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Homilía en la ordenación de diáconos de César Igual, Ion Solozábal y Jesús Chávez

HOMILÍA EN LA ORDENACIÓN DE DIÁCONOS DE CÉSAR IGUAL, ION SOLOZÁBAL Y JESÚS CHÁVEZ
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S.I. Concatedral de Sta. María de Castellón, 7 de diciembre de 2019

(Jer 1,4-9; Sal 88; Hech 10,341.37-43; Jn 12,24-26)

Amados todos en el Señor!

Alabanza y acción de gracias

1. “Cantaré eternamente, tus misericordias, Señor” (Sal 88). Estas palabras del Salmista nos invitan una vez más a la alabanza y a la acción de gracias a Dios: esta mañana lo hacemos por vuestra vocación sacerdotal y por vuestra ordenación diaconal, queridos César, Ion y Jesús. Son dones del amor gratuito de Dios ante todo para nuestra Iglesia diocesana, a cuyo servicio seréis ordenados y que se ve una vez más agraciada en vuestras personas. Nos unimos a vuestra alegría, y juntos cantamos al Señor por su gran amor para con vosotros, para vuestras familias y para nuestra Iglesia diocesana.

Alabamos y damos gracias a Dios, que os escogió desde el seno materno (cf. Jer 1, 4), que os llamó al sacerdocio, y que os ha cuidado y enriquecido con sus dones a lo largo de estos años de seminario en que habéis sabido acoger, discernir y madurar su llamada. Cada uno tenéis vuestra personal historia vocacional; Dios tiene sus tiempos y sus caminos. En todo este proceso vocacional quizá no encontréis nada especialmente extraordinario, salvo la acción misericordiosa de Dios, que han conducido vuestros pasos hasta aquí. Gracias le sean dadas por vuestro corazón disponible, generoso y agradecido a su vocación; gracias por vuestra fe confiada en el Señor, que os ha ayudado a superar miedos, temores y pruebas; gracias damos a Dios por vuestras familias, que, lejos de obstaculizar vuestra vocación, la han apoyado; gracias le damos por cuantos os han ayudado en el camino del discernimiento y maduración de vuestra vocación: vuestras comunidades y catequistas, vuestros amigos y compañeros, y, sobre todo, vuestros rectores y formadores de ambos Seminarios y todos aquellos –sacerdotes y laicos- que el Señor ha puesto en vuestro camino vocacional.

Llamados y consagrados para ser siervos

2. Mediante la imposición de mis manos y la oración consagratoria, el Señor va a derramar sobre vosotros su Espíritu Santo y quedaréis consagrados diáconos. Participaréis así de los dones y del ministerio que los Apóstoles recibieron del Resucitado y seréis en la Iglesia y en el mundo signo e instrumento de Cristo, que no vino “para ser servido sino para servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20, 28). El Señor imprimirá en vosotros un sello imborrable, que os configurará para siempre con Cristo Siervo: seréis para siempre signo de Cristo Siervo, obediente hasta la muerte y muerte de Cruz para la salvación de todos. ¡Sedlo con vuestra palabra y, sobre todo, con vuestra vida! ¡Mantened siempre viva esta vuestra condición de “siervos”, de servidores de Cristo, de su pueblo y de su misión; también cuando seáis presbíteros! Ello os librará de la tentación de consideraros dueños del pueblo de Dios, de buscar los primeros puestos y de la tentación de la mundanidad, siempre al acecho.

“El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor” (Jn 12, 26), os dice Jesús hoy a cada uno de vosotros, queridos hijos. Como diáconos os ponéis al servicio incondicional del Señor Jesús; estáis llamados a servir a Cristo y, como Él, a su Iglesia y a los hermanos: es decir, sin poner condiciones de tiempo, de lugar o de tarea, estando siempre disponibles para Dios y para los hermanos en total obediencia a la Iglesia y al Obispo diocesano. ¡Es fácil prometer obediencia; más difícil es vivirla! Como Cristo estáis llamados a poner toda vuestra persona y vida –capacidades, energías, tiempo y deseos- al servicio de Cristo, de su Evangelio y de la vida y misión de la Iglesia para la salvación del mundo. Morir a sí mismos para dar mucho fruto como el grano de trigo ha de morir en la tierra para desplegar toda su fecundidad: este es el camino indicado por Cristo y que se simboliza plásticamente en el rito de la postración.

