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Los sacerdotes diocesanos asisten, junto al Obispo, al retiro mensual del mes de mayo

Esta mañana, los sacerdotes diocesanos han participado en el retiro mensual del mes de mayo en el
Palacio Episcopal de Castellón, al que también ha asistido Monseñor López Llorente. El rector del
Seminario Diocesano “Mater Dei”, Juan Carlos Vizoso, ha sido el encargado en esta ocasión de la
predicación, que ha versado sobre las tres crismaciones que el sacerdote recibe a lo largo de su vida. Las dos primeras, igual que todo cristiano, en el Bautismo y la Confirmación, y la tercera en la ordenación sacerdotal. Leer más

Mons. López Llorente: “San Pascual es un santo actual que nos estimula a seguir caminando hacia la santidad”

Monseñor López Llorente ha presidido la Santa Misa de la festividad de san Pascual Baylón, patrón de la Diócesis, del Culto Eucarístico y de la ciudad de Vila-real, en una multitudinaria celebración que ha contado con la presencia de la reina de las fiestas y su corte de honor, así como principales autoridades civiles, las madres clarisas, los sacerdotes y seminaristas y numerosos fieles que han abarrotado la Basílica villarrealense. El Obispo de Segorbe-Castellón ha destacado en la homilía que san Pascual “es un santo siempre actual (…) que sigue unido a nosotros y nos alienta a no detenernos en el camino y nos estimula a seguir caminando hacia la meta, hacia la santidad”. Leer más

Homilía de Monseñor López Llorente en la Fiesta de San Pascual Bailón

HOMILÍA EN LA FIESTA DE SAN PASCUAL BAILÓN

Patrono de la Diócesis y de la Ciudad de Vila-real
***
Basílica de San Pascual, Vila-real – 17.05.2019

(Ecco 2, 7-13; Sal 33: 1 Cor 1, 26-31; Mt 11, 25-30)

Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor:

1. Os saludo de todo corazón a todos cuantos os habéis unido a esta celebración de la Eucaristía, aquí en la Basílica o desde vuestros hogares a través de la televisión. Mi recuerdo y saludo en especial a vosotros, los enfermos e impedidos.

El Señor Jesús nos convoca un año más en torno a la mesa de su Palabra y de su Eucaristía para honrar a San Pascual Bailón. Y le honramos dando gracias a Dios una vez más por ser nuestro Santo Patrono y sobre todo por su santidad de vida, por su sencillez, por su humildad y por su gran amor a Dios y al prójimo.

2. Recordemos brevemente algunos datos de su biografía. Nuestro santo patrono nació en Torrehermosa (1540) y murió aquí en Villarreal (1592). Hijo de una humilde familia aragonesa, profundamente cristiana, a los siete años Pascual ya era pastorcito. Gran devoto de la Virgen y de la Eucaristía, cuando no podía asistir a Misa, se arrodillaba en el campo y oraba con la mirada fija en el lejano santuario de Ntra. Sra. de la Sierra, donde se celebraba el santo Sacrificio de la Misa. Más tarde emigra a tierras del Vinalopó para trabajar como pastor. Sintiendo la llamada a consagrar su vida a Dios, a los dieciocho años pide ser admitido en la Orden de los Frailes Menores. Años más tarde entra en el convento de Nuestra Señora de Loreto, fundado por los frailes reformados de San Pedro de Alcántara, en Orito; desde allí pasa en 1589 al convento de los frailes alcantarinos aquí en Vila-real, donde se encargó de tareas humildes como portero, limosnero o cuidador de la huerta.

Pascual fue un excepcional hombre de Dios y, por ello, un excepcional amigo y servidor de los hombres. Fue generoso y sufrido, paciente y alegre, siempre dispuesto a cumplir sus deberes con diligencia y con bondad, con misericordia y con un amor sin límites hacía los más pobres. En la fe y amor a Jesucristo, cultivado y alimentado diariamente en la oración y la Eucarística, y en su amor a la Virgen se encuentra la raíz de su amor desinteresado hacia el prójimo, en especial a los pobres, a los necesitados, a los mendigos. En Pascual apreciamos la santidad vivida en el día a día; nuestro santo nos muestra que se puede llegar a ser grande, con la grandeza inigualable de la perfección del amor, –que eso es la santidad-, dedicándose a la tarea del pastoreo y a los oficios más sencillos de la casa. Es el servicio humilde el que brilla en su vida: todo un ejemplo y un mensaje para nosotros.

