Carta del Obispo ante una nueva profanación de la Eucaristía

A todos los fieles cristianos de Segorbe-Castellón, en especial a la comunidad parroquial de Torás  

Queridos todos:

Con gran dolor os tengo que comunicar que el 12 de abril, a primeras horas de la mañana, descubrimos que habían entrado y robado en la iglesia parroquial de Torás. En el transcurso del robo fue sustraído del Sagrario también el Santísimo Sacramento. De lo todo que se hayan podido llevar esto es lo que más duele e importa.

Leer más

Imagen Cartas 320x200

Ante el Año Jubilar Vicentino

Queridos diocesanos:

Como ya se ha anunciado, el 5 de abril del próximo año de 2019 se cumple el VI Centenario de la muerte de san Vicente Ferrer. Para preparar la celebración de esta efeméride, los Obispos de la Comunidad Valenciana por concesión de la Santa Sede hemos convocado un Ano Jubilar, desde el 9 de abril de este año hasta el 29 de abril de 2019.

San Vicente Ferrer, patrono de la Comunidad Valenciana, es un gran santo, un gran evangelizador y un apóstol incansable de la unidad y la paz. Su devoción se halla extendida por los numerosos lugares que recorrió en Europa a lo largo de su vida. También en nuestra Diócesis, numerosos templos, ermitas, capillas, altares, imágenes y cuadros nos recuerdan la huella que dejó en su periplo de apostolado y predicación por muchos de nuestros pueblos y que aún mantienen viva la memoria de su paso, de su predicación y de sus milagros. Leer más

Imagen Cartas 320x200

¡Cristo ha resucitado!

Queridos diocesanos:

Un año más, en la mañana del Domingo de Pascua de resurrección resuena el anuncio antiguo y siempre nuevo: “¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!”. Es la Pascua de la Resurrección del Señor, es el paso de Jesús a través de la muerte a la Vida gloriosa. Cristo Jesús ya no está en la tumba, en el lugar de los muertos. Su cuerpo roto, enterrado con premura el Viernes Santo ya “no está aquí”, en el sepulcro frío y oscuro, donde las mujeres lo buscan al despuntar el primer día de la semana. Cristo ha resucitado. El Ungido ya perfuma el universo y lo ilumina con nueva luz.

¡Cristo ha resucitado! Esta es la gran verdad de nuestra fe cristiana. Aquel, al “que mataron colgándolo de un madero” (Hech 10, 39) ha resucitado verdaderamente, triunfando sobre el poder del pecado y de la muerte. Ante quienes niegan la resurrección de Cristo o la ponen en duda hay que afirmar con fuerza que la resurrección de Cristo es un acontecimiento histórico y real que sucede una sola vez y una vez por todas: El que murió bajo Poncio Pilato, éste y no otro, es el Señor resucitado de entre los muertos: Jesús vive ya glorioso y para siempre. La resurrección de Jesús no es fruto de una especulación o de una experiencia mística, ni una historia piadosa o un mito; es un acontecimiento que sobrepasa la historia, pero que sucede en un momento preciso de la historia dejando en ella una huella indeleble. La luz que deslumbró a los guardias encargados de vigilar el sepulcro de Jesús ha atravesado el tiempo y el espacio. Es una luz diferente, divina, que ha roto las tinieblas de la muerte y ha traído al mundo el esplendor de Dios, el esplendor de la Vida, de la Verdad y del Bien.

La Pascua de Cristo es la verdadera fuente de Vida y de Salvación de la humanidad. Si Cristo, el Cordero de Dios, no hubiera derramado su Sangre por nosotros y no hubiera resucitado, no tendríamos ninguna esperanza: la muerte y la nada sería inevitablemente nuestro destino final. Y el pecado, la división, el odio, el egoísmo, la avaricia y el poder del más fuerte tendrían sin remedio la última palabra en la vida de los hombres. Pero no: la Pascua ha invertido la tendencia en la historia de la humanidad: aunque tantas veces parezca que triunfa la mentira y el mal, la resurrección de Cristo es una nueva creación: es la nueva savia, capaz de regenerar toda la humanidad. Y por esto mismo, la resurrección de Cristo da fuerza y significado a toda esperanza humana, a toda expectativa, a todo deseo y proyecto de cambio y de progreso verdaderamente humanos. La última palabra en la historia de la humanidad, en la historia de cada uno ya no la tienen ni la muerte, ni el pecado, ni el mal ni la mentira, sino la Vida, la Verdad y la Belleza de Dios.

Todo bautizado participa ya por el Bautismo de la muerte y resurrección del Señor: por el Bautismo ha muerto al pecado y ha entrado en la Vida nueva del Resucitado; todo bautizado está llamado a vivir en la vida nueva de los Hijos de Dios. Todo bautizado si quiere ser de verdad cristiano está llamado a dejarse encontrar y trasformar personalmente por el Resucitado, para seguir a Jesucristo y a dar testimonio de la salvación en Cristo, a llevar a todos el fruto de la Pascua, que consiste en una vida nueva, liberada del pecado y restaurada en su belleza originaria, en su bondad y verdad. Así lo hicieron los primeros discípulos del Señor. Y desde entonces, a lo largo de dos mil años, los santos han fecundado continuamente la historia con la experiencia viva de la Pascua.