Al postraros con todo vuestro cuerpo, manifestáis vuestra completa disponibilidad para el servicio que se os confía. En ese yacer por tierra en forma de cruz antes de la ordenación mostráis que acogéis en vuestra propia vida la Cruz de Cristo, que es la entrega total de sí mismo por amor. Como nos recuerda el mismo Señor en el Evangelio: No se genera nueva vida sin entregar la propia. Amar como Cristo es darse sin escatimar nada, hasta desaparecer uno mismo. Solamente el don total de sí libera la capacidad del hombre para amar de verdad, mientras que el apego a sí mismo lleva a la autodestrucción. Se trata de una verdad que se rechaza o menosprecia en el mundo de hoy, cuando se hace del amor a sí mismo el criterio último de la existencia. Pero para el discípulo de Cristo, la búsqueda de su interés personal y de su bienestar no es el camino de la fidelidad al Evangelio. Por el contrario, sabe que entregar la propia vida por amor a Cristo y a los hermanos es el camino de la santidad, de la perfección en el amor, para la vida definitiva y eterna. Ser discípulo de Cristo significa vivir como Él, aun en medio de la hostilidad y de la incomprensión; quien así vive se encuentra, como Jesús, en la esfera del Espíritu, en el hogar del Padre. Quien así vive pasará por este mundo haciendo el bien, como Jesús (cf. Hech 10, 38).

La gracia divina, que recibiréis con el sacramento, os hará posible esta entrega total y la dedicación plena a los otros por amor de Cristo; y además os ayudará a buscarla con todas vuestras fuerzas. Este será el mejor modo de prepararos para recibir un día la ordenación sacerdotal: servir, en efecto, es un ejercicio fecundo de caridad. Hoy, todos nosotros pediremos al Señor la gracia que os ayude a transformaros en fiel espejo de su caridad, hecha servicio.

En la triple diaconía de la Palabra, de la Eucaristía y de la Caridad

3. Al ser ordenados diáconos seréis “ungidos por la fuerza del Espíritu Santo” (Hech 10, 38), capacitados y enviados para ejercitar un triple servicio, una triple diaconía: la de la Palabra, la de la Eucaristía y la de la caridad, en especial hacia los más pobres y necesitados, para los que habéis de tener una especial predilección.

Entre otras, es tarea del diácono proclamar el Evangelio como también la de ayudar a los presbíteros en la explicación de la Palabra de Dios. Más tarde os entregaré el Evangelio con estas palabras: “Recibe el Evangelio de Cristo, del cual has sido constituido mensajero: convierte en fe viva lo que lees y lo que has hecho fe viva enséñalo, y cumple aquello que has enseñado”. Como Felipe (cf. Hech 8, 26-40) os habéis de poner en camino, dóciles a la moción del Espíritu, para anunciar el Evangelio de Jesús a todo el que expresa o implícitamente os lo pida, para guiarlos en su comprensión y acompañarles hasta el encuentro personal Jesús y su salvación. Para poder proclamar y anunciar el Evangelio de Cristo, su mensajero ha de leer y escuchar, escrutar y acoger, contemplar y asimilar previamente la Palabra de Dios, hasta dejarse él mismo configurar y conducir por la Palabra de Dios. No olvidéis que no sois dueños, sino servidores del Evangelio de Cristo. Habréis de anunciarlo íntegramente tal como nos es transmitido en la comunión de fe de la Iglesia; no os dejéis llevar por vuestras interpretaciones personales o por el deseo de halagar los oídos de quienes la escuchan. El Evangelio pide ser enseñado sin reducciones, sin miedos y sin complejos, también ante la cultura dominante. Una de las tareas más urgentes de nuestra Iglesia y el mejor servicio que puede prestar hoy es la diaconía a la Verdad de la Palabra de Dios, y en ella a la verdad del hombre, del matrimonio, de la familia y de la vida, de la sociedad y de la historia. Sed con vuestra palabra y con vuestra vida heraldos del Evangelio, profetas de un mundo nuevo, portadores de un mensaje que sigue arrojando la luz sobre los problemas de hoy.

