El Obispo se reúne con un grupo de jóvenes: “Ahora hay que ayudar a los demás, es lo que espero de vosotros, dando una respuesta humana y espiritual”

El Obispo, D. Casimiro López Llorente, se reunió en la tarde de ayer con una veintena de jóvenes responsables de pastoral de niños y adolescentes en varias parroquias de la diócesis.

En este coloquio, y en un ambiente distendido, le han presentado varias dudas e inquietudes personales sobre la Iglesia, entre ellas el modo en el que es tratada en la sociedad, o las vocaciones. Pero también se han preocupado y le han preguntado a nuestro Obispo por cómo ha vivido este tiempo de pandemia y de confinamiento, pidiéndole una reflexión sobre la situación actual.

“Lo he vivido con mucho dolor – les decía- por todos los fallecidos, sabiendo que muchos han muerto en soledad, aislados, por el sufrimiento de sus familiares, pero también por los contagiados”. “También con preocupación personal – ha continuado – pero igualmente por todo el Pueblo de Dios, por la Diócesis y por el mundo entero”. “Y con mucha oración y esperanza, porque la vida es un don que se nos ha dado, y desde la fragilidad sabemos que estamos de camino”.

El Obispo ha reflexionado con estos jóvenes sobre el porqué de toda esta situación, “realmente no sabemos el origen de este virus, pero seguro que no es un castigo divino, y nos lleva a mirarnos a nosotros mismos, a repensar y a reflexionar sobre nuestra forma de vida”. “Sobre el materialismo, el abuso de la naturaleza, el poder sobre el otro, el individualismo y el egoísmo”, ha explicado, “y nos hemos visto frágiles, débiles, vulnerables, finitos y mortales, sabiendo que no somos dioses y que la ciencia no lo puede todo, pues tenemos limitaciones”.

“Hay que centrarse en lo realmente fundamental en la vida y reconocer que somos débiles, pero que no por ello estamos solos, ya que estamos llamados a convivir, a crear un mundo más humano, más fraterno y más solidario”, ha continuado. “Estamos llamados a valorar aquello que permanece, a reconocer que somos frágiles y finitos, pero que vamos en camino, pues el ser humano no es un ser para la muerte, sino para la vida, una vida que tenemos que cuidar, que disfrutar y que vivir con intensidad, pero para hacer el bien”.

Sobre los efectos de la pandemia les decía, “debemos estar preparados para recuperarnos de las consecuencias humanas, sociales, económicas, laborales y  políticas”. “Ahora hay que ayudar a los demás, y esto es lo que espero de vosotros, desde la reflexión pero dando una respuesta humana y espiritual”.

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