La capilla del Pilar de las Villas de Benicasim (1890-1896)
Joaquín Coloma Grau, natural de Castellón y vecino de Valencia, ingeniero de ferrocarriles y encargado de las mejoras de la vía del tren de Tarragona a Almansa, pronto se prendó de la bellísima bahía de Benicasim, hermosa como la lírica Sorrento, como antes ocurrió con pensadores como Pérez Bayer o artistas como José Camarón y, más tarde, con estudiosos como Ramón Rodríguez Culebras.
Como tuvimos la oportunidad de comentar brevemente en nuestro escrito sobre la proyectada y frustrada torre del reloj de la iglesia neoclásica, en aquellos días el territorio era eminentemente agrícola, de uvas, moscateles y licores. Terrenos especialmente ricos cuanto más cerca de los montes y alejados de la orilla del mar. No obstante, en aquel pequeño enclave litoral, ya se iban disponiendo pequeñas y humildes edificaciones de aperos, típicas de pescadores, que iban aportando cierto acento costumbrista a la panorámica del paisaje.
El ingeniero, apoyado por su esposa Pilar Fortis Mas, por todos conocida como Pilar «Coloma», destinaría parte de la dote de su mujer a la edificación de una villa de veraneo, una de las muchas que en la actualidad existen, en primera línea de playa de aquella bahía encantadora de clima suave y baños de mar. Sin duda, uno de los grandes detonantes que llevaron a otras muchas familias a seguir sus pasos convirtiendo a la localidad y el enclave, en unas décadas, en un verdadero foco estival de toda la costa levantina, con multitud de casas y construcciones de los más variados repertorios arquitectónicos.
Siguiendo la documentación conservada del expediente [ADDPC, Ben, 1890-1964], el 27 de noviembre de 1890, el citado ingeniero Coloma, se dirigía por escrito al obispo de Tortosa Francisco Aznar y Pueyo (1879-1893), como propietario de unas villas ubicadas junto a la mar, a dos kilómetros de distancia de Benicasim. Exponiendo la dificultad que tenían los vecinos de aquel paraje para acudir a la Iglesia, a media hora de camino por una pista polvorienta y bajo un sol abrasador, suplicaba al prelado le autorizara la construcción de un oratorio donde pudiera celebrarse diariamente la Santa Misa, en especial los festivos.
Al día siguiente, el prelado enviaba el expediente, junto con el plano, al cura regente de la parroquia, para pedirle su opinión al respecto. El regente, José María Gascó, con fecha 12 de diciembre, confesaba que un oratorio público sería de gran utilidad, sirviendo de lugar de culto para cumplir el precepto de oír misa a los numerosos bañistas que frecuentaban aquel lugar.
El día 16 de diciembre de 1890, el obispo pedía que el expediente, con la instancia y el plano, pasara a manos del arquitecto diocesano, Juan Abril, para que mostrase su «ilustrado parecer» acerca del proyecto. Dos días después, se traslada el informe y las rectificaciones del técnico citado.
«Juan Abril, Arquitecto de la Diócesis de Tortosa.
Examinada la solicitud presentada por don Joaquín Coloma y Grau por la que se insta la autorización para edificar un oratorio público en el término municipal de Benicasim conforme con el plano que la acompaña opinamos:
1º Que debería darse mencionada obra carácter religioso cambiando la forma que en el plano se señala.
2º Que a más de la puerta de ingreso deben colocarse ventanas que den luz y ventilación al oratorio, pues no están señaladas en el plano.
3º Que ya que se ha de destinar al público sería de desear que dentro de la economía posible de se aumentara la superficie útil del mismo y,
4º Que tanto el proyecto como las obras estén bajo la dirección inmediata de persona facultada conforme el Real Decreto de 8 de enero de 1870 en art. 3º.
Tales Eminente Señor lo que creemos deber manifestar según nuestro leal saber y entender en el arte que profesamos.
Dios Guarde a Vuestra Señoría Ylustrisima muchos años.
Tortosa 17 diciembre 1890.
Juan Abril [rubricado].»
El dos de marzo de 1891, Joaquín Coloma y Grau exponía que, tenida en cuenta la opinión y parecer del arquitecto diocesano, acompañaba por duplicado el plano de dicha capilla en proyecto, arreglado a las instrucciones del expresado señor arquitecto. Por lo que pedía a su Excelencia se sirviera aprobar dicho proyecto de capilla. Dicha capilla, construida en un estilo racionalista en mampostería y ladrillo, planta única y cubierta a doble vertiente, redibujada por nosotros para ilustración de las presentes líneas, tenía una anchura total de cinco con cincuenta metros por siete y medio de profundo, con puerta de acceso de tres metros de amplio.
