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Amar al migrante y refugiado

Queridos diocesanos:

En este curso pastoral, dedicado a la caridad y a la justicia social, hemos de prestar especial atención a los migrantes y los refugiados. Dios nos llama a abrir nuestro corazón a su amor para dejarnos transformar y poder así ser signos eficaces de su amor, ofrecido en Cristo. Dios quiere llegar a todos; quienes acogen el abrazo amoroso del Padre quedan trasformados en manos que se abren a otros para que también ellos experimenten la cercanía amorosa de Dios: sea quien fuere, en este abrazo fraterno debe saberse amado como hijo de Dios y sentirse ‘en casa’ en la única familia humana.

Con este deseo celebraremos la Jornada Mundial de los migrantes y refugiados, el domingo, día 27. Nuestra Iglesia diocesana, sus miembros y sus comunidades, estamos llamados a celebrar esta Jornada e invitados a participar en la Misa en la Concatedral de Santa María de Castellón, a las 19:00 horas. Es una celebración no sólo para los migrantes y refugiados, sino para toda nuestra Iglesia diocesana.

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Amar a los encarcelados

Queridos diocesanos:

El próximo jueves, 24 de septiembre, celebramos la fiesta de Ntra. Sra. de la Merced, patrona de las instituciones penitenciarias. Este año, debido a la pandemia de la Covid-19, no me podré acercar a una de las prisiones para celebrar la santa Misa y compartir un tiempo con los internos, capellanes, voluntarios y funcionarios. No obstante, no puede faltar nuestro recuerdo afectuoso y agradecido para todos ellos en el día de su patrona, máxime en un curso pastoral, que dedicamos a la caridad y la justicia en la vida y misión de nuestra Iglesia diocesana.

Nuestra presencia como Iglesia y nuestro servicio pastoral en los dos centros penitenciarios de Castellón tienen su raíz y fundamento en las palabras de Jesús: “venid, benditos de mi Padre… porque estuve en la cárcel y me visitasteis” (Mt 25, 34.36). Jesús se identifica en este pasaje evangélico con los encarcelados: “cuando lo hicisteis con uno de estos mis pequeños hermanos, conmigo lo hicisteis”. Ya la Iglesia primitiva muestra su preocupación por los encarcelados compartiendo su sufrimiento (Hb 13,3).

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La caridad y la justicia en la comunidad cristiana

Queridos diocesanos:

Nos disponemos a iniciar un nuevo curso pastoral con la ya acostumbrada Jornada diocesana; será el próximo 19 de septiembre, por la mañana, en nuestro Seminario diocesano Mater Dei. Lo hacemos en momentos de incertidumbre y de mucha preocupación ante la pandemia del Covid-19. En esta situación ponemos nuestra confianza en el amor de Dios, manifestado en Jesucristo, del que nada ni nadie nos podrá separar (cf. Rom 8,39). Sabemos, con la certeza que nos da la fe, que el Señor resucitado está presente y actuante por la fuerza del Espíritu Santo en medio de nosotros. Dios nos ama y nunca abandona a la humanidad ni la barca de su Iglesia.

También y precisamente en esta situación de crisis sanitaria, con sus graves consecuencias económicas, laborales, sociales y políticas, nos apremia el amor de Cristo que nos llama a evangelizar. Hoy como ayer, el Señor Jesús nos envía a anunciar, celebrar, vivir y testimoniar con alegría y esperanza la buena Noticia del amor de Dios; y con mayor compromiso, si cabe, en estos momentos de especial dificultad. Esta misión es lo que nos identifica como cristianos, como parroquias y comunidades cristianas, y como Iglesia diocesana.

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Carta del Obispo con motivo de la Jornada Diocesana de apertura del Curso Pastoral

Castellón de la Plana, 5 de septiembre de 2020

 

A todo el Pueblo de Dios de Segorbe-Castellón:

sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y seglares

 

Amados todos en el Señor Jesús:

Después del descanso de verano, nuestras parroquias y comunidades eclesiales, los movimientos, asociaciones, cofradías y grupos, los arciprestazgos, las delegaciones y otros servicios diocesanos van retomando su actividad. Como Iglesia diocesana queremos iniciar el nuevo curso como en años anteriores con una Jornada de oración y reflexión que tendrá lugar el próximo día 19 de septiembre en el Seminario diocesano Mater Dei en Castellón.

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Nuestros mayores, una riqueza para todos

Queridos diocesanos y, en particular, queridos abuelos:

En la festividad de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María, el día 26 de julio, celebramos desde hace unos años “el día de los abuelos”. Felicito de corazón a los abuelos y las abuelas. E invito a todos a tener en este día un recuerdo muy especial para ellos y para todos nuestros mayores. Se merecen nuestro afecto, reconocimiento y agradecimiento: de hijos y familias, de la sociedad y de nuestra Iglesia. Es un día propicio para rendirles nuestro homenaje y mostrarles nuestra sincera gratitud por su testimonio callado y su compromiso sacrificado.