3. Como todos los santos, hermanos, Pascual no pertenece sin más al pasado; nuestro santo no es una mera figura de nuestra historia pasada. Su recuerdo tampoco no puede quedar reducido a una fiesta, ajena a lo que él fue, vivió y significó para el pueblo cristiano de Vila-real. No: Pascual es un santo siempre actual. “Por la comunión de los santos”, como profesamos en el Credo, Pascual sigue unido a nosotros y nos alienta a no detenernos en el camino y nos estimula a seguir caminando hacia la meta, hacia la santidad. Él nos dice hoy, aquí y ahora, que es posible ser santos, que no nos conformemos con una existencia mediocre, tibia, aburrida, aburguesada, egoísta, indiferente hacia Dios y hacia los hermanos. Como a Pascual, “a cada uno de nosotros el Señor nos ha elegido para que seamos santos e irreprochables ante él por el amor” (Ef 1,4). “El Señor lo pide todo – nos dice el papa Francisco-, y lo que él ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la que fuimos creados” (GeE 1).

La semilla de la santidad fue plantada en nosotros el día que fuimos bautizados; si la regamos bien con la gracia de Dios en la oración y los sacramentos, y vivimos día a día, en las tareas ordinarias y sencillas de la vida, amando a Dios y al prójimo, esa semilla irá creciendo. La vida tiene muchos momentos en los que se puede ir desarrollando la experiencia de la santidad, porque su fuerza es la caridad que se muestra en el amor a Dios y al prójimo. Por este doble carril vamos caminando durante todas las etapas de la vida hasta llegar a su final que es la eternidad, que es la bienaventuranza o la dicha eterna con Dios.

La biografía de Pascual nos muestra que él vivió día a día su condición de bautizado, siguiendo fielmente a Jesucristo y conformando su vida al Evangelio. Pascual fue un testigo cercano y concreto de Jesucristo y de su Evangelio para el hombre de su tiempo. Fue extraordinariamente humano, precisamente porque su vida estaba anclada en Dios y en su voluntad, la alimentaba en el encuentro personal con Cristo en la oración, en la Eucaristía y en los necesitados, y seguía al Señor por el camino de las bienaventuranzas. En él, el Señor Resucitado mostró en el corazón de la Iglesia y en medio del mundo, la extraordinaria fuerza de la Vida nueva, que brota de la resurrección del Señor; una Vida nueva que es capaz de renovar y transformar todo.

4. Pascual quiso imitar a Jesucristo que, siendo Dios, se hizo hombre, humilde y pobre. Quien se acerca a Jesucristo, una de las virtudes que aprende es la humildad, como lo hizo Pascual. “Yo te alabo Padre, dice Cristo en el Evangelio, porque has escondido los misterios de Dios a la sabios y entendidos, y se los has revelado a la gente sencilla”. Una humildad como la de Pascual es el camino para abrirse a Dios, es el camino hacia la santidad, es el camino hacia la felicidad, es el camino para el cielo; es el camino que agrada a Dios y que aprovecha mucho a los hombres.

Jesús nos explicó con toda sencillez que el camino de la santidad es el camino de las bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-12; Lc 6,20-23). Pascual lo hizo suyo. Para ser un buen cristiano, para ser santos, es necesario que, cada uno a su modo, haga lo que dice Jesús en el sermón de las bienaventuranzas. “Feliz” o “santo” es aquel que es fiel a Dios y vive su Palabra, y de este modo alcanza, en la entrega de sí, la verdadera dicha (cf. GeE 63). Cierto que las bienaventuranzas van muy a contracorriente con lo que se lleva y se hace en la sociedad; su mensaje nos lleva hacia otro estilo de vida. Solo podemos vivirlas si el Espíritu Santo nos invade con toda su potencia y nos libera de la debilidad del egoísmo, de la comodidad, del orgullo (cf. GeE 65).

