El Centro Social Marillac acoge a enfermos de coronavirus de los albergues de transeúntes

El sábado pasado Santa Luisa de Marillac visitó el Centro Social Marillac de Castellón. Era el 9 de mayo, fiesta de la patrona de las obras sociales desde que en 1960 San Juan XXIII la declaró modelo y protectora de este sector. Las Hijas de la Caridad lo celebraron con los internos haciendo una representación de la historia de su fundadora. Durante el tiempo de confinamiento, este centro de acogida de enfermos convalecientes sin hogar ha recibido a personas derivadas desde los albergues para transeúntes que habían sido infectados por el virus y que necesitaban un espacio individual para el confinamiento.

Sor Mari Carmen Sapiña, directora del Centro Marillac, explica que pusieron a disposición de Cáritas las habitaciones que tenían libres. Al inicio de la declaración del estado de alarma, en la casa estaban cinco personas y las seis religiosas Hijas de la Caridad. Para evitar contagios y teniendo en consideración la vulnerabilidad de los residentes, se limitaron todas las entradas y salidas. Pero como que las habitaciones son individuales y con baño propio, se abrieron a enfermos de coronavirus que estaban en albergues y que debían pasar 14 días de estricto confinamiento. Han acogido a cuatro, y dos de ellos siguen.

Al margen del Centro Social, las Hijas de la Caridad también gestionan varios pisos en los que acogen a 35 personas que también han tenido que guardar las medidas de confinamiento. Una educadora se acerca semanalmente para la compra y se mantiene el contacto diario por teléfono.

Ayudar a que los niños no pierdan el curso

Entre los inquilinos, están ocho menores que no pueden seguir el ritmo de clases telemáticas por falta de dispositivos y conectividad. Para ellos la labor de los educadores ha sido imprimir los deberes y llevarlos en papel para que no quedaran retrasados. “Desde los colegios se ha intentado, pero si esta situación se alarga mucho tiempo ellos son los que más perderán. Y cuando se pueda retomar la actividad normal, la educadora se tendrá que dedicar más intensamente a repaso escolar”, explica sor Mari Carmen Sapiña.

En la comunidad de Castellón ninguna religiosa se ha contagiado, pero tienen constancia que en la provincia de la congregación ha habido varios fallecimientos. “Al inicio de nuestra historia, en 1633, ya tuvimos que hacer frente a una epidemia y atender a los enfermos. Casi cuatro siglos después, seguimos igual”, declara la Hija de la Caridad. Los voluntarios del Centro Social Marillac también han suspendido su actividad, y las hermanas siguen en contacto con ellos por teléfono a la espera que pronto se pueda retomar el ritmo cotidiano. El año pasado la Generalitat concedió la medalla a favor de la igualdad y por una sociedad inclusiva al Centro Social.

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