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San Joaquín y Santa Ana. Abuelos, soñad para que los jóvenes profeticen

La semana pasada la cantante de folk Joan Báez dio sus últimos conciertos en España. Es parte de la gira con la que se retirará a los 78 años. Dice que la voz ya no le da para más. Al mismo tiempo asegura que ahora es más feliz que cuando era joven. Un artículo periodístico titulado “La felicidad comienza a los 50”, tiene un comentario hecho por un hombre de 65: “Queridos jóvenes, no temáis a la vejez. Os aseguro que es mucho mejor que el resto de la vida”. Los sociólogos constatan desde hace unos años la “Paradoja de la vejez”: a pesar de los achaques, los estudios de campo muestran que a más edad mayor es la felicidad.

Con estos datos no resultan extrañas las declaraciones del Papa Francisco, un hombre de 82 años, que asegura que “los ancianos son una riqueza”. Y les confía una misión: “Siento que el Señor desea que os diga que entre jóvenes y ancianos debe existir una alianza. Ha llegado la hora en que los abuelos deben soñar para que los jóvenes puedan profetizar”. Hoy, 26 de julio, es la fiesta de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús.

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Los abuelos y la transmisión de la fe

Queridos diocesanos:

Hoy quiero tener un recuerdo muy especial para los abuelos. La ocasión es la fiesta de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús, el 26 de julio, también “el día de los abuelos”. Os invito a todos a mostrar en este día nuestro agradecimiento y amor sincero hacia nuestros abuelos para que se sientan protagonistas en la familia, en la sociedad y en la Iglesia. Debería ser un día para una sincera acción de gracias por su inestimable aportación en el pasado y por su sencillo, heroico y valioso testimonio en el presente. El papa Francisco nos recuerda que los abuelos son custodios de sabiduría, de valores y de bondad; por ello, “un pueblo que no respeta a los abuelos, no tiene futuro, porque no tiene memoria, ha perdido la memoria”.

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La Hoja del 23 de julio

En La Hoja del 23 de julio:

  • Miles de gestos concretos de la espiritualidad conyugal.
  • Gratitud a nuestros abuelos, por Mons. Casimiro López Llorente.
  • Mater Dei, abierto por vacaciones.
  • Entrevista con el P. Michel Martin-Prével cdb, director de los retiros para matrimonios en crisis Tobías y Sara.
  • Y además: Coronación de la Virgen de Gracia de Altura, Misión sin alforjas, San Cristóbal camino de Santiago, Asamblea General de la Acción Católica.

Puedes leerla en cuando quieras aquí.

Gratitud a nuestros abuelos

Queridos diocesanos:

En la festividad de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María, el día 26 de julio, se viene celebrando “El día de los abuelos”. Os invito a tener en este día un recuerdo muy especial para los abuelos: es una fecha muy apropiada para recordar a nuestros abuelos y mostrarles nuestro afecto, reconocimiento y gratitud. Es un día propicio para rendir nuestro homenaje a tantos hombres y mujeres que juegan un papel tan importante en nuestras vidas, sobre todo en esta época que nos ha tocado vivir. Ellos nos recuerdan que la familia sigue siendo de lo más grande que tenemos: ella es la base y el cimiento de nuestra sociedad. Debería ser un día para una sincera acción de gracias por su sencillo y valioso testimonio.

Los abuelos deberían sentirse y ser protagonistas en nuestras familias, en nuestra sociedad y en nuestra Iglesia. El Papa Francisco recuerda en sus alocuciones a los abuelos como custodios de sabiduría, de valores y de bondad; por ello, “un pueblo que no respeta a los abuelos, no tiene futuro, porque no tiene memoria, ha perdido la memoria”.  Los abuelos quedan a menudo en la periferia de nuestro corazón. Vivimos en un tiempo en el cual los ancianos muchas veces no cuentan, son muchas veces aparcados, porque son una carga o un fastidio. En una sociedad que valora sólo la utilidad o la juventud,  olvida la “sabiduría del corazón” que representan los años.

El recuerdo agradecido de nuestros abuelos y las muestras de amor hacia ellos es ante todo un acto de justicia: es reconocerles la dedicación, los sacrificios y los cuidados que ellos tuvieron para con sus hijos. El respeto y el cariño hacia nuestros mayores debería ser algo connatural a nuestra sociedad, ya que la figura de los padres de nuestros padres está presente en la memoria de nuestra infancia. Nuestros abuelos no pueden ser arrinconados ni en nuestra sociedad ni en nuestra Iglesia. Ellos son punto de referencia de nuestros primeros pasos, de nuestros primeros juegos, de nuestros primeros actos de toma de conciencia, de nuestras primeras alegrías, de nuestras primeras reprimendas, de nuestros primeros cumpleaños y de tantos y tantos momentos inolvidables en nuestros primeros años de vida.

Los padres muchas veces a causa de sus trabajos encomiendan a los abuelos el cuidado de los niños: levantarlos, llevarlos al colegio y recogerles del mismo, darles de comer o merendar. Infinidad de veces, los abuelos hacen las funciones de padres con todo amor y dedicación: van educando a sus nietos con la ternura que se merecen, a fin de que descubran la vida sin traumas y sin complejos; les ayudan en todo lo que pueden, mejorando, incluso aquellas cosas, que saben por experiencia, que han de hacer de otra manera, recordando los errores que tuvieron con sus propios hijos. Por todo esto y por mucho más creemos que los abuelos se merecen un sitio especial en los corazones de los hijos, en la familia y en la sociedad.