Como servidores de la Eucaristía seréis los primeros colaboradores del Obispo y del sacerdote en la celebración de la Eucaristía; consideradlo siempre como un servicio; vivid con humildad, con profundo gozo y con sentido de adoración vuestra condición de servidores del ‘misterio de la fe’ y del ‘sacramento del amor’ para alimento de los fieles. Podréis también administrar solemnemente el bautismo, reservar y repartir la Eucaristía, asistir al matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el Viático a los moribundos, administrar los sacramentales y presidir el rito de los funerales y de la sepultura.

A vosotros se os confía, de modo particular, el ministerio de la caridad. La comunión con Cristo en la Eucaristía, fuente permanente del amor de Dios, os ha de llevar a dejaros llenar de la Caridad, que es Dios, para vivir la caridad con todos. La atención a los hermanos en sus necesidades, penas y sufrimientos serán vuestros signos distintivos como diáconos del Señor. Sed compasivos, caritativos, solidarios, acogedores y benignos con todos ellos.

Exhortación final

4. Por la ordenación de diáconos, queridos hijos, ya no os pertenecéis a vosotros mismos. Como servidores de Jesucristo, que se mostró servidor de sus discípulos, servid con amor y alegría tanto a Dios como a los hombres.

Para ser fieles al don que hoy recibís habréis de vivir enraizados en la vida de gracia, alimentada por la recepción de los sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación. Sed fieles al rezo diario y completo de la Liturgia de las Horas, a lo que hoy os comprometéis; es la oración incesante de la Iglesia por el mundo entero, que a partir de hoy os está encomendada de modo directo. Esforzaos por fijar vuestra mirada y vuestro corazón en Cristo con la oración personal diaria, que os llevará a ver el mundo con los ojos de Dios y a amar a los hermanos y a la Iglesia con el corazón de Cristo.

El don del celibato que hoy acogéis y que libre, responsable y conscientemente prometéis observar durante toda la vida por causa del reino de los cielos y para servicio de Dios y de los hermanos será para vosotros símbolo y, al mismo tiempo, estímulo de amor servicial y fuente de fecundidad apostólica. Movidos por un amor sincero a Jesucristo y su Iglesia y viviendo este estado con total entrega, os resultará más fácil consagraros con corazón indiviso al servicio de Dios y de los hombres.

Queridos todos: Dentro de unos momentos suplicaré al Señor para que derrame el Espíritu Santo sobre estos hermanos nuestros, con el fin de que los “fortalezca con los siete dones de su gracia y cumpla[n] fielmente la obra del ministerio”. Unámonos todos en esta oración para que César, Ion y Jesús se dejen llenar por esta nueva efusión del Espíritu Santo. Y oremos a Dios, fuente y origen de todo don, que nos conceda nuevas vocaciones al ministerio sacerdotal. A Él se lo pedimos por intercesión de María Inmaculada, la sierva y esclava del Señor. Amén.

+Casimiro López Llorente
Obispo de Segorbe-Castellón

La caridad, la iniciación cristiana y las familias centran la reunión de monseñor López Llorente con los sacerdotes del Arciprestazgo de Vila-real

Monseñor López Llorente se ha reunido este mediodía con los sacerdotes del Arciprestazgo nº 11 de Vila-real, en el marco de los encuentros que el obispo de Segorbe-Castellón está manteniendo con las distintas demarcaciones diocesanas desde que lo anunciará en el inicio de curso en el Seminario “Mater Dei”.

En esta ocasión, don Casimiro y todos los sacerdotes que pertenecen a dicho arciprestazgo han dialogado sobre temas tan diversos como la iniciación cristiana, un proceso que conviene comenzar con los niños de cinco años y que no se limita, por tanto, a la catequesis de primera Comunión o de Confirmación. En este sentido, el obispo de la Diócesis ha destacado el Oratorio de Niños como ejemplo de una buena iniciativa que se puede organizar en las parroquias.

Los asistentes también dialogaron con el pastor de Segorbe-Castellón sobre la necesidad de tratar apostólicamente a las familias que pertenezcan a cada parroquia como una de las maneras de recristianizar la sociedad. Asimismo, han hablado sobre la caridad y la necesidad de caminar juntos, que es lo que se busca con la sinodalidad, así como la importancia de que los sacerdotes se amen unos a otros y den ejemplo al resto de miembros parroquiales.

La reunión concluyó con la comida de fraternidad en una conocido restaurante oriental de la ciudad, cuyos dueños son católicos.