Pascual es santo porque fue “pobre en el espíritu”(Mt, 5,3), Jesús nos llama y Pascual nos enseña a ser pobres en el corazón, a sentirnos necesitados de Dios y de su salvación, a confiar en él, a poner nuestra última seguridad en Dios. Hemos de preguntarnos dónde ponemos nuestra confianza y la seguridad de nuestra vida: ¿en Dios o en las riquezas? Cuando lo hacemos en las riquezas y cuando creemos que éstas están en riesgo, todo el sentido de nuestra vida en la tierra se desmorona. “Las riquezas –dice el Papa Francisco- no te aseguran nada. Es más: cuando el corazón se siente rico, está tan satisfecho de sí mismo que no tiene espacio para la Palabra de Dios, para amar a los hermanos ni para gozar de las cosas más grandes de la vida. Así se priva de los mayores bienes. Por eso Jesús llama felices a los pobres de espíritu, que tienen el corazón pobre, donde puede entrar el Señor con su constante novedad” (GeE 68).

Nuestro patrono siguió la llamada de Jesús a la mansedumbre: “Felices los mansos, porque heredarán la tierra” (Mt 5,4). En el evangelio de hoy se nos dice: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas” (Mt 11,29). Frente a un modo dominado por la enemistad, la crispación, el rencor, el odio y la exclusión del diferente, Jesús propone otro estilo: la mansedumbre. Es lo que él practicaba con sus propios discípulos y lo que vivió Pascual. Cuando miramos los límites y defectos de los demás con ternura y mansedumbre, sin sentirnos más que ellos, podemos echarles una mano y evitamos desgastar energías en lamentos inútiles. La mansedumbre es expresión de la pobreza interior, de quien deposita su confianza solo en Dios, como hizo Pascual. Alguien podría objetar: “Si yo soy tan manso, pensarán que soy un necio, que soy tonto o débil”. Tal vez sea así, pero dejemos que los demás piensen lo que quieran. Los mansos “poseerán la tierra”, es decir, verán cumplidas en sus vidas las promesas de Dios. Porque los mansos, más allá de lo que digan las circunstancias, esperan en el Señor, y los que esperan en el Señor poseerán la tierra y gozarán de inmensa paz (cf. GeE 74).

Pascual ejercitó la misericordia con el prójimo: dio de comer al hambriento y de beber al sediento, ayudó al menesteroso y sirvió a sus hermanos en las tareas más humildes; él supo perdonar y comprender al prójimo. Siguió las palabras de Jesús: “Todo lo que queráis que haga la gente con vosotros, hacedlo vosotros con ella” (Mt 7,12). Dar y perdonar es intentar reproducir en nuestras vidas un pequeño reflejo de la perfección de Dios, que da y perdona sobreabundantemente. … Es hacer propias las palabras de Jesús: “sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará” (Lc 6,36-38).

Nuestro Santo tuvo un “corazón limpio”: fue un hombre de corazón sencillo y puro. En la Biblia, el corazón son nuestras intenciones verdaderas, lo que realmente buscamos y deseamos, más allá de lo que aparentamos. “Lo que más hay que cuidar es el corazón” (cf. Pr 4,23). Lo que viene de dentro del corazón es lo que contamina al hombre, porque de allí proceden los asesinatos, el robo, los falsos testimonios y demás cosas (cf. Mt 15,18-19). En las intenciones del corazón se originan los deseos y las decisiones más profundas que realmente nos mueven. Cuando el corazón ama a Dios y al prójimo, cuando esa es su intención verdadera y no palabras vacías, entonces ese corazón es puro y puede ver a Dios. Jesús promete que los de corazón puro “verán a Dios”.

5. Los Santos como Pascual son los protagonistas de los períodos más renovadores de la historia de la Iglesia y de la sociedad. Su forma de ser, de estar y de actuar en la Iglesia y en el mundo no suele ser espectacular sino que, con frecuencia, pasa desapercibida. Son humildes y sencillos. Su alimento es la oración, la escucha de Dios y de su Palabra, la unión y la amistad con Cristo. En la entrega sencilla de sus vidas a Dios y a los hermanos cifran todos sus ideales personales.

