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Monseñor López Llorente: “La unidad es un don que Dios concede y por el que hemos de suplicarle constantemente”

Monseñor López Llorente ha presidido la clausura del octavario de oración por la unidad de los cristianos, que se ha celebrado en la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de La Vall d’Uixó, en el que ha destacado que la unidad no es algo que vamos a lograr con nuestras propias fuerzas, sino “un don que Dios nos concederá, que hemos de suplicar constantemente. Dios sabe bien lo que necesitamos, pero –como dice san Agustín- cuando se lo pedimos, va brotando y creciendo en nosotros el deseo de lo que suplicamos, que –a su vez- nos lleva a convertirnos al Señor para que Él nos purifique de todo aquello que nos separa”, ha manifestado.

En el encuentro celebrado en la localidad de la Plana Baja, también han participado el Padre Nicolae Ionita, párroco Ortodoxo de Castellón, el Padre Agustín Malita, vicario de la Parroquia Ortodoxa de Vila-real y el Pastor de la Iglesia Evangélica, Comunidad en el Camino de La Alcora, Joseph Whitaker, bajo el lema “Actúa siempre con toda justicia” (Dt 16, 18-20), elegido este año por la comunidad de cristianos de Indonesia, una sociedad mayoritariamente musulmana en la que las confesiones cristianas son minoritarias y que, sin embargo, se han unido para trabajar en momentos de desolación, de terremotos, de inundaciones, para que los más necesitados no quedaran marginados.

De izquierda a derecha: Monseñor López Llorente, el Padre Nicolae Ionita y el Padre Agustín Malita.

El Obispo de Segorbe-Castellón ha tomado como ejemplo el caso indonesio para resaltar la justicia que los cristianos de todas las confesiones e iglesias hemos de tener con los más pobres, que nos invitan a unirnos para trabajar “en la atención de aquellos que menos tienen y para que se asiente, en el corazón de nuestros fieles, ese ser justos con aquellos que más lo necesitan”. Precisamente, Don Casimiro, ha centrado su intervención en la idea de justicia, de la que ha destacado tres perspectivas. En primer lugar, la justicia con Dios, al que debemos agradecer “los dones que hemos recibido, siguiendo sus caminos que llevan a la vida, que significa devolverle con corazón agradecido una parte de todo lo que nos ha otorgado”.

Junto con la ya mencionada justicia con los pobres, Monseñor López Llorente ha destacado una tercera dimensión de esta virtud: ser justos los unos con los otros, reconociendo que la iglesia católica, la iglesia ortodoxa y las comunidades protestantes, “hemos recibido unos dones que hemos de valorar, compartir, porque nos van a enriquecer”. Asimismo, el máximo representante de la iglesia católica en la diócesis de Segorbe-Castellón ha abogado por la necesidad de pedir perdón, de conocernos. “Muchas veces –ha resaltado- los prejuicios nos impiden acercarnos al otro para valorar, respetar, acoger y compartir. Ser justos los unos con los otros para poner nuestro granito de arena en ese camino hacia la unidad”.

Otras intervenciones

Por su parte, Nuno Vieira, delegado de Ecumenismo de la diócesis, ha destacado que “nuestra vocación como miembros del cuerpo de Cristo es perseguir y encarnar la justicia”, ya que “nuestra unidad en Cristo nos da fuerza para tomar parte en la lucha más extensa para promover también la dignidad de la vida, alabando al que nos une mientras abrimos el corazón al don de la unidad”.

El Padre Nicolae Ionita, párroco ortodoxo de Castellón, ha invocado en la oración de arrepentimiento la misericordia de Dios, que nos ha enseñado a actuar con justicia y por el que somos conscientes que, en nuestro ministerio, algunas veces actuamos injustamente con las personas que nos ha encomendado, dando prioridad a los que son más cercanos e ignorando a los pobres, a los oprimidos y usando mal los recursos de la Iglesia.

