“Dios se invita en el corazón de cada matrimonio”

El P. Michel Martin-Prével cdb ha escrito tres libros sobre el matrimonio y la familia, y desde 2013 impulsa los retiros Tobías y Sara para parejas en crisis. Sabe en primera persona de qué habla  porque estuvo casado durante 32 años, es padre de tres hijos y abuelo feliz. Al fallecer su esposa, resurgió en él la llamada al sacerdocio, y en 2009 fue ordenado en la archidiócesis de Toulouse.

¿Qué es la espiritualidad conyugal?

Es dar un sentido espiritual a la vida conyugal. Concretamente para mi, es descubrir que Dios se invita en el corazón de cada matrimonio para enseñarles la relación de amor que existe entre las tres personas de la Trinidad. Por eso la espiritualidad matrimonial tiene sus fuentes en la misma Trinidad. También son todos los medios espirituales que descubrimos en el corazón mismo de la vida matrimonial y familiar para llegar a ser santos, porque ese es el objetivo.

¿Sobre qué pilares se asienta?

Están todas las actitudes que enumera el Papa en la Amoris Laetitia al comentar el capítulo 13 de la carta a los Corintios. Pienso en especial en la fidelidad, la humildad y en la confianza. En ellas se reúnen la tres virtudes teologales: humildad se acerca a la caridad, la confianza a la esperanza, y la fidelidad es la fe.

¿Cómo cultivar la espiritualidad conyugal?

Hay que hablarse cada día en profundidad, perdonarse cada día algo, y orar juntos cada día. Hablarse en profundidad es pararlo todo para encontrarse por el corazón y no solo hablar de cosas corrientes de la vida, de los hijos o del trabajo. Es encontrarse con profundidad en el corazón para decir lo que una siente, sus sufrimientos y expectativas, es comunicar al otro el estado de su corazón. Sin este diálogo, nos convertimos rápidamente en extranjeros.

No es fácil encontrar tiempo.

Hay imponerse espacios únicamente para el matrimonio. Mi regla es una tarde por semana, un fin de semana por trimestre, y una semana por año.

¿Hay que perdonarse cada día?

Sí, porque nos herimos sin saberlo. No hacemos el bien que tendríamos que hacer y hacemos el mal que no quisiéramos. Además, perdonarse es a menudo más fuerte que decir te amo.

¿Y sobre la oración?

Cristo es nuestra fuente, y el amor solo puede recibirse por algo que esté a su propia altura. El matrimonio tiene que saber de dónde viene el amor: el amor viene de Dios.

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