Nuestros mayores deben sentirse y poder ser protagonistas en las familias, en la sociedad y en la Iglesia. No representan solo el pasado; forman parte de nuestro presente y con ellos contamos para construir el futuro. El Papa Francisco nos recuerda que “un pueblo que no respeta a los abuelos, no tiene futuro, porque no tiene memoria”. Ellos son custodios de sabiduría, de valores y de bondad, y atesoran la “riqueza de los años”, que es la riqueza de las personas, de cada persona que tiene a sus espaldas muchos años de vida, experiencia e historia. Porque la vida es un regalo de Dios, y cuando es larga es un privilegio, para uno mismo y para los demás.

Los mayores, sin embargo, son a menudo marginados. Hoy día, los mayores muchas veces no cuentan, son aparcados y vistos como una carga. En una sociedad que valora sólo la utilidad y lo joven, se olvida la “sabiduría del corazón” que representan los años. Y esta sociedad se vuelve desagradecida precisamente con aquellos que más se lo merecen porque han contribuido con su trabajo a la construcción de la misma; así lo hemos visto y sufrido durante esta pandemia. El agradecimiento a nuestros mayores es un acto de justicia: debemos reconocerles su dedicación, sus sacrificios y sus cuidados para con los hijos, la sociedad y la Iglesia. El respeto y el cariño hacia nuestros mayores debería ser algo connatural a nuestra sociedad. Nuestros mayores no pueden ser arrinconados ni olvidados.

Los padres, a causa de su trabajo, encomiendan con frecuencia a los abuelos el cuidado de los niños. Los abuelos hacen las funciones de padres con todo su amor y dedicación: atienden y educan a sus nietos con ternura para que descubran la vida sin traumas; les ayudan en todo lo que pueden, mejorando aquellas cosas, que saben que han de hacer de otra manera, para evitar los errores que tuvieron con sus propios hijos. Por todo esto y por mucho más creemos que los abuelos se merecen un sitio especial en los corazones de los hijos, en la familia y en la sociedad.

Y también en nuestra Iglesia. Hemos de cambiar nuestros hábitos pastorales para responder al creciente número de personas mayores en nuestras comunidades. En la Biblia, la longevidad es una bendición. Nos recuerda nuestra fragilidad, nuestra dependencia mutua, nuestros lazos familiares y comunitarios, y, sobre todo, nuestra filiación divina. Dios Padre nos da tiempo para profundizar en nuestra intimidad con Él, para entrar más y más en su corazón y entregarnos a Él. Así nos prepararemos para entregar un día nuestro espíritu en sus manos, con la confianza de los niños.

Pero la ancianidad es también un tiempo de renovada fecundidad. También en la debilidad de los años, el Señor puede y quiere escribir nuevas páginas de santidad, de servicio, de oración. No nos cansemos de proclamar el Evangelio a los mayores. Hemos de salir a las calles de nuestras parroquias y buscar a los ancianos que viven solos. La vejez no es una enfermedad, es un privilegio. La soledad puede ser una enfermedad, pero con caridad, cercanía y consuelo espiritual podemos curarla.

Los abuelos y los mayores tienen hoy una impor­tancia capital en la di­fícil tarea de la educación en la fe y su transmisión a las generaciones más jóvenes. En una sociedad secularizada, las actuales generaciones de padres no tienen, en su mayoría, la formación cristiana y la fe viva que los abuelos pueden transmitir a sus nietos. Son el eslabón indispensable para educar a los niños y a los jóvenes en la fe. Ellos son uno de los componentes vitales de nuestras parroquias. No sólo son personas a las que estamos llamados a ayudar y proteger para custodiar sus vidas, sino que pueden ser actores de una pastoral evangelizadora, testigos privilegiados del amor fiel de Dios.

Queridos abuelos: Gracias por vues­tra tarea. Tratad de seguir respondiendo con gene­rosidad a lo que el Señor os en­comienda. El Señor cuenta con voso­tros. La Iglesia os lo agradece sinceramente. Y vuestros nietos os lo agradecerán.

 

Con mi afecto y bendición,

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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Jornada por los afectados por la pandemia

Queridos diocesanos:

Como Iglesia diocesana hemos recordado ya de modo especial a todos los fallecidos en nuestra diócesis a causa de la pandemia del Covid-19 con sendos funerales. Fueron celebraciones de oración al Padre Dios por el eterno descanso de los fallecidos y por el consuelo de los familiares, aún doloridos por las circunstancias en que murieron y tuvieron que ser enterrados muchos de sus seres queridos. Durante todo este tiempo toda la Diócesis ha rezado por ellos y lo seguirá haciendo.