 

Homilía de monseñor López Llorente en la Misa Exequial del Padre Ricardo García Cerdán

MISA EXEQUIAL POR EL P. RICARDO GARCÍA CERDÁN

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S.I. Concatedral de Sta. María – Castellón, 23 de noviembre de 2019
(Sab 3,1-9; Salm 121; 1 Jn 3,1-2; Mt 25, 31-46)

Amados hermanos y hermanas en el Señor:

1. El Señor nos ha convocado esta tarde para despedir cristianamente al P. Ricardo, vuestro hermano y familiar, a nuestro hermano en la fe, a un hermano en el sacerdocio, al padre de los más vulnerables y necesitados de Castellón y a un hijo adoptivo de esta Ciudad. Le despedimos con la celebración de la Eucaristía, en la que Ricardo encontró la fuente para su vida cristiana y sacerdotal y el motor para su caridad hecha vida y entrega por los transeúntes, mendigos y personas sin techo. Al celebrar el misterio pascual, la muerte y resurrección de Jesús, en la muerte a este mundo de nuestro hermano sacerdote, la Pascua de Cristo se hace más íntima y visible con la muerte de Ricardo, quien en las primeras horas de la tarde de ayer era llamado por el Padre del amor y de la misericordia a su presencia, a la edad de 89 años. Su muerte nos duele, pero la Eucaristía nos consuela y nos fortalece en la esperanza.

2. El P. Ricardo vio la luz de este mundo el día 4 de noviembre de 1930 en Forcall (Castellón), entonces Diócesis de Tortosa, como segundo hijo del matrimonio formado por José García Gálvez y Joaquina Cerdán Mestre. De este matrimonio nacieron otros 6 hijos: Josefina, Julián, Pilar (fallecida), Rosario, María Ángeles y Juan José (fallecido). Ricardo ingresó pronto en el Seminario de Tortosa donde cursó los estudios secundarios de latín y humanidades, ý de filosofía y teología; y en la Catedral de Tortosa fue ordenado presbítero el día 25 de octubre de 1953. Posteriormente se licenció en Derecho Canónico en la Universidad de Comillas y se diplomó en el Instituto Superior de Pastoral de Madrid.

Durante su vida ministerial ejerció muy diversos cargos. Primero, en la Diócesis de Tortosa donde fue Coadjutor de Gandesa, Ecónomo de Bojar, Castell de Cabres y Coratxar y Coadjutor de Santa Bárbara; y, después, en nuestra diócesis de Segorbe- Castellón, como Coadjutor de la parroquia del Santo Ángel Custodio de Vall de Uxó, Vicario de Santa María de Castellón y Ecónomo de la parroquia de La Asunción de Benlloch.

Fue asimismo Secretario Particular de mis predecesores los Obispos, Mons. José Pont y Gol y D. José María Cases Deordal, Formador de la Sección de Filosofía del Seminario diocesano “Mater Dei”, Adscrito a la parroquia de la Santísima Trinidad y Consiliario del Colegio Diocesano de Consiliarios, Profesor de Religión en la Escuela de Turismo y en el Instituto Ribalta de Castellón. También fue miembro de la Comisión Diocesana de Vocaciones y Delegado Diocesano de la Mutual del Clero, Consiliario Diocesano de las mujeres de Acción Católica, Vicario Episcopal de la Zonas Palancia-Alto Mijares y Bajo Maestrazgo así como Vicario Episcopal de Formación Permanente del Clero. Siendo finalmente Párroco de San Juan Bautista de Río Seco y Vicedelegado para Cáritas y Marginados de Castellón, el 1 de mayo de 1984, puso en marcha el famoso comedor ‘P. Ricardo’, y posteriormente la Asociación Tra-Men-Sin (transeúntes, mendigos y gentes sin techo), de la que surgieron varias iniciativas: la Granja Sunamita para la acogida de transeúntes, el Centro “Viu-sin-al” para la recuperación de alcohólicos y drogodependientes, la Alquería como residencia para enfermos de SIDA, la Acogida personalizada, los Talleres artesanales, el Dispensario y guardería, el Ensayo de comunidad terapéutica, los Grupos de teatro como elemento integrador, el proyecto J.O.A.N de empleo juvenil y el Centro social Casal del bon amic. En 1987 se constituyó legalmente la Asociación OSIM, obra social de integración del marginado, que asumió todas las incitativas anteriores.

Si hoy recordamos al P. Ricardo –y así se le recordará siempre- es sobre todo por su obra caritativa y social. Él dejó sus responsabilidades en el gobierno de la Iglesia para dedicarse en cuerpo y alma a los más pobres y desfavorecidos. En su larga vida sacerdotal -66 años- el P. Ricardo ha ejercido su ministerio con generosidad y con total disponibilidad y entrega a la Iglesia y a los más necesitados. Sacerdote con alma caritativa, gozaba -y goza- de gran estima y afecto entre cuantos lo conocieron:
voluntarios, beneficiarios y tantas otras personas. Bien se puede afirmar que ha sido un sacerdote benemérito y ejemplar, que forma ya parte del patrimonio espiritual de nuestro presbiterio, de nuestra Iglesia diocesana y de nuestra Ciudad: es un don que se convierte en estímulo para quienes todavía peregrinamos hacia la casa del Padre.

Ricardo solía hablar de Eucaristía-Dos, para remarcar las dos vertientes de la celebración eucarística: “partiendo y compartiendo el pan eucarístico, y partiendo y repartiendo nuestro pan y nuestro tiempo con los necesitados”, dejó escrito. El P. Ricardo nos seguirá interpelando como Iglesia diocesana y como presbiterio para que nunca olvidemos que estamos llamados a ser una Iglesia pobre y servidora de los pobres. Y a éstos, los pobres, siempre los tendremos entre nosotros, nos dice Jesús. Oremos y trabajemos para que la obra del P. Ricardo continúe viva entre nosotros. En esta tarde damos gracias a Dios por su persona, por su ministerio sacerdotal, por su buen ejemplo, por su fidelidad al ministerio y por su obra caritativa y social. A la vez elevamos nuestra oración al Dios del amor y de la misericordia por nuestro hermano. Y lo hacemos a la luz de la Palabra que Dios nos ha ofrecido en esta Liturgia.

3. Ricardo encontró en el evangelio “el valor de eje, de motor, centrando o impulsando toda su acción”. Bien podemos decir que intentó vivir con radicalidad el evangelio que hemos proclamado. “Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fue forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme” (Mt 25, 35-36). El encuentro personal con Jesús en la meditación de este Evangelio y en la Eucaristía, le llevaba al encuentro con los transeúntes y migrantes, hambrientos y sedientos, con los sin techo, los descartados
y parados, y con tantos otros necesitados de pan, de consuelo, de rehabilitación, de trabajo, de cultura, de consuelo y de sentido para sus vidas. En todos ellos, él veía reflejado el rostro de su Señor Jesús, Ricardo veía al mismo Jesús que venía a su encuentro. Porque “cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 40).

Por ello esta tarde elevamos nuestra oración al Dios del amor y de la misericordia por nuestro hermano; y le pedimos que sea contado entre aquellos a los que Jesús dirá: “Venid vosotros, benditos de mi Padre: heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo” (Mt 25, 34).

4. La obra el P. Ricardo no ha estado exenta de dificultades, que él supo abordar con constancia y siempre con su confianza puesta en Dios, siguiendo la exhortación del libro de la Sabiduría. El autor sagrado alaba la confianza de los justos en Dios en las vicisitudes y en las pruebas de la vida y les exhorta a mantenerse fieles al amor de Dios: “Los que confían en Dios comprenderán la verdad; los fieles a su amor seguirán a su lado; porque quiere a sus devotos, se apiada de ellos y mira por sus elegidos” (Sab 3,1-9, 9). Quien acoge la llamada de Dios que viene a su encuentro en el necesitado, quien se pone al servicio del Señor y entrega su vida al ministerio eclesial y a los más pobres no está exento de pruebas y de dificultades, como lo ha experimentado el P. Ricardo. Pero vivir con la confianza puesta en Dios siguiendo a Cristo y entregando su vida a la llamada recibida, libera el corazón de toda pobreza y se sumerge en el hondón del amor fiel y eterno de Dios.