Vivamos también hoy los cristianos con alegría, fidelidad y radicalidad el misterio pascual difundiendo su fuerza renovadora en todas partes. Será el mejor testimonio de nuestra fe en la resurrección de Cristo; será también nuestra mejor contribución a la regeneración profunda que necesita nuestra sociedad, que ha de basarse en una conversión espiritual y moral, si se quiere superar la profunda crisis actual en que está inmersa.

Cristo ha resucitado, está vivo y camina con nosotros. Caminemos con la mirada puesta en el Cielo, fieles a nuestro compromiso en este mundo para que la Vida de Resucitado llegue a todos.

Feliz Pascua de Resurrección para todos.

Con mi afecto y bendición,

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Imagen Cartas 320x200

La Semana más grande del año

Queridos diocesanos:

Para los cristianos, la semana más grande del año es la Semana Santa. La llamamos ‘santa’ porque está santificada por los acontecimientos que conmemoramos en la liturgia y mostramos en las procesiones y en las representaciones de la pasión. Durante estos días, la Iglesia celebra los misterios de la salvación actuados por Cristo en los últimos días de su vida en esta tierra: su pasión, muerte y resurrección. Al celebrarlos, la Iglesia y los cristianos somos santificados y renovados. Leer más

Carta de Mons. López Llorente sobre la Apertura del Año Jubilar Vicentino

Castellón de la Plana, 21 de marzo de 2018

 

 

Al Pueblo de Dios de Segorbe-Castellón: sacerdotes, diáconos, religiosos y seglares

 

Queridos diocesanos:

El 5 de abril del próximo año 2019 se cumple el VI Centenario de la muerte de san Vicente Ferrer. Para preparar la celebración de esta efeméride de este gran santo valenciano y una de las glorias más señeras de la Comunidad Valenciana, los Obispos de las Diócesis de la Comunidad Valenciana hemos declarado un Año Jubilar Vicentino, que comenzará el día 9 de abril de este año y concluirá el día 5 de abril de 2019. Además la Santa Sede nos ha concedido la gracia de poder ganar la Indulgencia Plenaria en las condiciones acostumbradas, en las iglesias relacionadas con san Vicente Ferrer. Y para resaltar la importancia de San Vicente Ferrer para nuestras Diócesis, los Obispos de Valencia, Orihuela-Alicante y Segorbe-Castellón hemos decidido que el día 9 de abril de este año, en que celebramos su fiesta, sea fiesta de precepto en nuestras Diócesis con la obligación de participar en la Santa Misa.

Leer más

Carta del Obispo a los fieles de Segorbe-Castellón sobre la Santa Misa Crismal

Castellón de la Plana, 12 de marzo de 2018

SANTA MISA CRISMAL

A todos los fieles cristianos de Segorbe-Castellón:

sacerdotes, diáconos, religiosos y laicos

 Amados todos en el Señor Jesús:

Cercana ya la Semana Santa os invito un año más a todos a la Santa Misa Crismal que celebraremos, D.m., el próximo día 26 de marzo, Lunes Santo, a las 11:00 de la mañana en la Santa Iglesia Basílica Catedral de la Diócesis en Segorbe.

Leer más

Imagen Cartas 320x200

Acercarse al Sacramento de la Penitencia

Queridos diocesanos:

La Cuaresma es un tiempo propicio para la conversión de vida a Dios y para dejarse reconciliar con Dios. Como en el caso del hijo pródigo, Dios está esperando siempre a que regresemos a la casa del Padre, sale a nuestro encuentro y nos ofrece el abrazo del perdón amoroso mediante la Iglesia en el Sacramento de la Penitencia. Quien conoce la profundidad del amor de Cristo y de la misericordia del Padre, siente la insuficiencia de sus respuestas, el dolor por la propia infidelidad al amor de Dios y la urgencia de conformarse cada vez más con la caridad de Cristo. Leer más

Imagen Cartas 320x200

Jornada de Adoración eucarística y de Confesión

Queridos diocesanos:

En su mensaje para la Cuaresma, el Papa Francisco nos invita a “emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración”, y nos recuerda que “el hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos, para buscar finalmente el consuelo en Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida”. “Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar de nuevo”. Una ocasión propicia para ello será la Jornada ‘24 horas para el Señor’, a la que el Papa nos invita de nuevo este año celebrando el sacramento de la Confesión en un contexto de adoración eucarística. Leer más

Imagen Cartas 320x200

Renovar el compromiso de conversión a Dios

Queridos diocesanos:

La llamada apremiante de Jesús a la conversión no ha dejado de sonar desde aquel “primer” discurso suyo hasta nuestros días. “Convertíos y creed en el Evangelio”: así comienza Jesús su predicación según el Evangelio de San Marcos (1,15).

Puede que la llamada a la conversión nos resulte tan conocida que la escuchemos con indiferencia. Puede que nos hayamos instalado de tal modo en un estilo de vida alejado de Dios, de Jesucristo y de su Evangelio, que ya no sintamos necesidad de conversión, porque ya no sentimos necesidad de Dios. A veces nos quejamos de la dificultad de perseverar en la fe y vida cristiana en un ambiente social y cultural indiferente e incluso hostil al cristianismo. Es cierto que este ambiente favorece y promueve la incredulidad, la indiferencia religiosa, el abandono de la fe y de la práctica cristiana. Pero el enfriamiento y alejamiento de la fe y vida cristianas de muchos no son consecuencia de corrientes sociales o culturales. Entre sus causas más profundas está la falta de una fe personal y viva en Dios, de modo que Él sea de verdad el centro de la vida de los cristianos. Leer más