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Domund: Cambia el mundo

Queridos diocesanos

Octubre es el mes misionero por excelencia. Su momento central es la Jornada del Domund, el Domingo Mundial de la Misiones, que este año celebramos el día 21 de octubre. Organizada por las Obras Misionales Pontificias (OMP), esta Jornada quiere promover el compromiso de los cristianos para que el anuncio del Evangelio llegue a todos los ámbitos del mundo, junto con el cambio y la promoción social que conlleva. Este día debería servir para renovar y potenciar nuestro recuerdo agradecido, nuestra oración sincera y nuestro compromiso solidario con tantos misioneros y misioneras, que, siguiendo la llamada del Señor, lo han dejado todo y entregan su existencia para que la Buena Nueva resuene en todos los continentes. Son muchas y, en algunos casos extremas las carencias y necesidades materiales de los misioneros en el cumplimiento de su tarea evangelizadora y promotora del desarrollo completo de las personas, en especial de los más pobres.

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Un nuevo sacerdote por gracia de Dios

 

Queridos diocesanos:

El curso recién comenzado nos está regalando con buenas noticias en nuestra Iglesia diocesana que son motivos para la alegría y la esperanza. Entre otras cosas cabe citar la gozosa Jornada de inicio del curso pastoral, la lluvia de gracias a las parroquias de la Llosa y Chilches con motivo de la visita de la ‘Peregrina’ –la Virgen de los Desamparados- o la apertura de una comunidad de las Hermanas de la Sagrada Familia de Nazaret en Benicasim, que se dedicarán a la pastoral familiar. Leer más

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Carta del Obispo a los jóvenes con motivo del Sínodo de Obispos

Queridos diocesanos, queridos jóvenes:

Escribo esta carta en la Fiesta de Santa Teresa del Niño Jesús. Esta joven, carmelita descalza en Lisieux, murió a los 25 años y sin salir del convento, vivió y entregó su vida para que el amor de Dios llegase a todos. Por ello la Iglesia la declaró Patrona de las Misiones. “En el corazón de la Iglesia, mi madre, yo quiero ser el amor”: así entendió Teresita su vocación y su misión, la razón de su vida y de su existencia.

Durante este mes de octubre –mes misionero extraordinario- se está celebrando en Roma el Sínodo sobre “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”; es un tiempo de gracia, que nos ofrece la oportunidad de comprender mejor, a la luz de la fe, lo que el Señor Jesús os quiere decir a los jóvenes y, a través de vosotros, a nuestras comunidades cristianas. Como Teresita, cada cristiano, y en especial los jóvenes cristianos estamos llamados a ponernos a la escucha del Señor, para descubrir nuestra vocación y misión. Él nos llama a ser discípulos misioneros suyos. Cada uno está llamado a reflexionar sobre su misión en esta vida. “Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo” (EG, 273). Leer más

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El sínodo de los jóvenes

Queridos diocesanos:

El próximo día tres de octubre comienza el Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes. Se trata de un Sínodo ordinario, es decir de los que se celebran cada dos años. Desde su inicio con el papa Pablo VI han desfilado por los Sínodos temas como evangelización, la catequesis, la familia, los laicos, los sacerdotes, la predicación de la Palabra de Dios o la celebración de la Eucaristía. En esta ocasión versará sobre una cuestión que preocupa seriamente a la Iglesia: los jóvenes. Que la Iglesia apuesta por los jóvenes está claro; solo hay que ver las Jornadas Mundiales de la Juventud y otros encuentros que tenemos a nivel diocesano o parroquial. Pero hay que hacerlo con mayor intensidad y convicción. Los jóvenes son la generación no sólo del futuro sino también del presente de la Iglesia y, al menos entre nosotros, la impresión general es que la Iglesia es cada vez más para personas mayores.

El papa Francisco nos ha recordado que anunciar la alegría del Evangelio es la misión que el Señor ha confiado a su Iglesia. En su Exhortación Apostólica Evangelii gaudium nos indica cómo llevar a cabo esta misión en el mundo de hoy. Los dos Sínodos extraordinarios  sobre la familia y la Exhortación Apostólica Post-sinodal Amoris laetitia se han dedicado al acompañamiento de las familias hacia esta alegría. Como continuación de este camino, a través de este nuevo sínodo sobre “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, la Iglesia quiere preguntarse cómo acompañar a los jóvenes para que reconozcan y acojan la llamada al amor y a la vida en plenitud; y quiere también pedir a los mismos jóvenes que la ayuden a identificar los modos más eficaces de hoy para anunciar la Buena Noticia. A través de los jóvenes, la Iglesia podrá percibir la voz del Señor que resuena también hoy. Escuchando sus aspiraciones podemos entrever el mundo del mañana que se aproxima y las vías que la Iglesia está llamada a recorrer (cf. Documento preparatorio).

