Vicente Botella: “El hombre se encuentra a sí mismo en la persona de Cristo, que es amor”

Don Vicente Botella, decano de la Facultad de Teología de Valencia, pronunció ayer sábado la conferencia inaugural del inicio del curso pastoral en nuestra diócesis, que se celebró en el seminario “Mater Dei” y al que asistieron más de 450 personas. El padre dominico afirmó que para ser verdaderamente humanos necesitamos del amor de Dios. El ser humano se encuentra a sí mismo cuando encuentra a Dios, en la persona de Jesucristo, que es Dios y hombre verdaderos. “La segunda persona de la Santísima Trinidad no solo revela Dios al hombre, sino que también revela el hombre al propio hombre. Dios y el hombre se definen en la realidad del amor. Nadie puede ser tan humano como lo es nuestro Dios en Jesús de Nazaret (…), que no es rival del ser humano; es su mejor amigo y está empeñado a sacar lo mejor de nosotros mismos”, afirmó.

A partir de la parábola del buen samaritano, Botella desarrolló la pregunta del escriba a Jesús sobre quién es nuestro prójimo. El padre dominico aseveró que, en la doctrina del mesías, el que está en el centro de la escena es el hombre caído, que necesita ser ayudado, y que es él “el que reparte carnets de prójimos”. El prójimo es el que se aproxima al que está necesitado, el que -solicitado por el amor misericordioso- sale de sí mismo por amor y se pone en el lugar del otro para poder socorrerle. “El prójimo no es una persona distinta de nosotros. Somos nosotros en salida amorosa al encuentro del necesitado. Entonces sí es posible amar al prójimo como a nosotros mismos, porque resulta que si amamos así, somos prójimos”, reflexionó. Éste es el relato de la vida de Jesucristo: “¿quién es el buen samaritano?; ¿Quién, siendo Dios, pasa por uno de tantos siendo hombre?: Jesucristo. ¿Y por qué? Porque nos ha visto caídos en el camino y para curarnos, se ha aproximado a nosotros, se ha hecho nuestro prójimo y ha pagado al posadero el precio de nuestra recuperación.La parábola del buen samaritano es el relato vital del camino del propio Jesucristo en cuanto enviado de Dios para nuestra salvación. Quien lleno del amor de Dios ama al prójimo como a sí mismo, adquiere la identidad de ser prójimo en la identidad que recibe del Otro”, concluyó.

A lo largo de casi una hora, el decano de la Facultad de Teología – que agradeció al pastor de la Diócesis, Monseñor López Llorente, y al vicario de Pastoral, Miguel Abril, la invitación a compartir este inicio de curso en Segorbe-Castellón- desarrolló una reflexión en torno a la caridad en cuanto don y tarea. El esquema de su intervención recorrió diversas estaciones, desde la necesidad del amor, pasando por la presentación de la caridad como una virtud teologal, y explicando por qué el amor dice tanto de Dios como del ser humano; qué significa “ponerse a los pies del otro” como prueba del verdadero discipulado, para finalizar con la afirmación de Santa Teresa de Lisieux “todo es gracia”.

 

Don Vicente recordó la frase de san Juan Pablo II en la Redemptor Hominis: “el ser humano no puede vivir sin amor”, desde la que arrancó una explicación antropológica de por qué la persona humana es un ser social, relacional: “Para construirnos como personas necesitamos trascender de nosotros mismos, una especie de éxodo para completarnos en ese encuentro con el otro. En esta dinámica relacional de salida es donde el amor demuestra su capacidad vertebradora para nuestra condición humana. En este movimiento de salir de uno mismo, se halla la centralidad del amor. Encontrar en el contacto con el otro la realidad de quiénes somos”, explicó.

Pero este movimiento de salida para encontrarnos con el otro –afirmó- nos remite a la experiencia del encuentro con el Otro, de búsqueda de Dios: “El Otro, que puede completarnos, se define por ser amor. Así nos lo ha revelado a través de su hijo Jesucristo. En toda relación sincera y leal, a través de la cual el ser humano intenta perfeccionarse, está implícita una experiencia de Dios, que necesita ser revelada con toda su intensidad para que sea humana y atractiva. No es algo impuesto, que no tenga que ver con lo que somos en esencia, sino que colma la propia dinámica del ser humano”.

“Eros” y “agapé”

A renglón seguido, introdujo la idea de que para ser verdaderamente humanos, necesitamos el amor de Dios, como lo ha dejado escrito Benedicto XVI en la encíclica “Deus Caritas est”, sobre todo en la relación entre el “eros” y el “agapé”: “La propuesta cristiana no rechaza el ‘eros’, aunque su vocabulario específico es el del ‘agapé’. El ‘eros’ explica este movimiento de salida del ser humano que busca su felicidad en el otro, que al resultar demasiado indeterminada, necesita del ‘agapé’ para ponderar su dinámica. La salida de uno mismo para completarse en el encuentro con el otro, no se queda en que yo busco mi felicidad para mí mismo, convirtiendo al otro en un objeto de mí satisfacción, sino que también busco su felicidad y su bien. El andamiaje de lo antropológico nos ayuda a entender lo que Dios nos quiere decir. Y es así porque Dios ha creado al hombre y se ha revelado humanamente en Jesucristo”, aseveró.

 

Continuó con el razonamiento de Benedicto XVI y explicó que : “uno no decide ser cristiano por un razonamiento ideológico o por una decisión ética. Uno decide ser cristiano por un encuentro personal con Dios en Jesucristo. Una experiencia interior, vital, transformadora, que llena la totalidad de nuestra vida. La vida humana adquiere, entonces, una nueva orientación: la huella de Dios en nuestra propia existencia, que nos lleva a creer y esperar en Él y amarle de forma absoluta. Así surge en el hombre la vida teologal a través de sus tres principales virtudes: fe, esperanza y caridad. La caridad adquiere un lugar preferencial en esta vida teologal porque poseemos a Dios, que es amor, al que anhelamos encontrar de un modo inmediato y al que solo en la gloria podremos conocer en su totalidad”.

La caridad, don y tarea

También explicó qué significa la expresión “ponerse a los pies del otro por amor” como la mejor prueba del verdadero discipulado: “El más importante es el que sirve, el que entrega su vida como servicio, que se resume en el lavatorio de los pies, en el que Jesús se muestra como el último de los siervos, poniéndose a los pies de sus discípulos, convirtiendo este gesto en una misión de sus seguidores. Un buen discípulo será, por tanto, el que sepa lavarle los pies a sus hermanos como ha hecho Jesús. Hemos de aprender como Él a ponernos a los pies de los demás”.

Botella finalizó su intervención haciendo referencia a la conocida expresión de Santa Teresa de Lisieux, “todo es gracia”, pero “gracia responsablemente asumida. Es un don, pero también es una tarea”. Para que el regalo que se me ha hecho adquiera toda su fuerza, tiene que ser asumido libremente con responsabilidad. “Por eso el amor es también un mandamiento, que solamente se puede asumir desde el que está motivado por este amor de Dios”, concluyó.

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