Nuestro mundo necesita de santos como Pascual para crecer en humanidad y en fraternidad, en justicia, en verdad y en paz. Los necesita también nuestra Iglesia diocesana. El único camino para la purificación y la renovación de nuestra Iglesia es la conversión y santidad de todos sus miembros. Sólo así podrá ser fecunda en la evangelización.

Sí, necesitamos a San Pascual, nuestro Patrono, como un modelo de santidad, siempre actual. Venerar a Pascual equivale a sentirse llamado a imitarle en su amor a Dios y al prójimo e invocarle como intercesor nuestro. ¡Que Él interceda por nosotros para sepamos vivir santamente, imitándole en su sencillez evangélica; que por intercesión se avive en nosotros la fe y la confianza en Dios, que se avive en nosotros el espíritu de oración y la participación en la Eucaristía, que haga de nosotros testigos del amor de Dios en el amor a los hermanos. Y como él, pedimos la protección de la Virgen María: para que toda nuestra Iglesia diocesana en sus grupos y comunidades sea fiel discípula del Señor y se convierta a la tarea urgente de la evangelización.

¡Que la Mare de Déu de Gracia, bendiga a todos los hijos e hijas de Vila-real: su salud física y espiritual, su bienestar y el de sus familias, y su futuro para que sea un futuro de esperanza gozosa apoyada en la vivencia creciente del poder del amor y de la gracia de Jesucristo Resucitado, Nuestro Señor y Salvador! Amén.

+Casimiro López Llorente
Obispo de Segorbe-Castellón

Homilía de Mons. López Llorente en la fiesta de san Juan de Ávila

Castellón de la Plana, Capilla del Seminario Diocesano Mater Dei,

10 de Mayo de 2019

 

(Ez 34,11-16; Sal 22. 1 Pt 5,1-4; Lc 22,24-30)

 

 

Amados sacerdotes, diáconos y seminaristas:

1.Con la alegría propia del tiempo de Pascual celebramos hoy la Fiesta de San Juan Avila, el Patrono de clero español. Al recordar hoy al Maestro de Ávila y Apóstol de Andalucía queremos dar gracias a Dios por el regalo de este gran santo y doctor de la Iglesia universal.

Animados por el espíritu de San Juan de Ávila queremos manifestar hoy nuestra alegría en el seguimiento del Señor en el ministerio presbiteral. Cantemos las misericordias del Señor y, con María, proclamemos su grandeza por las maravillas que ha obrado en nosotros, sacerdotes, y por los testimonios de entrega y de santidad de tantos sacerdotes de nuestro presbiterio diocesano de Segorbe-Castellón. Como Obispo vuestro, hoy doy gracias a Dios por todos vosotros, queridos sacerdotes: por vuestras personas, por el don de vuestra vocación y vuestro ministerio sacerdotal, por vuestra entrega fiel a Jesucristo, el Buen Pastor, y a las ovejas de su rebaño que Él a través de nuestra Iglesia os ha confiado.

Gracias damos a Dios de un modo muy especial por los que este año celebráis las bodas sacerdotales: por D. Joaquín Gil Gargallo y D. Marcelino Cervera Herrero, en sus bodas de diamante: por D. Joaquín Esteve Domínguez y D. José Aguilella Maneu en su bodas de oro; y por D. Vicente Paulo Gómez y D. Javier Aparici Renau, en sus bodas de plata. Mi más cordial y sentida enhorabuena a todos. El Señor ha estado grande con vosotros y con nuestra Iglesia diocesana: gracias por vuestra entrega al ministerio, gracias por vuestra fidelidad al don que un día recibisteis, gracias por nuestra cercanía y colaboración. Por la intercesión de nuestro Santo Patrono suplico a Dios que nos conceda a vosotros y a todos nosotros, pastores del pueblo de Dios, la gracia de la santidad siguiendo el ejemplo de este “maestro ejemplar por la santidad de su vida y por su celo apostólico”.

Pastores del rebaño de Dios

2.Queridos hermanos, sacerdotes: No olvidemos que somos pastores del rebaño de Dios, es decir somos un don de Dios a su pueblo. El pueblo de Dios no nos pertenece: es su pueblo, propiedad suya, no es propiedad nuestra. Los presbíteros hemos sido ungidos, consagrados y enviados para ser pastores y guías al servicio del pueblo de Dios. Somos sus pastores en nombre y representación de Jesús, el único Buen Pastor del rebaño de Dios. En él se cumple la profecía de Ezequiel: “Yo mismo apacentaré mis ovejas y las haré reposar” (Ez 34, 16). Al afirmar, pues, nuestro ser y nuestra función de pastores del pueblo de Dios, no puede en caer en olvido el lugar central de Cristo en el Pueblo de Dios y la referencia permanente de nuestro ministerio a Él; la centralidad de Jesucristo siempre debe quedar resaltada en el ejercicio y vivencia de nuestro ministerio.

No podremos ser buenos pastores del Pueblo de Dios, sin una profunda relación de amor con Dios Padre, buscando siempre su voluntad, como Cristo Jesús. Y no podremos tampoco ser buenos pastores, sin cultivar una profunda relación de amor y amistad con Cristo Jesús, el Buen Pastor, alimentada en la oración, en la Eucaristías, en la adoración, en el sacramento de la Penitencia, en el ejercicio de nuestro ministerio. Recordemos la triple pregunta de Jesús a Pedro, antes de encomendarle el pastoreo de la Iglesia: “Pedro ¿me amas?” (cf. Jn 21, 15-17). Nadie da lo que no tiene. Nadie puede transmitir y llevar a Cristo, si no está unido vital y existencialmente a Él por el amor. Si estamos desnutridos, si estamos alejados de la fuente de la  Vida, no podremos transmitir vida. Sólo desde nuestro amor a Cristo, podremos amar, cuidar y apacentar a aquellos que Él nos encomienda. Nuestra caridad pastoral será la prueba de nuestro amor a Cristo.

Según el corazón de Jesús

3.Dios quiere que seamos pastores de su pueblo según su corazón; Dios quiere que se cumpla en nosotros la promesa hecha su pueblo: “Os daré pastores según mi corazón”. (Jer 3,15). Para caminar hacia la santidad en el ejercicio de nuestro ministerio hemos de ir ajustando nuestra vida con el corazón de Dios, que se nos revela en el corazón de Jesús. Al celebrar el Centenario de la Consagración de España al Corazón de Jesús y para aproximarnos a lo que Dios quiere de nosotros, nos viene muy bien recordar y seguir el consejo de San Juan de Ávila: “Ábrele el corazón, y abrirásle el tesoro con que más se huelga. Ya abrió Dios sus entrañas y su corazón. Por aquel agujero del costado puedes ver su corazón y el amor que tiene. Ábrele el tuyo. Sobre todo, metámonos, y no para luego salir, más para morar, en las llagas de Cristo, y principalmente en su costado, que allí en su corazón, partido para nos, cabrá el nuestro y se calentará con la grandeza del amor suyo”.

Sólo permaneciendo en el corazón de Cristo se fortalece y se mantiene fresca y lozana la caridad pastoral; sólo en el corazón de Jesús aprendemos cómo cuidar del rebaño. ¿Cómo era el amor del corazón de Jesús? El Evangelio es el libro siempre abierto que nos descubre en cada una de sus líneas el corazón de Cristo. El amor de Jesús era bondadoso, compasivo y misericordioso, paciente y humilde, benigno y comprensivo. Este amor de su corazón se vuelve divinamente celoso cuando se trata de nuestra salvación. Jesús se declara nuestro Pastor, un Pastor que conoce y ama a cada una de sus ovejas y de las que dice que nadie se las arrebatará de la mano. Un amor que no se queda en palabras vacías, sino que se entrega hasta el final.

El amor de Jesús es un amor a Dios, su Padre, y a nosotros los hombres. En relación con Dios, se pasa horas y noches enteras en oración con Dios su Padre; se somete a su voluntad hasta aceptar la muerte en la cruz; se siente lleno de celo por su gloria y dice no tener más alimento que hacer la voluntad de su Padre Dios. A los hombres nos ama como a verdaderos hermanos suyos, a todos, sin excluir a ninguno; si alguna preferencia tiene es precisamente con los más alejados, con los pecadores y con los pobres. Es el suyo un amor generoso, complaciente, dulce y suave, magnánimo y tolerante. Pero es también un amor que no le deja parar cuando se trata de nuestro bien, y toda su ternura y delicadeza se convierten en audacia, valentía y decisión que no le detienen ante ningún peligro.

No olvidemos, queridos hermanos, que esa promesa de Dios de dar a su pueblo pastores según su corazón, se la hace a quienes necesitan de nuestro amor pastoral. El destinatario del compromiso de Dios no es otro que el rebaño de Cristo. Por eso, nuestro corazón sacerdotal, conformado al corazón de Cristo, es siempre un regalo de Dios a su pueblo, en concreto a este pueblo que nosotros apacentamos. No hurtemos a nuestro pueblo este don de Dios.

En eso insiste San Pedro en la segunda lectura de hoy: “pastoread el rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, mirad por él, no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con entrega generosa; no como déspotas con quienes os ha tocado en suerte, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño” (1 Pt 5,2-3). “Mirad por él”: mirad por el rebaño que tenéis a vuestro cargo, nos dice Pedro; y para motivarnos en ese cuidado amoroso del rebaño nos dice: “como Dios quiere”. Eso significa que hemos de ajustar nuestra mirada al pueblo santo que cuidamos con el mirar de Dios, que es siempre un mirar desde el corazón, buscando lo que Dios quiere y pide en cada momento. Buscar siempre la voluntad de Dios, no la nuestra: en la escucha de los hombres y los acontecimientos, y en el discernimiento desde la obediencia a la Palabra de Dios.

De ahí que el nuestro ha de ser siempre un corazón que ve y contempla a nuestra gente con la mirada de Dios. San Pedro para indicarnos cómo es el querer de Dios, primero nos advierte de lo que no podemos permitirnos: “no a la fuerza” –con desgana o por cumplir-, “no por sórdida ganancia” –para enriquecerse o medrar-, “no como déspotas” –autoritarios con el rebaño-. Más claro imposible. Y después, ya en positivo, nos recomienda que lo hagamos todo “como modelos del rebaño que nos ha tocado en suerte y con entrega generosa”. Es el amor entrañable y entregado, lo que caracteriza al pastor. Ser buen pastor exige celo apostólico, entrega incondicional y amor entrañable. Nuestro único interés ha de ser Jesucristo, su Evangelio y llevar a las personas al encuentro con Cristo y su salvación.

Con una actitud de servicio

4.Pedro, al hacernos esta recomendación, interpreta muy bien a Jesús cuando le enseñó a los apóstoles como habrían de estar junto al rebaño. “Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve” (Lc 22,27). De Jesús aprendió Pedro que apacentar el rebaño es servir, aunque en su caso con muchas dificultades para comprenderlo y asimilarlo. En realidad, no hay otro modo de participar en el sacerdocio de Cristo: “Vosotros no hagáis así, sino que el mayor entre vosotros se ha de hacer como el menor, y el que gobierna como el que sirve” (Lc 22,26). El servicio es imprescindible en los trabajos del Reino, sólo el servicio sitúa en la intención del corazón de Cristo. No servir y utilizar el sacerdocio y el ministerio para otros fines lo adultera todo y nos sitúa al margen de los verdaderos deseos de Dios en favor de los hombres.

Sólo el servicio, la actitud de servicio amoroso y desinteresado, nos abre a la conversión pastoral a la que nos llama el Papa Francisco. Sólo la actitud de servicio y de un amor apasionado como el de Jesús nos proyecta hacia las necesidades de nuestros hermanos y hermanas, de nuestras comunidades y de nuestra sociedad. El que no está dispuesto a servir, el indiferente o el acomodado, tampoco estará dispuesto a evangelizar, es decir, a tocar la carne herida de los hombres y mujeres de nuestros pueblos y ciudades. Sólo en la actitud de servicio y de compasión se puede fortalecer en nosotros el sueño misionero de llegar a todos. Esta actitud de servicio en todos crea comunión y proyecta nuestro ministerio a la misión compartida.

