recibir la Eucaristía en una celebración con este fin, asistiendo a ella también sus compañeros de catequesis. En su día recibirán con sus compañeros el sacramento de la Confirmación. Tampoco en este caso puede conferirse el sacramento del Bautismo y administrarse la Eucaristía de manera rápida u oculta con el fin de seguir con el proceso normal de los bautizados.

 

En todas estas situaciones siempre deberá consultarse al Obispo diocesano o al Delegado diocesano de catequesis, pues es a ellos a quienes corresponde determinar, por motivos pastorales, la posible separación en el tiempo de la celebración de los sacramentos, mientras se mantenga la unidad orgánica de la Iniciación[90].

 

En la situación de niños, adolescentes y jóvenes de edades diversas a las habituales en la catequesis parroquial, el sentido pastoral del párroco, de acuerdo con el Delegado diocesano de catequesis, establecerá los itinerarios catequéticos más adecuados.

 

 

  1. Las funciones y los ministerios propios del pueblo de Dios

 

Junto al Obispo y sus presbíteros y diáconos se ha de señalar la función importante que todo el Pueblo de Dios tiene en el Catecumenado: la comunidad parroquial, los padrinos, los catequistas, la familia cristiana, los movimientos eclesiales y la escuela católica[91]. La Iniciación Cristiana de los catecúmenos se hace en íntima conexión con toda la comunidad de los fieles[92]. Resaltamos las funciones del padrino, del catequista y de la familia, en especial para los niños sin bautizar. “Ellos darán testimonio de la fe y de la vida cristiana, y así ayudarán a quienes se inician al fortalecimiento de esta vida evangélica y a que avancen en el camino del seguimiento de Jesucristo”[93].

 

9.1. El padrino.

 

“La Iglesia siempre ha otorgado gran importancia en el catecumenado a la figura del padrino o garante del catecúmeno […] . Según una antiquísima tradición la Iglesia no admite a un adulto al Bautismo, sin un padrino, tomado de entre los miembros de la comunidad cristiana. Este padrino le habrá ayudado, al menos, en la última fase de preparación al sacramento, y, después, contribuirá a su perseverancia en la fe y en la vida cristiana”[94] .

 

Sólo se puede tener un padrino o una madrina, o una padrino y una madrina[95]; no pueden serlo ni el padre ni la madre de quien se ha de bautizar[96].  Es necesario que sea elegido por quien va bautizarse, por sus padres o por quienes ocupan su lugar, y, en su defecto, por el párroco; que haya cumplido dieciséis años, que haya recibido los tres sacramentos de la Iniciación Cristiana, que lleve una vida congruente con la fe y la misión que va asumir, que tenga la capacidad y la intención de desempeñarla y no esté incapacitado por el derecho para el ejercicio de la función del padrino[97].  El padrino elegido ha de ser aprobado por el párroco, que es el responsable de verificar que se cumplen las condiciones citadas. En las circunstancias actuales, la misión del padrino quizás podría ser asumida, con más significado y coherencia, por el catequista. En cualquier caso se ha de evitar la ligereza actual en la elección del padrino y se ha de elegir a la persona que realmente pueda y esté dispuesta a acompañar al apadrinado en el crecimiento y perseverancia en la fe y vida cristiana.

 

El padrino interviene y acompaña al candidato, por lo menos, en los últimos ritos del Catecumenado y en la celebración de los sacramentos y en la etapa de la mystagogia[98].

 

 

9.2.  Los catequistas

 

La misión de los catequistas[99] en el itinerario catecumenal tiene verdadera importancia para el progreso de los catecúmenos y el crecimiento de la comunidad . El catequista que acompaña el proceso catecumenal deberá vivir el encuentro personal con Jesucristo, tener un conocimiento de la fe, porque “cuando enseña ha de procurar que su doctrina esté llena del espíritu evangélico”[100], participar en las celebraciones litúrgicas de la comunidad parroquial, especialmente en la Eucaristía dominical, y llevar una vida de oración intensa. Por ello deberán procurar ser auténticos testigos y poseer una honda vinculación eclesial. En el caso de los niños, su acompañamiento será en muchas ocasiones de gran valor para la familia, pues ayudará a los padres a que el niño llegue a profesar la fe y expresarla en la propia vida.