Y también en nuestra Iglesia. Los abuelos tienen hoy una impor­tancia capital en la delicada y di­fícil tarea de la educación en la fe cristiana y en la transmisión de la fe a las generaciones más jóvenes. Cuando al final de las Confirmaciones felicito a los abuelos y les agradezco haber sido educadores y transmisores de la fe de sus nietos, que han recibido la Confirmación, ellos asienten siempre con satisfacción y alegría. Por distintos motivos los padres no ejercen siempre su responsabilidad de ser los primeros y principales educadores de sus hijos; de hecho, muchos abuelos se han convertido hoy en los verdaderos educadores en la fe de sus nietos. Muchos niños, adolescentes y jóvenes han sido iniciados en la fe y educados en los valores cris­tianos gracias a sus abue­los. Ellos les han enseñado a rezar de pequeños, les han hablado de Dios, les han acercado a Jesús, a su Evangelio y a la Iglesia, y les han enseñando con su palabra y ejemplo a vivir como cristianos.

Queridos abuelos: ¡Qué importante es vues­tra tarea! Valoradla y tratad de seguir respondiendo con gene­rosidad a lo que el Señor os en­comienda. El Señor cuenta con voso­tros. La Iglesia os lo agradece sinceramente. Y vuestros nietos os recordarán muchas veces en su vida y os agradecerán lo que hacéis por ellos.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Los abuelos, testigos de la vida y de la fe

Queridos diocesanos:

El día 26 de julio, festividad de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús, se viene celebrando “El día de los abuelos”. Hoy quiero tener un recuerdo muy especial para los abuelos. Y os invito a todos a hacer de este día una fiesta de agradecimiento y de amor sincero hacia nuestros abuelos para que se sientan de nuevo protagonistas en nuestra historia personal y familiar. Debería ser un día para una sincera acción de gracias porque ellos son para nosotros testigos de la vida y de la fe.

La primera gran aportación que realizan los abuelos en la vida de sus nietos es su inequívoco testimonio a favor de la vida. Los abuelos y abuelas simbolizáis el designio amoroso de Dios sobre la vida de cada hombre, su mirada providente y misericordiosa. Desde toda la eternidad, Dios ha pensado con amor en cada uno de sus hijos y ha dispuesto el camino de la historia personal para atraernos hacia Él. Abuelos y abuelas formáis parte del camino de vuestros hijos y nietos. Y éste es, a su vez, vuestro camino, un camino que recorréis con particular conciencia y emoción.

Es importante que los abuelos y abuelas puedan cumplir su misión en el seno de la familia, de la Iglesia y de la sociedad. Para ello hemos de evitar ignorarles; a veces nuestros abuelos quedan marginados y experimentan una gran soledad por el distanciamiento de hijos y nietos. Pero, por otro lado, hay que evitar que sean “más que abuelos”, para no repetir en sus nietos todas las obligaciones que experimentaron con sus hijos; el trabajo de sus hijos, las dificultades de todo tipo en el seno familiar, la conflictividad conyugal o los horarios laborales incompatibles fuerzan a que los abuelos tengan que cubrir el vacío que experimentan sus nietos. Cuando la situación pasa de esporádica a habitual, los abuelos y abuelas se convierten casi en unos segundos padres, sobre cuyas espaldas recae el peso de la educación cotidiana de sus hijos.

El Beato Juan Pablo II, en su Carta a los ancianos de 1999, señalaba además que “la comunidad cristiana puede recibir mucho de la serena presencia de quienes son de edad avanzada. Pienso sobre todo, en la evangelización: su eficacia no depende principalmente de la eficiencia operativa. !En cuantas familias los nietos reciben de los abuelos la primera educación en la fe!”. Sabemos que los padres son los primeros y originarios educadores de sus hijos, también en la fe; pero de hecho muchos padres no llevan a cabo su tarea educadora. Muchos niños, adolescentes y jóvenes son iniciados en la fe y educados en los valores cris­tianos gracias a sus abue­los. Vosotros, abuelos y abuelas, habéis sido quienes les habéis enseñado a rezar desde pequeños; los que les habéis hablado de Dios; quienes les habéis ofrecido una visión del mundo y del ser humano en la que Dios debe ocupar el centro y el prota­gonismo principal. Así, cuando los niños os han hecho preguntas sobre la creación, la existencia, etc. vues­tra respuesta, totalmente sincera y convencida, ha nacido siempre de la mirada a Dios. De este modo, Dios ha comenzado a tener importancia y a ocupar un puesto relevante en la vida de esos niños que han tenido en vosotros, sus abuelos, los grandes maestros en el arte del despertar a la fe. Seguid haciéndolo; es una tarea impagable.

Pido para todos vosotros, abuelos y abuelas, el don del amor de Dios. Que cada día aprendáis mejor el lenguaje del amor que el Señor inspira en vuestras vidas y que es garantía de la felicidad sin ocaso que nos ha sido regalada.

Con mi afecto y bendición,

 

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón