Catequistas y profesores de religión son enviados por el Obispo a ser testigos de la vida, del amor y de la paz

Las vestiduras rojas del Obispo, sacerdotes concelebrantes y diácono asistente mostraban que esta mañana, sábado 17 de octubre, en la Concatedral de Santa María se celebraba un mártir. San Ignacio de Antioquía (S.II). Como él, que fue testigo de Cristo, D. Casimiro López Llorente ha pedido a catequistas y profesores de religión que también sean testigos de la vida, el amor y la paz. Unos 400 docentes y un millar de catequistas recibían la missio canónica y envío para realizar su misión.

El Obispo ha defendido que no se puede renunciar a que todo niño, adolescente y joven reciba el anuncio de la Palabra de Dios, y por ello exhortaba a buscar maneras creativas para continuar con la catequesis y las clases. Si bien reconocía las dificultades provocadas por la crisis sanitaria – pero también económica, política, social y religiosa -, D. Casimiro López Llorente aseguraba que precisamente en este momento es más necesario “ser testigos de la esperanza que no defrauda en una época desesperanzada”.

La vida, don de Dios

A tenor de la situación actual, el Obispo ha identificado tres ámbitos urgentes para dar testimonio. El primero es el de la vida como don de Dios, en particular en un momento en que se plantea ampliar el aborto y aprobar la eutanasia: “Una mayoría no legitima sobre la vida, tampoco uno mismo. La vida pertenece a Dios, y aunque un enfermo sea incurable, en ningún caso es incuidable“. En este sentido, al final de la eucaristía se han repartido ejemplares de la Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe “Samaritanus Bonus” sobre el cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida.

El segundo ámbito de testimonio de profesores de religión y catequistas es el del amor: “la falta de trabajo, los que no tienen un hogar y tantas necesidades en las que tenemos que ser testigos de la justicia“, explicaba D. Casimiro López Llorente. Por último, ha invitado también a ser instrumentos de “paz y concordia basada en la justicia y el bien común ante tanto odio y exclusión”.

 

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