Jornada Mundial de los Pobres

El próximo domingo, 17 de noviembre, se celebra la Jornada Mundial de los Pobres. Este año el lema es “La esperanza de los pobres nunca se frustrará”. En la Diócesis el acto organizado por las entidades de la Pastoral Caritativa Social será una eucaristía, presidida por el Obispo, Mons. Casimiro López Llorente, el mismo domingo a las 19h en la parroquia de San José Obrero de Castellón.

El mensaje que proviene de las palabras del Salmo 9 constituye el tema central de esta III Jornada Mundial de los Pobres. Es una mirada llena de esperanza, dirigida a aquellos que saben captar en las condiciones de vida más dispares la certeza de la intervención del Señor.

Subsidio pastoral para la Jornada Mundial de los Pobres

En el Mensaje para esta Jornada, el Papa Francisco ofrece a través de las palabras del Salmista, que presentan una impresionante actualidad con nuestros tiempos a pesar de la distancia temporal, una hermosa definición del pobre: “es el hombre de la confianza” (n. 3). Él es aquel que “confía en el Señor” porque lo conoce; es decir, tiene una “relación personal de afecto y amor” con Dios. La esperanza de los pobres no queda defraudada y Dios interviene a su favor para devolverle la dignidad perdida y liberarlo de la esclavitud de la precariedad de la marginación.

De ahí nace la reflexión sobre el compromiso concreto que todos estamos llamados a expresar “en la vida ordinaria de cada día”. Un compromiso que “no consiste sólo en iniciativas de asistencia que, si bien son encomiables y necesarias, deben tender a incrementar en cada uno la plena atención que le es debida a cada persona que se encuentra en dificultad” (n. 7). El Papa Francisco vuelve a un tema que le es particularmente querido: “Los pobres tienen necesidad de Dios, de su amor hecho visible gracias a personas santas que viven junto a ellos, las que en la sencillez de su vida expresan y ponen de manifiesto la fuerza del amor cristiano. Dios se vale de muchos caminos y de instrumentos infinitos para llegar al corazón de las personas. Por supuesto, los pobres se acercan a nosotros también porque les distribuimos comida, pero lo que realmente necesitan va más allá del plato caliente o del bocadillo que les ofrecemos. Los pobres necesitan nuestras manos para reincorporarse, nuestros corazones para sentir de nuevo el calor del afecto, nuestra presencia para superar la soledad. Sencillamente, ellos necesitan amor”. (n. 8). Un desafío, por lo tanto, para saber ver lo esencial y para vivir las palabras de Jesús “cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25:40).

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