 

 

9.3. La familia en el itinerario catecumenal de los niños.  

 

“En la vida de los niños la familia tiene un papel propio y especialmente importante. Dada la estrecha relación del niño con la familia, su implicación en el itinerario catecumenal ha de presentarse como algo muy recomendable y deseable, por cuya consecución hay que trabajar.

 

La petición del Bautismo deberá contar siempre con el consentimiento de los padres y la disposición para ayudar a los niños a la preparación para el Bautismo en lo que dependa de ellos. A lo largo de todo el itinerario catecumenal se les deberá ayudar a descubrir las consecuencias de este consentimiento. Será recomendable y deseable que los padres conozcan y participen en el proceso de fe y de preparación a los sacramentos de Iniciación que los hijos están viviendo y se vayan abriendo espacios en la familia a la oración asidua y a la escucha de la Palabra de Dios.

 

Por encontrarnos a menudo con situaciones familiares diversas, la comunidad cristiana y sus responsables deberán ejercer, en muchos casos, un mayor discernimiento y una amplia acción de acompañamiento”[101].

 

 

  1. Inscripción de los catecúmenos y neófitos.

 

Las personas que sean admitidas al Catecumenado en cualquiera de los itinerarios previstos serán registrados en el Libro de Catecúmenos de la Cancillería-Secretaría General del Obispado de Segorbe-Castellón. A este fin, el párroco en cuya parroquia se ha producido la admisión al Catecumenado lo comunicará sin demora a la Cancillería-Secretaría General del Obispado.

 

La recepción de los sacramentos de la Iniciación Cristiana por los catecúmenos será comunicada a la Cancillería-Secretaría general del Obispado, quien a su vez comunicará al párroco donde tenga su domicilio el neófito la recepción de dichos sacramentos para su inscripción en el Libro parroquial de Bautismos, de Confirmación y de primera Comunión, siempre que no se hayan celebrado en la parroquia del domicilio del neófito. En este caso, el párroco del lugar de celebración de los sacramentos, procederá a su inscripción en el Libro de Bautismos, de Confirmación y de primera Comunión, así como la anotación marginal de la recepción de la Confirmación en el Libro de Bautismos; así mismo lo comunicará a la Cancillería-Secretaría General del Obispado para dejar constancia en el Libro de Catecúmenos.

 

 

  1. Preparación para la Confirmación (y la Eucaristía) de los adultos bautizados, mayores de dieciocho años.

Cada vez es más frecuente el caso de adultos bautizados mayores de dieciocho años que solicitan la Confirmación bien porque desean completar su Iniciación Cristiana como respuesta a procesos personales de fe, o bien porque desean contraer matrimonio y acogen la invitación de sus párrocos de recibir la Confirmación antes de celebrar el matrimonio. En la mayoría de los casos se trata de bautizados que durante años han vivido alejados de la Iglesia y de la práctica de la fe, con escasa o nula instrucción catequética. Su condición difiere de los catecúmenos, puesto que ya han sido incorporados al misterio de Cristo y a la Iglesia por el Bautismo. “Por tanto, su conversión se funda en el Bautismo ya recibido, cuya virtud deben desarrollar después”[102].

 

Como en el caso de los catecúmenos, la preparación de estos adultos requiere un tiempo prolongado, al menos de un curso pastoral, “para que la fe infundida en el Bautismo pueda crecer, llegar a la madurez y ser grabada plenamente por medio de la formación pastoral que se les proporciona; y conviene que su vida cristiana sea confirmada por la oportuna enseñanza que se les propone, por la catequesis adecuada a ellos, por el trato con la comunidad de los fieles y por la participación en algunos ritos litúrgicos”[103].

 

“El desarrollo ordinario de la catequesis generalmente corresponderá al orden propuesto a los catecúmenos; pero al proponerla el sacerdote, el diácono o el catequista tenga presente la peculiar condición de estos adultos que ya han recibido el Bautismo”[104]. Esta catequesis debe incluir el primer anuncio -el kerigma-, que les ayude a su adhesión personal a Jesucristo, el conocimiento de la fe, el aprendizaje y el ejercicio de la vida cristiana, que lleve a la conversión, el itinerario ascético-penitencial de la vida del creyente, la celebración litúrgica-sacramental y la participación en la comunidad para incorporase a su misión.

