LA PIEDAD POPULAR ANTE PESTES Y EPIDEMIAS

Las procesiones, estaciones y rogativas que forman parte de la piedad popular han estado presentes en la vida de la Iglesia desde los primeros siglos, y según el Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia, publicado por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en 2002, han de ser “estructuras que respondan a la sensibilidad popular, y que al mismo tiempo estén claramente en el ámbito de la celebración de los misterios divinos”.

ROMERÍA DE LA MAGDALENA

Con las fiestas de la Magdalena, la ciudad de Castellón conmemora sus orígenes, pero también se recuerda que la gente iba en romería hasta la capilla que había en el Castell Vell, dedicada en origen a María Magdalena. Concretamente, se tiene noticias de que en 1375 se realizó una rogativa con motivo de la peste negra.

ELS PELEGRINS DE LES USERES

Aunque no se conoce con seguridad el origen de este peregrinaje penitencial hasta Sant Joan de Penyagolosa, podemos deducir, sobre todo por la letra de los cantos, que se remonta a la Edad Media, cuando las pestes y las guerras amenazaban la vida de la gente de la zona.

SANTOS INTERCESORES ANTE EPIDEMIAS

San Roque de Montpellier (16 de agosto)

Roque, uno de los santos tradicionalmente más venerados en el mundo católico, nació en Montpellier, Francia, en 1295. Al perder a sus padres, distribuyó los bienes entre los pobres y partió en peregri­nación a Roma. Se alistó en la Tercera Orden Franciscana, y con ayunos y penitencias mortificó su cuerpo.
Ardió en amor de los demás y, al extenderse la peste por Italia, pasó gran parte de su vida peregrinando de un lugar a otro, aliviando a pobres y asistiendo a enfermos y apestados. En este servicio él mismo contrajo la enfermedad, y se recluyó en soledad para no ser gravoso a nadie. Cuenta la leyenda que un perro callejero le traía cada día su ración de pan. Restablecido de su enfermedad volvió a su patria, donde murió en 1327. Urbano VIII aprobó su culto en 1629.

(Del Común de santos varones)

San Antonio Abad (17 de enero)

Este ilustre padre del monaquismo nació en Egipto hacia el año 250. Al morir sus padres, distribuyó sus bienes entre los pobres y se retiró al desierto, donde comenzó a llevar una vida de penitencia. Tuvo muchos discípulos; trabajó en favor de la Iglesia confortando a los confesores de la fe durante la persecución de Diocleciano, y apoyando a san Atanasio en sus luchas contra los arrianos. Murió el año 356.

(Del Común de santos varones)

Además de ser el protector de los animales es el patrón de los afectados por enfermedades infecciosas, ya que en el S. XII aparece en España una enfermedad llamada ergotismo, causada por el cornezuelo del centeno, y la Orden de San Antón se encargó de atender a estos enfermos.  Entre los milagros que se atribuyen a San Antonio Abad está la curación de esta enfermedad, también conocida como Fuego de San Antonio.

San Cipriano de Cartago, obispo y mártir (16 de septiembre)

Cipriano nació en Cartago hacia el año 210, de familia pagana. Se convirtió a la fe, fue ordenado presbítero y, el año 249, fue elegido obispo de su ciudad. En tiempos muy difíciles gobernó sabiamente su Iglesia con sus obras y sus escritos. En la persecución de Valeriano, primero fue desterrado y más tarde sufrió el martirio, el día 14 de septiembre del año 258.

(Del Común de varios mártires)

En 252, ante la epidemia de peste que azotó Cartago, Cipriano organizó la ayuda a los pobres y enfermos, reuniendo para ello a un equipo de trabajadores, vendiendo todas sus posesiones y animando a todos los cristianos a la limosna.

