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La Inmaculada en nuestro Adviento

Queridos diocesanos:

Apenas comenzado el Adviento celebramos la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, que tan arraigada está en toda nuestra Diócesis. En este día celebramos una verdad fundamental de nuestra fe católica; a saber, que María, por haber sido elegida por Dios para ser la Madre del Salvador fue preservada de toda mancha del pecado original y de todo pecado desde el instante mismo de su concepción.

La Virgen fue agraciada con dones a la medida de la misión tan importante para la que había sido elegida. María es la “llena de gracia” (Lc 1, 28), una plenitud de gracia y de amor de Dios que ella abraza con fe, con una total disponibilidad y entrega de su persona a Dios: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38). Ella creyó en las palabras del Ángel y respondió con palabras de total entrega a Dios. Así, con su fe y su amor, la Virgen colabora desde el principio de manera totalmente singular con la obra redentora de su Hijo para restablecer la vida de unión y amistad de toda la humanidad con Dios, germen de fraternidad entre los hombres. Por esta razón, la Virgen es nuestra madre en el orden de la gracia, asociada para siempre a la obra de la redención. Ella es el fruto primero y más maravilloso de la redención realizada por su Hijo, Cristo Jesús.

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Mons. Vives Sicília: “Vengo a Vila-real como un ‘Purisimero’ más, a postrarme ante María Inmaculada para pedirle su Gracia”

Las Hijas de María Inmaculada, más conocidas como “Purisimeras”, han celebrado esta mañana del domingo 9 de diciembre la fiesta principal de su Congregación. La jornada ha arrancado en la Iglesia Arciprestal de San Jaime a las 10:30 con la Misa solemne de las Congregantes, en la que el Ilustrísimo Monseñor Joan-Enric Vives Sicília, copríncipe de  Andorra y Obispo de Seo de Urgel, ha manifestado que ha venido a Vila-real “como un Purisimero más, a postrarme ante María Inmaculada y a pedirle su Gracia, de la que Ella está llena, su bendición por mi diócesis de la Seo de Urgel y el Principado de Andorra, pero también para todos vosotros: por mi querido Obispo Casimiro López Llorente, sus sacerdotes y diáconos, para todos los religiosos y consagrados de esta querida Diócesis de Segorbe-Castellón y a todos los laicos y laicas que vivís vuestra condición de hijos e hijas de María Inmaculada”. Monseñor Vives Sicília ha develado que se siente “un poco valenciano también porque mi abuela era de Lucena del Cid, y no hace tanto que fui a rezar a la pila bautismal donde fue bautizada. Por tanto es un gozo estar aquí, dejándose llevar por este pequeño tsunami de amor a la Virgen que son las fiestas de María Purísima en Vila-real”. Leer más

El novenario de la Inmaculada dinamiza la parroquia de La Vall d’Alba

El miércoles 29 la parroquia de San Juan Bautista de La Vall d’Alba inició un novenario de preparación a la fiesta de su patrona, la Inmaculada Concepción. Durante nueve días se implican los diversos colectivos parroquiales como los enfermos, las familias o los niños. En la primera jornada la iglesia acogió una ofrenda de flores y la vuelta del Cristo del cementerio que la Diputación ha restaurado a través del Servicio de Restauración (foto).

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La Inmaculada, signo de esperanza

Queridos diocesanos:

Un año más nos disponemos a celebrar la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la santísima Virgen María, particularmente querida en nuestro pueblo cristiano. En la Madre de Jesús, primicia de la humanidad redimida, Dios obra maravillas, colmándola de gracia y preservándola de toda mancha de pecado.

En Nazaret, el ángel llama a María “llena de gracia”: estas palabras encierran su singular destino, pero también, en sentido más general, el de todo hombre y mujer. La “plenitud de gracia”, que para María es el punto de partida, es la meta para todos los hombres. Como afirma el apóstol Pablo, Dios nos ha creado “para que seamos santos e inmaculados ante él” (Ef 1, 4). Por eso, nos ha “bendecido” antes de nuestra existencia terrena y ha enviado a su Hijo al mundo para rescatarnos del pecado. María es la obra cumbre de esa acción salvífica; es la criatura ‘toda hermosa’, ‘toda santa’.

A todos, independientemente de sus circunstancias, la Inmaculada nos recuerda que Dios nos ama de modo personal, que Dios quiere únicamente nuestro bien y nos sigue constantemente con un designio de gracia y misericordia, que alcanzó su culmen en el sacrificio redentor de Cristo.

La vida de María nos remite a Jesucristo, único Mediador de la salvación, y nos ayuda a ver nuestra propia existencia como un proyecto de amor, en el que es preciso cooperar con responsabilidad. María es modelo de la llamada y también de la respuesta. En efecto, ella dijo ‘sí’ a Dios al comienzo y en cada momento sucesivo de su vida, siguiendo siempre y plenamente su voluntad, incluso cuando le resultaba oscura y difícil de aceptar. María responde al amor de Dios hacia ella con su fe confiada y su entrega total a Dios. “He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según palabra” (Lc 1,38).

María vive toda su existencia desde la verdad de su persona, que ella descubre sólo en Dios y en su amor. La Virgen es consciente de que ella es nada sin el amor de Dios, y que la vida humana sin Dios solo produce vacío en la existencia. Ella sabe que la raíz de su existencia no está en sí misma, sino en Dios; ella sabe que está hecha para acoger el amor y para darse por amor. Por ello vivirá siempre en Dios y para Dios. En María, Dios dice Sí a la humanidad, y ella dijo Sí a Dios. María, aceptando su pequeñez, se llena de Dios, y se convierte así en madre de la libertad y de la dicha. Por su fe, María es modelo de fe para todos. Dichosa por haber creído, María nos muestra que la fe y la vida en Dios es nuestra dicha y nuestra victoria, porque “todo es posible al que cree” (Mc 9, 23).

En María la misma humanidad comienza a decir sí a la salvación que Dios le ofrece con la llegada del Mesías. La Purísima es así Buena Noticia para la humanidad. En ella. Dios, dador de amor y de vida, irrumpe en la historia humana. Dios no deja a la humanidad aislada y en el temor. Dios busca al hombre y le ofrece vida y salvación. Dios nos ama de modo personal, Él quiere sólo nuestro bien y nos busca con su designio de gracia y misericordia.

En un mundo con miedo y sin esperanza ante el futuro, la Inmaculada es signo de esperanza. En un contexto social que invita a prescindir de Dios en la vida, María Inmaculada nos llama a abrir nuestro corazón al misterio de Dios y a acogerlo con fe. Solo en Dios y en su amor está la verdad del hombre. Sólo en Dios lograremos desarrollar lo mejor que hay en nosotros.

Con mi afecto y bendición,

 

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón