Sobre los ataques en Egipto: “Después del martirio, viene la Resurrección”

ENTREVISTA – Jesús De Salvador, Miembro del Consejo Asesor de la UNESCO, profesional del Derecho y Director técnico del Instituto de Estudios Estratégicos e Internacionales de la UCV.

 

El pasado 9 de abril, Domingo de Ramos, el pueblo cristiano egipcio sufrió dos ataques terroristas que, simplemente, están a la cola de otras muchas embestidas que el ISIS golpea contra esta comunidad en sus templos y propiedades. A raíz de esto, el presidente Abdelfatá Al Sisi ordenó el despliegue militar para proteger centros vitales del país y decretó el estado de emergencia durante los próximos tres meses. Jesús De Salvador, entendido del panorama egipcio actual, nos sitúa en contexto.

 

¿Cuáles son las causas de la persecución a los cristianos en Egipto?

El Estado Islámico está llevando a cabo una doble ofensiva. En primer lugar, contra el Estado musulmán, y en segundo lugar, contra los judíos y cristianos, a los que considera apóstatas y herejes. Al fin y al cabo, atacar aquellas confesiones religiosas fuera del islam riguroso sunita, por eso los cristianos se están viendo tan atacados. Particularmente, en Egipto se está produciendo, por parte del gobierno de Al Sisi, un intento de moderar la visión del Corán, que los musulmanes evolucionen e intenten ser lo más compatible posible a un estado secular. Claro, para aquellos que tienen una visión extremista del islam, eso es imposible de aceptar, y lo atacan.

¿Desde cuándo los coptos están perseguidos?

Desde el principio, con los primeros emperadores romanos como Dioclesiano en el siglo III y por el califato fatimí en el siglo XI, que llegó a destruir tres mil Iglesias en Egipto. En tiempos modernos, a finales del siglo XX, el incremento de la radicalización de los Hermanos Musulmanes (ya que en su inicio no era radical ni violento), el terrorismo de Al Qaeda y ahora el Estado Islámico (ISIS) han sido y son los protagonistas de esta persecución.

¿El cambio de gobierno, motivado por la Primavera árabe, influyó en esta persecución?

Yo digo que pasó a ser de la Primavera árabe al Invierno yihadista. Esas revueltas árabes estuvieron motivadas por la carencia de alimentos y falta de futuro de generaciones muy jóvenes que ante las crisis y la dificultad de emigrar y prosperar se vieron en un callejón sin salida. La Primavera árabe, desde la perspectiva occidental, parecía que iba a ser un salto a la democracia y a las libertades, pero para dar ese salto hacen falta muchos factores culturales, sociales y económicos. Pero eso fue un sarampión de revueltas. Ahora ha habido un florecimiento del yihadismo, radicalismo, regímenes que han desaparecido que eran malísimos como Gadafi y Assad – y que ahora hay algunos que echan de menos porque dentro de su maldad mantenían un cierto orden – y resulta que los que los han sustituido o los quieren sustituir aun son peores.

¿Existe un problema cuando en una sociedad se mezclan política y religión?

Desde la perspectiva occidental, yo creo que no, pero esta es una visión eurocentrista y occidentalista. Nosotros tenemos un concepto secular de Estado, la religión es el faro que guía nuestra vida, privada y pública. Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. El primero que separa lo político de lo religioso es Jesucristo. Pero nosotros hemos compatibilizado la vida religiosa con la político-pública, con un Estado aconfesional y normas de derecho político, cosa que no ocurre en el islam. En el mundo musulmán tradicional, la comunidad política y religiosa es lo mismo. No ha habido ese proceso de secularización, no ha habido una diferencia clara entre líder político y líder religioso, el califa es rey y líder religioso, con lo cual tienen esa gran dificultad en distinguir una cosa con la otra. Y además, tiene otro hándicap. Nuestra religión tiene una Teología y un Papado, frente a las cuales pueden haber discusiones, controversias, diálogos, ecumenismo, etc., y la Iglesia va adaptándose. Ellos no tienen Teología, no tienen un Primado, ni un Papado. Hay múltiples, líderes, escuelas e ideologías, con lo cual, es una religión ‘costumbre’, es una manera de vivir, no hay una Teología, por tanto, es más dificultosa esa evolución, porque durante toda su existencia ha habido momentos en los que parecía de florecimiento y evolución, pero entonces llegaba otra corriente involucionista, de retroceso, y como les resulta difícil separar lo político de lo religioso, es complicado progresas hacia  estructuras políticas parecidas a Occidente y a Europa.