«Después hubo un brote de una tremenda peste, y excesiva destrucción de una odiosa enfermedad invadió cada casa en sucesión del temeroso pueblo, siguiendo adelante día tras día con un ataque repentino a personas innumerables, cada uno de su propia casa. Todos temblaban, huían, rehuyendo el contagio, exponiendo impíamente a sus propios amigos, como si con la exclusión de la persona que se iba a morir de todas formas de la peste, pudiera librarse uno mismo de la muerte. Allí yacieron por toda la ciudad lo que ya no eran cuerpos sino los cadáveres de muchos, y, por la contemplación de un destino que podrían a su vez ser el propio, exigía la piedad de quienes pasaban, piedad por ellos mismos. Nadie consideraba nada más que sus crueles ganancias. Nadie temblaba por el recuerdo de un acontecimiento similar. Nadie hizo nada que no fuera lo que uno mismo deseara experimentar»

(Poncio de Cartago, Diácono biógrafo de San Cipriano)

San Gregorio Magno, papa y doctor de la Iglesia (3 de septiembre)

Nació en Roma hacia el año 540. Desempeñó primero diversos cargos públicos, y llegó luego a ser prefecto de la Urbe. Más tarde, se dedicó a la vida monástica, fue ordenado diácono y nombrado legado pontificio en Constantinopla. El día 3 de septiembre del año 590 fue elegido papa, cargo que ejerció como verdadero pastor, en su modo de gobernar, en su ayuda a los pobres, en la propagación y consolidación de la fe. Tiene escritas muchas obras sobre teología moral y dogmática. Murió el día 12 de marzo del año 604.

(Del Común de pastores para un santo papa y del Común de doctores de la Iglesia)

Entre los años 589 y 590, una epidemia de peste (lues inguinaria) asoló la ciudad de Roma. San Gregorio de Tours, contemporáneo de San Gregorio, contó que el Papa mandó celebrar una letanía septiforme, es decir, una procesión de toda la población romana. La procesión partió de las diversas iglesias romanas en dirección a la basílica vaticana entonando las letanías en su recorrido por la Ciudad Eterna. Mientras avanzaban en medio de un silencio sepulcral, la epidemia se agravó al extremo de que en el breve espacio de una hora ochenta personas cayeron muertas al suelo. Con todo, San Gregorio no dejó por un momento de exhortar al pueblo para que siguiese rezando y pidió que un cuadro de Nuestra Señora de Araceli, pintada por el evangelista San Lucas, encabezara la procesión

(Gregorio de Tours, Historiae Francorum, libro X, 1).

San Carlos Borromeo, obispo (4 de noviembre)

Nació en Arona (Lombardía) el año 1538; después de haberse graduado en ambos derechos, fue agregado al colegio cardenalicio por su tío Pío IV y nombrado obispo de Milán. Fue un verdadero pastor de su grey; visitó varias veces toda su diócesis, convocó sínodos, decretó muchas disposiciones orientadas a la salvación de las almas y fomentó en gran manera las costumbres cristianas. Murió el día 3 de noviembre del año 1584.

(Del común de pastores: para un santo obispo)

Patrono de Milán y de los catequistas, es invocado contra la peste.

Vivió durante la terrible epidemia de peste de 1576. En Milán reinaban el miedo y la confusión, y el obispo, «ante la ausencia de las autoridades locales, organizó los servicios sanitarios, fundó y renovó hospitales, consiguió dinero y víveres y decretó medidas preventivas. Ante todo hizo las diligencias para proporcionar socorro espiritual, asistencia a los enfermos, sepultura a los muertos y la administración de los sacramentos a los habitantes de la ciudad, que estaban confinados en su casa, entre otras medidas preventivas. Sin temor al contagio, sufragó personalmente los gastos visitando hospitales, encabezando procesiones de penitencia y haciéndose de todo a todos como un padre y verdadero pastor».

(L’anno liturgico – II. Tempo Pasquale e dopo la Pentecoste, Paoline, Alba 1959, pp. 1245-1248).

San Juan Bosco (31 de enero)

Nació junto a Castelnuovo, diócesis de Turín, el año 1815. Su niñez fue dura. Una vez ordenado sacerdote, empleó todas sus energías en la educación de los jóvenes e instituyó unas Congregaciones destinadas a enseñarles diversos oficios y formarlos en la vida cristiana. Escribió también algunos opúsculos en defensa de la religión. Murió el año 1888.

