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¿Y después de la primera comunión?

Queridos diocesanos:

En la mayoría de las parroquias se acaban de celebrar las primeras comuniones. Nuestro corazón se enternece y alegra cada vez que vemos a los niños y niñas acercarse a recibir por primera vez a Jesús en la Eucaristía con alegría y entusiasmo. Para la mayoría de ellos, el día de su primera Comunión ha sido largamente esperado. A muchos los veremos también participar, alegres y contentos, en la procesión del Corpus arrojando pétalos de flores al paso de la Custodia. Uno desearía que esa alegría no se limitara a ese día, sino que en nuestros niños y niñas permaneciera el deseo y la posibilidad de recibir el Cuerpo de Jesús con frecuencia.

Sin embargo, la experiencia personal no me hace sentir muy esperanzado. En mi visita pastoral a una parroquia, en un encuentro con niños y niñas que se preparaban para su primera Comunión, les pregunté cuándo la harían. La mayoría levantó la mano; casi todos conocían con exactitud el día y el lugar. Después les pregunté cuándo sería su segunda Comunión. Sólo una niña levantó la mano y con la sinceridad y trasparencia propia de su edad me contestó: “cuando sea mayor”. “¿Por qué?”, le pregunté; “Porque mis papás no me traerán a Misa”, fue su respuesta. Una contestación que mostraba en ella cierta pena por no poder recibir más veces a Jesús en la Eucaristía; una respuesta que nos debe hacer reflexionar mucho a padres y pastores.

Muchos de nuestros niños y niñas, una vez hecha su primera Comunión, ya no vienen por la parroquia a Misa e interrumpen su proceso de iniciación cristiana, porque sus padres no acompañan. Algunos retomarán más tarde este proceso para prepararse para la Confirmación y concluir así su iniciación cristiana. Seguro que a ningún padre y menos aún a ninguna madre se le ocurriría interrumpir la alimentación diaria de sus niños, tan necesaria para su crecimiento y salud física; ni tampoco la asistencia, curso tras curso, al colegio. Tampoco el crecimiento en la fe de nuestros niños debe interrumpirse después de haber recibido la primera Comunión.

Muchas de nuestras parroquias ofrecen ya un proceso continuado de iniciación cristiana; y en concreto, ofrecen la catequesis de poscomunión o de perseverancia. Lo agradezco de corazón y animo a todas las parroquias a instaurarla. El primer año de poscomunión suele y debería ser una catequesis mistagógica; es decir una catequesis  orientada a ayudar a estos niños y niñas a profundizar en el rico significado del gran don de la Eucaristía que acaban de recibir por primera vez; un tiempo para saborearla personalmente y para que la Eucaristía tome cuerpo en su propia vida de modo que vaya configurando toda su vida cristiana. Además este tiempo de poscomunión se orienta hacia un mayor conocimiento de Jesucristo, a una comprensión mayor de las Sagradas Escrituras, a una vida de oración y a la celebración frecuente de los sacramentos de la Eucaristía y de la Penitencia, en especial la asistencia a la Misa dominical, y a la inserción progresiva de los niños en la vida de su comunidad parroquial. Su objetivo es familiarizar a los niños con la gracia recibida en los sacramentos, la vida cristiana, los compromisos de la fe.

Queridos niños: Vuestra primera Comunión no puede ser la última. La misma alegría que habéis tenido al recibir a Jesús por primera vez, la podéis tener cuantas veces volváis a recibir a Jesús. Él os espera y se alegra también de venir a vosotros. Vuestra primera Comunión no puede ser un punto y final, sino un punto y seguido para seguir caminando como amigos de Jesús. Después de vuestra primera Comunión, debéis seguir en la catequesis, para crecer en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesús, que está vivo en su Iglesia, orientados y acompañados por vuestros padres, sacerdotes y catequistas.

A vosotros, queridos padres, os ruego que sigáis acompañando a vuestros hijos en la educación en la fe, que acudáis con ellos a la Misa dominical y que acojáis la catequesis de poscomunión que ofrecen vuestras parroquias. Vosotros debéis ser los primeros catequistas de vuestros hijos en unión con la parroquia. Me alegra saber que muchos vean la necesidad de poner en marcha cuanto antes la catequesis familiar.

 

Con mi afecto y bendición,

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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