 

“Como a los catecúmenos, también a estos adultos debe ofrecer la comunidad de los fieles su ayuda con caridad fraterna y con la oración y dando testimonio de su idoneidad cuando hayan de ser admitidos a los sacramentos”[105]. En el tiempo de su formación cada uno de ellos elige, con la aprobación del párroco, un padrino o una madrina, que habrá de cumplir las condiciones para ser padrino[106] y que tendrá para con él los mismos deberes que el padrino para su catecúmeno. El padrino elegido puede ser el que lo fue del Bautismo, con tal de que realmente sea capaz de cumplir este oficio.

 

“Para significar la acción de Dios en esta obra de preparación, sería muy oportuno emplear algunos de los ritos propios del catecumenado, que respondan a la condición especial de estos adultos y a su provecho espiritual, como son las «entregas» del Símbolo, de la Oración dominical y también de los Evangelios”[107].

 

La catequesis deberán adaptarse de modo conveniente al año litúrgico, especialmente su última parte, que generalmente se combinará con la Cuaresma, porque este período del año es muy a propósito para las ceremonias penitenciales que preparan para la celebración del sacramento de la Penitencia[108].

 

El vértice de toda la formación será generalmente la Vigilia pascual o la Vigilia de Pentecostés, presididas ambas por el Obispo, en la cual los adultos profesarán su fe bautismal, recibirán el sacramento de la Confirmación y participarán de la Eucaristía. Si no se pudiera administrar la Confirmación en la misma Vigilia pascual por ausencia del Obispo o del ministro extraordinario de la Confirmación, debe conferirse cuanto antes, y, si es posible, durante el tiempo pascual[109].

 

Finalmente estos adultos completarán su formación cristiana, y perfeccionarán su inserción en la comunidad, viviendo el tiempo de la “mystagogia”.

 

Por todo ello, los Párrocos deberán comunicar al Delegado diocesano de catequesis las solicitudes de confirmación de adultos bautizados mayores de 18 años, tan pronto les sean presentadas. El Delegado diocesano de catequesis les ofrecerá indicaciones concretas sobre el proceso catecumenal a seguir y los materiales apropiados.

 

 

  1. La admisión a la plena Comunión con la Iglesia Católica de los ya bautizados válidamente deberá ser solicitada al Obispo por escrito por el candidato, que vendrá avalado por un escrito del sacerdote que lo presente. El Delegado diocesano de catequesis especificará la documentación necesaria a adjuntar y ofrecerá las indicaciones concretas acerca del modo de proceder[110].

 

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SIGLAS

 

AG                  Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto sobre la acción misionera de la                         Iglesia             Ad gentes (1965).

CCE                Catecismo de la Iglesia Católica (1992).

CD                  Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto sobre el oficio pastoral de los                           Obispos en la Iglesia Christus Dominus (1965).

CIC                 Código de Derecho Canónico (1983).

DGC               Congregación para el Clero, Directorio General para la Catequesis                                    (1997).

IC                   LXX Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, La                                   Iniciación Cristiana. Reflexiones y orientaciones (noviembre de 1998)

LG                  Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia                                     Lumen Gentium (1964).

OPC                LXXVIII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española,                                Orientaciones pastorales para el catecumenado (marzo de 2002)

OPICN           LXXXIII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española,                                Orientaciones pastorales para la Iniciación Cristiana de los niños no                                bautizados en su infancia (noviembre de 2004).

RICA              Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos (1972).

[1]    Cf. OPC, 7; cánones 788 § 2; 851 § 1 CIC.

[2]    CCE, 1248.

[3]    DGC, 91.

[4]    AG, 14.

[5]    Cf. CCE 1233, 1248; RICA obs. previas 19; c. 788 § 1 CIC; DGC 89.

[6]    OPC, 7.

[7]    CCE, 1212.

[8]    Cf. RICA, Observaciones previas 20, 44, 66.

[9]    Cf. c. 864 CIC.

[10]   “Las disposiciones de los cánones sobre el bautismo de adultos se aplican a todos aquellos que han

salido de la infancia y tienen uso de razón” (c. 852 CIC), es decir, a partir de los siete años de edad.

[11]    Cf. OPC, 9.

[12]    Cf. OPC, 10; CD 14; DGC 56. IC 9 y 12.

[13]    Cf. LG 14.

[14]    Cf. OPC, 11; cf. DGC 91; 256.

[15]    Cf. OPC, 12; RICA obs. prv. 4. 9-40; IC 24-31; DGC 85-89.

[16]    Cf. RICA obs. prv. 9-11; DGC 88.

[17]    OPC, 13.

