“En mayo mataron a mi vicario pensando que yo celebraba la Misa”

Desde hace dos años, Cáritas Española sostiene un proyecto de desarrollo en tres diócesis del norte de Burkina Faso: Kaya, Dori y Ouaihgouya. En 2019 se renueva la colaboración, pero con una nueva perspectiva impuesta por la situación del país: se tienen que abandonar las cooperativas, el desarrollo de cultivos sostenibles, los pozos de agua… para centrarse en la asistencia humanitaria. A causa de la violencia terrorista, se calcula que hay unos 300.000 desplazados internos en el país africano.

Es el caso de la comunidad cristiana de la parroquia del beato Isidore Bakanja, en Dablo, al norte del país. El 12 de mayo unos 20 terroristas llegaron al pueblo para matar al cura. Al llegar a la iglesia vieron al vicario celebrando la Misa, y lo asesinaron a sangre fría junto con cinco feligreses. Esta mañana lo explicaba el párroco, Olivier Lompo, en una charla organizada por Cooperación Internacional de Cáritas en Castellón.

Tras el ataque, la comunidad cristiana huyó del poblado. La parroquia se había creado en 2014 y era un centro floreciente tanto religioso como de desarrollo social. Ahora todo se ha perdido, como los 47.000 € de microcréditos concedidos a 500 mujeres. El mismo abbé Olivier pensaba que en una semana podría volver, y ya han pasado cinco meses. Ahora es párroco de una parroquia en diáspora. Desde el centro de la diócesis atiende a los feligreses que han tenido que abandonarlo todo, pero cuando va por la calle mira regularmente atrás por si le siguen, porque está amenazado de muerte.

El conflicto en las regiones del norte de Burkina Faso es complejo: “No llegamos a identificar esos grupos terroristas; desconocemos si son extremistas o étnicos, quien nos ataca y qué quieren. Solo tenemos la impresión de que son diversas facciones. Pero sí sabemos que su objetivo era eliminar la Iglesia en ese pueblo y llevar la gente a convertirse al islam. Es lo que dijeron durante el ataque en Dablo”. Los ataques son constantes desde hace 4 años. El lunes (4 de noviembre) asesinaron a 10 personas en Oursi, una población cercana.

Los cristianos cuentan con el apoyo de las comunidades musulmanas, ellas mismas afectadas también por la violencia: “Todos somos conscientes que no es una guerra de musulmanes contra cristianos, sino de malas personas que tienen una cierta ideología y que buscan algo que ignoramos“, asegura el Padre Lompo.

Llamada al perdón y la esperanza

En mayo los obispos católicos de África occidental hicieron público un manifiesto en el que expresaban su preocupación por la situación, interpelaban el gobierno a actuar, y animaban a unos y otros a vivir juntos para luchar contra el extremismo y alcanzar la paz. En las diócesis la invitación constante es al perdón, a no perder la confianza en Dios y a trabajar en el seno del Evangelio.

“El miedo es natural, pero lo que la Iglesia sufre da ocasión a los fieles a vivir mejor la pasión de Cristo. En vez de desanimarnos, esta situación nos refuerza en nuestra fe y nos da la ocasión de vivir como los primeros cristianos. Los mártires vienes de la persecución y pensamos que es el momento de vivir nosotros esa persecución en la fidelidad con Cristo”, explica Olivier Lompo. Él mismo está preparado a que le puedan arrebatar la vida: a sus 42 años, 11 de sacerdocio, asegura “uno se prepara para lo peor, y pone en orden sus cosas por si es necesario”.

Ayuda desde Cáritas

Asegura que hay un riesgo real de guerra civil, pero se aferra a la confianza de que no llegará y que la gente podrá volver a sus casas. Mientras, se esfuerza a trabajar para que cuando llegue ese momento se pueda vivir la reconciliación, aún sabiendo que hay vecinos que han participado en las matanzas. A los cristianos de España les pide que los sostengan con la oración “para que tengamos la valentía de vivir la fidelidad a Cristo hasta la muerte. Algunos ya lo han hecho, y otros lo harán”. Cáritas diocesana tiene abierta una cuenta para colaborar en la ayuda material a esta población:  ES69 2038 9939 95 6000431115

 

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