Ejercicios Espirituales Antoni Vadell

“En los Ejercicios Espirituales, el Señor se las ingenia para tocarte el corazón donde más lo necesitas”

Los sacerdotes de la Diócesis participan esta semana en unos Ejercicios Espirituales en el Desierto de las Palmas. El encargado de dirigirlos este curso es mons. Antoni Vadell i Ferrer (Llucmajor, Mallorca, 17 de mayo de 1972), que fue consagrado obispo auxiliar de Barcelona el 9 de septiembre de 2017 y es –a sus 45 años- el obispo más joven de España.

 

¿Cuál es el objetivo principal de los ejercicios espirituales que predica desde este pasado lunes a los sacerdotes de nuestra diócesis en el Desierto de Las Palmas?

El objetivo es que sean unos días de encuentro con El Señor, de vivir cerca de Él.

¿Cuál debe ser la actitud de los asistentes a unos ejercicios espirituales, ahora que se acerca la Cuaresma?

Dejar que Dios tome las riendas de nuestra vida. La pedagogía de abandonar durante una semana las obligaciones pastorales, incluso nuestra residencia habitual, y estar en silencio y contemplación, es necesaria para que no nos centremos en nosotros mismos y volvamos la mirada a Él.

Quizás sea también un buen momento para volver esa mirada de la que habla al momento preciso en el que Dios nos llama a ejercer el sacerdocio…

Exactamente. Es muy interesante este volver a descubrir la llamada, a renovarla hoy, que El Señor te está llamando de nuevo y que, de alguna manera, te vuelve a enviar para salir al encuentro de los demás y anunciarles el Evangelio.

¿Son muy distintos los ejercicios espirituales de un sacerdote en comparación con los de un laico?

Hay algunas diferencias porque hay cuestiones muy específicas de la vida y el misterio sacerdotal, de manera de vivir. La espiritualidad del cura diocesano tiene unas características muy específicas que condicionan, pero la mayoría de cuestiones son muy parecidas. La tendencia que he comentado de estar centrados en nosotros mismos es propio de todos, así como la necesidad de mirar de nuevo al Señor que me está llamando a dar la vida porque Él la da por mí.

Yo no he preparado un retiro exclusivo para sacerdotes porque mi propuesta sigue el estilo de san Ignacio de Loyola. A la hora de hacer referencia de un texto determinado o en ejemplos concretos, voy a hablar de la vida sacerdotal. Hay otras ocasiones que los ejercicios están orientados más a sacerdotes o laicos, pero no es mi caso.

¿Cómo es ese estilo ignaciano?

Empieza siempre por el fundamento de todo que es el amor del Señor y nada tiene punto de comparación con esa realidad. Significa, por tanto, empezar los ejercicios desde esa actitud de agradecimiento y, como consecuencia de ese agradecimiento, uno descubre su propia pequeñez y fragilidad ante tanto don. Después meditamos pasajes de la vida de Jesucristo, empezando por la Encarnación, pasando por su vida pública, y terminando con su Pasión y Resurrección.

Luego yo hago una serie de propuestas no para divagar; son muy concretas: cógete este texto e intenta meditar, contemplar y dejar que Dios te hable. Los ejercicios espirituales son como los corporales. Al final de la semana uno tiene que terminar cansado; si no, significa que no se ha esforzado suficientemente.El clima es siempre de absoluta libertad.

Supongo que no será la primera vez que predica unos ejercicios espirituales para sacerdotes…

¡La segunda vez! He predicado más a religiosas y a laicos. Me imponen, ¿eh?, me imponen. Los sacerdotes somos gente muy preparada. Yo hace un año y cuatro meses que soy obispo y me imponen, pero como también me fío del Señor, al final no es lo que diré, sino lo que Dios les va a decir y no siempre a través mío. Le digo: Señor, intentaré no estorbar para que tú puedas lucirte.

Estoy muy agradecido de que Don Casimiro me haya invitado e intentaré estar al lado de sus sacerdotes. Les he mandado la semana pasada una carta en la que les digo que rezo por ellos y estaré encantado de dirigirles los ejercicios porque los sacerdotes somos personas buenas que necesitamos rezar juntos y encontrarnos con Jesucristo. Eso nos hace tanto bien. El Señor se las ingenia para tocarte el corazón donde más lo necesitas.

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