Los participantes de las distintas confesiones cristianas, unidos en la proclamación del Evangelio.

Asimismo, Joseph Whitaker, Pastor de la Iglesia Evangélica, Comunidad en el Camino de La Alcora, también durante la oración de arrepentimiento, ha implorado el perdón del Dios del amor porque, pese a que nos ha enseñado a amarnos los unos a los otros como signo de que somos sus discípulos, hemos fallado a la hora de vivir este mandamiento, considerando a los miembros de las otras iglesias como rivales, excluyendo a los que no comparten nuestro punto de vista y levantando entre nosotros muros que nos dividen.
El acto de clausura del octavario de oración por la unidad de los cristianos ha concluido con la bendición del Obispo de Segorbe-Castellón y un ágape que ha servido como colofón a una semana de oración que comenzó el pasado 18 de enero en Torreblanca.

Clausura Diocesana del Jubileo de la Misericordia

HOMILÍA EN LA CLAUSURA DIOCESANA DEL JUBILEO DE LA MISERICORDIA

Segorbe, S.I. Catedral-Basílica, 12.11.2016

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(Mal  3,19-20; Salmo 97; 2 Tes 3, 7-12; Luc 21, 5-19).

 

¡Hermanas y hermanos muy amados todos en el Señor!

 

  1. Hace justo once meses celebrábamos en esta S.I. Catedral-Basílica la apertura diocesana del Año santo extraordinario de la Misericordia. Esta mañana, el Señor nos convoca para su clausura en la víspera del XXXII Domingo del tiempo Ordinario, en el que las lecturas nos recuerdan nuestra condición de peregrinos al encuentro del Señor, cuando Él venga al final de los tiempos.

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El Año de la Misericordia toca su fin

Queridos diocesanos:

El Año Santo de la Misericordia va tocando a su fin. El Papa Francisco cerrará la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro en el Vaticano el día 20 de este mes, Fiesta de Jesucristo, Rey del Universo; y así quedará clausurado el Jubileo Extraordinario de la Misericordia. En este momento recordamos al Papa con afecto y  reconocimiento por este gran don para la Iglesia y para el mundo que ha supuesto este Año Santo.

Nuestra Iglesia diocesana lo ha vivido de manera muy intensa. Aún están vivas en nuestra memoria y en nuestro corazón las hermosas celebraciones del Jubileo en la Catedral de Segorbe por zonas, la de los sacerdotes en la Misa Crismal, o la de los catequistas y profesores de religión; también recordamos con alegría la multitudinaria celebración del Jubileo de los niños en el Seminario Mater Dei, o la más íntima de los enfermos y mayores en la Basílica de Lledó, y, de modo especial, las celebraciones en las cárceles de Castellón y Albocasser, por citar sólo algunas de las muchas celebraciones en nuestra Diócesis. No menos intensas han sido las celebraciones más locales del Jubileo en la Basílica de El Salvador de Burriana, en Sta. Isabel y en San Jaime en Villarreal, en San Juan de Peñagolosa con motivo de la peregrinación de Culla.

Es la hora para la acción de gracias: Gracias damos, sobre todo, a Dios por tantos dones recibidos a lo largo del Jubileo. Ha sido un tiempo en el que hemos podido ver y experimentar, casi palpar en muchos casos, la misericordia infinita de Dios en muchas personas, que se han sentido la cercanía, el consuelo, la compasión, el perdón y la sanación de Dios; todo aquel que ha abierto su corazón al amor misericordioso de Dios, que se ha dejado conmover por la mirada misericordiosa de Dios en su Hijo Jesus, su misericordia encarnada, ha experimentado que Dios le ama personalmente y nunca le abandona. A través de las personas ha quedado agraciada y fortalecida toda nuestra Iglesia diocesana en sus comunidades, grupos, movimientos y asociaciones. Ha sido un verdadero año de gracia del Señor.

