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La clase de Religión, un bien para todos

Mis queridos padres y madres, queridos diocesanos:

Sin darnos cuenta por el ritmo de vida que nos ha impuesto la pandemia del coronavirus, el presente curso escolar toca a su fin; y hay que ir preparando el próximo. La Consellería de Educación ha publicado ya el calendario de admisión para el próximo curso, que esta vez sólo se podrá hacer de forma telemática. Las fechas para Infantil y Primaria son del 8 al 16 de junio y para ESO/Bachillerato del 17 al 25 de junio. Una vez formalizados los trámites, la matriculación efectiva se hará a partir del próximo 13 de julio. Hay que tenerlo muy en cuenta para hacer también en tiempo y forma la inscripción a la clase de Religión; y, sobre todo, que se ha de hacer de forma telemática lo que puede significar una dificultad añadida para muchos padres y madres.

De nuevo me dirijo a vosotros, padres y madres, para recordaros la importancia que tiene que pidáis para vuestros hijos en edad escolar la asignatura de Religión y Moral católica. En ella adquieren en la escuela una formación académica complementaria a la educación en la fe en Jesucristo, que reciben en la familia y en la Iglesia. Los tres ámbitos son necesarios a dicho fin. La clase religión es muy importante para la educación integral de vuestros hijos, para su formación moral y para la comprensión de nuestra cultura.

La enseñanza religiosa, en efecto, es fundamental para la formación integral de los alumnos y el pleno desarrollo de su personalidad; les ayuda a ser personas equilibradas, veraces, libres, responsables, solidarias, abiertas a Dios y a la esperanza. Al proyectar su luz sobre el resto de asignaturas, la clase de religión da unidad a todo el desarrollo de la persona desde su libre y personal adhesión a Dios en Cristo. Les ayuda a la convivencia y la solidaridad que sólo es posible si se basa en la verdad y en una correcta comprensión de la persona humana. A este fin contribuye la clase de religión al proponer un modelo de la persona humana basado en Jesucristo y en la acogida y respeto de la dignidad de todo ser humano y de la naturaleza creada.

Además, la clase de religión es fuente de virtudes y de valores, y ayuda a dar sentido a la propia existencia y a la historia de la humanidad al hacer y dar respuesta a preguntas vitales como de dónde venimos, qué y quiénes somos, cuál es nuestra tarea en este mundo o cuál es nuestro destino. Saber que venimos de Dios y que nos caminamos hacia Él, para alcanzar la vida eterna, plena y feliz en Dios y para siempre, da fuerza para vivir con responsabilidad y esperanza el presente; e impulsa a trabajar por una sociedad y un mundo más fraterno, solidario y justo entre las personas y los pueblos.

Además, nuestra propia historia, las fiestas religiosas y patronales, el arte y la literatura de nuestro país, y tantas y tantas expresiones culturales, artísticas y sociales, presentes en nuestra vida, no pueden ser entendidas y valoradas adecuadamente sin tener en cuenta sus raíces cristianas.

Si siempre es importante esta asignatura, quizá ahora seamos más conscientes de su necesidad para nuestros hijos. La tragedia de la pandemia del Covid-19 ha provocado una crisis global en nuestras vidas: en la sanidad con miles de muertos y contagiados, en la economía y el mundo del trabajo laboral, en la vida social y política. El coronavirus ha cuestionado nuestras falsas seguridades y proyectos efímeros, nuestro ritmo de vida superficial y nuestro bienestar material. Para muchos parecería que hubiéramos perdido el suelo bajo los pies. El modelo de vida materialista, egoísta, hedonista y utilitarista que se nos proponía se ha venido abajo. Nos hemos visto frágiles, vulnerables, finitos y mortales. Estamos inseguros ante nuestro futuro y el de nuestro mundo.

De otro lado, hemos experimentado que toda la humanidad navegamos en la misma barca, hemos descubierto la solidaridad de unos para con otros y que no podemos descartar ni olvidar a nuestros mayores y ancianos. También somos más conscientes de que hemos de cuidar y respetar la naturaleza creada por Dios: el universo, la tierra y la del ser humano. Esta situación nos ha de llevar a preguntarnos y ayudar a nuestros hijos a preguntarse sobre lo verdaderamente importante en la vida y sobre qué bases debemos construir la existencia personal, social y universal; estamos urgidos a repensar nuestros modelos vida, personales, familiares, económicos, sociales y políticos. Necesitamos un cambio profundo de mentalidad, de actitudes y de planteamiento vital. A ello ayudará la clase de religión a vuestros hijos al ofrecerles a Jesús y el Evangelio como modelo de vida y fuente de vida y de esperanza.

La clase de Religión ha de ofrecerse en todos los centros educativos en las citadas etapas; pero requiere que los padres o tutores la pidáis expresamente para vuestros hijos en el momento de la matriculación o de la inscripción. Es muy importante que la elijáis para vuestros hijos. Es un bien para todos; para ellos y vuestras familias, para nuestra Iglesia diocesana y las parroquias, y para toda la sociedad. Es vuestro derecho y el mejor apoyo a la educación integral de vuestros hijos.

Finalmente pido a los sacerdotes, los profesores de religión y los catequistas que animéis a los padres y tutores a inscribir a sus hijos a la clase de religión y que les prestéis vuestra ayuda, si la necesitan. Muchas gracias a todos.

Con mi afecto y bendición,

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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