El 20 de junio, el mecenas, una vez terminada la construcción de la capilla pública en el término municipal de Benicasim, con autorización episcopal en fecha de 3 de marzo del presente año, dotándola de todo lo necesario para abrirla cuanto antes al culto, solicitaba al prelado la bendición de la misma por el señor cura del pueblo o quien él designase. Dos días más tarde, el obispo Francisco Aznar daba comisión al reverendo cura ecónomo de Benicasim para inspeccionar la capilla viendo que la misma se había construido según las trazas que se devolvieron aprobadas al recurrente en diez de marzo mismo, determinando si, a juicio del sacerdote, la capilla reunía las condiciones canónico-litúrgicas adecuadas para poderse celebrar en la misma el santo sacrificio y si estaba provista de campana, ornamentos y todo lo necesario.
El 30 de junio de 1891, el obispo autorizaba la bendición según la fórmula del ritual, debiendo procurar que ésta revistiera la mayor solemnidad posible y se redactase acta en el día. A su vez, encargaba a Joaquín Coloma que la llave de la capilla estuviera en poder de persona «timorata» para evitar que fuera profanada.
«En las villas de Benicasim término municipal del mismo, diócesis de Tortosa, provincia de Castellón; día diez y siete de julio de mil ochocientos noventa y uno:
Yo don José María Gascó Ezpoleta presbítero cura ecónomo de la misma comisionado por excelentísimo e Ylustrísimo Señor Obispo de la diócesis con asistencia de los reverendos señores P. Manuel Sánchez rector de las Escuelas Pías de Valencia y doctor don Buenaventura Pallarés administrador diocesano de las autoridades civiles y militares y gran concurso de fieles he bendecido solemnemente y según el ritual diocesano la Capilla Pública situada en dicho término de Las Villas propiedad de don Joaquín Coloma Grau. Concluida la bendición celebré la santa misa con asistencia de los mismos concurrentes dándose por terminado este acto para el cual estaba comisionado.
Poco después y con el fin de dar mas expansión a los religiosos sentimientos del numeroso concurso, se cantó con toda solemnidad una misa en la que el antes mencionado P. Manuel Sánchez hizo un elocuente discurso alusivo al acto que acababa de tener lugar ensalzando al propio tiempo las grandezas de María que bajo el título de Nuestra Señora del Pilar se venera como titular de esta capilla.
De todo lo cual se levanta la presente acta que ha de remitirse a la secretaría de Cámara de este Obispado y que la forman conmigo los infrascritos de que certifico.
José María Sanz, ecónomo [rubricado].
Manuel Sánchez [rubricado].
Buenaventura Pallarés [rubricado].
Joaquín Coloma [rubricado].»
El 27 de julio, Coloma solicitaba al ordinario la autorización para la erección canónica de un Vía Crucis, finalmente erigido canónicamente, el 31 de julio, por el deán de la Catedral de Segorbe, José María García, con encargo del señor obispo y autorizado por el padre general de los Franciscanos. Más tarde, también, alcanzaría la capilla a poseer el jubileo de la Porciúncula.
El 13 de marzo de 1896, la Sagrada Congregación de Ritos, con la facultad del Santo Padre León XIII, facultaba al prelado permitir la reserva del Santísimo Sacramento de la Eucaristía por el tiempo de cinco años en la Capilla Pública que don Joaquín Coloma había levantado, «con tal que se celebre cada día en la misma el santo sacrificio de la misa; que arda una lámpara, a lo menos, día y noche ante el sagrario; que la llave de este esté diligentemente guardada; que se observe lo prescrito por las leyes de la Iglesia en lo que hace relación a la custodia y culto del Santísimo Sacramento; y que quede a salvo los decretos parroquiales».
El 20 de noviembre de 1963, la dueña de la finca, hija de los fundadores, cumplía la intención de los mismos, cediendo el solar y la capilla, construida con las donaciones de los fieles y bajo la dirección eclesiástica de la época, a la Diócesis de Segorbe-Castellón, siendo obispo José Pont i Gol. Se cerraba así un amplio periodo de incertidumbre en la continuidad de un oratorio que, en su esencia arquitectónica original, lamentablemente, había desaparecido.


D. David Montolio Torán
Dr. Historia del Arte y Ldo. en Geografía e Historia. Miembro de la Delegación Diocesana de Patrimonio Cultural
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