¿Hay intereses comerciales detrás de estos conflictos?

Siempre, en todas las relaciones internacionales, los países se mueven por dos factores: intereses y fuerza. El que tiene intereses concretos y fuerza impone sus deseos internacionales, y el que tiene poca fuerza, aunque tenga intereses, no tiene nada que hacer. Hay países que tienen muchos intereses en ciertas zonas, como por ejemplo con el tema de hidrocarburos, la Doctrina Carter, que decía que allá donde los americanos tuviesen necesidad de petróleo, intervendrían. Los rusos, por su parte, también están muy implicados en la zona de Oriente Medio, en Siria concretamente, porque allí tienen la única base naval del Mediterráneo, y necesitan a Siria de escala, por tanto Rusia apoya a Bashar al-Ásad. Nosotros, por ejemplo, no podríamos funcionar sin el canal de Suez. Valencia es uno de los principales puertos de mercancías del Mediterráneo, y dejaría de serlo inmediatamente si el canal de Suez se cortase, vamos, el puerto moriría. Para nuestros intereses, un régimen estable en Egipto y que permita el tráfico de mercancías a lo largo del canal  es vital para nuestra economía valenciana.

¿Qué deberían hacer los cristianos en Egipto?

Primero, como cualquier comunidad perseguida, volver al convencimiento de que Dios es nuestro Salvador, y hacerse fuerte en los principios cristianos. En estas fechas de Semana Santa vemos que después del martirio viene la Resurrección, la sangre de los mártires traerá las vocaciones del día de mañana. En primer lugar, el aspecto  espiritual, porque sin fe no hay nada. Y después, organizarse. Intentar apoyar, junto con las demás fuerzas islámicas, a secularizar el país, y buscar el apoyo internacional y el de todos los cristianos.

¿Crees que somos conscientes y estamos involucrados en esta situación?

La gente sabe que el panorama es complicado, que el general Al Sisi ha llegado por medios democráticamente no lícitos, por un golpe. Pero no se le presiona excesivamente porque es un muro de contención frente al radicalismo y a los yihadistas. Si te fijas, Egipto no sale prácticamente en las noticias si no es por un atentado triste como este ha sido. Es un país que tiene una gran crisis e intenta estabilizarse. Pero la cuestión no es si la gente es consciente, sino si existen intereses o no en esa zona, y si tengo capacidad y potencia fundamentalmente militar y económica para ayudar a resolver el problema. Son dos cosas: mis intereses y mis capacidades. Todos decimos, cuando hay una masacre, que hay que ayudarles, pero eso significa poner muertos y dinero. Y a ver qué país está dispuesto a poner soldados que pueden morir y gastarse el dinero de impuestos en ir a la guerra.

¿Qué soluciones puede aportar el mundo occidental?

Como cristianos, tenemos que involucrarnos más, no estamos tan comprometidos. A nivel de Iglesias particulares, deberíamos poner en práctica más iniciativas para apoyarnos, porque no puede ser que los cristianos, por llevar la cruz de Cristo, sean masacrados. A nivel de sociedad, con apoyo económico e institucional. Existen otras organizaciones, de otros grupos sociales, que cuando alguno de los suyos es atacado, enseguida se movilizan, se concentran en embajadas, y nosotros somos excesivamente pasotas. Eso no puede ser, deberíamos compartir en la distancia ese sufrimiento de nuestros hermanos cristianos en Egipto. También manifestar el interés que tenemos todos en que esta situación se solucione, apoyar a las autoridades y ver cómo – de la mejor manera – se puede auxiliar a los regímenes de esa zona para que, aunque nuestros sistemas políticos sean distintos, respeten los derechos y libertades: los derechos civiles, la libertad de religión… Y que poco a poco vayan alcanzando la prosperidad.

 

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