Acogiendo ahora la propuesta de la Conferencia Episcopal y unidos a la Iglesia en España, nos disponemos a celebrar la Jornada por los afectados por la pandemia. Lo haremos en todas las parroquias e iglesias el domingo, día 26 de julio, fiesta de san Joaquín y santa Ana, los padres de la Virgen María. Queremos así recordar a todos a los afectados de algún modo por la pandemia, no sólo a los fallecidos. En verdad, todos la hemos sufrido de alguna manera, aunque algunos de modo más dramático.

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La Virgen del Carmen, estrella en la pandemia

Queridos diocesanos:

Un año más nos disponemos a celebrar la Fiesta de la Virgen del Carmen. La devoción a María bajo esta advocación está muy extendida en nuestra Iglesia diocesana, sobre todo en las parroquias del litoral. La gente de la mar la honran como su Patrona. Si el Consell no suprime la prohibición -limitadora de un derecho fundamental y discriminatoria-, de hacer actos de culto y, por tanto, procesiones en la vía pública, nos tocará celebrar esta fiesta en el interior de los templos. Pero no por ello será menos intensa, sino que debería ser, si cabe, aún más viva.

En estos momentos, todos necesitamos sentir la presencia amorosa de la Madre, que nunca nos abandona, y suplicar su protección ante esta pandemia, que tanto está afectando también al trabajo y a la economía de la gente del mar. A ella la miramos y le pedimos que sea la Estrella, que nos guie en este tiempo de crisis global y de desconcierto personal y social.

Recordemos que el origen de la devoción a la Virgen del Carmen está en el monte Carmelo, el monte sagrado que el profeta Elías convirtió en signo de fidelidad al Dios único y en lugar de encuentro entre Dios y su pueblo (cf. 1R 18,39). Como el profeta Elías, “abrasado de celo por el Dios vivo”, así también los ermitaños cristianos se refugiaron durante las cruzadas en las grutas de aquel monte y formaron la familia religiosa del Carmelo. El Monte Carmelo se convirtió en signo de la protección de Dios y del camino hacia Él.

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Conducir bien, conducir con responsabilidad

Queridos diocesanos:

Cada primer domingo de julio celebramos la Jornada de responsabilidad en el tráfico ante su aumento por el comienzo de las vacaciones y cercana la fiesta de San Cristóbal, patrono de los conductores y también de la ciudad de Castellón.

Es una buena tradición que, en muchos pueblos y ciudades, se junten los transportistas y conductores para celebrar la Eucaristía en honor de su santo y patrono y para bendecir los vehículos. En muchas ocasiones sigue el almuerzo en familia o con los amigos. Este año, seguramente la celebración será distinta, debido a la pandemia del coronavirus y a la actual crisis laboral y económica, que afecta de lleno al transporte. Son muchas las empresas de transportes de personas, bienes y servicios que luchan y se manifiestan por su supervivencia; y son muchas las familias de conductores y transportistas afectadas por la crisis; algunas están ya pasando necesidad. Tengámoslo muy presente en este día de su patrono. Por parte de nuestra Iglesia contad por supuesto con nuestra oración, pero también con nuestro apoyo a través de nuestras cáritas y del fondo diocesano.

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En comunión con el Papa, sucesor de Pedro

Queridos diocesanos:

 

El próximo lunes, día 29 de junio, celebramos la festividad litúrgica de San Pedro y San Pablo. Simón fue el primero entre los discípulos que confesó a Cristo como Hijo de Dios vivo, y por ello fue llamado Pedro. Pablo, convertido a la fe en su encuentro con Cristo camino de Damasco, fue el apóstol de los gentiles y predicó a Cristo crucificado a judíos y griegos. Ambos, con la fuerza de la fe y del amor a Jesucristo, anunciaron el Evangelio en Roma, donde en tiempo del emperador Nerón sufrieron el martirio. Los dos son columnas de la Iglesia y heraldos del Evangelio.

Entre los doce Apóstoles, testigos directos de la vida y, sobre todo, de la resurrección de Jesús, elegidos y enviados por Él mismo para ser sus testigos y evangelizar en su nombre, Pedro tiene por voluntad expresa de Jesús un puesto especial. Jesús le eligió y puso a la cabeza del grupo de los doce Apóstoles, sobre el que fundó su Iglesia; a Pedro le confió la misión de ser el apoyo firme de la fe y de la vida de sus discípulos. Jesús le dijo: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16,18) y “yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos” (Lc 22, 32). Los Apóstoles le reconocieron esta  función de presidencia en el grupo. Después de ascender Jesús al Cielo, Pedro presidía la vida y las actividades de los Doce. Pedro es testigo, fundamento y roca firme de la fe de todos los creyentes: él es la piedra sobre la que Jesús construye su Iglesia, el fundamento de la unidad en la fe y vida de toda la comunidad de los creyentes.