Dejemos que nuestra vida como nos dice San Juan de Ávila se vaya ordenando siempre más a la transformación del corazón, a imagen del corazón de Cristo, que enviado por el Padre para realizar su designio de amor se conmovió ante las necesidades humanas, salió a buscar la oveja perdida, hasta el extremo de ofrecer su vida por ellas y no vino para ser servido sino para servir. Este es nuestro reto personal y comunitario como presbiterio: que nos mantengamos en un proceso de gradual y continua configuración en Cristo, en su ser y en su hacer. Ese será el reto permanente de nuestro crecimiento interior. A partir de ahí, la misión estará siempre metida en nuestras entrañas sacerdotales y nosotros estaremos dispuestos a entrar con pasión evangelizadora en el corazón del mundo.

5.Felicito de todo corazón una vez más a nuestros hermanos en sus bodas sacerdotales. Que sigáis manifestando al mundo la alegría de vuestra entrega y fidelidad al Señor y al ministerio recibido. Que la seducción del amor de Cristo siga tan viva como el primer día. Felicito también al neopresbítero Servilien.

Recordamos en esta Santa Misa a los hermanos que partieron a lo largo de este último año a la casa del Padre: Mn. José Domnech y D. Miguel Aznar. Que el Señor les conceda su paz y la gloria para siempre.

Y que María nos acompañe a todos y cuide de nosotros para que sigamos siendo fieles a su Hijo Jesucristo, según la vocación y el ministerio que cada uno hemos recibido del Señor. Ella sabrá guiarnos, día a día, para que seamos pastores según el corazón de su Hijo, el buen Pastor. Amén.

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Los sacerdotes de nuestra diócesis celebrarán mañana el día de su santo patrón en el “Mater Dei”

Los sacerdotes de nuestra Diócesis celebrarán mañana viernes, día 10 de mayo, la fiesta de su patrón, san Juan de Ávila, con una jornada de formación y fraternidad en torno al Obispo de Segorbe-Castellón, Monseñor López Llorente, que tendrá lugar en el Seminario “Mater Dei”. Leer más

Don Casimiro: “El Viernes Santo es un día de intenso dolor, pero transido de esperanza”

El Obispo de Segorbe-Castellón ha celebrado los oficios del Viernes Santo en la Catedral de la capital del Alto Palancia y ha explicado en la homilía que la solemnidad de hoy supone “un día de intenso dolor, pero un dolor transido de esperanza. En el centro de la Liturgia de este día está el misterio de la Cruz, un misterio que ningún concepto humano puede expresar adecuadamente”. Leer más

Monseñor López Llorente: “No hay Eucaristía sin Iglesia ni Iglesia sin Eucaristía”

El Obispo de Segorbe-Castellón ha celebrado la Santa Misa “in Coena Domini” en la Catedral de Segorbe y ha centrado su homilía en la Eucaristía, que es el objetivo pastoral fijado por Monseñor López Llorente para el presente curso. Don Casimiro ha afirmado que “la Eucaristía es el centro de la vida de la Iglesia, de nuestra Iglesia diocesana, de cada comunidad cristiana, de toda familia cristiana y de todo cristiano. No hay Eucaristía sin Iglesia, pero, antes aún, no hay Iglesia, ni comunidad cristiana, ni familia cristiana ni cristiano sin Eucaristía”. Leer más

Monseñor López Llorente: “La Cuaresma tiene un sentido penitencial que nos prepara para la Pascua”

Don Casimiro López Llorente ha celebrado la Santa Misa del Miércoles de Ceniza en la Catedral de Segorbe, que ha congregado a numerosos fieles entre los que se encontraban los alumnos de los colegios diocesanos de La Milagrosa y el Seminario Menor, así como el equipo docente de ambos centros educativos. El Obispo de Segorbe-Castellón ha reflexionado en la homilía de dicha celebración eucarística sobre el sentido del Tiempo de Cuaresma que se inicia hoy –ha explicado- y que “posee un sentido penitencial que nos introduce y prepara para la Pascua”. Leer más

Mons. López Llorente se reúne con profesores y párrocos de los dos arciprestazgos de Castellón

Monseñor López Llorente se reunió los pasados 19 y 20 de febrero con los profesores de religión y los párrocos de los dos arciprestazgos de la capital de La Plana – Santa María de Lledó y Santísima Trinidad– con motivo de la visita pastoral que ha realizado a dichos territorios. El principal objetivo de dicho encuentro fue alentar pastoralmente a los dos grupos para que haya una mayor relación entre ambos y crezca, así, el apoyo mutuo en la tarea de formar cristianos creyentes y discípulos misioneros. Leer más

Monseñor López Llorente en Atzeneta: “Recuperar el patrimonio artístico significa recordar el patrimonio espiritual”

El Obispo de Segorbe-Castellón ha bendecido esta mañana la torre-campanario de la Parroquia de San Bartolomé de Atzeneta del Maestrat, acompañado del párroco de la localidad de la comarca del Alcalatén, Francisco Francés, y numerosos fieles adzanetenses, que también han participado en la Santa Misa de acción de gracias, presidida por Don Casimiro.

