Figura y primicia de la Iglesia: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María

Hoy, 15 de agosto, se celebra la solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María. En esta fiesta se conmemora que la Madre de Jesucristo, consumado el curso de su vida en la tierra, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria de los cielos. Esta verdad de fe, recibida de la tradición de la Iglesia, fue definida solemnemente por el papa Pío XII en 1950.

La Virgen María ha sido el primer miembro de la Iglesia que ha alcanzado ya la resurrección de los muertos. Figura y primicia de la Iglesia que un día será glorificada, fue llevada al cielo en cuerpo y alma, siendo así consuelo y esperanza del pueblo de Dios, que todavía peregrina en la tierra. No quiso el Señor que conociera la corrupción del sepulcro la mujer que, por obra del Espíritu Santo, concibió en su seno al autor de la vida. Y en este día los cristianos piden por la intercesión de la Virgen María que lleguemos a participar con ella en la gloria de la resurrección.

San Juan Pablo II explicó de manera clara y sucinta este dogma de la fe católica en una audiencia general el 2 de julio de 1997. El Papa trazó el recorrido hasta la bula ‘Municentissimus Deus’ de Pío XII del 1 de noviembre de 1950 para mostrar que “la Asunción de la Virgen forma parte, desde siempre, de la fe del pueblo cristiano, el cual, afirmando el ingreso de María en la gloria celeste, ha querido proclamar la glorificación de su cuerpo”.

Ya desde los siglos II y III hay testimonios que “reflejan una intuición de fe del pueblo de Dios”. A continuación se desarrolló una larga reflexión que en el Oriente cristiano cristalizó con las fiestas litúrgicas de la Dormición y la Asunción de María. Con rapidez se difundió a Occidente y a partir del siglo XIV se generalizó, de modo que en el siglo XX “constituía una verdad casi universalmente aceptada y profesada por la comunidad cristiana en todo el mundo”.

Cuando en mayo de 1947, Pío XII promovió una amplia consulta en la Iglesia, el recuento fue ampliamente positivo: solo seis respuestas, entre 1.181, manifestaban alguna reserva. Por ello la bula podía asegurar que “el consentimiento universal del Magisterio ordinario de la Iglesia proporciona un argumento cierto y sólido para aprobar que la asunción corporal de la santísima Virgen María al cielo es una verdad revelada por Dios y, por tanto, debe ser creída firme y fielmente por todos los hijos de la Iglesia”.

La Asunción en la Catedral y la Concatedral

San Juan Pablo II afirmaba en la audiencia general del 2 de julio de 1997 que la Asunción de la Virgen goza de una “larga tradición iconográfica que representa a María cuando entra con su cuerpo en el cielo”. Esta expresión artística de la fe sigue en la actualidad. Una muestra son la imagen de la Ascensión de la Catedral, en Segorbe, y el lienzo de la Concatedral, en Castellón. Sesenta y seis años separan una obra de otra. La primera es del escultor Enrique Pariente (Valencia, 1903-1987), uno de los grandes escultores e imagineros del siglo XX español y autor de numerosísimas obras en ámbito valenciano y andaluz. La segunda es de Vicente Traver Calzada, pintor de referencia en la provincia de Castellón que ha enriquecido con su obra numerosas iglesias en la diócesis.

David Montolío, miembro de la Delegación y doctor en historia del arte, explica que ambas obras son exponentes de la mejor escultura y pintura religiosa desarrollada en su tiempo en ámbito valenciano y español: “Por la Virgen de Enrique Pariente (1949), talla en madera dorada y estofada, destaca la monumentalidad, gran dinamismo y calidad del grupo escultórico realizado por el más insigne imaginero valenciano de su tiempo, heredero de la tradición artística desarrollada desde el lejano academicismo, desde la irrupción de las academias de bellas artes por autores como Ignacio Vergara o José Esteve Bonet, desde el siglo XVIII hasta el XX. Su obra respira honda espiritualidad, insertándose en la ubicación principal del magnífico marco académico ilustrado de la Catedral de Segorbe, como imagen de su retablo mayor, entremezclando conocimiento de su contexto arquitectónico y modernidad de sus planteamientos, en una figura rica en esquemas, líneas y fugas compositivas de sublime movimiento y volúmenes de una hermosura estética y devocional muy pocas veces alcanzada por otras obras similares en su época.

Respecto al lienzo de Traver Calzada (2015), llama la atención su dominio total de la técnica y su maestría plástica en la incursión de una iconografía de tradición asuncionista, en una simbiosis perfecta entre la etérea dormición clásica de la Virgen, rodeada de los apóstoles en su sepulcro, con la visión apocalíptica de María de severo clasicismo, sobre un disco solar interpretado en su más peculiar e impactante realismo actual contemporáneo. Como en la obra de Pariente, la visión del autor es arriesgada y genial, combinando elementos frecuentes en las interpretaciones artísticas de nuestro pasado con su particular estilo de pinceles superlativos y su absoluto dominio de los espacios representativos, con un concienzudo estudio de los personajes y ropajes del natural”.

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