Se trata de un Sínodo sobre los jóvenes, para los jóvenes y con los jóvenes. La Iglesia quiere y ha de estar cerca de los jóvenes y escucharles. De hecho, los jóvenes han intervenido en su preparación mediante sus respuestas a las encuestas específicas para ellos. El documento final del encuentro de 300 jóvenes de todo el mundo en el Vaticano –al que se unieron otros quince mil por internet- ha entrado a formar parte del Instrumentum laboris, o documento de trabajo previo a las sesiones sinodales. Aquí hay ya pistas para nuestra pastoral juvenil aquí y ahora. Los jóvenes manifiestan que quieren ser escuchados con empatía, desean compartir su existencia cotidiana con sus gozos y esperanzas, con sus problemas y dificultades y desean que sus opiniones sean tenidas en cuenta; los jóvenes buscan sentirse parte activa de la Iglesia, sujetos y no meros objetos de evangelización; quieren ser escuchados porque la escucha es la primera forma de lenguaje verdadero y audaz. Los jóvenes piden además ser acompañados a nivel espiritual, formativo, familiar, vocacional. Acompañar no es dirigir, sino ayudar al joven a decidir en verdad, con libertad y responsabilidad. Este acompañamiento no es una opción sino un deber eclesial y un derecho de todo joven que sirve para formar su conciencia y su libertad, para cultivar sus sueños pero también para dar pasos concretos en las estrecheces de la vida. Y en este marco el papel de la familia es central y sigue representando una referencia privilegiada en el proceso de desarrollo integral de la persona. Los jóvenes piden ser ayudados en el discernimiento que les haga capaces de reconocer los tiempos de Dios y no desaprovechar sus inspiraciones y su invitación a crecer. Discernimiento que es un don y riesgo porque no es inmune al error, pero enseña a los jóvenes la disponibilidad a asumir decisiones que cuestan.

El tema central del sínodo es el acompañamiento de los jóvenes en su discernimiento vocacional, para que reconozcan y acojan la llamada de Dios al amor y a la vida en plenitud. No se puede reducir el tema de la vocación al sacerdocio o a la vida consagrada. De hecho cada joven tiene su vocación, es decir su llamada que puede ser expresada en varios ámbitos: sacerdocio, vida consagrada, matrimonio y familia, laicado, profesión, política, etc. Esta es la certeza básica: Dios ama a cada uno, y a cada uno dirige personalmente una llamada al amor, que es la vocación, y a la plenitud del amor, que es la santidad. Es un regalo que, cuando se descubre, llena de alegría (cfr. Mt 13, 44-46).

Oremos todos en estos días por el buen desarrollo y por los frutos del Sínodo,

Con mi afecto y bendición,

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

La enseñanza religiosa escolar

Queridos diocesanos:

Con el inicio del nuevo curso escolar, miles alumnos de colegios e institutos están recibiendo la enseñanza de la Religión y Moral católica. También muchos de los alumnos de 2º de Bachillerato han podido optar por la clase religión a última hora, haciendo uso del derecho que les asiste y que les había sido hurtado por la administración. Felicito a los padres que han elegido un año más está asignatura para sus hijos haciendo uso de su derecho fundamental a educar a sus hijos conforme a sus convicciones religiosas y morales. Es un derecho fundamental reconocido por nuestra Constitución (art. 27, 3) y anterior a la misma.

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La adoración eucarística, fuente de vida para la Iglesia

Castellón de la Plana, 16 de septiembre de 2018

La adoración eucarística, fuente de vida para la Iglesia

Queridos diocesanos:

Acabamos de comenzar un nuevo curso pastoral centrado en la Eucaristía, fuente, centro y cima de la vida y misión de la Iglesia, de nuestras parroquias y de cada cristiano. La celebración del 125º Aniversario  de la sección de la Adoración Nocturna Española de Artana nos ofrece la oportunidad y nos pide hablar de la adoración eucarística.