“Que no tiemble vuestro corazón -dice Jesús a los Apóstoles en la última Cena -. Creed en Dios y creed también en mi” (Jn 14,1). Nuestro corazón está siempre inquieto hasta que encuentra un asidero seguro; y, en estas palabras de Jesús, nuestro corazón encuentra la roca sólida donde afianzarse y reposar. Porque, quien se fía de Jesús, pone su confianza en Dios mismo.

El Salmo responsorial (121) y la segunda Lectura (1 Jn 3,1-2), proclamados en esta celebración, llenan nuestro corazón de la esperanza, a la que hemos sido llamados. El Salmista nos invita a imitar en espíritu a los peregrinos que ascendían a la ciudad santa y, después de un largo camino, llegaban llenos de alegría a sus puertas: “Qué alegría cuando me dijeron: ‘Vamos a la casa del Señor’. Ya están pisando nuestro pies tus umbrales Jerusalén!” (Sal 121,1-2). Oramos para que estas palabras hayan acompañado al P. Ricardo en su tránsito de esta vida la casa del Padre. Y, el Apóstol Juan, en su primera carta, expresa esta alegría esperanzada desde la certeza de ser hijos de Dios y a la espera de la plena manifestación de esta realidad: “ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. … Cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es” (1 Jn 3,2).

5. Hermanos y hermanas en el Señor. Con nuestra mirada de fe en Cristo resucitado y con esperanza cristiana, ofrezcamos esta Eucaristía por nuestro hermano Ricardo; él ya nos ha precedido en el encuentro definitivo con el Padre, en su último paso hacia la vida eterna. ¡Que el Padre le haga partícipe de su reino de vida eterna y de su gloria para siempre! Invoquemos la intercesión de la Bienaventurada Virgen María para que le acoja en la casa del Padre en la confiada esperanza de poder un día unirnos a él para gozar de la plenitud de la vida y de la paz de Dios. Amen.

+Casimiro López Llorente
Obispo de Segorbe-Castellón

90 personas asisten a las Jornadas de Iniciación a la Oración de Niños Pequeños en el “Mater Dei”

El pasado fin de semana, del viernes 22 al domingo 24 de noviembre, se celebraron las Jornadas de Iniciación a la Oración de los Niños Pequeños, organizadas por la Delegación Diocesana de Catequesis en el Seminario “Mater Dei”, a las que asistieron 90 personas venidas de varios puntos de nuestra diócesis como Vila-real, Benicásim, Nules, Borriol, Burriana, Villar de Canes y la propia capital de la Plana, así como de las diócesis vecinas de Valencia (Buñol y Denia) y Tortosa (Benicarló). Leer más

Mónica Prieto: “La Iglesia realiza una labor más importante con los migrantes que la de muchos poderes públicos”

Mónica Prieto trabaja en la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española, que nació para atender a los emigrantes españoles en Europa y que, con el transcurso de los años, ha abierto un departamento para atender a los migrantes que llegan a España, que es ahora uno de sus principales tareas. Mónica es socióloga y ha trabajado con niños y jóvenes migrantes no acompañados en casas de acogida, por lo que cuenta con una amplia experiencia en el trato con migrantes. Leer más

Monseñor López Llorente se reúne con los sacerdotes del Arciprestazgo de la Esperanza de Onda

Monseñor López Llorente se reunió ayer con los sacerdotes del Arciprestazgo de Nuestra Señora de la Esperanza de Onda (número 9) en el marco de los encuentros que el obispo está manteniendo con las distintas demarcaciones eclesiásticas de de la Diócesis con el objetivo de impulsar el objetivo pastoral anual a través de acciones concretas  y estimular la vida parroquial.

En concreto, en la reunión celebrada en la Esperanza de Onda, don Casimiro introdujo los objetivos centrales del presente curso pastoral, invitó a los sacerdotes a vivir la caridad entre ellos y con los miembros de sus parroquias. También hizo referencia a la estructura de los arciprestazgos y de la importancia de los consejos, así como de la “sinodalidad”.

Los Equipos de Nuestra Señora de la Diócesis centran la apertura del curso en la promoción de la santidad de lo cotidiano

El pasado domingo día 6 de octubre, los matrimonios y sacerdotes-consiliarios pertenecientes al movimiento Equipos de Nuestra Señora celebraron en el colegio de los PP. Carmelitas de Vila-real la convivencia de Apertura de Curso, a la que asistieron más de 90 personas y tres sacerdotes-consiliarios. Leer más