(Del Común de santos varones: para los santos educadores)

En 1854, San Juan Bosco vivió, junto a cerca de cien adolescentes del oratorio de Turín, la epidemia del cólera que por entonces afectó fuertemente a la ciudad italiana. La epidemia generó pánico entre los ciudadanos, pero Don Bosco, con una gran confianza en Nuestro Señor y en la Santísima Virgen, calmó los ánimos de los jóvenes diciéndoles: “Si cumplís lo que yo os digo, os libraréis del peligro. Ante todo, debéis vivir en gracia de Dios, llevar al cuello una medalla de la Santísima Virgen que yo bendeciré y regalaré a cada uno, y rezará cada día un padrenuestro, un avemaría y un gloria con la oración de san Luis Gonzaga, añadiendo la jaculatoria: Líbranos, Señor, de todo mal”.

Santos Cosme y Damián (26 de septiembre)

Fueron dos hermanos gemelos de familia cristiana que nacieron en Arabia en el S.III. Se hicieron muy famosos por dedicarse a la medicina y curar a personas y animales sin cobrar por ello, hasta la persecución de Diocleciano, cuando fueron cruelmente torturados y decapitados.

Protectores de los hospitales y patronos de médicos, farmacéuticos, cirujanos y profesionales sanitarios, después de muertos repartieron salud milagrosamente sobre quienes recurrieron a su intercesión. Se les invoca ante las enfermedades como la peste y se les representa llevando una caja de ungüentos.

San Francisco Javier, presbítero (3 de diciembre)

Nació en el castillo de Javier (Navarra), el año 1506. Cuando estudiaba en París, se unió al grupo de San Ignacio. Fue ordenado sacerdote el año 1537, y se dedicó a obras de caridad. El año 1541 marchó hacia Oriente y durante diez años evangelizó incansablemente la India y Japón, convirtiendo a muchos. Murió el año 1552, en la isla de Sanchón Sancián, en China.

(Del Común de los pastores, para un santo presbítero)

En sus viajes en barco hacia la India convirtió su camarote en enfermería, se dedicó a cuidar a todos los enfermos y cuando se desató a bordo una epidemia de escorbuto, sólo los misioneros se encargaban del cuidado de los enfermos. También se le suele invocar contra la peste.

San Francisco de Borja, presbítero (3 de octubre)

Nació en Gandía (Valencia), en 1510. Gran privado del emperador Carlos V y caballerizo de la emperatriz Isabel, vivió ejemplarmente en palacio. La vista del cadáver de la emperatriz lo impulsó a despreciar las vanidades de la vida. Fue virrey de Cataluña y duque de Gandía. Después de la muerte de su esposa, en 1546, que acabó por desligarlo del mundo, entró en la Compañía de Jesús, de la que llegó a ser superior general. Se distinguió, sobre todo, por su profunda humildad. Dio gran impulso a las misiones. Murió en Roma el 1 de octubre de 1572 y fue canonizado en 1671.

Cuando en 1566 la peste causó estragos en Roma, el santo reunió limosnas para asistir a los pobres y enfermos, y a pesar del peligro envió a sus súbditos por parejas para que cuidasen de los enfermos de la ciudad.

Santa Catalina de Siena, virgen y doctora de la Iglesia (29 de abril)

Nació en Siena el año 1347; siendo aún niña, movida por su deseo de perfección, se hizo terciaria dominica. Inflamada en amor a Dios y al prójimo, trabajó intensamente por la paz y la concordia entre las ciudades, defendió con ardor los derechos y la libertad del romano pontífice y promovió la renovación de la vida religiosa. También escribió varias obras llenas de santa doctrina y de inspiración celestial. Murió el año 1380.

(Del Común de las vírgenes)

Desde 1363 alternó el confinamiento contemplativo con la entrega a los enfermos y leprosos, y en 1374 abandonó el retiro para cuidar de los apestados. Protege a los moribundos y es invocada contra la peste.

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