Monseñor López Llorente ha manifestado en la homilía que “recuperar el patrimonio artístico significa recordar el patrimonio espiritual, porque es expresión de la fe de nuestros antepasados. Fruto de esa fe surge el patrimonio, una casa para escuchar la palabra, celebrar los sacramentos y vivir la vida de la comunidad”.

La palabra de Dios que hemos escuchado hoy –ha continuado- nos marca algunas pautas para ello. La primera lectura muestra a Dios creador que sale al encuentro de Adán y Eva. “El Dios en que creemos no es un Dios lejano, que haya creado el mundo y lo haya dejado caminar a su libre albedrío, sino un Dios que está presente, que lo ha creado por amor y para la vida”.

El maestro del coro cantó el salmo del día.

El pecado original que hemos escuchado del libro del Génesis no es sino el querer vivir al margen de Dios, ser como dioses. “Quizás sea la primera tentación que tenemos los cristianos hoy, dentro de un contexto de secularización, es decir, de prescindir de Dios en nuestra vida”. Nuestros primeros padres quisieron ser como dioses, conocer el bien y el mal sin tener en cuenta la ley natural, que está inscrita en el corazón de cada uno, lo que Dios nos va mostrando.

“Es otra de las tentaciones de hoy”, ha resaltado: “cada uno, según su arbitrio, quiere decidir lo que es bueno y lo que es malo; incluso cuando va en contra de la naturaleza humana. Ahí reside el origen del mal moral como algo que es hechura de los humanos. Cuando nos alejamos de Dios, cuando seguimos nuestro camino, cuando lo suplantamos, se rompe la relación. No solo con Él, sino también entre el hombre y la mujer”.

Un momento de la Santa Misa.

La mayor pobreza de nuestro tiempo es la ausencia de Dios

Monseñor López Llorente también se ha referido a uno de los grandes males de nuestro tiempo, la ausencia de Dios en la vida de las personas. El Obispo de la Diócesis ha seguido comentando el pasaje del libro del Génesis y ha llamado a los presentes a “recuperar a Dios en nuestras vidas, como el Dios que nos crea por amor y nos llama a vivirlo en plenitud”. “Él sale a nuestro encuentro y no se olvida de nosotros; atiende nuestras necesidades porque es compasivo y misericordioso”, ha recordado.

Glosando el evangelio del día, el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, Don Casimiro ha narrado como Jesús también sale al encuentro hoy de nosotros “como lo hizo con aquella multitud que le seguía desde hacía tres días, y en la que ve su necesidad de alimentarse y la atiende, para que sintamos la presencia de Dios en nuestra vida, para que en Él encontremos el camino para volver al Padre”.

Don Casimiro durante la distribución de la sagrada comunión.

Finalmente, el Obispo de Segorbe-Castellón ha profundizado en el significado del mencionado milagro de la multiplicación de los panes y los peces que nos narra san Marcos, pues nos remite a la Eucaristía, “que es el pan vivo bajado del cielo, que es Dios mismo que se nos da como alimento para fortalecernos y ayudarnos a seguir caminando hacia el encuentro definitivo con El Señor”.

Tras la Misa de acción de gracias y la bendición del recién restaurado campanario, Don Casimiro ha inaugurado junto al alcalde la localidad la exposición sobre las obras de restauración, que cuenta con numerosas fotografías y un vídeo que narra cómo se han desarrollado las obras. A continuación, los asistentes han degustado dulces tradicionales de la localidad como colofón a una mañana de ambiente festivo.

El Obispo de Segorbe-Castellón bendijo la torre-campanario.
Así ha quedado la torre-campanario tras la restauración.