Las residencias de mayores vinculadas a la Iglesia reciben las primeras visitas de familiares después de un confinamiento sin casos de covid-19

Todos a salvo. Los más de 200 mayores que viven en las cinco residencias vinculadas con la Iglesia no han lamentado ninguna infección de coronavirus gracias a la prontitud de reacción de las instituciones. Algunas incluso tomaron medidas antes de la declaración del estado de alarma. Con la entrada en la fase 2, se permiten de nuevo las visitas de familiares y estos días están adaptando los protocolos para que se dé el reencuentro. Ancianos y familias lo esperan con ilusión; el personal, con prudencia y responsabilidad.

Sesiones de gimnasia durante el confinamiento en la residencia sacerdotal Familia de Nazaret

Desde el 1 de junio, con el avance de la desescalada, la casa sacerdotal Familia de Nazaret volvió a permitir que los siete presbíteros mayores pudieran salir a pasear. Quedaban atrás dos meses de confinamiento que por las características de los residentes han sido muy intensos, en especial durante la Semana Santa: “Celebramos los oficios en la capilla y fue muy bien. Como unos ejercicios espirituales”, declara su director, Joaquín Esteve, que también organizó sesiones de gimnasia en la terraza. Siguiendo las necesarias medias de prudencia, ahora también se reciben visitas y se retoman los servicios a sacerdotes externos.

En la residencia de Cáritas en Burriana, los preparativos para acoger las visitas han sido accidentados: se habían dispuesto dos pérgolas en el jardín pero la tormenta del jueves 4 las echó a perder. De todos modos el lunes que viene, 8 de junio, vuelven a abrir las puertas a los familiares. “Tenemos una mezcla de sentimientos: por una parte alegría pero también prudencia porque aquí los cuidamos mucho, pero no sabemos cómo previenen los que vengan del exterior”, admite Patricia Marcos, directora del centro, haciendo una llamada a la responsabilidad de todos.

Dos residencias vinculadas a parroquias

Residencia mons. Fernando Ferris, en Onda.

Nules y Onda cuentan con dos residencias vinculadas a las parroquias: Mons. Fernando Ferris y Virgen de la Soledad. En la primera, Vita Villa, gobernante del centro, explica que los mayores llevaron bien el confinamiento, y que junto con las medidas de precaución todos se confiaron a la oración: “Como nos decía Domingo Galindo, párroco de la Asunción de Nuestra Señora, hemos rezado a la Virgen Milagrosa y al Santísimo, y nos han protegido”, asegura con fe. Para Pentecostés, el 31 de mayo, ya se volvió a celebrar la Misa para los residentes en la capilla, y desde el miércoles 3 de junio se reciben visitas: “Es un alivio que se vuelvan a ver, y al mismo tiempo duro por respetar las distancias y no poderse tocar, pero es lo único que podemos hacer ahora para evitar contagios”.

En la Virgen de la Soledad de Nules se anticiparon a las medidas de sanidad para restringir el acceso de personas ajenas a la residencia. El contacto entre mayores y sus familiares se mantuvo a través de videollamadas, y cuando ya se entró en la fase 2 la junta directiva decidió prepararse para reencontrarse presencialmente a partir del jueves pasado: “Como que el centro está en el antiguo calvario de la población, hemos aprovechado la valla y las visitas se hacen alrededor suyo para preservar la seguridad de los residentes”, explica Vicente B. Alagarda, vicepresidente de la Junta.

En Castellón, la residencia Mare de Déu del Lledó de las Hermanitas de las Ancianos Desamparados han previsto un acceso y espacio específicos para las visitas a partir del lunes 8 de junio: se entrará por donde está instalado el tradicional belén, y se acondicionarán 3 o 4 salas para los reencuentros, ha explicado la madre Lucía, superiora de la comunidad. Además también se han asignado días para cada uno de los departamentos (mujeres o hombres válidos, y mujeres o hombres asistidos) para evitar aglomeraciones.

Las condiciones impuestas por las autoridades sanitarias autonómicas pasan por definir horarios fijados, fijar citas previas, medidas de higiene, cuestionarios a los familiares y tomas de temperatura al entrar, además de las perceptivas mascarillas y lavado de manos y suelas de calzado. En muchas residencias se limitan los encuentros a media hora, para facilitar la rotación de familias. Todo con el objetivo de mantener el éxito de no haber tenido ningún contagio y, al mismo tiempo, dando la posibilidad de recuperar estas visitas tan importantes para los residentes.

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