Monseñor López Llorente afirma que ser santo es sinónimo de ser feliz

Don Casimiro López Llorente ha afirmado esta mañana en la celebración de la Solemnidad de Todos los Santos que ha tenido lugar en el Cementerio de Castellón que “santo significa lo mismo que feliz, bienaventurado, dichoso para siempre”. ¿Y quién no quiere ser feliz?, ha preguntado. Trabajemos, pues, para caminar hacia la santidad, ha continuado. “Es algo que no debemos solo a nuestras propias fuerzas, ya que comienza por ser un don. La celebración de este día tiene sobre todo la intención de suscitar en nosotros caminar también hacia la santidad, para reencontrarnos junto a Dios Padre un día en el cielo. Es un día, por tanto, de alegría, oración y esperanza. La esperanza de que si sabemos caminar como los santos podremos contemplar a Dios cara a cara”, ha recordado.

El obispo de Segorbe-Castellón, que visitará también esta tarde el cementerio de la capital del Alto Palancia, se ha referido a nuestro Bautismo como el momento en que Dios ha sembrado ya la semilla de la santidad en nosotros. “Está en nuestras manos -ha manifestado- dejar que crezca esa nueva vida que nos ha sido implantada; ese germen que es la vida nueva. Y Jesús, que es el único camino, nos muestra en el Evangelio de hoy, cómo ir dejando que crezca en nosotros por la acción de la gracia, siendo pobres en el espíritu”. Solo Dios nos puede dar esa felicidad que todos anhelamos, ha remachado.

 

Ese es el camino -ha continuado el obispo- que Jesús nos propone en el Evangelio de hoy, que es como su propia biografía: Él es el único que es pobre en el espíritu, manso, humilde, limpio de corazón, y nos lo ofrece para que vivamos siguiéndolo como discípulos suyos. “Demos gracias a Dios por todos los santos que nos han precedido y pidamos su intercesión porque el Bautismo genera el vínculo de la filiación divina y de la fraternidad en Él, que no lo rompe ni tan siquiera el paso por el umbral de la muerte. Ellos imploran e interceden ante el Padre por nosotros y, a la vez, son aliento en nuestra debilidad. Se puede llegar a ser santo, se puede llegar a ser feliz, acogiendo la vida nueva que se nos infunde en el Bautismo, abriendo nuestro corazón al amor de Dios, que es misericordioso, compasivo, inmenso, fiel”, ha concluido.

Asimismo, don Casimiro ha recordado que este año estamos celebrando el centenario de la consagración de España al Corazón de Jesús, que es el símbolo por excelencia del amor infinito de Dios y ha recomendado a los presentes a que “acudamos a él y pongamos también a tantos y tantas para que se dejen llenar del amor de conciliación de Dios, que es el que crea fraternidad, nos ayuda a superar las diferencias y a caminar como hermanos hacia la santidad”.

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