En este Año Santo hemos tenido la gran oportunidad de redescubrir y contemplar de un modo especial que Dios es misericordia, que misericordia es su nombre, su esencia, la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad; y que Jesucristo es la misericordia de Dios hecha carne: todo en Él nos habla de Dios “compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en piedad”: su persona, su encarnación, sus palabras y gestos, su pasión, muerte y resurrección, todo nos habla de la misericordia de Dios que perdona y salva, que se compadece de nuestros males, que ama a cada uno y que no quiere que nada ni nadie se pierda, y que nos espera siempre con una paciencia infinita. En Cristo Jesús, Dios misericordioso sale a nuestro encuentro, y nos invita a acoger su misericordia en su Iglesia, para que nos dejemos transformar por ella, porque sólo así podremos ser misericordiosos como el Padre, personalmente y como Iglesia. Redescubrir todo esto significa para cada bautizado volver a abrirse a la gracia y a la misericordia de Dios, y dejarse abrazar y perdonar por Dios para que su fe y su vida cristiana se aviven, fortalezcan y purifiquen; redescubrirlo implica confirmar, confesar, vivir y anunciar esa fe que hemos recibido por pura misericordia de Dios.

Por todo ello, este Año Santo ha sido un tiempo de gracia; nos ha ofrecido una gran oportunidad para una sincera y autentica conversión a Dios, a Jesucristo y a los hermanos, para la renovación de nuestra fe y vida cristianas, y, finalmente, para la renovación pastoral y misionera de nuestra Iglesia y de nuestras comunidades.

Este era el deseo del Papa para este Jubileo: que fuera un “tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes” (MV 3) en un momento en que cristianos y comunidades estamos llamados a ser discípulos misioneros. Y la misericordia de Dios, acogida y vivida en el día a día, es el camino para salir con nuevo ardor a la misión siempre nueva de anunciar a Jesucristo.

Con mi afecto y bendición,

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Las Carmelitas de Caudiel eligen nueva priora

Tras el fallecimiento de la madre Amelia de los Sagrados Corazones, priora de la comunidad, las contemplativas de Caudiel han elegido nueva priora. Se llama Regina del Carmelo, es natural de Perú y no supera los 50 años de edad.

La ceremonia de elección tuvo lugar este viernes y estuvo presidida por el Obispo, Mons. Casimiro López Llorente.

En la actualidad la comunidad de las Carmelitas de Caudiel cuenta con 17 monjas, de las cuales 4 están recién llegadas de Perú, se incorporaron el 8 de julio.

Las dominicas de Burriana celebran la fundación de la orden y del monasterio

Las monjas dominicas de Burriana festejan el 800 aniversario de la aprobación de la orden y el 125º de la fundación del Monasterio de la Sagrada Familia. Por eso mañana a las 12h. el Obispo, Mons. Casimiro López Llorente, presidirá la misa de acción de gracias a la que asistirán representantes de diferentes conventos de la diócesis y también los padres dominicos de Torrente y Valencia, además del delegado para la vida Consagrada Contemplativa y otros sacerdotes.

“Estos 800 años de vida dominica son un reconocimiento universal de este carisma que el Señor dio a Santo Domingo y que hoy sigue tan vivo como cuando empezó, porque eran los principios evangélicos”, reconoce la superiora. El primer santo de esta congregación fue su propio fundador, Santo Domingo de Guzmán, al que le siguieron muchos y muy notables como santo Tomás de Aquino, san Vicente Ferrer, san Alberto Magno, san Martín de Porres y santa Catalina de Siena, entre otros muchos.

En la actualidad la diócesis cuenta con 7 religiosas dominicas, que desde la vida callada y austera de la clausura llevan a cabo una ágil vida espiritual basada en la oración de la mañana a la noche: “En este monasterio estamos organizadas para la oración, nos levantamos temprano, hacemos oración, rezamos laudes, misa.. Si quitáramos a Dios de aquí, nada de esto tendría sentido”, asegura la madre superiora.