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San Pascual en la crisis actual

Queridos diocesanos:

Este domingo es la fiesta de san Pascual, nuestro Patrono diocesano. Al coincidir  con el VI Domingo de Pascua, sólo lo podremos celebrar litúrgicamente en su Basílica en Vila-real. En el resto de la Diócesis, con el fin de mantener vivas su memoria y devoción y suplicar su intercesión ante Dios en este tiempo de pandemia, lo celebraremos litúrgicamente, con el rango de ‘fiesta’ el lunes, día 18 de mayo. La fecha de la fiesta de san Pascual coincide este año con la pascua del enfermo, que se celebra este VI domingo de Pascua. Ambas celebraciones están marcadas este año por la pandemia del Covid-19, que tanto sufrimiento está causando. En un momento tan doloroso resuenan las palabras de Jesús: “Venid a mi todos los que estáis cansados  y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11,28). Jesús nos llama a acudir a él, siempre y de modo especial en estos momentos de tribulación, en busca de esperanza, de consuelo y de alivio.

Jesús nos invita, pues, a ir a Él y dejarnos encontrar personalmente por Él, a profundizar en el misterio de su persona y a participar de su Pascua, para que se transforme nuestra mirada y nuestra vida. Así se avivará en nosotros la esperanza que no defrauda. Aliviados, consolados y fortalecidos por Cristo podremos también acompañar a cuantos sufren por esta pandemia con la esperanza que procede del Señor resucitado. Esas palabras de Jesús expresan su solidaridad con una humanidad afligida y sufriente, desconcertada y temerosa. ¡Cuántas personas padecen en el cuerpo y en el espíritu! Jesús dice a todos que acudan a Él, “venid a mí”, y les promete alivio y consuelo. El encuentro personal con Cristo Vivo ofrece siempre alivio en el cansancio y la fatiga.

El Señor Resucitado sale hoy de nuevo a nuestro encuentro para despertar y avivar nuestra fe pascual. En su Cruz, en su muerte y resurrección, hemos sido salvados, hemos sido rescatados y hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor. Nada ni nadie nos podrá ya separar del amor de Dios, manifestado en Cristo, nos recuerda san Pablo (cf. Rom 8, 39). El Señor nos interpela y, en medio de la tragedia, nos invita a dejarnos encontrar y amar por Él para que se active en nosotros la caridad, la solidaridad y la esperanza capaz de contener y dar sentido a estas horas donde todo parece naufragar. El encuentro con Cristo, su alivio y consuelo, fruto de su amor experimentado personalmente, nos impulsan a salir de nosotros mismos para acompañar a tantos que están sufriendo las consecuencias de esta pandemia. Tanto a los enfermos como a cuantos nos cuidan en estos momentos de especial dificultad. Y también a acompañar a los enfermos para que sientan, a través de nuestra presencia, nuestras palabras y muchas veces con nuestro silencio, la cercanía de Jesús, que les ama, alivia y consuela, que les conforta y les da esperanza. Y nos ha de llevar también a ser caritativos y generosos con los pobres y necesitados, con todos aquellos que sufren y sufrirán las consecuencias humanas, laborales y económicas de esta pandemia.

¿Qué nos dice hoy San Pascual nuestro patrono; es decir, nuestro guía, intercesor y ejemplo? Su vida y su legado son siempre actuales, y en esta tragedia de la pandemia son de enorme actualidad. Él nos muestra que es necesario y sanador mirar e ir a Cristo para encontrar en Él alivio en nuestros cansancios y agobios. La invitación de Jesús sólo la pueden escuchar y acoger los sencillos y humildes, como Pascual; los que reconocen la verdad de lo que son, su fragilidad y su finitud; en último término, los que se abren a la necesidad de contar con Dios y su amor en su vida, en la historia humana y en un futuro con esperanza para la humanidad. Pascual nos muestra que el lugar por excelencia de ese encuentro con Cristo es la oración y la Eucaristía, sin la cual él no podía vivir; incluso cuando estaba con su rebaño y no podía participar en la santa Misa y en la Comunión, él se volvía y arrodillaba en adoración cuando la campana de la ermita cercana tocaba en la Consagración.

Nuestro patrono, hombre sencillo y humilde, se deja amar, consolar, aliviar y esperanzar por el encuentro con Cristo en la Eucaristía y por su devoción a la Virgen María. Pascual ama a Cristo con toda su alma, y ese amor le trasforma y le lleva a entregarse al servicio de los hambrientos y sedientos, de los que sufren soledad o enfermedad. Cuando un corazón es humilde, se abre a Dios y se hace generoso; cuando un corazón está enamorado de Jesucristo, que nos ha amado hasta entregar su vida en la Cruz, se hace caritativo y solidario con los demás. Pascual se sabe amado en desmesura por Dios en Cristo, se deja vivificar por ese amor y ama como Jesús: “Que os améis unos a otros como yo os he amado” (Jn 15, 9).

Pascual vivía siempre con alegría; la fuente era su experiencia personal del amor de Cristo. Y esa alegría y ese amor le llenaban y se desbordaban en el amor y en el servicio al necesitado. Se necesitan corazones generosos como el de Pascual para salir al paso de tantas necesidades presentes y futuras; él, limosnero y portero de su convento de Vila-real, nos invita hoy a redoblar nuestra generosidad en este tiempo de pandemia. Es el mensaje de Pascual en el día de su fiesta y en la pascua del enfermo. Que él nos guie e interceda por nosotros en estos momentos de pandemia y de crisis humana, económica y social.

 

Con mi afecto y bendición,

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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