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Stella maris, apostolado del mar

Queridos diocesanos:

Nos disponemos a celebrar la Fiesta de la Virgen del Carmen, cuya devoción está muy arraigada entre nosotros y, sobre todo, en las gentes de la mar que la tienen y celebran como su patrona. El origen de esta advocación de la Virgen está en la nubecilla blanca divisada desde la cumbre del monte Carmelo cuando el profeta Elías suplicaba a Dios que pusiese fin a una larga sequía. Después de observar varias veces el mar, su criado divisó a lo lejos una nubecilla, pequeña como la palma de la mano de un hombre, que subía del mar; en poco tiempo el cielo se cubrió de nubes y cayó una gran lluvia (cf. 1 Re 18, 44). En esa nubecilla cargada de lluvia se reconoció la figura de la Virgen. Porque María es como la nube que da al mundo el Salvador, la buena Noticia del amor Dios para todos, la luz que nos guía y la razón de nuestra esperanza.

A María la proclamamos también como “Stella maris”, la estrella del mar que guía el rumbo de nuestra existencia por las difíciles aguas de la vida. Los marineros de antaño leían la posición de las estrellas para marcar su rumbo en el inmenso océano; así la Virgen María es como la estrella que nos guía hacia el puerto seguro: Cristo. María es la estrella que nos lleva al encuentro con Cristo Jesús y también con el prójimo. El cristiano está llamado por Jesús a contemplar en él la misericordia de Dios, acogerla, dejarse transformar por ella y llevarla a todos, también a la gente del mar.

Jesús acompañaba a sus discípulos en los viajes en barca, les ayudaba en sus afanes y calmaba las tempestades. Como Jesús, también la Iglesia ha de acompañar a la gente del mar preocupándose de sus necesidades espirituales y materiales. Para salir al encuentro de las exigencias de la asistencia humana y religiosa que necesitan los hombres que trabajan en el comercio marítimo o en la pesca, sus familias, el personal de los puertos y todos los que emprenden un viaje por mar surgió el Apostolado del Mar en la Iglesia, bajo el nombre de “Stella maris”; es el título preferido con el que la gente del mar se dirige a la Virgen María, en cuya protección siempre ha confiado.

Se cumplen ahora cuatro años de la creación en nuestra diócesis del Secretariado de Apostolado del Mar; desde hace dos años cuenta con un local con el nombre “Stella Maris-Castellón”, cedido generosamente por la Autoridad Portuaria en el distrito marítimo de la capital de La Plana. La finalidad de este servicio diocesano es llevar la Buena Nueva del mensaje cristiano a todas las personas del mundo de la mar. Quien acoge y vive el Evangelio de Jesús cuida, proclama y defiende con valentía la dignidad humana que a veces es descuidada y conculcada en el mundo del mar. El Apostolado del Mar quiere acoger y acompañar, llevar luz y esperanza a la vida de la gente del mar y ayudar solidariamente a los marineros necesitados y a todas sus familias.

Stella Maris-Castellón quiere ser como “el hogar, lejos del hogar”. Los puertos han sido diseñados para operaciones de carga y descarga, embarque y desembarque, pero con frecuencia se ignoran las necesidades de los tripulantes de los barcos. El marino necesita sentirse persona, comunicarse con su familia, realizar compras, disfrutar de un mínimo tiempo de ocio o tal vez conversar con alguien o recibir una asistencia social, legal o espiritual. Además este apostolado debe ser también la voz de los sin voz, haciendo oír sus necesidades a la sociedad.

El papa Francisco en la audiencia a capellanes y voluntarios de Stella Maris hace unos días (27.06.2019) les recordaba que su servicio a marineros y pescadores consistía, en primer lugar, en escuchar sus preocupaciones materiales y espirituales para abordar después los problemas que con demasiada frecuencia son el resultado de la codicia humana. “Vuestra presencia en los puertos, tanto grandes como pequeños, -les decía- debería ser en sí misma un recordatorio de la paternidad de Dios y del hecho de que ante Él todos somos hijos y hermanos; una referencia al valor primario de la persona humana antes y por encima de cualquier interés; y un incentivo para todos, comenzando por los más pobres, a esforzarse por la justicia y el respeto de los derechos fundamentales”.

Que la Virgen del Carmen proteja a todos y en especial a la gente del mar.

Con mi afecto y bendición,

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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