Las Esclavas dejan Burriana para reforzar la comunidad de Castellón

Las Esclavas del Santísimo Sacramento y la Inmaculada se van de Burriana después de 23 años de presencia orante. La General, madre Carolina Mateo, explicó que la decisión se debe a la necesidad de contar con un número suficiente de hermanas para asegurar la adoración perpetua, corazón de su carisma. Por eso las siete esclavas irán a consolidar otras comunidades, como la de Castellón, en el antiguo convento de las Capuchinas, donde se han irán dos religiosas más. El Vicario General presidió en nombre del Obispo una misa de despedida el jueves 15, en la que los fieles llenaron la capilla.

Yago Gallo trasladó en la homilía el afecto y agradecimiento de mons. López Llorente, comprometido con antelación en el Belén de la Delegación de Enseñanza a la misma hora: “Me dijo que les diera las gracias por estar aquí y en Castellón. La Iglesia es una comunidad eucarística que no recuerda a su fundador, sino que vive de la presencia de Jesucristo. Por eso sin la eucaristía no habría Iglesia, y sin las hermanas tampoco habría habido Iglesia en este lugar. De una manera misteriosa ustedes han contribuido a la construcción de la Iglesia en Burriana, en la Diócesis y en el mundo, porque no sabemos hasta dónde alcanzan los beneficios de nuestra oración y fe”.

La Madre General aseguraba que no piensan en lo que han aportado: “Hemos estado adorando al Señor y Él sabrá”. Pero sí admite que la presencia de comunidades contemplativas en la iglesia es un signo de madurez. En este sentido, el Vicario General pedía que se rece por las vocaciones, porque son “testigos que hacen presente al Señor”, y exhortaba que si “el desaliento por la partida de las hermanas ha alcanzado el corazón de alguien, que se convierta rápidamente en oración de petición, y de una manera que nadie puede imaginar, seguro que el Señor nos sorprenderá y pronto podremos dar testimonio”.

Las Religiosas Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada, fundadas en 1943 por la Madre María Rosario del Espíritu Santo, tienen como ideal, según sus propias Constituciones, “imitar en su vida interior y exterior la vida que lleva Jesús en el Santísimo Sacramento, ofreciéndonos en oblación de amor, estrechamente unidas a la Víctima Sagrada del Altar, para la mayor gloria de su Eterno Padre”. Obtuvieron la aprobación Pontificia el 31 de mayo de 1989. En 1993 fundaron en la ciudad de Burriana, y en 2012 cogieron el relevo de las capuchinas en el histórico convento de Castellón.

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