Después de anunciar el Evangelio en Jerusalén, Pedro marcha a Antioquia, y después a Roma. Será su primer Obispo. Roma era el centro del mundo conocido. Situarse allí era la manera de manifestar la universalidad del Evangelio de Jesús y de impulsar la difusión de la fe cristiana por todo el mundo. Hay testimonios muy antiguos de que los Obispos de todo el mundo se sentían vinculados a la tradición cristiana de Roma. La huella de Pedro ha dado a la Iglesia romana el papel de ser referencia para todas las demás Iglesias, garantía de la autenticidad y de la unidad católica de la fe y de la vida de todos los cristianos.

Como Obispo de Roma, el Papa es el sucesor de Pedro. En él se perpetúa el ministerio petrino. El Papa garantiza así la unidad en la fe de todos los Obispos, de todas las Iglesias diocesanas y de todos los fieles. Los cristianos católicos sabemos que nos encontramos dentro de la corriente viva de la fe de los Apóstoles, que arranca del mismo Cristo, si estamos en comunión amorosa y creyente con el sucesor de Pedro, con su persona y sus enseñanzas. Esta es la garantía para saber que nuestra fe es auténtica, que somos verdaderos discípulos de Jesús. Acojamos de corazón y vivamos con fidelidad lo que el Papa nos enseña. Nuestra fe ha de ser personal, sí; pero también eclesial, apostólica y en comunión afectiva y efectiva con el Papa.

En el día de la fiesta de San Pedro tengamos un recuerdo muy especial para el Papa en nuestra oración personal y comunitaria. Demos gracias a Dios por el don de su ministerio, y por el Santo Padre Francisco que nos guía ahora. Que crezca entre nosotros nuestra adhesión personal e inquebrantable al Papa. Que se acreciente nuestro amor hacia él y nuestra fidelidad a sus enseñanzas. Demos gracias a Dios por su persona y por su ministerio, insustituible para toda la Iglesia.

Necesitamos del Papa y él necesita de nosotros, de nuestra oración y apoyo filial y gozoso. Para ejercer el ministerio en favor de toda la Iglesia también necesita de nuestra ayuda económica, generosa y verdadera; son inmensas las obras que debe atender en su solicitud amorosa por los fieles y las iglesias diocesanas de todo el mundo. Otros años hacíamos en este día la colecta del ‘óbolo de San Pedro’. Este año, a causa de la pandemia y por deseo expreso del Santo Padre, la haremos el día 4 de octubre, festividad de San Francisco de Asís.

Que Dios nos guarde al Papa Francisco. Es un gran regalo suyo a toda su Iglesia santa. Dios nos ha dado un gran testigo de esperanza y caridad evangélica, un incansable defensor y servidor de todo hombre, de los más débiles, inocentes e indefensos, y un gran promotor del cuidado de toda la creación.

 

Con mi afecto y bendición,

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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Oración-funeral por los fallecidos a causa del Covid-19

Queridos diocesanos:

Durante estos meses de pandemia estamos viviendo momentos muy amargos, llenos de dolor, de sufrimiento y de obscuridad. Hemos sufrido muy de cerca la muerte de familiares, amigos y conocidos. El número tan elevado de fallecidos nos ha hecho caer en la cuenta de que somos frágiles, vulnerables y mortales. La muerte de tantas personas ha sido como un mazazo muy fuerte para todos y, en especial, para sus familias. Y así lo ha vivido nuestra sociedad y nuestra Iglesia, y así lo estamos viviendo.

Creo que es un deber de caridad cristiana y de justicia orar por nuestros fallecidos y por sus familiares, que, en muchos casos, han quedado desolados. Lo hemos venido haciendo desde un primer momento. A los fallecidos y a sus familias nunca les ha faltado nuestra oración personal, la de las familias y la de las comunidades religiosas y parroquiales. Ahora que ha amainado la pandemia y las circunstancias lo permiten, queremos orar como Iglesia diocesana por todos los fallecidos a causa del Covid-19, junto con sus familiares tan necesitados de consuelo. Y lo haremos con la celebración de la Eucaristía, en la que actualizamos la Pascua de Jesucristo, su muerte y resurrección para la Vida del mundo, fuente de esperanza y de consuelo.

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