Después de un tiempo de malentendidos, en nuestra Iglesia diocesana se va recuperando la adoración eucarística personal y comunitaria. Durante la reforma litúrgica, a menudo la Misa y la adoración eucarística se vieron como opuestas entre sí; según algunos, el Pan eucarístico nos lo habrían dado no para ser contemplado, sino para ser comido; su reserva en el Sagrario era sólo para ser llevado a los enfermos, no para ser adorado. El Papa Benedicto XVI nos dijo que esta contraposición entre comunión eucarística y adoración no tiene sentido en la tradición de la Iglesia; porque, en palabras de san Agustín, “nadie come esta carne sin antes adorarla; pecaríamos si no la adoráramos”. Existe un lazo intrínseco entre la celebración de la Eucaristía, la comunión y la adoración en y fuera de la Misa (cf. SC 66). Y, el papa Francisco nos acaba de recordar “que la presencia real de Cristo en el Pan consagrado no termina con la misa… la eucaristía es custodiada en el tabernáculo para la comunión para los enfermos y para la adoración silenciosa del Señor en el Santísimo Sacramento; el culto eucarístico fuera de la misa, tanto de forma privada como comunitaria, nos ayuda de hecho a permanecer en Cristo” (Audiencia general, 4.04.2018).

En la celebración de la Eucaristía, el pan y el vino se convierten por las palabras de la consagración en el Cuerpo y la Sangre de Jesús. Él se nos da en comida en la comunión y Él se queda permanentemente presente en la sagrada Forma. En la comunión, Él mismo se nos da en comida para unirse a nosotros, para atraernos hacía sí, para transformarnos en Él. Este encuentro nuestro con el Señor, esta unión y unificación con Cristo sólo puede realizarse en adoración. Recibir la Eucaristía significa adorar a Aquel a quien recibimos; es decir, reconocer que Dios es nuestro Señor, que Él nos señala el camino que debemos tomar, que sólo vivimos bien si acogemos y seguimos el camino indicado por él. Este aspecto de sumisión a Dios, de acogida y reconocimiento de Él, prevé una relación de unión, porque Aquel a quien reconocemos y acogemos como nuestro Señor, Camino, Verdad y Vida es Amor. En efecto, en la Eucaristía la adoración debe convertirse en unión: unión con el Señor vivo y después con su Cuerpo místico. Sólo en la adoración puede madurar una acogida profunda y verdadera de Dios.

En la sagrada Hostia, el Señor se queda permanentemente entre nosotros con su humanidad y divinidad. Jesús está en el sagrario no por sí mismo, sino por nosotros, porque su alegría es estar con los hombres. Él nos espera, y pide y merece nuestra adoración. Jesús se queda en la Eucaristía no sólo para ser llevado a los enfermos, sino para estar con nosotros, para seguir derramando su Amor y su Vida. La Eucaristía contiene de un modo admirable al mismo Dios. La presencia permanente del Señor en el santísimo Sacramento es el verdadero tesoro de la Iglesia, su tesoro más valioso. En el sagrario, Dios está siempre accesible para nosotros. Sólo adorando su presencia aprendemos a recibirlo adecuadamente, aprendemos a comulgar, aprendemos desde dentro la celebración de la Eucaristía. La adoración del Santísimo Sacramento es como el “ambiente” espiritual dentro del cual la comunidad puede celebrar bien y en verdad la Eucaristía. Para expresar su pleno significado y valor, la celebración de la Eucaristía ha de ir precedida, acompañada y seguida de esta actitud interior de fe y de adoración.

Busquemos estar con el Señor, presente realmente en la Eucaristía, en el sagrario. Ahí podemos hablar de todo con él. Podemos presentarle nuestras peticiones, nuestras preocupaciones, nuestros problemas, nuestras alegrías, nuestra gratitud, nuestras decepciones, nuestras necesidades y nuestras esperanzas. Permaneciendo ante el Señor-Eucaristía en adoración y contemplación, disfrutamos de su trato personal, nos dejamos empapar y modelar por su amor, le abrimos nuestro corazón, le rogamos por nuestra Iglesia, por su unidad, vida y misión, por los sacerdotes y las vocaciones al sacerdocio, o le pedimos por la paz, la justicia y la salvación del mundo. Ahí podemos repetirle constantemente: “Señor, envía obreros a tu mies. Ayúdame a ser un buen obrero en tu viña”.

Con mi afecto y bendición,

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

 

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Actividades en tiempo de vacaciones

Queridos diocesanos:

Los meses de verano se asocian normalmente a las vacaciones. La economía actual marca a las personas, que están en edad laboral y gozan de buena salud, una clara distribución de su calendario en tiempos de ocupación laboral y en tiempos de descanso y de vacación. No olvidemos, sin embargo, que no todo el mundo tiene la oportunidad de gozar de vacaciones. Leer más