[18]    Cf. RICA, 50 y 68.

[19]    Cf. ibidem.

[20]    Cf. RICA 68-96.

[21]    Cf. c. 788 § 1 CIC.

[22]    Cf. OPC, 14.

[23]    RICA, 98.

[24]    Cf. RICA obs. prv 21-25; 181; IC 122.

[25]    Cf. RICA, 133-151.

[26]    RICA, 134.

[27]    OPC, 15.

[28]    OPC, 16; cf. RICA 37-40.

[29]    Canon 788 § 2 CIC.

[30]    Cf. DGC 94 -118; OPC 18.

[31]    OPC, 19;

[32]    IC,121.

[33]    OPC, 20.

[34]    OPC, 21; cf. DGC 86.

[35]    OPC, 22.

[36]    Cf. RICA, 12.

[37]    Cf. RICA, 68-72.

[38]    RICA 133-151.

[39]    Cf. RICA 152-191; Obser. previas 52.

[40]    Cf. RICA 193-207; IC 122.

[41]    OPC, 23; cf. IC 45-47.

[42]    Cf. RICA, 208-234.

[43]    Cf. IC, 123.

[44]    IC, 118

[45]    RICA, 241.

[46]    Cf. RICA, cap. II; 240-277.

[47]    Cf. IC, 123.

[48]    Cf. 7.1.1. d).

[49]    Cf. RICA, 274-277; IC, 117.

[50]    Cf. IC, 117.

[51]    Cf. IC, 117-119; OPC, 25.

[52]   IC,. 114.

[53]   IC, 114.

[54]   Cf. RICA, 245-273.

[55]   OPC, 26.

[56]   OPC, 27.

[57]   CCE 1213.

[58]   Cf. OPICN, 3.

[59]    Cf. OPC, 29.

[60]    OPICN, 8.

[61]    IC 136.

[62]    Cf. RICA 306-363.

[63]    Cf. RICA 307.

[64]    Cf. OPICN, 32.

[65]    Cf. OPICN,  33.

[66]    OPICN, 35.

[67]    Cf. OPICN, 36.

[68]    Cf. OPCIN, 55.

[69]    RICA 312.

[70]    Cf. OPICN, 37.

[71]    RICA 23.

[72]    Cf. OPICN, 38.

[73]    Cf. RICA 314-329; OPICN, 39.

[74]    Cf. las indicaciones del RICA, 314-315.

[75]    Cf. RICA 328.

[76]    Cf. RICA 330-342; OPICN, 40.

[77]    Cf. RICA 343-368; OPICN, 41-43.

[78]    RICA, cap. V.

[79]    Cf. RICA 358.

[80]    Cf. RICA 359-360.

[81]    Cf. RICA 361-365.

[82]    Cf. RICA 366-368.

[83]    Cf. OPICN, 46.

[84]    Cf. OPICN,  27.

[85]    Cf. OPICN, 51.

[86]    Cf. OPICN, 52.

[87]    Cf. RICA 314-329.

[88]    Cf. RICA 330-342.

[89]    OPICN, 54.

[90]    Cf. OPICN, 55.

[91]    El desarrollo de estas responsabilidades está también recogido en OPC 35-38 y en OPICN, 18-22.

[92]    Cf. AG 14d; RICA 41.

[93]    OPICN, 16.

[94]    OPC, 38.

[95]    Cf. canon 873 CIC: “Téngase un solo padrino o una sola madrina, o uno y una”.

[96]    Cf. canon 874 § 1, 5º CIC: “no sea el padre o la madre de quien se ha de bautizar”.

[97]    Cf. RICA, Observaciones generales, 9- 10; c. 874 § 1 CIC.

[98]    Cf. RICA, Observaciones previas, 43.

[99]    Cf. OPICN, 21.

[100]   Cf. RICA 48.

[101]    OPICN, 22.

[102]    RICA, 295.

[103]    RICA, 296.

[104]    RICA, 297.

[105]    RICA, 298; cf. RICA, Observaciones previas, nn. 4, 19 § 2, 23.

[106]    Cf. más arriba el número 9.1.

[107]    RICA, 302.

[108]    Cf. RICA, 303.

[109]    Cf. RICA, 304

[110]    Cf. RICA, Apéndice. Ritual de la admisión a la plena comunión con la Iglesia Católica de los ya bautizados válidamente, 2, 5, 7, 8, 9, 10, 13.

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