Mari Carmen Alfonso, Hermana de la Consolación en Eslovaquia: “Descubrí que la única razón de mi existencia era vivir por Dios  y para Dios”

Mari Carmen Alfonso pertenece a la Congregación de Hermanas de Ntra. Sra. de la Consolación, es de Onda, aunque lleva casi 10 años en la ciudad eslovaca de Žilina, en el norte del país.

¿Cómo conociste a las Hermanas de la Consolación?, ¿Por qué elegiste el carisma de Consolar?

Conozco a las hermanas desde muy pequeña, ya que estudié en nuestro colegio, y allí María Rosa Molas se convirtió en alguien muy cercano para mí, en alguien que alentaba y empujaba mi vida a ser mejor y a amar más. Fui a los grupos del COM (etapa juvenil), me comprometí como monitora, y poco a poco el Carisma de la Consolación se convirtió en un estilo de vida, un ideal y una necesidad urgente que veía y experimentaba, tanto en mí como en los otros. Sencillamente… era el mío.

¿Hermana de la Consolación?, ¿Por qué una decisión así?

En la universidad estudié Trabajo Social, y allí pude acercarme más a la pobreza y al sufrimiento de la gente, tuve momentos de crisis en los que las respuestas eran pocas, y solo las pude encontrar en Dios. Después de una Pascua, el sentido de mi vida cambió, y poco apoco fui profundizando en este nuevo mirar y vivir desde una esperanza y confianza en Dios y en el hombre.

Tras la Jornada Mundial de la Juventud de Roma comprendí en mi interior que en mi vida faltaba algo, me sentía tan llena de Dios y de los otros (familia, amigos…), que no podía más que darlo todo para que otros también puedan conocer lo que yo había descubierto. Y aunque me costó bastante dar el paso descubrí que la única razón de mi existencia era vivir por Dios  y para Dios.

¿Qué significa para ti ser hermana de la Consolación?, ¿Cómo vives tu vocación hoy?

Actualmente estoy en Eslovaquia, llevo casi 10 años aquí, acercándome a la realidad de la gente de la calle y con la misión de Consolar a esta gente, lo que no es nada fácil. Todo lo que he vivido hasta ahora hace descalzarme para escuchar el grito de los que, por circunstancias de la vida y malas elecciones, se encuentran en las encrucijadas del abandono, de la soledad, de la dependencia, de la falta de esperanza, de la pérdida de un horizonte mejor.

Para mí, ser hermana hoy  es caminar y acercar al Dios del Consuelo a estas realidades concretas, porque sólo Él es el que da sentido, y llena de esperanza y caridad nuestros gestos y palabras.

¿Qué les dirías hoy a los jóvenes?

 

Que tengan grandes ideales, que no se cansen de luchar por un mundo mejor, que no se cansen de soñar y que confíen en ese Dios de la Consolación que nos ayuda, nos alienta, y nos enseña a mirar, a entender, a acoger y a amar como Él…, porque  siguiéndole a Él somos la mejor versión de nosotros mismos.

 

 

 

 

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