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Conducir bien, conducir con responsabilidad

Queridos diocesanos:

Cada primer domingo de julio celebramos la Jornada de responsabilidad en el tráfico ante su aumento por el comienzo de las vacaciones y cercana la fiesta de San Cristóbal, patrono de los conductores y también de la ciudad de Castellón.

Es una buena tradición que, en muchos pueblos y ciudades, se junten los transportistas y conductores para celebrar la Eucaristía en honor de su santo y patrono y para bendecir los vehículos. En muchas ocasiones sigue el almuerzo en familia o con los amigos. Este año, seguramente la celebración será distinta, debido a la pandemia del coronavirus y a la actual crisis laboral y económica, que afecta de lleno al transporte. Son muchas las empresas de transportes de personas, bienes y servicios que luchan y se manifiestan por su supervivencia; y son muchas las familias de conductores y transportistas afectadas por la crisis; algunas están ya pasando necesidad. Tengámoslo muy presente en este día de su patrono. Por parte de nuestra Iglesia contad por supuesto con nuestra oración, pero también con nuestro apoyo a través de nuestras cáritas y del fondo diocesano.

Este año os invito a recordar y agradecer también a tantas personas anónimas –camioneros, taxistas, conductores del ejército y de los cuerpos de seguridad, conductores ambulancias y bomberos, etc.- que han prestado sus servicios durante este tiempo de pandemia y de confinamiento, para que no faltara lo necesario a los demás.  La Jornada anual de responsabilidad en el tráfico es una invitación a reflexionar sobre el significado y la importancia de la conducción, así como sobre la urgente necesidad de esmerar nuestra prudencia y responsabilidad en el tráfico. No podemos ignorar que nuestras imprudencias pueden causar desgracias a otras personas; son de hecho el mayor factor de los accidentes. Todos los implicados en el tráfico –conductores de vehículos y peatones- estamos llamados a observar las normas de tráfico con convicción y no por miedo a ser multados. Es preciso proseguir con la educación vial a los niños y jóvenes de edad escolar y concienciar a todos -conductores y peatones- que la seguridad vial depende de cada uno de nosotros, de cómo conducimos y nos comportamos.

Como lema para la Jornada de este año se ha elegido la frase del evangelio, “Jesús recorría las ciudades y pueblos” (Mt 9,35). San Pedro la explica diciendo, que Jesús “pasó haciendo el bien… porque Dios estaba con él” (Hch 10, 37-38).  Hacer el bien en el tráfico es conducir con responsabilidad, sin prisas, pensando en los demás. Dios está con nosotros en el tráfico cuando pensamos en los demás y nos preocupamos por los problemas y limitaciones de quienes se cruzan en nuestro camino y no somos indiferentes ante ellos. Hacer el bien en el tráfico significa escuchar, decir una palabra de aliento, curar heridas y tejer relaciones fraternas. En definitiva, significa amar. Y también pide ser solidarios con los transportistas y conductores a quienes el prolongado tiempo de inactividad por la pandemia ha dejado en una situación precaria. No les dejemos solos, procuremos echarles una mano. Seamos buen samaritano para nuestros hermanos.

Conducir bien y ser buen conductor no se compadecen con la arrogancia y la prepotencia. Ambas no son buenos compañeros de viaje. El verdadero compañerismo, en la profesión, en la empresa y en el tráfico, se construye sobre el servicio, la humildad y la ayuda mutua.  “Pasar haciendo el bien”, a pesar del estrés y la tensión que conlleva a veces el trabajo, no es fácil; pero tampoco imposible si uno se empeña, cada día, en  ser “artesano del bien común” como dice el papa Francisco. Conducir, y conducir bien, es un modo de ejercitar el sentido de responsabilidad y la caridad que implica no hacer a otros lo que uno aborrece para sí mismo.

La vida es el don más precioso; la vida y la salud no pueden ponerse en peligro. Como nos dice el Catecismo de la Iglesia católica “la vida y la salud física, son bienes preciosos confiados por Dios. Debemos cuidar de ellos racionalmente teniendo en cuenta las necesidades de los demás y el bien común”. De ahí la importancia de que todos –conductores y peatones- seamos corresponsables en el tráfico y entre todos alcancemos la seguridad vial en nuestras calles y carreteras. Conseguir este fin es tarea de todos.

Con mi afecto y bendición,

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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